cierre de FATE: la rueda no puede seguir girando

El cierre de FATE luego de 80 años es una demostración contundente del modelo anti industrial que impone la ultraderecha. Con un gremio combativo al frente de la lucha, pero con bases obreras atravesadas por el clima de época y un campo popular en franco retroceso, entrevistamos a un obrero y experimentado activista del SUTNA para conversar sobre los desafíos que conlleva la resistencia sindical hoy y qué hay detrás de este lock-out patronal.

Ariel Godoy tiene 43 años. Es morocho, con el pelo largo, recogido a mitad de la nuca. Entró en FATE en 2004, con 22 años, en el sector Radial Camión. Fue prácticamente su primera experiencia laboral, luego de algunas changas como peón de albañil. Su historia educativa y laboral es tributaria de otra época, más propia del siglo XX: terminó la secundaria técnica y entró, ya en blanco, en el gigante fabril del neumático ubicado en un apacible barrio obrero de San Fernando. Nuestro encuentro es un jueves caluroso en la puerta del Sindicato Único de los Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), que está a unos pocos metros del ingreso principal de FATE. Para ampararnos del sol, nos sentamos en el piso de una vieja garita de colectivos en desuso, junto al acampe que sostiene este mediodía una treintena de obreros con sus mamelucos, jugando a las cartas, picando algo y charlando entretenidos. Una vez anunciado el cierre el 18 de febrero, los trabajadores rompieron el alambrado de seguridad e instalaron unas mesas y unas sillas apenas ingresando al predio. En la vereda montaron unos gazebos para garantizar la presencia de obreros y militantes todo el día, atentos a cualquier intento de vaciamiento. FATE es un monstruo, tiene más de 40 hectáreas.

Ariel ocupó la Secretaría de Seguridad e Higiene del sindicato entre 2016 y 2021. Ahora ya no es delegado, pero su militancia gremial nunca cesó. Forma parte del Partido por la Revolución y el Comunismo que integra la lista Roja, una fracción interna del SUTNA, hegemonizado por la lista Negra, bajo la conducción de Alejandro Crespo, su secretario General. La palestra de colores de partidos troskistas se completa con las listas Marrón, Granate, Naranja y la Gris.

la nueva camada

Ariel habla pausado, no levanta el tono, utiliza un lenguaje propio de la izquierda troskista (“Antes fui anarquista pero desde hace tiempo me reivindico troskista”), aunque no es jergoso, ni siquiera durante los pasajes en los que recuerda los episodios más volcánicos de las luchas que protagonizaron en los últimos 19 años. El SUTNA tiene una historia combativa mucho más extensa, como las históricas huelgas del 91, pero 2007 fue un parteaguas, el punto de quiebre que inauguró una nueva etapa política, cuando se le pararon de manos a la conducción de aquel entonces y, valientemente, al gobierno de Néstor Kirchner en su máximo esplendor.

¿Cuánto demora tu inserción en la militancia sindical luego de tu ingreso en FATE?

— Pasa muy poquito tiempo. Las primeras reuniones fueron semiclandestinas porque había un nivel [importante] de persecución por parte, sobre todo, del sindicato. Era la lista Bordó, que era bien amarilla a nivel seccional, y a nivel nacional lo dirigía [Pedro] Wasiejko de la CTA (Central de Trabajadores de la Argentina). Pero el sindicato Bordó era bien persecutorio al estilo de que vos hablabas mal del sindicato o hacías un reclamo en un fumadero, que es como le decimos a los lugares de descanso, y al otro día no entrabas.

¿Cómo se concretaba esa clandestinidad?

— Teníamos esta cuestión de reunirnos por fuera, incluso de tratar de no saludarnos por dentro con algunos compañeros. Empezábamos a contactarnos. Había una generación nueva, con un empuje terrible, veníamos del 2001. Acá entran muchos compañeros militantes de distintas organizaciones de izquierda y se genera un proceso en 2007 cuando se abren las paritarias. [Pero] antes, de forma semiclandestina, laburamos con los compañeros tercerizados de limpieza que cobraban mucho menos que nosotros. Habíamos logrado hacer ruido: sacábamos volantes, los metíamos en los baños, tratábamos de dejarlos al lado de una ventana para que vuelen y caigan adentro. Volantes colgados en los baños con unos hilitos para que los compañeros los saquen.

Resulta extraño que haya habido un conflicto salarial tan radicalizado en el contexto del crecimiento económico que se vivía en esa primera etapa kirchnerista.

— Es importante explicar aquel contexto político económico. Una situación en la que empieza el crecimiento económico, el crecimiento al 8%, a tasas chinas, comienzan a aparecer muchos laburos, muchos compañeros empiezan a tirar currículum por otros lados, en Volkswagen, etcétera. Pero, para tener una referencia, en ese momento la canasta familiar te marcaba 2400 pesos y nosotros estábamos cobrando en promedio 1200, 1500 pesos. Entonces, claro, uno veía que las fábricas crecían, crecían y vos estabas en FATE cobrando la mitad de la canasta familiar. Se abren las paritarias en marzo del 2007 y Pedro Wasiejko convoca a una asamblea.

Ese fue el inicio de un combate virulento entre la conducción del gremio a nivel nacional y la seccional de San Fernando. Pero también, en un fuera de foco, crecía este sujeto nuevo, juvenil, que esas conducciones no lograban detectar porque se había labrado de una manera clandestina, artesanal, entre una generación política más silvestre, forjada en el dosmilunismo, y los saberes militantes que aportaban los partidos troskistas. Las asambleas rebalsaban. Dos logros fueron claves: se aprobó el reclamo por un salario nivelado con la canasta básica y la inclusión de revisores (especie de fiscales) que participarían en las paritarias junto a los delegados de la Bordó. En la siguiente reunión paritaria la patronal no apareció. “Ahí explota todo acá. Explota de un modo muy independiente. Era una rebelión por fuera del sindicato. Yo era nuevo, tenía poquito tiempo y era ver a los compañeros más viejos dejar las máquinas y convocarnos en lugares grandes de la fábrica, en talleres, etcétera, para hacer asambleas. Y en la primera asamblea en la que me toca estar, no había nadie del sindicato, no había ningún delegado y fue la exigencia de llamarlos y decirles ´vengan porque paramos´. Esa lucha dura cerca de tres meses”, recuerda Ariel exultante.

En una de esas asambleas, el sindicato intentó pacificar el conflicto, pero un obrero se hartó y propuso una moción: cortar la autopista Panamericana y la Avenida Márquez. Acto seguido, cerca de mil laburantes, con sus mamelucos, marcharon y cortaron la principal arteria de traslado del conurbano norte. Las acciones continuaron pero el tiempo fue también erosionando la masiva voluntad de combate. En una asamblea, la nueva fuerza política que integraba Ariel logró, con números muy apretados, sostener el paro, pero el sindicato lo desconoció. La batahola fue dantesca: piñas, empujones y puteadas contra una conducción que huyó hacia la vecina sede del SUTNA. Afuera quedó una muchedumbre al grito de “¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!”. La lista Bordó aceptó el cambio de época y entregó a los manifestantes las renuncias por escrito de toda la conducción.

La paritaria obtenida aquel 2007 fue del 28%. La vieja militancia fabril valoró el crecimiento, pero no así la indómita nueva camada. En septiembre se realizaron las elecciones de delegados de la seccional intervenida y ganaron nueve de un total de doce delegados. Ariel quedó afuera junto a Alejandro Crespo, actual Secretario General. Cinco meses más tarde, se realizaron las elecciones nacionales y regionales y se quedaron con la seccional San Fernando y obtuvieron un 43% a nivel país, arañando un batacazo histórico.

resetear la fábrica

El dueño de FATE es el poderoso Javier Madanes Quintanilla, un empresario diversificado, cuyo más importante activo es ALUAR, la principal empresa productora de aluminio del país, ubicada en Puerto Madryn desde 1974. Como el aluminio requiere de un uso ultraintensivo de energía eléctrica, el Estado le construyó allí la hidroeléctrica Futaleufú, que Madanes Quintanilla usufructó a partir de 1978. Para tener un parámetro: ALUAR utiliza la misma cantidad de energía que una ciudad de más de 1 millón de habitantes. En 1995, durante la fiesta privatista del menemismo, Madanes Quintanilla se quedó con el 59% del paquete accionario de la represa por el plazo de 30 años. En 2025 se debía realizar una nueva compulsa, pero el gobierno nacional decidió posponerla sin mayores argumentos. Ahora, como venganza por el cierre de FATE, Milei le quitó una ley antidumping aplicada en 2020 por el Frente de Todos que protegía el ingreso de aluminio desde China. Madanes Quintanilla se quedó en ese momento con el 96% del mercado y no lo dudó: entre 2022 y 2024 aumentó entre un 5 y 7% en dólares los precios internos.

¿Cuándo empezaron los síntomas más nítidos de que la empresa estaba en crisis?

— Desde Milei para acá. En mayo se van a cumplir dos años de que se produjeron los primeros 97 despidos. Hubo un proceso preventivo de crisis muy trucho porque los últimos tres años le daban ganancias exorbitantes. Aprovecharon la coyuntura para atacar. Nosotros éramos, en marzo del 2024, 1500 laburantes. A la hora del cierre éramos 700 [obreros conveniados]. Entonces era un apriete indirecto para que te vayas, es decir, para que negocies una indemnización que ni siquiera son buenas porque son unas ratas. Éramos cuatro turnos de trabajo, pasamos a tres y luego a dos turnos. Venía complicada la mano, pero yo personalmente no me imaginaba el cierre, que ahora se va desculando que es una mentira, una trampa.

¿Qué se propone Madanes desde la perspectiva de ustedes?

— Presionar para que limiten las licencias de ingreso de cubiertas chinas. También es un momento histórico ideal para hacer mierda un proceso histórico, el proceso organizativo de 2007 para acá. Un proceso que venía con [los salarios] 10% arriba de la inflación o al menos que le empatábamos a la inflación. Peleas desde hace veinte años por las condiciones de trabajo que son muy duras.Se trabajó históricamente siete días de mañana, dos días de descanso, siete días de noche, dos de descanso y siete por la tarde y tres de descanso. Teníamos un fin de semana libre cada 28 días.

Contame sobre la tarea que cumplías a diario desde que entraste muy joven.

— Tenés que ir poniendo capas de tela engomada entre alambres. La máquina es semiautomática porque vas pisando pedales para que caigan distintos materiales. Pero vos los tenés que unir con unos rodillos. Tenés un promedio de 300 rodillados por día en cada jornada de 8 horas. El rodillado es agarrar un mango que tiene una ruedita dentada y la pasás sobre la goma haciendo presión y fuerza 300 veces al día. Eso es muy desgastante. Yo, por ejemplo, ahora estaba programando una operación porque me roza el hueso cubital con los huesos de la mano por hacer ese rodillado. Ya tengo una operación previa para liberar el túnel carpiano, el nervio mediano. Nosotros hicimos muchas investigaciones y el 70% de los compañeros tienen problemas músculo-esqueléticos de la cintura para arriba, generados en el trabajo.

Pero volvamos a la estrategia de Madanes Quintanilla

— Yo creo que, por un lado, el tipo quiere sacar estas cuestiones [limitar las importaciones chinas]. Ahí tiene una pelea con el gobierno porque no es un modelo económico que le convenga, evidentemente, ni a él ni a varias patronales. Por otro lado está esto: ¿Qué mejor momento político de avance contra los derechos de los trabajadores, para tratar de borrar esta experiencia? Esto huele a que quiere que nos vayamos todos con una indemnización y resetear la fábrica. Que pasen cuatro o cinco meses, un año, y que reabra la fábrica con trabajadores nuevos, con convenios más flexibilizados, bajo la ley laboral nueva, sin un colectivo organizado de laburantes.

bases leoninas

El comienzo militante de Ariel y su generación sindical fue cuando el kirchnerismo gozaba de un cerrado consenso social. Allí se politizan, se curten en las secciones, en los talleres, en los fumaderos, en las asambleas y terminan ganando la seccional San Fernando en 2008. Más tarde, en 2016, ya con Macri, pegaron el gran salto político-organizativo: ganaron las elecciones nacionales en el SUTNA, desplazando a la CTA. Desde entonces son el oficialismo.

Este pasaje de la conversación se concentra en puntos tensos de la actual organización colectiva, lo que incluye una delicada relación con las bases bajo el gobierno de una ultraderecha que goza de un masivo apoyo social. Hasta el momento el sindicato logró una unidad política entre las diferentes listas que integran el sindicato. Ariel no lo reconocerá pero las fuertes internas en estos últimos años se manifestaron a cielo abierto.

La pregunta es si ustedes pudieron detectar desde adentro el cambio de época a nivel social y político entre los compañeros o si los tomó por sorpresa.

— Mirá, yo me reconozco como troskista y con los compañeros que se reivindican como peronistas obviamente que políticamente e ideológicamente no estamos de acuerdo. Pero vos tenés un diálogo. Tenemos muchas diferencias políticas y estratégicas, pero decís “el chabón viene del peronismo, que tiene una tradición de haber sido el que dio vacaciones, como efecto de la lucha, pero lo dio, estatizó los sindicatos pero dio la organización obrera. Lo mismo que el kirchnerismo que tuvo creación de empresas, de cierta distribución, la propuesta de volver al fifty-fifty. Ahora, cuando alguien te dice: “Voy a votar a Macri”. O te dice: “Voy a votar o hacer campaña abiertamente”, que es lo que más me impactó, obreros haciendo campaña abiertamente por Milei, ahí decís: “no entiendo nada, no estoy entendiendo nada, se nos están pasando un montón de cosas”.

¿Pero cómo fue concretamente ese apoyo a Milei al interior de la fábrica?

— Mirá, los baños pegatinados con cositas de Milei, compañeros con el overol de trabajo con una etiqueta del León. Ahí decís “uf”. Compañeros con los que luchamos en el 2022, cuando tuvimos una huelga muy grande por [el pago de] las horas [extras] al 200 [por ciento] los fines de semana, que no lo logramos, pero logramos un 10% por arriba de la inflación cuando vos sabías que la mayoría de los gremios venían con un atraso del 30%. Compañeros que fueron a esa huelga, que se bancaron el acampe, las asambleas, las movilizaciones, empieza lo de Milei y hacían campañas por Milei. No se entiende nada.

Y ahora que pasaron ya dos años de gobierno, ¿cómo lo están viendo?

— Uno empieza a encontrar un poquito de explicaciones del sujeto por lo que pasa a nivel internacional, El avance de las extrema derecha, el neofascismo, fascismo, habría que encontrarle el nombre, pero el avance de VOX en España, en Grecia, Amanecer Rojo, si no me equivoco, Orbán en Hungría, Bolsonaro acá lado, Trump. Hay un contexto global que nos lleva. Y el rol de las redes jugando un papel impresionante. Yo soy bastante de madera con las redes, pero tengo hijos adolescentes que te plantean “vos no te das una idea lo que circula por ahí”. Entonces notás un cambio fuerte. Notás un cambio en el individualismo que hay,  compañeros muy piolas, que no es que se transforman en botones pero se refugian en sí mismos y capaz que no van a la asamblea, ni a la marcha y capaz que no participan. Y eran compañeros piolas, luchadores.

 ¿Y el activismo cambia entonces en este nuevo contexto?

— Sí, cambia. Ayuda que hayan planteado un cierre de fábrica y que hayamos logrado sostener una permanencia, que se sabe que no pasa en todos lados. Eso es producto de una acumulación organizativa y de una experiencia militante de los compañeros activistas y no activistas. Tenés una fábrica muy particular. Como no va a querer echarnos Madanes si en esta fábrica tenés seis o siete corrientes de izquierda. Y eso es un caldo de cultivo de formación militante, de discusión política. Es un colectivo obrero muy interesante.

Está bien pero en este contexto social y político que vos caracterizabas, con un Milei fortalecido, con apoyo social y un repliegue más individualista, depresivo, ¿la permanencia en la puerta de la fábrica la está bancando una minoría sindical o es algo más masivo?

— Van circulando compañeros. Cuando empezó el conflicto seríamos 650 bajo convenio y están circulando unos 300 compañeros. El objetivo sería tratar de solidificar eso, de que sea una permanencia más sólida, más sostenida en las horas, planificando actividades, salida a los barrios. Hoy a la tarde vamos a salir al barrio a pegatinear. Por supuesto,  hay un activismo de las distintas listas bancando en un frente único de alguna manera… más allá de alguna que otra cosa. Y sí ves laburantes que te decían: “a los compañeros que están en los gazebos yo los puteaba, ahora entendí que ellos están con nosotros bancándonos acá y estoy re agradecido”. Compañeros que tenían una posición más gorilona, que eran carneros y tenían una mirada más negativa del sindicato como institución.

¿Existen jóvenes veinteañeros en FATE que se hayan politizado así como ustedes lo hicieron hace casi dos décadas?

— No, hay una generación más grande. Somos una generación de 30 para arriba en FATE y eso es un logro también. En la mayoría de las fábricas tenés todos pibes nuevos porque te logran echar y echar y nunca podés dejar una tradición obrera ahí. Entonces tener una franja etárea de 30 para arriba es, a la vez, una conquista, pero no tenés una retaguardia para empezar a crear los nuevos militantes sindicales y demás. Eso es un problema.   

El SUTNA, hasta el cierre de FATE, venía atravesado por disputas internas y en franco retroceso —como todo el campo popular—en su capacidad de resistencia frente a los avances patronales. Muestra de ello es que en dos años la fábrica perdió el 50% de sus obreros conveniados y que hace catorce meses que no reciben un aumento. La semana pasada se movilizaron al Ministerio de Trabajo y fueron salvajemente reprimidos. A los dos días, sin embargo, organizaron un segundo festival de música solidario y fue multitudinario.

La patronal se ve altamente perjudicada por la apertura indiscriminada de las importaciones, pero sabe que está frente a la oportunidad histórica de refundar la fábrica haciendo tábula rasa de esta generación militante combativa y con una flamante ley laboral escrita a su medida. Al gobierno nacional no le importa en absoluto la pérdida de fuentes laborales. A los consumidores de neumáticos, que padecen precios astronómicos, tampoco. Pero hay una cuestión de fondo: la reconfiguración del sujeto contemporáneo, incluidos los obreros calificados, que abre interrogantes sobre la capacidad de resistencia de las bases si el conflicto se extiende y escala todavía más. Ariel, militante experimentado, con el cuero curtido a base de batallas, me aporta una imagen para conjurar el desánimo: “Te cuento la teoría del bebedero. Un día no te dan salarios, no tenés paritarias y pasan meses y meses. Tenés maltratos y las condiciones de laburo son una mierda. Hay bronca acumulada. El maltrato del capataz, te lastimás, hay accidentes. Pero un día vas a abrir el bebedero y no anda y ese día se lanza una huelga. Es la bronca acumulada, que en algún momento va a salir. Hay una cosa que no puede ser: que como sociedad dejemos pasar y pasar y pasar.