eduardo galeano: así que pasen diez años | Revista Crisis
crisis eran las de antes / abril de 1986 / hicimos la revista y ella nos hizo
eduardo galeano: así que pasen diez años
En este texto, Eduardo Galeano reflexiona sobre el significado de la revista Crisis, con la vista puesta en la primera etapa, que inicia en mayo de 1973, y los pies en el presente de 1986, luego de una dictadura que había detonado al campo cultural. A cincuenta años de aquel número fundador, recuperamos las huellas de una propuesta que intentamos mantener viva.
22 de Abril de 2023

Crisis fue un largo acto de fe en la palabra humana solidaria y creadora, la palabra que no suena por sonar, la que es voz y no eco. Por creer en la palabra, en esa palabra, Crisis dijo lo que dijo y fue odiada y acosada por quienes practican la mentira en cultura, el fraude en política y la estafa en economía. Por creer en la palabra, en esa palabra, Crisis eligió el silencio. Cuando la dictadura militar le impidió decir lo que tenía que decir, se negó a seguir hablando.

Sólo por ignorancia o mala fe se podría insultar a Crisis llamándola neutral. No hicimos una revista inocente: no creíamos, no creemos, que los vientos del espíritu soplen por encima de las contradicciones del mundo. Ahora que la moda manda regar las flores de los jardines del Orden, no viene mal recordar que Crisis tuvo la subversiva costumbre de tomar partido entre los condenados de la tierra y los que viven a sus costillas, entre la libertad de la gente y la libertad del dinero, entre el proyecto de patria y la modernización copiona que convierte al mundo entero en un vasto suburbio de Dallas. Nunca fue Crisis vocero de partido ni boletín de parroquia, pero siempre practicó la cultura como peligrosa aventura de transformación de la realidad.

Crisis había surgido en la cresta de la ola de una poderosa marea popular de transformación de la realidad latinoamericana. Esa marea y las dictaduras militares que le dieron feroz respuesta marcaron la década de los setenta. El año 1973, que dio nacimiento a Crisis, fue en la Argentina un año de entusiasmos creadores. Ahora que la moda manda reducir a mero terrorismo el período anterior a la dictadura, no viene mal recordar que Crisis fue uno de los resultados de aquel hermoso impulso de cambio. Muchos, por cierto, lo pagaron con la vida. Y entre ellos, más de un compañero de Crisis.

¿Qué se propuso Crisis? La revista jamás publicó una declaración de propósitos, y sin embargo sus cuarenta números hicieron cierto camino al andar, y ese camino a la vista está en las colecciones que se salvaron del fuego de los inquisidores.

En sus páginas se descubren diversas y universales manifestaciones de la voluntad de belleza y la energía creadora, pero la atención de la revista estuvo siempre centrada en la cultura argentina y latinoamericana y en la difusión de sus voces más reveladoras y rebeladoras. Ningún tema nos era ajeno, ningún pulso de vida, y en el vasto abanico de temas y personajes hubo siempre un lugar de privilegio para todo lo que ayudara a desenmascarar la realidad pasada y presente y todo lo que ayudara a descubrir la capacidad de maravilla de tierras y gentes despreciadas por la cultura oficial.

Crisis quiso contribuir a la democratización de la cultura. Creíamos, creemos, que la democracia no será del todo democracia mientras el voto sea universal pero la voz no. Creíamos, creemos, que la cultura auténtica implica el derecho de crear y no sólo el derecho de consumir lo que producen los intelectuales y lo que imponen el sistema educativo y los medios de comunicación. El decreto de la dictadura de Videla que estableció la censura, prohibió expresamente esta práctica democrática de la cultura, que se reflejaba en las páginas de Crisis abiertas al arte popular, a los testimonios de vida y las expresiones anónimas y colectivas que venían de las calles y los campos. En Argentina, en América Latina, en el mundo entero, en estos años se ha agudizado el proceso de concentración de la cultura, paralelo al proceso de concentración de la riqueza. Hay cada vez más opinados y cada vez menos opinadores.

Ninguna duda cabe de que la experiencia de Crisis marcó, hondamente y para siempre, a sus protagonistas. Hicimos la revista y ella nos hizo. Pero no se puede saber en qué medida Crisis incidió sobre la realidad a través de los cambios que quiso provocar en la conciencia, la memoria y la imaginación de sus lectores. No hay quien mida eso: eso no se puede medir. Además, muchas colecciones de la revista fueron quemadas, por furia de los verdugos o pavor de las víctimas, y muchos de los lectores fueron borrados del mapa. Alguna huella, nos consta, dejó Crisis en las tierras por donde anduvo. Y aunque fuera huellita nomás, por ella valía y vale la pena esta aventura.

Diez años después, Crisis se lanza otra vez al camino. Nuevamente Fico comete la locura. Vicente y Osvaldo abren la marcha. Y este miembro de la tropa celebra la vuelta a la vida dando testimonio de que el pasado sigue siendo un compañero digno de confianza.

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