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la lapicera y las pasiones tristes
El cierre de listas es como un relámpago que ilumina el funcionamiento interno del sistema político, pero poco se sabe de cómo opera el mecanismo. En esta conversación después de la tormenta, Juan Grabois hace un balance de lo vivido, explica por qué no quiere ir más a la tele mientras dure la campaña electoral y reflexiona sobre los tabúes de la democracia realmente existente.
Fotografía: Gala Abramovich
09 de Julio de 2019


 

“Vi la maldad de mis propios compañeros, la mía, la de mis aliados, la de mis rivales internos”, dice Juan Grabois cuando recuerda aquellos intensos días de finales de junio en los que la clase política toda se encerró entre cuatro paredes para decidir quiénes integrarían las listas de diputados y senadores que se elegirán en octubre. La vivencia dejó secuelas y el balance es ambiguo: “Desde el punto de vista de cómo recompensa el sistema político, hay que decir que nos pagaron bien; pero si me quedo con cómo yo creo que deben ser las cosas, pues estuvo mal”.

La condición inicial que antepuso de no ser candidato a ningún cargo, a pesar de la intensa presencia en los medios y de su amistad con Cristina Kirchner, le posibilitó observar el proceso desde una óptica singular, un tanto oblicua. Su condición de recién llegado al baile, por otra parte, le permite cierta capacidad de asombro e incluso repulsión frente a sucesos que los más veteranos ya han naturalizado. Entre un idealismo que parece querer conservar a pesar de todo y el inevitable realismo que impone las circunstancias, dice cosas como estas: “El cierre de listas es la síntesis o cristalización de un sistema basado en la competencia, el rencor, el individualismo. Un festival de antivalores. No quiero decir con esto que no sea una instancia necesaria para un proyecto popular, incluso para un proyecto revolucionario, pero el mecanismo se ha configurado de tal forma que deja pocas grietas para colar una representación de los sectores excluidos de la política formal, sin que eso implique domesticarlos y convertirlos en otra cosa”.

 

Cuando te propuse esta entrevista me dijiste que era “para escribir un libro”. ¿Por qué?

-Porque es la experiencia de un outsider en el núcleo de la rosca, de la trituradora espiritual, intelectual y moral que es la política partidaria. Es una máquina de convertir a la gente en malas personas. La política partidaria te vuelve malo. Y a mí me pasó. Atravesé varios estados emocionales que entrarían en la categoría de las pasiones tristes de Spinoza. Desde luego hay gente que sabe administrar estas tensiones, pero son los menos; y yo no soy uno de ellos.

Desde categorías ya no morales sino políticas, ¿cómo definirías el problema?

-Lo primero que habría que hacer es una crítica a nuestro campo político en sentido amplio, que abarca al peronismo kirchnerista, una parte sustancial del peronismo “racional”, intendentes, gobernadores y también a la izquierda popular: ven a la militancia política como el sujeto histórico, y no al pueblo y sus organizaciones reivindicativas. Pareciera ser que el activo militante es el principal sujeto de cambio. Esta autorreferencialidad endogámica, politicista, deriva en un fenómeno que creo fue Rosa Luxemburgo quien lo describió hace muchos años: primero el partido sustituye a la clase trabajadora y al pueblo; luego el comité central sustituye al partido; y al final el secretario general sustituye al comité central. Esa sustitución permanente no se procesa como un problema, se naturaliza.

En este contexto, ¿cómo evaluás la experiencia del Frente Patria Grande?

-La definición de quiénes serían los candidatos de nuestro Frente no fue fácil porque se mezclaron dos vectores: por un lado, las ambiciones individuales... que algunos llaman “las legítimas ambiciones personales”, pero para mí las ambiciones siempre son ilegítimas. La ambición, la codicia y el carrerismo son vicios, no es cierto que hay una naturaleza humana fatalmente egoísta. El sistema electoral, emulando al mercado, estimula esa lógica de ambicionar, de acaparar. En nuestro país esa lógica del capitalismo además de injusta no estaría funcionando en términos modernizadores, sino que termina siendo un factor de atraso y dependencia, chabacano e ineficiente, pero no por ello menos capitalista. Porque no es productiva, no funciona, es muy costosa esa tendencia a la acumulación. ¿Viste que las organizaciones utilizan el verbo acumular?

Sí, es un espanto: acumular gente, acumular poder...

-Es la misma palabra que se usa para describir el comportamiento del capital, es muy extraño que esté tan naturalizada en las organizaciones populares, cuando lo que deberíamos hacer es liberar el potencial creativo de nuestra militancia, promover el poder popular y a lo sumo contribuir en su conducción, no acumularlo como si fuera propiedad privada de una persona o facción. Otra cuestión que complicó el panorama fue la competencia entre organizaciones. No es que me enteré ayer que existen estas cuestiones, es obvio que están desde que el mundo es mundo. Desde el principio propuse incorporar alguna forma de representación política de los sujetos, aunque imperfecta o indirecta, pero había que intentarlo. ¿Y cuáles son los sujetos que nosotros queremos representar? Las pibas y el pueblo pobre organizado. Hubo cierto consenso en ese sentido, pero a la hora de los bifes aparecieron los equívocos, errores de comunicación, hasta que llegamos a un casi acuerdo (aunque una de las fuerzas no quedó del todo conforme) de promover a Itai Hagman, Ofe Fernández, Naty Zaracho y Fede Fagioli.

¿Cuál era el argumento de los que no estaban de acuerdo?

-Te doy un ejemplo: algunos querían priorizar a una candidata más orgánica y para eso estaban dispuestos a bajar a Ofe. Decían que era muy piba, que la vamos a quemar, un argumento un tanto contradictorio con la revolución de la hijas: si podés hacer una revolución, seguro podés estar en una lista. Hay una lógica de disciplinamiento encubierto, que va adoptando distintos disfraces pero no por ello es menos opresiva. Para mí es mucho mejor ser frontal con las diferencias y los acuerdos, en todo caso negociar fórmulas intermedias cuando aparecen disensos, que hacerse el boludo ocultando las contradicciones y luego aplicar mecanismos de manipulación. En el mismo sentido me parece fundamental blanquear la existencia de liderazgos con “autoridad” en el sentido aristotélico del término, como herramientas que ayudan a crecer. Agamben decía que la apelación a la organicidad permite desresponsabilizar, y yo creo que en la izquierda popular hay una tendencia a encubrir el ejercicio del poder, que lo vuelve más despótico y opresor que cuando se reconocen la existencia de roles de autoridad sanamente ejercidos.

“El cierre de listas es la síntesis o cristalización de un sistema basado en la competencia, el rencor, el individualismo. Un festival de antivalores”

 

la rosca infernal

La modesta oficina que instaló Juan Grabois a pocas cuadras de Puente Saavedra, en la frontera entre la Capital Federal y el conurbano norte, está impregnada de olor a cigarrillo. Desde allí coordinó sus sonoras intervenciones en los agitados meses de una primera etapa electoral que lo tuvo como protagonista. Un aparato de aire acondicionado, supuestamente frío-calor, intenta sin éxito escalar los míseros grados sobre cero de temperatura ambiente, mientras el referente del Frente Patria Grande reconstruye paso a paso las durísimas negociaciones con los dueños de la lapicera y anuncia su deseo de volver a sumergirse en la organización social que lo vio nacer a la política.

 

¿Y cómo fue la negociación con el kirchnerismo?

-Ya en marzo teníamos definido que las candidaturas serían cuatro, además de algunos distritos donde teníamos bases fuertes y queríamos participar de las listas. Tuvimos un problema en provincia de Buenos Aires porque no todos estaban contentos con los dos candidatos, y eso retrasó el proceso de instalación de sus candidaturas. Fue un error colectivo que nos debilitó a la hora de la negociación. En mayo comienzo a plantearle a Máximo y a Alberto lo que proponíamos y a preguntarles si era viable, pero parece que la cosa funciona del siguiente modo: "No te puedo decir nada hasta el final". Y no te decían nada. Dos semanas antes me enojé: "Loco, yo no sé cómo funciona la política, pero a mí me dicen ¿está, no está, más o menos está?”. Ellos me responden: "Lo de Capital lo tenemos resuelto, van a ir Itai quinto a Diputados y Ofe tercera a legisladora". Entonces les planteo que los dos debían estar terceros y acordamos eso: Itai y Ofelia ya estaban. El problema seguía siendo Buenos Aires. En cuanto al resto de las provincias ya no había margen para la discusión, lo cual era malísimo porque teníamos candidatos muy representativos de lo que queremos expresar, como el lonko Ariel Epulef en Neuquén, entre otros.

¿Eso fue dos semanas antes del cierre de listas?

-Diez días, calculo. Pero todavía no estaba el acuerdo con Massa, por eso acepté que en la Provincia había que esperar. Hacemos un acto antes del cierre en Almirante Brown; Alberto me había prometido que iba a venir y no vino; Axel me había prometido que iba a venir y no vino. Yo había acordado con Alberto que vendría tres o cuatro horas antes para recorrer cooperativas, un polo textil, el centro de salud, porque me dijo que no conocía la economía popular. La recorrida sería sin prensa, porque eran espacios de producción del MTE y la organización es muy estricta en mantenerse autónoma del proceso político partidario, aunque es muy importante que los candidatos se nutran de esa realidad para luego priorizarla. Queríamos también que conociera el Barrio Pueblo Unido, donde vive Fede. Fue una decepción. Desde luego, me dieron explicaciones y dijeron que cumplirían el compromiso pronto, pero eso es una de las cosas que me molesta de la política: a veces no dimensionan la desmoralización que genera ese tipo de incumplimientos en las personas humildes que los están esperando para mostrarles su realidad. Como estábamos tan cerca del cierre el chiste era “no te hagas el enojado ahora porque no te conviene”. Cuando cierra finalmente el acuerdo con Massa, me dicen que Fede y Nati van a la cola. Les digo: “No, así no puede ser porque yo pedí cuatro lugares. Y me dan para los lindos, los cool, pero para los feos, sucios, malos y pobres no me dan nada. No lo acepto, no va”. Me responden: “Bueno, le mejoramos un poco el lugar”. “No chabón, tienen que estar entre los 17 que entran”. “No, no se puede”, me tiran. Pero, a ver, les pregunto, “¿quiénes están antes en la lista que no nos pueden dar un lugar a nosotros?”. Ahí aprendí que eso es lo otro que no te dicen ni a palos. 

¿Vos en esa instancia qué capacidad de presión real tenías?

-En realidad no tenía ninguna porque no la iba a pudrir, porque somos concientes de nuestra responsabilidad en este momento del país. Yo me hacía el coco: ¿Habrán puesto a aquel garca o al otro delincuente? Entonces le escribí a una amiga que quizás podía ayudarme. Me dijo: “Sos injusto, te están reconociendo un montón, vos no sabés lo que es esto”. Me empiezo a desesperar mal, porque finalmente era como sospechábamos, no hay lugar para los pobres en las listas. Encima empieza una operación fuerte para bajarlo a Itai al quinto puesto en CABA, todo mal. Alberto no me daba certezas y me explica que va a entrar seguro porque después alguien siempre renuncia, que me quede tranquilo. A esa altura, viernes a la noche, discutí fuerte con uno de los compañeros que tenía la lapicera: “Me estás traicionando, vos tenés que cuidar lo que hicimos; yo te expliqué lo importante que era para nosotros que estén los pobres”. Evidentemente con patalear no se resuelve nada. Entonces nos juntamos en mi oficina de Puente Saavedra con Itai, Ofelia, Nati, Fede, Laura Bitto, Manuel Bertoldi, Lali de La Colectiva, Gabi Carpinetti y Cari de Pueblo en Marcha. Les digo: “Bueno, lo único seguro es lo de Ofelia, lo de Itai no está confirmado y parece que no hay nada en Provincia. ¿Qué hacemos?”.

Me dijeron que hicieron una proclama y filmaron un video...

-¿Quién te dijo? Eso no se podía contar. Bueno, no importa, igual nunca vio la luz. Fue una catarsis colectiva y estuvo lindo que todos los grupos del Frente, a pesar de los quilombos internos y de los faccionalismos que acarreamos, pudiéramos sentar una posición común frente a lo que vivíamos como la exclusión de nuestros compañeros más humildes. Pero era una boludez y la verdad que hubiera sido dañino. No es que sea ilegítimo manifestarse pero el cierre ya había tenido algunas escenas bizarras como un piquete que hizo Festa arriando gente para intentar imponerle al Frente de Todos la proscripción de la lista de Mariel Fernández en Moreno. También hubo una situación parecida con otro grupo que presionaba por la lista de Federico Gelay en San Isidro para perjudicar a la única candidata villera de todo el país, Fernanda Miño de La Cava. Viendo esas actitudes, flaco favor hubiéramos hecho con un pronunciamiento que debilitara a un Frente que tiene la misión histórica de derrotar al macrismo.

 

el día después

“Este es un mensaje para nuestros compañeros y compañeras del Frente Patria Grande, para las organizaciones sociales, para el movimiento nacional, popular y latinoamericano en su conjunto, para el Pueblo Argentino”. Así comenzaba el video que filmaron los cuatro candidatos del Frente Patria Grande junto a Juan Grabois la noche en que las velas no dejaron de arder. Luego anunciaban su preocupación por cómo estaban siendo definidas las candidaturas del Frente de Todos: “Vemos que las listas muestran un claro sesgo machista, con los tres principales distritos del país encabezados por varones. Vemos un sesgo clasista, que deja relegadas a lugares marginales a las expresiones más genuinas del pueblo pobre. Vemos una composición sectorial que privilegia a la partidocracia de poderes corporativos y celebrities individuales, que aplasta a las nuevas expresiones emergentes de los procesos organizativos de base. Vemos demasiados actores que miran con cariño a Lagarde, el Departamento de Estado y las grandes corporaciones monopolistas”. El spot filmado entre gallos y medianoche era realmente bizarro y, según dicen, nunca salió de sus celulares.

 

¿Y cómo terminó todo?

-Finalmente se confirmó el tercer puesto para Itai, seguimos peleando la Provincia pero no pudimos conseguir que Fede estuviera arriba del puesto 17. Terminamos firmando eso. Fueron 48 horas encerrado en una oficina con WhatsApp y Telegram. Al otro día, domingo, me levanto de buen humor, voy a llevar a mi hijo a jugar a la pelota y de repente empiezo a llorar porque me cae la ficha de que habíamos fracasado en uno de los objetivos esenciales que era lograr una mínima representación política para los de abajo. Entonces me sentí muy responsable y mi reacción un poco infantil fue mandarles un mensaje apocalíptico a los principales dirigentes del Frente de Todos y del Frente Patria Grande. “Yo no hago más nada en este sistema político de mierda, me vuelvo al MTE donde hay gente buena”. Pero ya se me pasó.

¿Por qué La Cámpora tiene tanto lugar en las listas?

-En primer lugar, no me quiero subir a la demonización de La Cámpora porque creo que muchos de los dirigentes más honestos y comprometidos de nuestro campo se encuadran en esa organización. No obstante, me parece que hay un dejo de abuso de poder. En su concepción ellos son los leales, los que bancan los trapos y los principales actores del cambio; el resto somos aliados circunstanciales. Yo no lo entiendo así: creo que ni ellos ni nosotros somos los actores del cambio, son los sectores sociales. Habría que haberles dado representación a los sujetos emergentes de la economía popular, de la revolución de las hijas, del movimiento sindical más sano, de una política distinta pero no con figurones. Por ejemplo Matías Lammens, me cae bien, me parece que tiene un montón de virtudes, pero si es candidato es porque “da nuevo” y estéticamente se parece a “ellos”. Lo dice él mismo: “Nos vestimos como ellos, hablamos como ellos, pero pensamos distinto”. Bueno, yo te digo lo siguiente: lo eligieron por cómo se viste y por cómo habla, no por cómo piensa. Mi conclusión es que los sectores a los que nosotros tratamos de darles poder, si alguna vez irrumpen, va a ser a las patadas. La política no quiere pobres organizados, los rechaza, los expulsa. Tenés que ser parte de algún aparato y si no, tenés que ser cool. La política se quiere lavar la cara con gente linda, no se quiere pintar de negro, de mulato, de pueblo... como decía el Che. Y los que tienen convicción, como Cristina, me parece que no valoran lo suficiente a los movimientos sociales. Como la naturaleza de nuestras organizaciones en el terreno reivindicativo es la negociación, ella cree que nos falta pureza y lealtad. Entonces, se impone una lógica binaria. Y yo asumo que existe una polaridad, creo que Cristina es la dirigente del movimiento popular en la Argentina, por eso la banco... pero no soy Cristina. Una de las dimensiones que constituye y le da fortaleza a un pueblo son los mitos. Cristina es un mito; a la vez es una persona de carne y hueso; y a la vez es una dirigente política. Tiene distintas facetas. Yo soy parte del pueblo y el mito de la Cristina que enfrentó a las corporaciones y al macrismo con coherencia es decisivo en mi adhesión hacia ella. Como persona de carne y hueso aprendí a quererla, a respetarla, a valorarla y eso lo digo con absoluta sinceridad. Para mí es una buena persona. Como activista político, tengo mis críticas a las formas de construcción de poder y de conducción y a ciertas concepciones que ella sostiene.

“Mi conclusión es que los sectores a los que nosotros tratamos de darles poder, si alguna vez irrumpen, va a ser a las patadas. La política no quiere pobres organizados, los rechaza, los expulsa. Tenés que ser parte de algún aparato y si no, tenés que ser cool.”

 

¿No te parece que una enseñanza que deja este episodio es que la naturaleza del peronismo hoy es la misma que caracteriza a todo el sistema político: la tendencia a constituirse en una elite que no es popular en su composición?

-Máximo usó en el acto que hicimos en Lugano una frase de Tosco que dice más o menos así: “No solamente lucha contra la pobreza quien la sufrió, sino también quien la comprende en sus causas estructurales y se enfrenta a ella”. Pero cuando Tosco decía eso, el punto de partida es que primero está quien la padeció aunque no sea algo exclusivo; y acá el que la padece no aparece. No existe conciencia de la necesidad de esa representación. Eso para mí es una mala interpretación de la doctrina justicialista. A pesar de esto, yo creo que avanzamos. Y el motivo por el cual La Cámpora tuvo esa supremacía tiene que ver con una profecía autocumplida: no hay nada mejor. Por ahí tienen razón. Pero no hay nada mejor porque no dejan crecer nada mejor. El compañero de extracción popular que más arriba está en la lista es Fede Fagioli, que va veintiuno; y la única mujer de extracción popular que quedó en la lista es Nati Zaracho, que está veintiséis.

Cuando decís que hubo abuso de poder, ¿qué querés decir?

-No quiero exagerar, porque la verdad es que los compañeros que confeccionaron las listas son gente comprometida con la causa nacional, popular y latinoamericana, y personas a las que aprecio. La reflexión que podría hacer al respecto es la siguiente: si tu poder es confeccionar una lista para que sea la mejor representación posible del proyecto, no hay que usarlo para construir una representación orgánica y ordenada. Hay que jugarse un poco más. El que tiene la lapicera no tiene el poder de incluir sino que tiene el poder de excluir, porque hay un montón de gente que quiere estar y, obviamente, no vas a poder conformar a todos. El tema es con qué criterio usás ese poder.

¿Cuál será el lugar del Frente Patria Grande en un eventual gobierno de Alberto Fernández a partir de diciembre?

-No lo tengo del todo claro, estamos evaluándolo. Yo tuve mucha exposición pública en los meses previos al cierre de listas y mi evaluación personal es que eso es perjudicial para la campaña del Frente de Todos. ¿Por qué? Porque los dirigentes sociales, buenos o malos, ya tenemos una etiqueta: vagos, delincuentes, somos piantavotos. Paradójicamente cuando le planteo esto a Máximo, a Alberto y a Cristina me dicen que es una boludez, que yo tengo que hablar libremente. Nunca nadie me pidió que dejara de hablar. Pero sinceramente dudo que sea lo mejor para la campaña. Además, ya decidí no ser funcionario en el gobierno de Alberto. En cuanto a la participación del Frente Patria Grande, considero que es el momento de que nuestras candidatas y candidatos hablen más. Ofelia aporta una frescura y una irreverencia necesaria para este momento de falsa normalización de la espantosa situación del país, Itai puede explicar muy bien las trampas del veranito económico que estamos viviendo, Nati y Fede tienen que amplificar la voz que expresan bien, que es la de los barrios. Otra tarea que tenemos es la elaboración de propuestas de gobierno. Aunque fuimos reduciendo nuestras expectativas de incidir en la orientación general, nos vamos a concentrar en políticas concretas para los sectores populares elaboradas con el más alto nivel de detalle posible. Por ejemplo, el plan de integración urbana de villas y asentamientos; los programas para las distintas ramas de la economía popular; un programa de conectividad para pueblos originarios y comunidades campesinas; la multiplicación de los profesorados en villas con el modelo del “Pueblos de América” de la 21-24; la entrega de títulos comunitarios para los pueblos originarios y un programa de acceso a la propiedad de la tierra para los pequeños productores y agricultores familiares; un mecanismo de acceso de la justicia y de control social de las fuerzas de seguridad. Estas son algunas de la ideas en las que tenemos experiencia, trayectoria y podemos aportar en un proceso que inevitablemente tiene que ser de gestión mixta entre el Estado y las organizaciones sociales.

El primer domingo de julio Grabois recibió un fortísimo ataque mediático en el programa de Jorge “King Kong” Lanata, a modo de vuelto por su protagonismo en el proceso electoral. A la mañana siguiente una brutal represión se ensañó con los barrios A.C.U.B.A. y 10 de enero, municipio de Lanús, donde viven muchos integrantes del Movimiento de Trabajadores Excluidos. A corto plazo su obsesión sigue siendo que el macrismo, gobierno al que conoció en sus entrañas, entregue el poder antes de fin de año. Luego empezará otra película, de terror o de suspenso según el resultado. Para entonces, a sus 36 años, el abogado de los cartoneros estará un poquito más curtido.

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