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trincheras del desánimo
¿Cómo se modula el relato macrista en el año en que viviremos en la pobreza? @LaInca_ analiza el discurso de los principales influencers de Cambiemos y devela sus supuestos, las mutaciones y hasta los núcleos de verdad en el imaginario de los héroes de la implosión.
Ilustraciones: Panchopepe
14 de Marzo de 2019

En el ocaso del gobierno de Cristina Fernández se lanzó la proclama mortuoria: “es el fin del relato”. El hartazgo generalizado y el diagnóstico de “inflación semiótica” proferida por un kirchnerismo adepto a teorías demasiado narrativas sobre lo real, se atizaba con los problemas económicos y una serie de demandas que no podían ser colmadas con cadenas nacionales.

Si esa fue la suerte del gobierno anterior, el discurso de campaña del macrismo en 2019 tiene un desafío titánico: el hiato cada vez más indisimulable entre promesas, expectativas y devenir del gobierno de Cambiemos. ¿Cómo se modula el relato macrista en el año en que viviremos en la pobreza?

En este intento hercúleo de sacrificar a los vivos –“el sacrificado siempre es el otro” es la ley tallada en piedra, lo único que persevera en el gobierno de los ricos– para salvar a los que no nacieron, bailan y se solazan en las redes sociales un grupo de “figuras” que comentan, acompañan y dan algunas claves —exageradas, condensadas o desplazadas, como suele suceder en Twitter— sobre el imaginario macrista. Lo que sigue es una breve galería de estos personajes, a veces entrañables.

 

los arcontes de la grieta

Estos profetas del odio no dan la cara y se caracterizan por su particular mezcla de ingenio, indignación y, en este 2019, desorientación con taninos de derrotismo. Funcionan como el balbuceo del inconsciente de los grandes medios de comunicación. En ellos, en su sofisticada transparencia, podemos leer el guion que los zócalos de Clarín no dicen, el memo que les llega a los jefes de redacción de la Tribuna de Doctrina. Son los héroes de la implosión.

 

- “Gustavo Beaverhausen”, @MisOdios

El autor del célebre Opus magnum Manual para demoler progresistas se presenta como “Guionista” y “Capo”. Desde su cuenta vocifera con insistencia el objetivo de sus aversiones: los “kirchnerulis opas”. Néstor Kirchner (de quien opina que “cada año muerto es plata del pueblo ahorrada”), las operaciones de Verbitsky, los periodistas K adictos a sobres y la propaganda fascista. Los marcos conceptuales son dos: fascismo y mafia, y la hipótesis omnicomprensiva del descalabro económico es la corrupción kirchnerista.

En el momento de la asunción de Macri y luego de un lacónico “Nunca más”, el guionista expone su exigente vara: “No me preocupa tanto la economía porque aguanté 12 años de Kirchnerismo y no me morí. Y eso que uno se robó la máquina de hacer billetes”. En el promedio de la administración, 2017, ironiza sobre las críticas a la gestión: “‘La economía no crece’ es el ‘Rasguña las piedras’ de los opositores con fobia a los números. Cantate otra, hermano”. El 2019 trae la certeza de tirar con lo que hay: “Queda claro que, con esta economía de mierda, las elecciones van a ser como jugar al ajedrez solamente con peones usando un soplete para moverlos. This is Sparta. Choose your weapon”.

Mientras tanto, para amenizar el combate, “siempre tendremos Venezuela” y la posibilidad de colocar a todos los “progres” y “kirchneristas” del lado del mal para ratificar su cosmovisión.

En este intento titánico de sacrificar a los vivos para salvar a los que no nacieron, bailan y se solazan en las redes sociales un grupo de “figuras” que comentan, acompañan y dan algunas claves sobre el imaginario macrista.

- “Málcom Gómez” @malcomgomez

Malcom continúa, tal vez con un poco más de templanza, la línea de la grieta insalvable. Su nota distintiva es el fino uso de la ironía en chistes como “Mi amigo exfuncionario: ‘Ahora, por la persecución que Uds nos están haciendo, cuando volvamos sabés una cosa... ahí sí que van a ver lo que es robar’. Ahí tienen, despertaron al león dormido.”

Hacia el final de 2015 estuvo dedicado a carroñear los jirones de los integrantes de 678 y la “resistencia” incipiente; en el promedio del gobierno de Cambiemos contribuyó al núcleo narrativo de la “pesada herencia” con epigramas como “Incomprensible la felicidad del K con la inflación y las tarifas. ‘¡¿Vieron que iba a explotar la bomba que dejamos?!’. Sí, sí tenías razón.”.

Al terreno un tanto yermo de sus representaciones se le suma en 2019, para completar el cuadro, algunas criticas a la “sororidad”, varias opiniones sobre Venezuela y links de La Nación sobre corrupción, que operan como válvulas de escape opinológicas ante la evidencia de la crisis.

 

- ‘Coculo’, @Coculo

El intemperante usuario de esta cuenta no tiene las preocupaciones culturosas del guionista Beaverhausen pero sí su pasión por los vituperios. Cristina Kirchner es “Porota”, el humor pasa eminentemente por señalar que somos “el Chaco del mundo”, y cada tanto aparece un chiste racista sobre Milagro Sala o los votantes peronistas. Es el hilo infaltable del relato macrista, su costado más irreflexivo y carnal: el padre de familia que quiere a todos presos. Tal es así que ante el triunfo de 2015 afirma: “Relajate @mauriciomacri No nos interesa mucho lo que vas a hacer, lo único que te pedíamos es que eches a los K, lo demás viene de arriba”.

Pero no hay que confundirse, su fidelidad no es ciega. Al escuchar los cantos de sirena de un discurso apaciguador, advierte: “Macri dice que él no va a hacer revanchismo. Bueno, arrancá con la paz vos Mauri, yo tengo para varios meses de odio que descargar todavía.”

Tal vez el mérito retrospectivo de estos discursos es haber sido el Ello de Cambiemos. En épocas de campaña impregnada por la promesa del fin de las antinomias, de la pobreza y del narcotráfico, estos Avengers de la bicicleta financiera no dejaban de susurrar una dimensión de lo reprimido, premonitoria y fatal, que adelantaba el verdadero devenir de un discurso que en 2019 encuentra en el estatuto bélico su destino sudamericano.

 

el broteverdismo panglossiano

Se denomina “Panglosiano” a todo ímpetu demasiado optimista, en honor a Pangloss, personaje del Cándido de Voltaire. Pangloss es un seguidor de Leibniz que siempre visualiza hasta la peor tragedia como justificable y dirigida a un propósito.

El bueno de @Apuntes_ vive en el mejor de los mundos posibles y es un heraldo del vaso medio lleno. Su insignia es “Las malas noticias venden, las buenas se cobran”. Actualmente se entrega a generosos y entusiastas retweets sobre la mayor afluencia de gente en el balneario Las Grutas este año, el desarrollo de “un hongo con alto contenido de proteínas” atribuido “100% a esta gestión!!!” y, de su cosecha, comparte avances tales como la “Primera viga sobre Saenz del Viaducto Belgrano Sur” o la finalización de “la ampliación a lo largo de 300 m de Av. Constituyentes en un carril por mano.” Es imposible no percibir el deleite que le produce adjuntar ilustraciones del antes y el después.

La lengua del entusiasmo se arrebata en su teclado y salpican los “Milagroso”, “Histórico”, “Haceme un pibe CEOcracia” y saludos de bienvenida a los nuevos funcionarios, incluso de segunda línea. También expone su vocación docente en varios hilos de twitter que, didáctico, deja fijados en su perfil para fácil acceso.

Luego de la agresividad de los usuarios macristas que inician esta galería, los brotes verdes del fan @Apuntes_ pueden ser un respiro ameno. Después de todo es un convencido de la modernización del capitalismo; según su mirada no importan tanto las absurdas discusiones sobre la izquierda o la derecha, lo que importa es que las cosas funcionen, todo el resto (lo privado, lo público) es una herramienta para el carácter eficiente de un gobierno. Ahora bien, nuestro Pangloss también muestra la hilacha de los discursos más corrientes y “pasatistas”: CFK nos llevaba a Venezuela, y además “los peronistas no sirven, hay que rajarlos a patadas.”

Como Godot a la espera de su segundo semestre, aseguraba en 2015: “Tiene costos (mitigables) una devaluación del 30%? Sí. En enero 2014 se pagaron al pedo. Con Macri será para sacar cepo y volver a crecer”. Esta fe mutó a un discurso de reconocimiento de las dificultades y ahora, pedagógico, ilumina a una seguidora sobre la economía presente: “Viviana, se apunta a bajar el déficit que CFK dejó en 8,1% anual para así poder dejar de endeudarnos. El Estado está bajando el gasto y por eso tiene menos plata para mover la economía doméstica, que va a sacudirse hasta que pasemos esta etapa. Pero es dejar un futuro para nuestros hijos”.

A tono con el novísimo giro comunicacional de Cambiemos, @Apuntes_ afirma que Macri “está haciendo el trabajo sucio del ajuste de una economía desquiciada heredada del populismo K”, y suma su apoyo: “Si no lo putearan, no estaría haciendo bien su trabajo. Fuerza Presidente”.

La estrategia retórica consiste en trocar lo desgraciado en virtud a partir de pases verbales mágicos que transforman a Macri, que es un heredero, en un verdadero abnegado: salir del populismo cortoplacista y pagar las consecuencias reconvierte al líder en un sacrificado, un padre firme que tolera el costo de su responsabilidad.

Los supuestos de esta mirada asumen que el mundo es difícil, competitivo, y ante eso no se debe esperar una ayuda que convierta a las personas en dependientes; se necesitan una serie de rigores y de disciplinas para el crecimiento y el desarrollo, lo que justamente se ha negado en setenta años inmorales de irresponsabilidad.

 

el zaratustra amarillo

Alejandro Rozitchner estaría ubicado en un espacio más elevado dentro de esta galería de pensadores, quizás por su aura intelectual y por su beneficio de escriba al servicio del macrismo. El presupuestívoro ilustrado dedica buena parte de sus caracteres en Twitter al encomio del presidente, de Maria Eugenia Vidal y de Patricia Bullrich. En 2015 nos deleitaba e instruía con analogías que no tienen nada que envidiar a las platónicas: “Un país, como una bicicleta, solo logra equilibrio en la medida en que está organizado para avanzar. El desarrollo lo encauza”. En su momento, también aceitaba las ruedas del discurso “posgrieta” con asertos como “Entre las cosas que terminan al cerrarse el ciclo está el antikirchnerismo. Termina el antikirchnerismo, y es un alivio más”.

Luego del año de la liberación, Rozitchner defiende en 2016 a un gobierno que no es cómplice de las mafias y que no traicionará a la gente. Pasaron cosas y el 2019 lo encuentra teorizando sobre el recto camino, la Vía Apia política en un período desértico. Por supuesto, el comodín es la lucha en contra de la corrupción: “A lo largo del tiempo la política ha servido para robar. Con este gobierno la política sirve para impedir que se robe y para recuperar lo robado”. Pero más interesante, construye una particular mirada de la Historia y sus sucesos que justifica a Macri: la idea de resistencia, afirma, es un “movimiento conservador” que trabaja “contra la fluidez y la plasticidad del mundo”, negando así el cambio. En un momento presocrático de despotismo ilustrado, Rozitchner Junior viene a enseñarnos que Macri es el Cambio, la impermanencia, y todo lo que haga va a ser el cambio, y todo lo que se le oponga va a ser lo viejo.

Centrar la perspectiva en el pasado es instalarse en la satisfacción de la impotencia, asegura Rozitchner quien, a todas las luces, le dio un mordisco a la Segunda intempestiva de Friedrich Nietzsche Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida. La masticó y masticó hasta escupir un bolo alimenticio cercano a la new age que reza “no es cierto que el conocimiento del pasado aporte las claves para la orientación presente”. La importancia de conocer y recordar la historia es un “lugar común progresista” que debe ser reemplazado “por el más valioso juego de implementar nuestra mejora, que esa mejora está sucediendo”. El “estilo resolutivo”, la “acción solucionista” y la “madurez” de los heráclitos del futuro empiezan a dar sus frutos a través de un camino arduo. Cuanto peor, mejor.

 

el padre estricto, la madre protectora

Dos momentos de verdad, especulares en la galería de figuras: lo que las sátiras y parodias de los elementos del relato macrista nos señalan de nosotros (me refiero a un heteróclito y difuso “nosotros” opositor) y nuestra posibilidad de caer seguido en ripios argumentales, agresividades en demasía, y sesgos a la hora de opinar sobre política; no estamos exentos. Pero además, exponen las dimensiones de problemas y déficits del pasado que estas figuras saturan y declaman, que efectivamente existen y forman parte de las ansiedades de un electorado convencido y mucho menos “orgánico” al que tal vez sea necesario atender.

De estas hebras conceptuales y retóricas que constituyen el relato Cambiemos –gorilismo, anticorrupción, eje Caracas-Buenos Aires, republicanismo antiautoritario, eficientismo, impulso modernizador, superación de antinomias y fin de la grieta, refundación cultural, supuesta aversión a los contratados por el Estado o “ñoquis”, crítica al gasto social–, lo que triunfa y se cristaliza, expresado en el discurso del presidente en la última apertura de sesiones ordinarias, es la idea de la necesidad de sacrificios y esfuerzos para un bien mayor, en contraposición a un pasado de desmanejo insensato.

Se conforma así lo que el lingüista George Lakoff llamó “El modelo del padre estricto” en el sistema moral de los conservadores en Estados Unidos. Los supuestos de esta mirada asumen que el mundo es difícil, competitivo, y ante eso no se debe esperar una ayuda que convierta a las personas en dependientes; se necesita una serie de rigores y de disciplinas para el crecimiento y el desarrollo, lo que justamente se ha negado en setenta años inmorales de irresponsabilidad. ¿Vendrá una madre protectora a sanar nuestras heridas? ¿O necesitaremos a un tío abnegado que venga a ordenar la casita en ruinas?

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