The Cure: lo demencial y lo onírico | Revista Crisis
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The Cure: lo demencial y lo onírico
Luego de su recital en Ferro de 1987, Robert Smith anotó en su diario de viaje: "Afuera, el campo no tiene nada que envidiarle al centro de Beirut". A propósito de aquella batalla campal envuelta en la crisis económica del austral, una ficha completa de la banda británica junto a una entrevista con su líder allá por 1987, en la crisis #53. Un diálogo sobre lo onírico, las interpretaciones literales de sus canciones, la juventud inglesa bajo Thatcher, Malvinas, la dictadura y los desaparecidos por televisión.
Fotografía: Julio Menajovsky
24 de Septiembre de 2021

 

Corría 1976 en un Londres agitado por consignas punk antisistémicas. Por entonces, un grupo de compañeros de estudio decide crear una cooperativa musical, "The East Cure" que formarían Robert Smith en guitarra y voz, Laurence Tolhurst en batería y Michael Dempsey en bajo. Poco tiempo después graban uno de sus simples más controvertidos, "Killing an arab". Pero el grupo no resistirá su composición inicial y se metaformoseará pasando por el trío, el cuarteto y el quinteto.

 

Transformaciones I

"Todo cambia. Cuando alguien nuevo entra en el grupo todo cambia, las relaciones entre todos, la forma de tocar”, dice Robert Smith y esto sirve para presentar la propuesta musical de su LP debut Three imaginary boys donde Michael Dempsey es reemplazado por Simon Gallup.

Ese rebel-pop no tardará en sumergirse en la más tenebrosa búsqueda del inconsciente, por momentos demencial, fronterizamente movilizante.

Entre el '80 y el '82 graban Seventeen seconds, Faith y Pornography, una trilogía cerrada, autosuficiente, recurrentemente psicologista. Una concepción casi melancólica, romántica, que hurga en el amor pero también en lo siniestro, las situaciones límites, la ineluctabilidad de la muerte. Los sueños, escapados de la mente por momentos tortuosa de Smith, encuentran en su ronca voz y en la atmósfera que crean sus instrumentos una rara forma de exteriorización. Su música penetra, atrapa, arroja al mundo irremediablemente, a ese laberinto macabro de la realidad.

 

Transformaciones II

Fue en 1982 que comenzaron las disgregaciones, la lenta descomposición de la banda. En búsqueda de nuevas experiencias, se desgranan. El bajista Simon Gallup abandona el grupo, mientras que Robert Smith vira hacia las galaxias de Siouxsie and the Banshees, silenciando su voz en una guitarra. Más tarde Smith enlazará a otro de los progenitores de The Cure, Lol Tolhurst, para grabar una serie de simples que serán recopilados posteriormente en el LP Upstairs room. Una travesía que completará Japanese Whispers con Phil Thornalley en bajo, Andy Anderson en batería y Tolhurst en teclados.

 

Transformaciones III

Es en 1984 que además de incluir a Porl Thompson en guitarra y teclados editan su sexto álbum The top, una combinación musical que rescataba los sonidos más disímiles. Ese mismo año Smith rompe relaciones con los Banshees para abocarse al trabajo con The Cure. Aparece Concert: The Cure live, un LP grabado en vivo en tres salas inglesas. Otro cambio se plasma en el '85: Andy Anderson, el baterista, abandona el grupo y es reemplazado por Boris Williams. Ese mismo año, editan su último álbum, The head on the door, una propuesta libre, que rompe estereotipos al imbricar los más diversos ritmos en temas tan inconexos entre sí como lo son “Kyoto song", con reminiscencias japonesas, ''The blood" o "Close to me".

Actualmente tienen grabado un álbum con 18 temas nuevos que será editado en Argentina, simultáneamente con Europa y Estados Unidos, además de la participación en un film que, dirigido por el excéntrico Tim Pope, se llamará The Cure in Orange.

 

El recital tormentoso

Entradas al campo, 25 australes, plateas, 20. Precios decididamente internacionales (Iron Maiden acaba de tocar en Madrid por una cifra parecida) en un país que hace agua por los cuatro costados, aunque algunos parecen no darse cuenta. The Cure en Ferro. No fue un recital, sino lo más parecido a un entierro. Los Warriors argentinos desbordando a punta de violencia todas las vallas de contención, la bronca generalizada estallando en uno y otro lado. Muchachos en cuero persiguiendo chetitos, para pegarles y robarles el bolso. Barras bravas, marginales violentos de todo tipo (claro que existen, porque la miseria del austral no se calma con cajitas de limosna) destrozando a su manera algo que en otros tiempos podría haber sido una fiesta. Pero es evidente que no estamos para fiestas. Casi cuarenta heridos, la habitual carga de los de Toxicomanía contra cualquiera que use el pelo largo, los perros de la seguridad privada mordiendo a diestra y siniestra, custodiados con palos yendo de malos por la vida. Afuera, la policía comentando con una sorna: “dejalos que se maten, son todos unos putos drogados”.

¿Y The Cure? Allá, a lo lejos (sólo podían verlos los pocos privilegiados que llenaron los 50 metros cercanos al escenario) con un sonido lamentable.

Pese a todo, Smith hizo lo suyo, pero no pudo abstraerse al nerviosismo general que obligó a adelantar el comienzo para frenar el tumulto. Antes del final, miles de chicos asustados iniciaban la retirada, a pesar de que la música invitaba a quedarse. Los Warriors, como sombras serpenteantes, salían otra vez de cacería. La realidad de un país desgastado por todas las pestes imaginables había dado un nuevo coletazo. El comentario del pendejo de 15 a su golpeado colega sintetizaba bien la jornada: “qué triste, loco, qué triste”.

 

Los monstruos internos de Robert Smith

“Hay dos mundos diferentes, el político y el normal", dijo Robert Smith, líder de los The Cure, un extraño grupo inglés que surgió en 1976, en su fugaz paso porteño.

Un apoliticismo que alcanza a definirlo sin comprenderlo en su totalidad. Cantante, guitarrista y compositor del grupo, graba junto a Laurence Tolhurst y a Michael Dempsey el polémico tema "Killing an arab'' (Matando a un árabe). Los años siguientes fueron vertiginosos, en medio de una corriente ininterrumpida de elepés, hasta que en el '83 decide unirse a los Siouxsie and The Banshees, una experiencia que reduce a "una simple etapa de diversión". La relación se cortará abruptamente mientras The Cure crecía, cada vez más fogoso y consolidado.

Despojado de la crueldad inicial del punkismo, preocupado esencialmente por los monstruos internos que carcomen su inconsciente, Robert Smith opina:

 

Los sueños constituyen una fuente de inspiración muy importante en tus composiciones. ¿Existe algún punto de contacto entre esa temática onírica y la realidad?

-Es una respuesta difícil. Las cosas surgen como surgen. Cuando estoy en un show en vivo siento que el mundo que me rodea es una fantasía. Aunque también la vida normal tiene un montón de cosas que suceden, que me impresionan, mueven mi sensibilidad y me hacen componer canciones. No creo que sea importante separar las dos cosas. Encuentro que todo lo que es parte del mundo de los sueños y parte de mi vida normal están íntimamente relacionados, unidos. Me divierto muchísimo cuando sueño, tanto o igual que cuando no lo hago. Además muchas canciones son el reflejo de lo que leía y presenciaba en los institutos psiquiátricos ingleses. Quería criticar esa realidad. Me preocupa la injusticia que se ejerce con la gente mentalmente debilitada a la cual se oprime y maltrata.

¿Qué pensás de la juventud inglesa hoy? ¿Qué le criticarías?

-No soy nadie como para ponerme a criticar a la juventud británica, aunque ésta tenga varios puntos atacables. Esencialmente, creo que ha habido una declinación de la juventud que se debe al gobierno que impera en Gran Bretaña desde el '79. No han ocurrido cambios.

¿Han hecho recitales en Irlanda del Norte? ¿Creés que si lo hubieran hecho hubieran tenido algún tipo de inconvenientes?

 -No, no he tenido ocasión de tocar en Irlanda. No obstante implicaría los mismos riesgos que hacerlo en la Argentina. Creo que no habría ningún problema porque son dos mundos separados, el político y el musical. Hay un mundo que es político salvaje y otro diferente, que es el normal.

Hace poco tiempo se acusó a The Cure de apología del racismo a raíz ·del tema "Killing an arab" ¿Qué problemas tuvieron en EE.UU. con la comunidad árabe?

-Esa canción fue escrita en el '79 como una expresión de protesta hacia lo ridículo de las matanzas, sea de árabes o de cualquier otro individuo, independientemente de la raza de la que forma parte. Siete años después, en Estados Unidos, el tema fue levantado por un disc-jockey cuando ocurrió el lío de Irán. Entonces, gran parte de la comunidad árabe que vive en EE.UU, sin comprender demasiado bien la letra, pensó que era contraria a sus intereses. Este asunto culminó en una serie de malentendidos, en los cuales la banda estuvo muy cerca de llegar a un juicio, por lo que tuvimos que salir a responder un montón de preguntas y a confirmar que no hubo ninguna intención racista en ese tema. A los Cure les parecía "idiota" que existieran peleas entre seres humanos y que éstas llegaran al límite del asesinato.

Tu postura es entonces totalmente contraria a la guerra, a eso que llamás "matanzas ridículas". ¿Cómo viviste vos el conflicto de Malvinas?

-Sostengo que no hay ninguna razón válida que permita justificar la guerra. Con respecto a lo que sucedió en Inglaterra, muchísima gente estuvo en desacuerdo con el conflicto bélico, una cara del horror repetida y cuyas consecuencias son nefastas para todos. Desafortunadamente fue el gobierno, el establishment, y no la mayoría del pueblo británico, el que decidió la guerra. Además creo que en la actualidad entre pueblo y gobierno hay un gran abismo, las distancias son muy considerables.

¿Qué información tenés sobre el último régimen militar argentino?

-Hace poco tiempo he tomado contacto con una de las realidades más crueles que vivieron los argentinos durante ese período, por intermedio de un programa televisivo que reseña el problema de los desaparecidos. Lo que más me impresionó fueron los testimonios de los familiares de aquellos que atravesaron el horror, penetraron en mí hasta lo más profundo. Yo había tomado conocimiento del tema, pero escuchar esas voces desesperadas me abrió más a todo ese dolor.

Fotos al ejemplar de la revista original: Jazmín Tesone.

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