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un tóxico sueño carioca llega a las pampas
El triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil recalienta el valor estratégico de las redes sociales en las elecciones. ¿Hay candidatos argentinos pensando una campaña al estilo Bolsonaro? ¿Pueden influir las cadenas de WhatsApp en el voto popular, como lo hicieron en Brasil? Un debate sobre las tácticas de desinformación digital, las bases de datos en venta y el delicado juego de la polarización viral.
Ilustraciones: Ezequiel García
03 de Febrero de 2019

La última campaña electoral en Brasil parece mostrar que el esquema de polarización fortalece los discursos extremos en las redes sociales, porque sacan un mayor provecho para llevar su agenda por fuera de los medios tradicionales. ¿Hacia allí va una parte de la campaña electoral de los próximos meses? ¿Cómo funciona una estrategia de desinformación para desprestigiar a un rival político? ¿Influyen las cadenas de WhatsApp en el voto popular? ¿Qué papel debe adoptar la izquierda progresista en un campo dominado por la retórica xenofóbica, racista, misógina y homofóbica? Las respuestas están aún en etapa de aproximación.

Ernesto Calvo es un politólogo argentino radicado en Estados Unidos que investiga los fenómenos de discusión política en esa nueva trinchera del debate público que son las redes sociales. Con 25 años de investigación sobre el cruce entre política y estadística, sus trabajos se inscriben en lo que se denomina “data analytics”, una disciplina que en nuestro país todavía parece estar en pañales. La semana anterior a las elecciones en Brasil, Calvo y su equipo capturaron unos cinco millones de mensajes en Twitter para analizar la interacción vinculada al candidato Jair Bolsonaro y al Partido Social Liberal (PSL). Y detectaron que no existían “medios reputados” que estuvieran en su favor, sino “medios falsos”. Uno de los casos que más les llamó la atención fue el de República de Curitiba, un experimento que nació como una página de Facebook en 2016 y que para fines de 2017 se había reconvertido en un canal de difusión contra el Partido de los Trabajadores (PT).

“Las redes de Twitter de Bolsonaro son poco saludables y muy operadas políticamente porque tienen muchos trolls y medios falsos. Dado que Bolsonaro tuvo apoyo explícito de los militares, no dudo que haya operaciones de inteligencia que estén conectadas con esas redes poco saludables”, apunta Calvo en diálogo con crisis. Tanto Twitter como WhatsApp introdujeron limitaciones a cuentas falsas que estaban operando en favor del candidato ultraderechista, y es por eso que desaparecieron gran cantidad de links promovidos por sus seguidores. Sin embargo, sus adherentes mudaron estas acciones a YouTube, la plataforma en la que se registró un fuerte incremento de la cantidad de videos virales con información falsa en favor del actual presidente de Brasil.

Los días previos a la segunda vuelta estuvieron marcados por una revelación del poderoso Folha de São Paulo, según la cual distintos empresarios habrían aportado más de doce millones de reales para comprar bases de datos de usuarios con el objetivo de montar una campaña de desprestigio contra Fernando Haddad. El propio candidato del PT denunció la maniobra ante la justicia electoral y aseguró que su rival había creado una "red criminal" en contra suyo a través de WhatsApp. Bolsonaro replicó la acusación del exalcalde de San Pablo a través de sus redes: "El PT no está siendo perjudicado por las fake news, sino por la verdad".

Si bien no puede cuantificarse la eficacia de la difusión de mensajes falsos por WhatsApp en favor de Bolsonaro, el ganador de los comicios echó mano a la aplicación de mensajería más usada en el mundo para montar su propio ejército de influencers políticos, un ardid que está en la mira de la propia aplicación propiedad de Facebook. Como primera medida de contención, a partir de ahora WhatsApp limitará a sólo cinco contactos el reenvío de mensajes. Pero eso no parece un obstáculo para los estrategas argentinos interesados en importar un esquema parecido para la inminente elección presidencial en nuestro país.

 

paisaje de trolls y “fake news”

Semanas antes de la elección que llevó a Bolsonaro al Palacio de Planalto, el colectivo Hackers Pela Democracia logró detectar nada menos que 17.000 grupos de WhatsApp creados por el equipo de campaña del exmilitar. Un integrante del colectivo de hackers brasileños, que prefiere mantener el anonimato, describe la logística que puso en marcha el ultraderechista para llegar a unos cuatro millones de votantes: “Iban a distintas marchas y a quienes protestaban les preguntaban qué hacían, de dónde eran y anotaban sus contactos en una planilla. Luego les avisaban y los sumaban a los grupos sin advertirles que era algo ligado a Bolsonaro”. Método artesanal que echa por tierra teorías de sofisticación tecnológica.

Luego de ser sumados a los grupos, las personas eran segmentadas por lo que hablaban y clasificados a partir del tipo de mensaje que emitían sobre Bolsonaro: positivo, neutro o negativo. Así, desde el PSL catalogaban a los usuarios para luego enviarles mensajes masivos a través de WhatsApp. "A los líderes los iban moviendo de un grupo a otro para buscar un contagio en grupos personales", grafica el hacker que participó de la infiltración. El mapeo de las interacciones individuales de 720 grupos de WhatsApp vinculados a Bolsonaro indica que lo más compartido fueron los audios. "Los audios eran genéricos, sin hacer referencia a Bolsonaro, pero anticipaban un supuesto caos generalizado que podría ocurrir si ganaba el PT", apunta la fuente.

Para Calvo es imposible medir la influencia real de WhatsApp como herramienta de disuasión política, sin embargo no desconoce el potencial de la aplicación para difundir información. “En Brasil, a diferencia de la Argentina, las encuestas demuestran que la incidencia de WhatsApp para obtener información política es más alta, por lo que allí la circulación vía WhatsApp ha sido muy extensa”, apunta. Y avisa que “entramos en un terreno difícil de medir porque no está muy claro cuál es el nivel de circulación real que tiene la información en WhatsApp en comparación a redes sociales”.

Al paisaje de trolls y “fake news” hay que sumarle otro elemento: el algoritmo del que se alimentan estas aplicaciones. ¿Puede la inteligencia artificial seleccionar el contenido político al que accedemos en nuestras redes? ¿Qué papel juega la mediación algorítmica en el esquema de los discursos de interés público? El propio Calvo lo explica: "En Twitter importaba poco el algoritmo y mucho la atención selectiva porque uno elige a quién seguir. Si curás tu muro recibís todo, incluso la información de un troll si es que lo seguís. En Facebook, en cambio, el nivel de visualización de la información es un algoritmo que pondera hacia arriba las interacciones que tenés. Si chateás, si observaste, si interactuaste con los contenidos de un troll, aumenta la frecuencia con la que ves contenidos de ese individuo”.

 

campaña tóxica en las redes

En lo que se refiere a la comunicación política en entornos digitales, la izquierda regional parece estar algunos pasos por detrás de sus rivales. Everton Rodrígues es un comunicador y consultor brasileño que colaboró en la última campaña presidencial del PT. “Las redes sociales fueron determinantes para la victoria del fascismo ya que Bolsonaro tenía sólo ocho segundos de televisión”, afirma. En ese contexto, Rodrígues sostiene que aun así los medios tradicionales jugaron para Bolsonaro porque se dedicaron a “crear un estado mental de que la política es corrupción”, una demonización que “creó también un estado de odio contra la izquierda, Lula y Dilma".

Al igual que en Brasil, la polarización política se anticipa entre nosotros como otro de los temas centrales de la agenda electoral en Argentina. Y esa polarización también se construirá en los discursos que van a circular en redes sociales y que podrían explicarse a través de lo que en las ciencias políticas se conoce como “la paradoja de los amigos”. Explica Calvo: “En la campaña de este año uno se va a encontrar con formas tóxicas de la competencia en las redes. Los individuos más activos van a ser quienes ejerzan un discurso mucho más macrista o mucho más cristinista que el que tengan los usuarios genuinos de uno u otro lado”.

En ese camino, desde Hackers Pela Democracia apuntan a imitar parte de la estrategia del PSL creando grupos de WhatsApp orgánicos que identifiquen y refuercen a los líderes locales. Pero la propuesta de estos activistas no apunta a coordinar mensajes y discursos a las bases, sino todo lo contrario: "Organizar comunidad, escuchar y conducir desde procesos naturales". Mientras tanto, en el horizonte electoral argentino las capacitaciones para militantes con WhatsApp ya empezaron, al menos, en el bunker del PRO. Y lejos de repetir viejas lecciones sobre Facebook, las materias clave se renovaron: geolocalización y WhatsApp Business, la nueva interfaz para empresas (y agrupaciones políticas) de WhatsApp, pensada para conectarse de manera más directa y analítica con clientes y potenciales votantes.

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