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guerra por los fierros
Huawei, la segunda empresa de telefonía móvil del mundo, está en el centro de un escándalo de espionaje entre China y los Estados Unidos. Mientras su directora comercial permanece detenida en Canadá, la batalla por el dominio global de la tecnología 5G expande sus tentáculos hasta la Argentina, donde la empresa china invirtió en la camiseta de Boca Juniors.
Ilustraciones: Ezequiel García
10 de Abril de 2019

 

Casi como una jugada sincronizada en el tablero geopolítico global, mientras en Buenos Aires se hablaba de distensión y tregua comercial tras la cumbre entre Donald Trump y su par chino Xi Jinping luego del G-20, Meng Wanzhou era arrestada en Canadá. La directora financiera de la multinacional china Huawei fue detenida en Vancouver, escala de su vuelo Hong Kong-México, producto de una orden de captura que provenía del país vecino: fiscales estadounidenses la acusaban de ocultar vínculos comerciales para infringir las sanciones contra Irán y otros cargos de espionaje industrial que podrían sumar hasta treinta años de cárcel.

Wanzhou no es una ejecutiva cualquiera. Y Huawei Technologies Co. Ltd no es una empresa cualquiera. Meng es hija de uno de los hombres más influyentes de China, el multimillonario Ren Zhengfei, quien estudió ingeniería en épocas de la Revolución Cultural de Mao, trabajó como investigador en el Ejército Popular de Liberación durante los 70 y, luego de quedar desempleado en los ochenta, se estableció en la ciudad de Shenzhen. En esa primera "zona económica especial" dispuesta durante los tiempos de Deng Xiaoping, Ren fundó Huawei. Hasta no hace tanto, se podía catalogar a su empresa como un fabricante de equipamiento barato para el sector de telecomunicaciones. En la actualidad tiene más de 180.000 empleados, ostenta el dominio tecnológico en la futura generación de sistemas de conectividad móvil (registra 2570 patentes esenciales para 5G), secunda a Samsung en la venta de smartphones a nivel mundial, e invierte 12.700 millones de dólares al año solo en investigación y desarrollo.

¿Cómo reaccionaría Estados Unidos si un hijo de Steve Jobs fuera detenido a pedido del gobierno chino en un país lejano? Cuando se hizo pública la detención de Meng, Beijing respondió denunciando la naturaleza política de las acusaciones y apuntó todos sus misiles diplomáticos contra Canadá. Los medios locales dieron gran difusión a la noticia y algunos ejecutivos canadienses fueron detenidos en China. Después de unos días, Meng fue liberada —fianza millonaria mediante— y permanece en Vancouver con una tobillera electrónica, a la espera de un largo e imprevisible proceso de extradición a Estados Unidos.

¿Cómo reaccionaría Estados Unidos si un hijo de Steve Jobs fuera detenido a pedido del gobierno chino en un país lejano?

 

5g: la guerra por otros medios

El conflicto entre Washington y Huawei lleva varios años, y el principal argumento para justificar la hostilidad es la sospecha de que la relación entre Beijing y las empresas de tecnología chinas es más estratégica de lo que debiera. En el caso de Huawei, el pasado militar de Ren funciona como un agravante. Funcionarios estadounidenses contemplan la posibilidad —nunca demostrada públicamente— de que los equipos de telecomunicaciones y redes que fabrica Huawei incluyan en su diseño funciones ocultas para espionaje y sabotaje. Después de las revelaciones del analista de inteligencia Edward Snowden en 2013, quien demostró que eso era exactamente lo que hacía Washington con las empresas estadounidenses, este argumento se robustece. La NSA (Agencia de Seguridad Nacional), por caso, tenía una promiscua relación con las Telcos, con los fabricantes de hardware, así como con las empresas de Internet y sus bases de datos. A partir de esta colaboración, espió tanto a enemigos como a aliados.

El conflicto entró en una nueva etapa durante 2018. A medida que el liderazgo de Huawei en el desarrollo de la quinta generación de tecnología móvil (5G) se consolidaba (es proveedora de 35 de los mayores operadores de telecomunicaciones del mundo), los ataques se intensificaron. La diplomacia de Washington comenzó a dejar de lado las tácticas soft power con sus aliados y, al mejor estilo Trump, ejerció una presión abierta para que prohíban a sus empresas trabajar con Huawei bajo amenaza de dejar de compartir información de inteligencia. En un principio Australia, Nueva Zelanda, Japón, el Reino Unido, Italia y Alemania, consideraron sumarse al boicot, pero el costo de renunciar a la tecnología ya desarrollada por la empresa china (y sus bajos precios) hizo que varios revieran o matizaran su posición.

Esta estrategia reveló que además de los temores relacionados con la seguridad, Washington sumaba el miedo a la pérdida de liderazgo tecnológico en un área tan crítica como la infraestructura de telecomunicaciones. Un informe del Consejo de Seguridad Nacional filtrado por el sitio axios.com reveló que algunos analistas recomendaban la nacionalización de la red 5G ante el peligro de que la potencia asiática tomara la delantera en el dominio de esta tecnología. Como escribió Evgeny Morozov (investigador de las consecuencias políticas y sociales de la tecnología) en The Guardian: "El ascenso de China desafió muchos otros mitos detrás de la tecno-hegemonía estadounidense. Así, los estándares tecnológicos antes neutrales, como el 5G, se vieron repentinamente sujetos a una feroz disputa, y Beijing exigió reglas favorables para sus compañías. Además, las ambiciones globales de Huawei y ZTE —otro gran proveedor de equipamiento de telecomunicaciones—, y el tremendo crecimiento de otros jugadores chinos como Tencent, Baidu y Alibaba, también han obligado a Washington a hacer lo impensable: ejercer el hard power, haciendo visible su hegemonía".

capitalismos y comunismos de vigilancia

Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Escuela de negocios de Harvard, analiza en su reciente libro The Age Of Surveillance Capitalism cómo cada interacción de una persona con un dispositivo conectado es susceptible de convertirse en un dato, y este nuevo “capitalismo de la vigilancia” aprendió cómo convertir ese dato en mercancía y obtener una ganancia. Cuanto más valen los datos, más fuerte el incentivo para monitorear cada detalle de nuestra actividad online.

Zuboff explica que la capacidad de predicción sobre el comportamiento del usuario es la mercancía que realmente vale en el mercado. Por eso habla de “plusvalía comportamental”. La materia prima son los datos y la extracción del recurso establece (asimétricas) “relaciones sociales de vigilancia” entre empresas e individuos. El aspecto más inquietante es la capacidad de modificar conductas. Lo ejemplifica con Pokemon Go, el juego de realidad aumentada de la empresa Nantiv, donde los usuarios deben desplazarse físicamente a lugares elegidos por la empresa para participar de la cacería de pokemones. Nantiv vende locaciones patrocinadas a quien quiera recibir un rebaño de jugadores. Así como Google logró vender los clicks de los usuarios a los anunciantes, Nantiv logró vender la presencia del jugador a un espacio físico concreto, no virtual.

La recolección masiva de datos, el uso de algoritmos para evaluar perfiles, las plataformas de reputación y la videovigilancia han recibido gran incentivo por parte del mercado y despertado controversias por la manera en que afectan los derechos humanos. Desde la lógica de la planificación estatal, China ensaya su gran salto adelante. En 2014 el gobierno aprobó la introducción paulatina de un sistema de "crédito social" —una especie de Veraz—, pero para todos los órdenes de la vida. "Por ahora se trata de un proyecto piloto en el que participan ocho compañías autorizadas por el Estado", informa la BBC. Uno de los proyectos lo lleva a cabo Alibaba (la Amazon china), elaborando un ranking a partir de su enorme base de historiales de consumos para ofrecer beneficios crediticios. "Alguien que juega videojuegos durante diez horas al día, por ejemplo, sería considerado una persona ociosa, y alguien que frecuentemente compra pañales será considerado alguien con sentido de la responsabilidad", explicaba un representante de la compañía. Sistemas similares son probados por municipios y, combinados con el sistema de videovigilancia, permiten establecer comportamientos “poco cívicos” que restan puntos y viceversa.

El sistema de videovigilancia chino supera al de cualquier país occidental: el Global Times informaba en 2018 que la potencia asiática estaba instalando la red de cámaras de vigilancia más grande y avanzada del mundo, sugestivamente llamada Skynet. El sistema cuenta con 20 millones de cámaras distribuidas en 16 provincias y equipadas con un sistema de reconocimiento facial que es "lo suficientemente rápido como para escanear a toda la población de China en tan solo un segundo". Puede localizar sospechosos y personas perdidas, hacer seguimientos e identificar comportamientos como cruzar mal la calle. Los municipios utilizan el sistema para restar puntos a los malos peatones y ya probó ser efectivo en la modificación de conductas. Cuando el sistema de “crédito social” esté maduro y generalizado, los algoritmos podrán hacer análisis globales y establecer, por ejemplo, que un cocinero que suele no pagar su boleto de tren será evaluado negativamente para la habilitación de un restorán, pues según las estadísticas podría comprometer la salubridad de los alimentos gracias a su “bajo sentido de responsabilidad”.

El sistema de videovigilancia chino supera al de cualquier país occidental: la gran potencia asiática está instalando la red de cámaras más grande y avanzada del mundo.

 

los fierros

Consultado por crisis, Gustavo Fontanals, investigador en políticas de medios y telecomunicaciones, se refiere así a la problemática planteada en torno a los datos personales: “los que hicieron un manejo claramente abusivo no fueron las operadoras de red, sino los intermediarios de contenidos que operan sobre la red (denominados OTT), los monstruos Google, Facebook, Amazon, que estaban usando los datos más allá del consentimiento de los usuarios, como se demostró en el escándalo de Cambridge Analytica”. Y continúa: “Una de las quejas de las operadoras es que estuvieron bastante más reguladas y limitadas […] mientras los OTT hicieron negocios enormes sobre sus redes con los datos”. Sin embargo, el advenimiento del 5G podría cambiar el panorama.

“Las comunicaciones móviles evolucionaron en forma continua en sus 40 años de existencia, con un salto cualitativo aproximadamente cada 10 años vía una nueva generación”, explica. 5G también significa un salto en capacidad y velocidad, pero más aún la idea es que “5G permita la consolidación de un nuevo ecosistema digital […] que opere como plataforma para la prestación de nuevos tipos de servicios”. Cuando la red es ultrafiable, inmediata y sin fallas, aplicaciones como el control de vehículos autónomos, equipo industrial, agropecuario o los semáforos son posibilidades reales en 5G. Por otra parte, el desarrollo de la “internet de las cosas” encontrará un potente catalizador en esta nueva generación de red, dando cobertura a millones de gadgets autónomos siempre conectados, transmitiendo petabytes de información sobre comportamientos de personas, extendiendo —al decir de Zuboff— las operaciones de extracción de datos del mundo virtual al mundo real dentro de nuestros hogares y lugares de trabajo.

Fontanals propone “despegar la propaganda de la realidad”. Existe un interrogante sobre la viabilidad de las inversiones porque la quinta generación es revolucionaria pero cara: mayor costo de antenas, espectro radioeléctrico, tendidos de fibra y mantenimiento. Una posibilidad que podría incentivar las inversiones es incluir a las operadoras en el lucrativo negocio de los datos. La administración Trump arbitró en la puja por la neutralidad de la red con un guiño hacia las operadoras y de espaldas a las OTT. Porque para Trump —según Fontanals— “las operadoras están más localizadas en el territorio”, atadas a los “fierros” (infraestructura de red), al empleo local y a los impuestos locales. En el caso de Huawei, la tensión geopolítica por quién pone los fierros está clara.

Huawei tiene más de 180.000 empleados, domina la próxima generación de sistemas de conectividad móvil 5G y secunda a Samsung en la venta de smartphones a nivel mundial.

 

maoístas en la bombonera

"Boca recibirá una fortuna si decide agregarle el nombre de una firma china a la Bombonera", anunciaba un tuit del diario Olé en 2016. Se habló de una oferta de Huawei por 67 millones de dólares para cambiar el nombre del estadio por diez años. Finalmente, Huawei sponsoreó a Boca por 6 millones y apareció en la camiseta. Un año después, Mauricio Macri recibía a Wei Xinju, entonces CEO de Huawei Argentina, anunciando inversiones millonarias y la futura contratación de cien empleados. Para entonces, el partido nazionalista Bandera Vecinal denunciaba con escándalo una infiltración comunista y alianzas espurias. Además, llamó a un boicot contra la empresa, mencionando el “festejo” del Partido Comunista Revolucionario de Argentina como claro indicio del avance maoísta.

Sin embargo, a finales de 2018, cuando Trump incomodó a Macri durante el G20 haciéndolo hablar sobre la “depredadora” actividad económica china con Xi Jinping en Buenos Aires, ya habían pasado cosas. Con los nuevos valores del dólar, los números de Huawei Argentina no cerraban. Se publicó la noticia de que la cúpula comercial y de marketing del “área mobile” había dejado la empresa, y firmas locales absorbían la producción. Ese mismo año Telecom hizo su demostración 5G de la mano de Nokia. En 2017 lo había hecho Telefónica, pero con Ericsson. De Huawei por ahora no hay noticias. Parece que la invasión comunista deberá esperar.

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