sergio ziliotto: el gobernador que abrazó el fuego amigo | Revista Crisis
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sergio ziliotto: el gobernador que abrazó el fuego amigo
El primer mandatario de La Pampa busca la reelección en alianza con Carlos Verna, su padrino político y ex gobernador, con quien sin embargo padece una puja interna crónica. En una provincia monopólicamente peronista, Sergio Ziliotto se encamina a la reelección aunque la derrota en las legislativas de 2021 prendió todas las alarmas. Vida y obra de un dirigente todoterreno.
Ilustraciones: Nicolás Daniluk
11 de Mayo de 2023

 

El aire huele a democracia recién nacida. El pibe carga ese colchón en su casa de General Pico con la esperanza de que el viaje a Santa Rosa sea el primer paso de una nueva vida. Se sube a la camioneta que lo espera. Aquel día arranca una travesía que ya lleva 40 años. El pibe es Sergio Ziliotto (SZ) y quien lo aguarda en la chata es Carlos Verna (CV). Se están conociendo ese día, en diciembre del 83. Dos futuros gobernadores de La Pampa comparten el recorrido de 120 kilómetros hacia la capital provincial y las primeras charlas de un vínculo inacabable.

CV es de Independiente y de Ferro de Pico; SZ de River y de Costa Brava. CV tiene 37 años; SZ 21. CV es ingeniero y docente. SZ acuna el sueño del estudio universitario. SZ va a probar suerte como empleado en una oficina de la administración. CV va a ser ministro de Obras Públicas del gobierno de Rubén Hugo Marín. Con ellos viaja también Carlos “El Colorado” Beltramino, hermano de la vida de SZ y ya vinculado con Verna desde la juventud sindical en el peronismo. En ese viaje de ida, nadie abre la boca. SZ dirá, 40 años después, que a CV “le entiendo más los silencios que las palabras”.

El Ruso Ziliotto (60 años) es el actual gobernador de La Pampa. Este 14 de mayo va por la reelección. El gobernador busca sostener el invicto que el peronismo tiene desde el regreso de la democracia. Si gana, ya sabe que no tendrá otra reelección a disposición: está más condicionado que nunca.

Llegó bendecido por “El Barba”, como el mundo de la política apoda a CV. Desde que ocurrió ese ritual político de impronta religiosa, aquellos ocupantes de la camioneta entraron en un mar de tensiones y recelos. Los amigos de la vida son también enemigos íntimos. Y aunque hoy los dos tienen los pies en el plato del frente peronista, la foto juntos para la campaña la hicieron muy sobre la hora, después de muchas especulaciones y cuando ya regía la vede electoral.

Ni bien se convirtió en sucesor en 2019, SZ avisó para no traicionar: “El mío va a ser un gobierno distinto. Yo no quiero ser el nuevo Verna. Va a haber un armado mucho más horizontal, quiero gobernar con todos, pero la conducción no se la dejo a nadie”. En la gobernación, SZ hizo lo que todo peronista en el sillón de mando: buscó acumular más poder y construir su propio espacio. Por distintas circunstancias, pero sobre todo debido a algunos resultados electorales, no pudo sacarse de encima la sombra de su padre político, aunque siempre hizo (hace) el intento.

En la gobernación, Ziliotto hizo lo que todo peronista en el sillón de mando: buscó acumular más poder y construir su propio espacio. Por distintas circunstancias, pero sobre todo debido a algunos resultados electorales, no pudo sacarse de encima la sombra de su padre político.

 

cerca de la guerra

SZ se quedó sin madre a los 6 años y en esos días surgió el todoterreno que nunca dejó de ser. Nació el 24 de septiembre de 1962 y transcurrió muchas horas en la casa de una tía, con su hermana y con su hermano, peloteando sobre las calles de tierra del popular Barrio Oeste de General Pico, la segunda ciudad de la provincia, con un relativo perfil industrial.

El bisabuelo Ziliotto había llegado de Italia con dos hermanos y la familia se desperdigó por pueblos del norte pampeano: Ceballos, Vértiz, Trenel. El padre de SZ fue ferroviario, duró 9 meses como policía en Bahía Blanca y se afincó en Pico por amor. Compró un camión dedicado a la construcción y entonces El Ruso agarró la pala de chico: ayudaba en el tiempo libre a juntar arena de médano. En casa no se hablaba de política pero quedó flotando para la eternidad la básica mirada del viejo Ziliotto, quien decía que con el peronismo nunca había faltado el laburo.

Con los centros de estudiantes prohibidos en dictadura, el primer paso en política de SZ fue la presidencia de la comisión de su curso en el Colegio Comercial. Ese perfil lo caracterizaría toda la vida: limpiaba terrenos y juntaba botellas para juntar el mango que le permitiera pagar el viaje de fin de curso. Y además, pillo y bien aconsejado, se invertían los dineros estudiantiles en cédulas hipotecarias que pagaron esa travesía y sobraron para algunos antojos.

Sintió el miedo en carne propia durante la guerra de Malvinas: hizo la colimba en Toay, la ciudad pegada a la capital provincial, en el ‘81. Se fue como aspirante a oficial de reserva y cuando empezó la guerra se sintió a tiro de un telegrama que lo convocara. “Hubiera sido otra cosa de la vida para enfrentar”, reflexiona ahora sobre aquellos días desde la madurez.

El alivio de la democracia vino con una decisión compañera: se sumó a la Juventud Universitaria Peronista y empezó la época de asambleas, roscas y elecciones estudiantiles. Para bancarse los estudios de Ciencias Económicas tuvo que conseguir trabajo en el Banco Comercial del Norte. Y enseguida apareció la política de una mano siempre presente: la de El Barba.
 

el trío

SZ se acercó al peronismo por “El Colorado” Beltramino, hijo de la segunda pareja de su padre. Además de hermanos, terminarían siendo cuñados. Beltramino ya era militante de la juventud sindical cuando él era un pibito de 10 años. Las vueltas de la vida reunirían a CV, SZ y Beltramino en todos los ámbitos: oficiales, comerciales y privados. Eran el trío más mentado que pudo haber caminado por esas calles del norte pampeano.

También los unieron los negocios. Mientras que el papel de CV en esas lides quedó en el terreno de la leyenda y el misterio, SZ se convirtió en gerente de la empresa “Valle Bonito” que Beltramino armó formalmente en el año 2000, una sociedad dedicada a la producción minera, pero que extendió sus rubros de acción.

Como presidente del Ente Descentralizador de Gas, Beltramino había aceitado relaciones con Camuzzi, la multinacional que además de quedarse con el gas que privatizó el menemismo, hizo el intento de desembarcar en la provincia para brindar el servicio de energía eléctrica. La ofensiva fue rechazada por las cooperativas de la provincia en medio de denuncias de corrupción.

El neoliberalismo de los 90 golpeó a Pico especialmente: la privatización del ferrocarril y la desindustrialización desfiguraron su fisonomía histórica. Pero CV -como un príncipe- siempre fue amado y temido.

El neoliberalismo de los 90 golpeó a Pico especialmente: la privatización del ferrocarril y la desindustrialización desfiguraron su fisonomía histórica. Pero Verna -como un príncipe- siempre fue amado y temido

En los viejos tiempos, Beltramino y SZ también compartieron la buena fortuna: ganaron la lotería con un billete que compraron a medias. Después “El Colorado” se corrió de las luces del Estado, donde CV y SZ siguieron compartiendo buenas y malas. Entre estas últimas resalta el millonario megaestadio que empezaron a construir en Santa Rosa con la idea de albergar los juveniles juegos de la Araucanía de 2007. Esa obra faraónica, con CV como gobernador (su primer mandato fue entre 2003 y 2007) y SZ como ministro, nunca se terminó. El esqueleto gigante sigue dormido, alimentando el fuego opositor que refresca despilfarros.

El trío se quedó sin una pata cuando “El Colorado” murió en 2012, a los 59 años. La amistad de CV y SZ parecía entonces sellada para siempre y con más fuerza. Pero empezó una época de cuentas pendientes y dimes y diretes. También la mirada sobre la cuestión energética generó disidencias: CV, que fue el primer gobernador que puso seriamente en el radar el negocio del petróleo, en los últimos años miró incómodo y de reojo la avanzada ziliottista con las energías “verdes”, lo cual facilitó el ingreso de otros actores e intereses.
 

caras de culo

SZ cultiva su perfil de “gestionador” y reniega del exceso de carisma. Anda con cara de pocos amigos. Se juega como se vive: en la vida de oficina es el mismo hosco zaguero central que en la cancha, corpulento y expeditivo, aconsejaba el paso a paso y etapa por etapa.

En los días del fervor mundialista le cedió la casa de Gobierno a Alexis Mac Allister, que además de integrante de la selección nacional es hijo de uno de los líderes opositores pampeanos, el exfutbolista macrista Carlos “El Colo” Mac Allister. Ese día SZ no cayó en la tentación de una foto con el campeón y además bajo amenaza prohibió las selfies a su gabinete completo.

No en vano eligió tres palabras claves para su campaña reeleccionista: estabilidad, equidad, seriedad. SZ prefiere cortar cintas en vez de comer asados. “Se ha comprobado científicamente que la seriedad es un valor y sé que es una de mis marcas registradas. Tendré que lograr alguna sonrisa más, pero no es que soy repugnante sino que respeto”, aclara. Lejos de los tiempos en que la actividad proselitista estaba repleta de sonrisas fáciles y poses divertidas, el gobernador bajó línea para que a su alrededor hubiera “caras de culo”. A quienes sobreactúan, se les nota mucho.

Futbolero desde que estaba en la cuna, SZ dice de sí mismo que en política hizo “todas las inferiores”. Y le tocó de todo un poco: jugar de visitante, en cancha embarrada o en la altura. Se especializó en el todoterrenismo. Después de sus jóvenes primeros pasos, en silencio y fuera del estrellato, para los ‘90 ya tuvo cargos propios: fue sucesivamente funcionario de la Administración Provincial de Energía (1991), director provincial de Transporte (hasta 1995), representante de la Unión Ejecutora del Programa Ferroviario (en la provincia de Buenos Aires, entre 1996 y 2001), asesor de CV en el Senado (2001-2003), subsecretario de Política Social (2003-2006), ministro del área Social (2007), asesor en la Legislatura provincial (2008), otra vez asesor de CV en el Senado (2009-2015) y después diputado nacional (2015-2019).

Hasta sus enemigos le reconocen capacidad de trabajo y de adaptación, y la picardía para generar nuevas ideas en la administración del Estado, a veces un ámbito dado a la pereza y la inercia. Eso le viene de CV, que hizo de la laboriosidad un culto y siempre obligó a su gabinete a madrugar y a dejar la comodidad de los despachos para viajar por los rincones de la provincia.
 

marcar en primera

La vida política de SZ hizo su gran clic el 6 de septiembre de 2018. Ese día CV reveló que tenía cáncer y anunció que no daría pelea por la reelección al año siguiente. El entonces gobernador pampeano era, para entonces, uno de los caciques territoriales peronistas más críticos del macrismo, después de una etapa de luna de miel en la que le tendió la alfombra roja al presidente para una visita a La Pampa. También le facilitó las manos alzadas de sus legisladores nacionales para que salieran rápido las leyes que el PRO consideraba imprescindibles.

A su modo, CV había contribuido al triunfo electoral de Macri en La Pampa en 2015. Lo hizo con una de sus especialidades: la ausencia. Eligió irse de vacaciones y borrarse de la campaña antes de la segunda vuelta en la que Daniel Scioli mordió el polvo. Esas movidas del ultravernismo, jugando al fuego amigo con desapariciones oportunas, forman parte de la trayectoria clásica de El Barba, también experto en reconversiones: fue cara visible del neoliberalismo privatizador de los 90 y de la flexibilización laboral vía Banelco para luego convertirse en gobernador de Estado presente y aliado a las cooperativas.

La vida política de Ziliotto hizo su gran clic el 6 de septiembre de 2018. Ese día CV reveló que tenía cáncer y anunció que no daría pelea por la reelección al año siguiente

Cuando se salió de la escena antes de 2019, el PJ pampeano tuvo días de remezones: se temía una carnicería por la sucesión. Pero no: el dedo de CV seleccionó a su mano derecha y no hubo conflictos. SZ lo tomó como natural: “Siempre pensé que se iba a dar, pero se nos adelantó el reloj de la historia cuatro años. Yo he hecho todas las inferiores y en todos los lugares donde he estado dejé una marca. Y… bueno… Llegó el momento y no lo pienso desaprovechar”.

Ganó la elección de 2019 con la fusta bajo el brazo. CV y el PJ pampeano se convirtieron en faro de la unidad nacional del peronismo. Fue el día anterior al claro triunfo de SZ sobre el radical Daniel Kroneberger (52,7% a 31,8%) que Cristina Fernández de Kirchner pateó el tablero anunciando que sería candidata a vice de Alberto Fernández. El gran acto de esa campaña se hizo en La Pampa. Para el Día de la Lealtad, la fórmula de les Fernández se abrazó con la dirigencia local y CV fue el maestro de ceremonia sepultando el mito que dice que en los agitados tiempos senatoriales había mandado a CFK a “lavar los platos”.

Pero el antikirchnerismo de CV nunca fue un secreto: como gobernador plantó a Néstor en aquel fundacional acto en la ESMA, hizo campaña en 2009 a favor de las patronales agropecuarias y en contra de las políticas públicas, fogoneó con el Grupo A el pago del 82% de las jubilaciones que obligó al veto de Cristina y en 2015 ganó la interna por la Gobernación con un eslogan desafiante que rezaba “La Pampa o La Cámpora”.

En todo ese recorrido, SZ siguió a CV. Y por eso quedó bendecido como sucesor.
 

nos cagó un compañero

Cuando comenzó la gestión el 10 de diciembre de 2019, empezó otra fase de esa relación de amigos-enemigos íntimos. El Barba le rodeó la manzana a El Ruso: dejó plantados ministros claves y copó el bloque oficialista en la Legislatura. CV pareció irse a cuarteles de invierno, pero siempre a tiro de llamadas telefónicas y midiendo altísimo en las encuestas. La enfermedad fue dando algunos alivios y El Barba activó su Twitter el día menos pensado. “Antes nos cagaba Macri, ahora nos cagó un compañero”, escribió sobre Alberto Fernández el mismo día en que SZ tenía un encuentro institucional con el presidente.

La queja fue por avances de la represa Portezuelo del Viento, en Mendoza, una obra que La Pampa resistió históricamente. La sangre no llegó al río porque ese proceso tuvo un final parcialmente feliz: Portezuelo no se hace, después de la arremetida formal de la Provincia y de que Nación aceptara los planteos de SZ.

El “nos cagó un compañero” fue el primer ruido grande entre el viejo cacique ya sin responsabilidades de gobernar y su sucesor y ahijado, decidido a construir poder propio y ensayar los primeros pasos de un “ziliottismo”. A partir de entonces, hubo capítulos repletos de tensiones en ese juego de tronos. Hubo algo más que cambios de energías entre El Ruso y El Barba. CV nunca dejó de ser un piquense (aunque haya nacido en la bonaerense González Moreno) y, de hecho, en su retiro reafirmó la pertenencia a su bastión norteño. SZ no duda en decirse, ahora, “un santarroseño”. Esa identidad, que parece personal, es política. SZ se afincó en la capital donde vive hace 40 años.

Cuando comenzó la gestión el 10 de diciembre de 2019, empezó otra fase de esa relación de amigos-enemigos íntimos. Verna le rodeó la manzana a Ziliotto: dejó plantados ministros claves y copó el bloque oficialista en la Legislatura.

 

fin del tabú

En la gestión, SZ siguió la guía de su padrino político: una provincia sin deudas, con un Estado muy presente, como es tradición en La Pampa. La pandemia forzó a reafirmar la tendencia: se exacerbó el rol del Banco de La Pampa y de las empresas provinciales.

SZ sí dio un paso más allá al decirse “en las antípodas ideológicas” de la Sociedad Rural. Pero además se propuso dejar una marca con la Ley de Seguridad Ciudadana. Allí abordó un tema tabú. En casi 40 años de democracia, el PJ pampeano no había tocado las normas jurídicas de facto que se heredaron de la dictadura y que regían el funcionamiento de la policía. SZ se metió en ese laberinto y se alió con los organismos de Derechos Humanos. Mandó al archivo el conservador proyecto de Seguridad que había hecho el jefe policial Roberto Ayala, ultravernista, y de paso lo echó del gobierno. Dicha iniciativa no tocaba estructuras y no consultaba a la sociedad civil ni a las intendencias. La Ley de Seguridad Ciudadana que sacó SZ tuvo un perfil muy diferente y ya es una huella histórica del trasvasamiento generacional.

En ese terreno, SZ siempre se diferenció de otra ala del vernismo: la que representó Juan Carlos Tierno, un manodurista fan del punitivismo que hizo mucho ruido cuando cayó. Fue ministro de Seguridad de CV en 2003 y llegó a la Intendencia de Santa Rosa en 2007, pero sus políticas filofascistas y atolondradas lo dejaron sin gobierno en tan solo 87 días: lo destituyeron una movida popular y el propio peronismo. Sin embargo, CV le devolvió el Ministerio en su gestión de 2015 y lo sacó otra vez por la ventana cuando eligió la estrategia de acercarse al kirchnerismo y darle al PJ pampeano un perfil volcado a la centroizquierda.

SZ salió fortalecido y se convirtió en el hombre fuerte del vernismo en el Congreso: muñequeó para que en 2018 saliera la media sanción de la despenalización del aborto. Eso lo puso en el candelero y le tendió un puente con los movimientos feministas. Más adaptado a una nueva época de la política, fue haciendo los deberes para ser elegido por El Barba.

 

palos en la rueda

Una vez gobernador, SZ construyó su poder hasta donde se le fue permitido. Se hizo elegir presidente del PJ pampeano. Su imagen positiva fue reconocida hasta por la oposición. En abril de 2023, SZ fue el gobernador mejor visto en el país con un 67,9% de imagen positiva, medida por CB Consultora. En pandemia su figura talló alto en los medios del establishment cuando inmortalizó su “a la Argentina que trabaja le sobran muchos porteños”. Una reafirmación de la pampeanidad que reniega del centralismo y viene desde el fondo de la historia con la leyenda de la República Separatista y Compañera de La Pampa.

Los cruces bajo la mesa con CV y su grupo de tareas nunca aflojaron. Los acercamientos del “ziliottismo” con Nación y figuras del kirchnerismo generaron las desconfianzas de su antecesor. Pero la imagen del gobierno nacional se vino a pique y empezar adistanciarse se tornó un negocio. La gestión de Alberto Fernández y Cía., sin embargo, contribuyó al interés pampeano con recursos concretos y decisiones beneficiosas. En ese recorrido, desde el Ejecutivo provincial se acusó a ciertos ultravernistas de ser “mano de obra desocupada” dedicada a poner palos en la rueda.

El punto máximo de ese espiral se produjo en las legislativas de 2021. Fue cuando tiraron de la cuerda hasta el límite. CV se sacó de la cancha cuando dijo que no estaba para ser candidato ni para elegir postulantes. SZ, ni lerdo ni perezoso, olió que era una oportunidad para concretar su definitivo despegue del dedo que lo eligió: bajó del Senado a Daniel Lovera, sindicalista poderoso, ultravernista, para colar a su delfín Pablo Daniel “Paly” Bensusán; se alió con el kirchnerismo y la lista la completó María Luz “Luchy” Alonso, mano derecha de Cristina como secretaria Administrativa del Senado. En la lista de diputados nacionales se le hizo espacio a Varinia “Lichy” Marín, hija del exgobernador, para respetar la histórica representación de la línea interna Convergencia Peronista. Entre las caras visibles no hubo ni una de General Pico, el bastión vernista de toda la vida, en donde El Barba es amo y señor.

 

enemigos íntimos

En ese 2021, SZ jugó con fuego: afirmó que al peronismo le había llegado la hora de una dirección en equipo, sin caudillajes. Dijo que Rubén Marín y CV “ya no están en la conducción”. El Barba se atragantó en esa entrevista en la que el actual gobernador jugó a ser el gran conductor: “Los liderazgos tampoco se imponen solo por la presencia o la trayectoria sino por las respuestas del día a día. Yo me siento muy seguro tomando decisiones”.

Las consecuencias fueron virulentas: la ultravernista intendenta piquense Fernanda Alonso le sacó el cuerpo a la campaña sin disimulos. Lo mismo ocurrió en otros territorios en donde mandan los caciques del exgobernador, sobre todo en el norte provincial. En todos esos casos y lugares, el peronismo perdió.
A SZ le salió mal su “plata o mierda”: la alianza opositora del radicalismo y el PRO ganó la legislativa, una situación histórica que únicamente había ocurrido durante el alfonsinismo.

El pase de facturas a SZ no se hizo esperar y CV empezó una sucesión de fotos con sus hombres del riñón. Parecía un posicionamiento para debilitar al gobernador, que se armó de silencio y de paciencia. El ultravernismo empezó a tramar otro plan Z, pensando en que la sucesión de SZ podía quedar en manos de Oscar “Cabocha” Zanoli, el diputado que comandaba el bloque oficialista, bendecido por El Barba.

Esos planes volaron por los aires porque la política también es azar y biología: Zanoli murió de modo impensado en mayo del año pasado, a los 56 años. Fue un golpe al corazón del vernismo, en todo sentido.

Los bandos en pugna retomaron diálogos telefónicos, cruzaron mensajes, arriaron algunas banderas. Entre los dos líderes fuertes de la mayoritaria línea Plural se tendieron puentes y de ese cruce salieron dos decisiones de modo casi natural: la búsqueda de la reelección de SZ y el nombre de Alicia Mayoral -preferida de CV de toda la vida- como candidata a la vicegobernación. El Barba, además, copó con leales la lista legislativa.

Para bancar a los suyos, pero sin el gobernador en el escenario, CV reapareció en escena 3 años, 4 meses y 8 días después de su último acto público. Fue en Pico, desde ya. Le dio a SZ el mero papel de “gestionador”. Y por primera vez, con todas las letras, lo culpó de la derrota de 2021: “La razón por la que se perdió es porque los candidatos viven en una sola ciudad y se olvidaron de La Pampa federal y se olvidaron de Pico”.

Con ese nivel de chicaneo, se entiende que haya demorado tanto tiempo la foto tan mentada. Con las patas en el mismo plato del PJ, CV y SZ también juegan a un Antón Pirulero compañero: cada cual atiende su juego.

El domingo se las verán con el radical moderado Martín Berhongaray, actual diputado nacional, quien le ganó la interna al macrista Martín Maquieyra. Comunidad Organizada aspira a ser la tercera fuerza con la candidatura de Juan Carlos Tierno, de pasado peronista y buena onda con Patricia Bullrich. El Frente de Izquierda postula a Luciano González Cabiatti. Desde el Pie, un espacio de centroizquierda, candidatea a Claudio Acosta; y un partido provincial de derecha, el Movimiento Federalista Pampeano, propicia a Héctor Fazzini. También se eligen autoridades locales en 80 ciudades y pueblos.

Al día siguiente de la elección que se avecina, ese monstruo grande que pisa fuerte, que es el peronismo pampeano, iniciará su pelea por el 2027. Si El Ruso logra la reelección el 14 de mayo, tendrá una segunda oportunidad, pero mucho más compleja, para armar su soñado ziliottismo. En el actual escenario luce rodeado y rehén de los deseos de su mentor. Pero nadie muere en la víspera. Y como la política es racionalidad y estrategia, pero también azar y biología, la fortuna y la virtud, en su fuero íntimo SZ posiblemente todavía imagina un modo de despegarse definitivamente de la sombra de su enemigo íntimo.

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