Mendoza, la tierra sin unidad | revista crisis
Mendoza, la tierra sin unidad
En las PASO del próximo domingo se definen los rostros de la polarización mendocina que vendrá. Dentro del oficialismo cambiemita el PRO busca desplazar al radicalismo de Cornejo, sirviéndose del tradicional Partido Demócrata. Mientras en el peronismo no lograron unirse y se enfrentan una versión prestigiosa del Partido Justicialista contra la joven camporista Fernández Sagasti. Final abierto en una provincia conservadora.
Ilustraciones: Ezequiel García
07 de Junio de 2019

El próximo domingo se llevarán a cabo en Mendoza las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) y cerca de 1.500.000 electores podrán emitir sufragio. De los cuatro distritos electorales en los que está dividida la provincia, el mayor núcleo de votantes se concentra en la primera sección que incluye a las ciudades más numerosas: Guaymallén y Las Heras. Estos comicios dibujarán el diagrama final de la disputa decisiva que tendrá lugar el 29 de septiembre, cuando los precandidatos a gobernador, senadores, diputados, intendentes y concejales departamentales finalmente queden formalizados en sus respectivas listas partidarias.

Si bien el calendario electoral empezó el 28 de abril, cuando cuatro intendentes peronistas obtuvieron abultadas reelecciones en sus departamentos, lo que se juega ahora es la continuidad de la alianza radical/macrista en el gobierno provincial o la posible victoria de una oposición que aparece expectante. En este sentido, las PASO en Mendoza se avizoran inciertas. De las listas electorales que se presentan hay dos que efectivamente van a dirimir sus candidaturas por medio de internas y son las que aglutinan los mayores porcentajes en intención de voto: el oficialista Cambia Mendoza que congrega entre el 40 y 49% de los votos, y la interna peronista/kirchnerista que acumula entre el 29 y el 38%, siempre según el presagio de las encuestas.

Mientras la economía se calienta en los números duros que afronta el mendocino de a pie, la política asoma desangelada y parece transcurrir en otro andarivel de prioridades distantes.

las dos variantes oficiales logran la adhesión del mendocino promedio que reniega del exceso de politización y del “caos heredado”, al tiempo que reclama mano dura, mejor administración y abandono de los matices ideologizados de la política nacional.

 

oficialismo con identidades diversas

La historia política de Mendoza no presume de grandes originalidades, pero entre las características que distingue la dinámica local se destaca la existencia de un “tercera” fuerza de raigambre popular y vocación de poder, por fuera de los peronismos y radicalismos hegemónicos: el Partido Demócrata, expresión liberal/conservadora con varias décadas de historia, que aparece hoy fusionada en el PRO y congrega un núcleo duro de adhesión.

El entramado electoral que consolidó allá por 2015 el actual gobernador Alfredo Cornejo, fue señero y pedagógico –casi premonitorio– para las dificultades que sobrevinieron en Cambiemos a escala general. El actual presidente nacional de la UCR supo aglutinar y consolidar todo lo que fuera contrario al peronismo y los kirchnerismos realmente existentes en la provincia. Desde el PRO, la Coalición Cívica-ARI, el Frente Renovador, el Partido Demócrata, hasta el Partido Socialista y Libres del Sur, todos jugaron en el armado de Cornejo. Con un tenue canje de palabras, Cambia Mendoza se erigió en la principal pata provincial de Cambiemos a nivel nacional y conquistó el gobierno de la provincia.

La mayoría de las encuestas presagian una victoria cómoda del candidato oficialista Rodolfo Suárez, actual intendente de la capital mendocina, quien pese a no ser muy conocido cuenta con la bendición de la administración saliente. A pesar de ello, no es poca la incertidumbre que ha generado en la coalición la candidatura de Omar De Marchi, intendente del departamento de Luján de Cuyo, dirigente histórico del Partido Demócrata y representante de la primera fila macrista en la provincia; aunque suena lejano en las encuestas (los últimos números lo ubican a unos 15 o 20 puntos del candidato cornejista), es la apuesta fuerte del macrismo al interior del nicho radical.

Pese a las distensiones intestinas, el entramado político que lidera Cornejo conserva una virtud superlativa: en medio del deterioro social acrecentado, las dos variantes oficiales logran la adhesión de ese espacio hegemónico del mendocino promedio que reniega del exceso de politización y del “caos heredado”, al tiempo que reclama mano dura, mejor administración y abandono de los matices ideologizados de la política nacional. Dicho de otra forma: en Mendoza, la supura de la “grieta” nacional  se cierra con “orden y administración”, los dos conceptos emblemas con los que Cornejo reivindica su gestión y patrocina a su sucesor.

peronismo y kirchnerismo mezclados

Los márgenes de aprobación del gobierno de Cornejo, pese al retroceso económico generalizado, se afirman en la todavía alta imagen de Mauricio Macri en la provincia y su contracara, el recelo provincial al kirchnerismo: aun hoy Macri conserva una adhesión del 40,1%, mientras que la figura de Cristina Fernández tiene una aceptación del 29,7%.

Los peronistas van a las PASO y, a diferencia de lo sucedido en las amplias victorias recientes (como San Juan la semana pasada, o Córdoba), el Partido Justicialista (PJ) por un lado y el núcleo kirchnerista de Mendoza por otro, no lograron el acuerdo con el que se especulaba.

El frente Elegí Sumar, capitaneado por el PJ, lleva como pre-candidato a Alejandro Bermejo, intendente del departamento de Maipú reelegido dos veces y con una amplia aceptación en el concierto de ponderaciones mendocinas por sus políticas municipales. Bermejo logra articular una considerable fracción del universo peronista tradicional (entre los que se destacan los intendentes que ratificaron su hegemonía departamental hace poco), entreverado con identidades kirchneristas de probada raigambre histórica e incluso con agrupaciones no peronistas (PTP, Kolina, Partido Solidario, Partido Comunista).

Por otro lado, Unidad Ciudadana lleva a la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti, asociada explícitamente con Cristina Fernández de Kirchner, quien ingresa con fuerza a la interna por los mismos motivos que pueden significar el límite de sus posibilidades: tal como ella misma lo ha  dicho ser “mujer, joven y kirchnerista” no clausura ni obtura el devenir de esta disputa, pero al menos da mayor relieve a los márgenes de su postulación. La candidata juega con la incondicionalidad de CFK y con cierres efectivistas en algunos departamentos, además del apoyo de organizaciones y movimientos territoriales. Tanto en Las Heras como en Guaymallén Unidad Ciudadana lleva candidatos del peronismo tradicional que le aportarán un caudal amplio de cara a la resolución de las PASO. El final es abierto y los números de las encuestas hablan de empates técnicos o leves repuntes de un lado u otro del andarivel.

La inclinación histórica al acervo más conservador de la cultura política mendocina, parece tener algunos puntos de fuga en la arena peronista de esta interna. Un dato no menor es que tanto Fernández Sagasti como Bermejo mantienen buen diálogo entre sí y se encuadran en la dupla Fernández-Fernández a nivel nacional.

lo que se juega ahora es la continuidad de la alianza radical/macrista en el gobierno provincial o la posible victoria de una oposición que aparece expectante. En este sentido, las PASO en Mendoza se avizoran inciertas.

 

terceras posiciones

En un segundo plano del tablero electoral se ubican Protectora Fuerza Política, el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), el Movimiento Socialista de los Trabajadores, el Partido Intransigente y el Partido Federal, quienes buscan sumar el 3% de los votos que les permita acceder a las elecciones generales.

La ONG Protectora devenida en partido político es candidata a ocupar el tercer puesto, por detrás de las fórmulas más votadas. De concretarse, el espacio del mediático defensor de consumidores José Luis Ramón, que irrumpió en el escenario electoral en 2017, terminará relegando al cuarto lugar al FIT mendocino, que supo colocar a Nicolás del Caño en la arena política nacional y esta vez promociona la candidatura de la legisladora Noelia Barbeito. Las encuestas sugieren que José Luis Ramón ostenta un 8,30% de intención de voto frente al 6,50% de la coalición de izquierda.

Se suele caracterizar como “anodino” a aquello que carece de interés, sustancia o importancia. Los pálpitos que envuelven esta batalla electoral parecieran ir en esa línea. Las largas marchas feministas, los reclamos populares por emergencia social y agraria o las luchas docentes que se han multiplicado en la provincia desde 2015 en adelante, no terminan de perforar el nylon de la política partidaria.

El radicalismo local se hace fuerte en su lugar de confortable conservadurismo: evita la  discusión política y reniega (últimamente) de su ligazón nacional con el Cambiemos “de Macri”. Mientras tanto, el peronismo despliega interrogantes sobre las síntesis identitarias que las militancias más jóvenes reclaman: el hecho de que Guillermo Carmona, diputado nacional de histórica filiación kirchnerista sea quien dispute la intendencia de Mendoza de la mano de Bermejo, o el dato de que Fernández Sagasti abra la puerta a viejos barones del peronismo local, son indicios de las discusiones que tendrán lugar después de las PASO.

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