Luis Alberto Spinetta: "Que las neuronas cambien" | Revista Crisis
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Luis Alberto Spinetta: "Que las neuronas cambien"
"Somos la madre de un preso que es la Argentina", dice el Flaco para dar cuenta del sufrido lugar de pertenencia. En el plano individual conservar el estado de ánimo para seguir creando es su mandato aunque sepa que, por estos pagos, trabajo y gratificación estén descompensados. Aunque no apuesta a cambio alguno crítica a la sociedad careta, y dibuja una actitud que se engancha con otras: la utopía sobre la transformación del cerebro humano y la propia poesía como un antídoto contra la soledad propia y ajena.
22 de Junio de 2022

 

Leímos un reportaje tuyo donde decías que Sting se animó a hacer subir a las Madres de Plaza de Mayo, pero que ninguno de ustedes se animaría, ¿por qué?

-Yo no las haría subir porque no me gusta mezclar eso con mi show. Creo que podría sustituir el hecho que las Madres suban al escenario con dedicarles un concierto o un disco, como lo hice. En segundo lugar, considero que hay cosas que pasan más por un estado militante que por la música; y no sé si es estético las Madres arriba del escenario. Se puede coincidir con la propuesta de las Madres de Plaza de Mayo sin hacerlas subir al escenario, y de alguna manera, me parece que eso es lo que hice otra vez. Nunca fui a la casa de las Madres y me deprime un poco pensar en lo que arrastran. Prefiero no tener ese contacto con la realidad, por ahí es una forma de evasión.

 

"no se desarrolla un espíritu de creatividad"

-Muchos se aburrieron y me propusieron. ¿Por qué?... No sé... Se sintieron creativos tomando una anfetamina en 1970 y después la neurona se les quemó y los tipos no siguieron laburando, no continuaron haciendo algo para sí mismos.

A vos la neurona no se te quemó. Seguiste componiendo y escribiendo. ¿Por dónde pasó y pasa tu creatividad?

-Yo creo que, en cierta medida, la creatividad pasa por conservar el estado de ánimo de las cosas que quiero hacer, más allá de las posibilidades que tengo. En eso soy muy creativo. Pasa por no transar, por construir algo que te defina a vos mismo.

¿En qué transás para no transar en el '88?

-Yo no sé realmente qué queda por transgredir que ya no haya sido transgredido; es un aspecto de la revolución que está preocupando a los revolucionarios. Inclusive, en la propuesta de la transgresión hay una verdadera trampa. Termina siendo transgresor y termina siendo pivote de la revolución, aquello que la revolución empezó negando. No creo que exista algo que no haya sido profanado. Yo estimulo la transgresión por el lado de aquellas cosas que quiero poner en la letra de una canción; que tampoco son tan transgresoras, sino que trato de someter el lenguaje a una idea. No veo que tenga que transgredir a alguien en particular. Pienso que la indiferencia es una forma subliminal de la transgresión, y es una de las maneras que yo uso para acceder a transgredir.

¿Indiferencia a qué?

-A la ley. Más que a eso no sé.

 

"el poder que doblega y que mata es la fuerza de la ley"

-La única posibilidad de acceder al poder la da la cabeza humana. La estructura neurológica del hombre lo estimula hacia el poder: reconoce, obedece o dicta según las leyes de esa capacidad. El poder es aquello a lo que uno le da poder, el poder que no puede encontrar en sí mismo también; todos construimos nuestra fortaleza de poder. Yo siempre me rehusé a utilizarlo de una forma oportunista. En cuanto al poder que doblega y que mata -la fuerza de la ley- es el poder al que uno le teme, que operaría sobre tu existencia, sobre tu vida, tu libertad.

¿Cómo personificarías al poder?

-El verdugo, el juez, el sacerdote y el médico: lo punitivo. No asocio poder con oscuridad, sino que cuando hablamos de este tema y nos hace­mos entre nosotros una pregunta acerca del poder, estamos hablando de una organización de muchos cerebros que lo constituyen y que -aun en una actitud contestataria- estamos siendo los elementos de ese poder, somos los objetos, los objetivos del mismo.

Decís que no asociás poder con oscuridad. Sin embargo, no hace muchos años atrás, precisamente el poder estaba representado de esta manera. ¿Creés que esto se reflejó culturalmente?

-Creo que más bien se refleja en el silencio y que habla por el silencio de todo lo que sabemos los argentinos que está flotando ahí.

Los que están notando ahí ¿qué serían, los treinta mil desaparecidos?

-No solamente ellos. Los que desaparecieron en la actitud de hacer desaparecer a los otros, desaparecieron también. No quiero decir una cosa que realmente predisponga a la fantasmática, a la fenomenología, no me interesa. No digo que sean ánimas que ululan por las calles de la ciudad, aunque hay algo de eso y es sutil poéticamente.

¿Qué opinión tenés de las leyes de obediencia debida y de punto final?

-Sin estar demasiado al tanto de cosas muy específicas -creo que ignoramos la mayoría de los argentinos por qué están puestas esas leyes- tengo la impresión de que son las únicas que se pusieron y valen. No puedo decir la ley de obediencia debida sí o no porque no conozco la terminología legal y qué beneficia o que sutura en todo caso.

Beneficia a que todos los días salga un general. ¿No te asusta como ciudadano que dentro de un año salga Agosti y que todo sea legal?

-Pregúntenselo a Agosti. No solamente me preocupa Agosti. Me preocupa que un violador la agarre a mi nena –que tiene ocho años- como la otra vez y que le marcó la cara. Ese tipo representa a Videla para mí, y no es Videla, ni es el poder, ni es un cana.

¿Cómo suturan estas heridas?

-No solamente no pueden restañarse porque no hay un organismo que suture eso, ni tenemos a Simon Weisenthal persiguiendo asesinos. Para perseguir en la Argentina, como la señora de Sivak, hay que tener 15 Volvos en la casa.

Entonces ¿hay que cambiar toda una infraestructura…?

-Yo creo que no hay que cambiar nada porque, de hecho, no es posible cambiar nada. Es un sueño hippie. No es restañable no solo por los métodos organizativos, sino también porque no es modificable en la naturaleza humana. Van a morir esos hijos de su madre y van a aparecer otro quizá, más subliminalmente peores.

Hablaste del sueño hippie. ¿Cuáles serían hoy tus utopías?

-Tengo utopías. Una de ellas es que por un factor externo, las zonas del cerebro humano donde están depositadas las neuronas que tengan que ver con la irritabilidad, cambien. Es una utopía benefactora.

 

“somos muy victorianos”

-La gente le tiene más miedo a perder la tecnología que el sexo. Tienen miedo a que quedemos todos en una villa y que no existan más los televisores color y que no haya canales porque no tienen mosca. Hay miedo a que desaparezca todo el standard de vida que tenemos y a que lo suplante uno muy inferior. Tememos el ridículo provenga del sexo o de la tortura. Somos muy victorianos, adoptamos el modo de la orgía y que los nenes duerman y ni siquiera te vean. Más que tenerle miedo al sexo, los argentinos, tenemos miedo a carecer de él. Nos asustamos del animal sexual que somos, como en cualquier otro lado del mundo y a exponerlo, tenemos miedo porque nos gusta ser finolis. Por lo menos ahora hay por televisión programas que, aunque son el cúmulo del antisexo, se venden a través de la forma de un desparpajo sexual. Atrás de eso, por lógica, hay muchísima represión. Hemos adoptado un molde muy de que cada uno hace su quiosco: la infidelidad, la doble vida, la lesbiana “¡uy, la lesbiana!”. Un caño “¡uy, un caño!”. La gente se sigue comportando más o menos de acuerdo con cómo fue educada o enseñada y no se transgreden esos valores. Probablemente no se pueden cambiar porque ahí están influyendo los aparatos sociológicos y económicos del asunto. Creo que la carencia de disfrutes influye en una especie de reticencia a la entrega sexual; no a la actividad, sino a mostrarla. Tenés mosca y te podés casar cuarenta mil veces. Sos un pobre salame y mejor que conserves tu mina porque si no no te va a dar bola nadie.

¿Tenés algún tipo de enganche con el psicoanálisis?

-El psicoanálisis es muy llamativo, llama a hablar. Considero que tarde o temprano va a ser sustituido por otro código. El psicoanálisis es un código patronal -se usan muchos patrones- y su arquetipo sigue siendo en gran medida, un sujeto que se confiesa, y hay mucho de estilización de la moralidad en el arquetipo freudiano. Frente al psicoanalista uno está confrontando las tendencias más tenaces del alma, está tratando de sopesar entre lo más horrible de uno y lo mejor de uno todo el tiempo. Hice durante una época y me fue utilísimo. Escribí un toco acerca de eso y me sirvió como experimento personal.

La Argentina es uno de los países con más psicólogos. Pero, paradójicamente, la soledad. la incomunicación, parecen ser el signo de estos tiempos.

-Hay otro problema: se considera saber al cúmulo de la información adquirida y no se considera conocer al saber las cosas por saberlas y por el Método "equis" que uno descubrió para tenerlas. A partir de ahí, nos damos cuenta de que la comunicación puede ser una bola de palabras en las que nadie esté diciendo nada y todo el mundo habla, y se comunica, y se llama por teléfono y a "todos les canales del interior". Y todo el mundo se muere de soledad. Este es un país ligado a un colonialismo muy grande de parte de los españoles, ligado a otros posteriores y a luchas internas muy desorganizadas y salvajes, y a políticas económicas avasalladas durante siglos. Entonces, eso determina una sociedad reaccionaria, reactiva, revolucionaria por contrapartida; caos, pobreza espiritual, pobreza material.

 

“la argentina presa en devoto”

-Es una gran insatisfacción no poder querer lo que uno quiere. Como una madre que su hijo es delincuente y que por un lado lo odia, pero lo quiere porque le va a llevar el pan a Devoto todos los fines de semana. Somos la madre de un preso que es la Argentina, y lo queremos pero lo odiamos porque nos hace pasar una vida del culo y sin embargo, es una tierra maravillosa y sabemos que tiene gente recontra inteligente. Que hay talento y miles de riquezas, que es un cielo descontaminado todavía y que está todo por hacerse.

¿Cómo te ubicás en una sociedad tan discepoliana?

-Así, no sé cómo ubicarme. Tengo tres nenes, los mando al colegio, pago los impuestos, tengo Cablevisión y mucho respeto por la gente. Siento que lo que fundamentalmente pasa es una descompensación muy grande entre los disfrutes y los esfuerzos, y eso tiende a agigantar la problemática, tiende a que nos asentemos más en la parte periférica que sobre el punto central del problema, porque es tan grande que no hay solución. Como no lo puedo solucionar en su raíz, solamente te puedo modificar lo que me compete a mí, y mi interés es más personal, más individualista y cierro la puerta al que está al lado, y eso también sucede. Creo que es un pueblo muy inteligente, porque reacciona con bastante elegancia a esta disputa de la negociación individual de cada uno de nosotros frente a la realidad.

¿Y cómo emerge la poesía de todo esto?

-No puedo hacer llegar estas problemáticas de las cuales estamos hablando directamente, de lo social a mi lírica. Las trasmuto en varias etapas hasta hacerlas llegar a lo que quiero, que es lenguaje y visiones e imágenes e ideas, en las que colaboran esas imágenes y esas percepciones. No me puedo llevar en los términos de la realidad que veo, tengo un mecanismo que también distribuye su cuota de humo en la problemática que me atañe; quiero hacer llegar parte del esqueleto que a mí me preocupa. Pero en realidad, si vamos al fondo de Spinetta, este esqueleto que le preocupa ver está oculto por esa bola de grasa, que no podemos sino alimentar. Yo creo que a Spinetta le obsesiona, por ahí, una temática que charlamos muy poco y que se refiere más al alma y a la soledad.

¿Un ejemplo?

-Digamos que más que preocuparme el método para solucionar los problemas de la gente que sufre, me preocupa la gente que sufre en sí. Como no se me ocurre ir a darles pan, escribo para ellos cosas en las que los veo metidos; y de esa manera, como para mis adentros, los limpio, los cuido, los protejo y les doy lo que no les dan.

 

Frazada de cactus

Poesía inédita de spinetta

 

Hay un gran doberman verde

en el iris de tus ojos

que me viene a lamer

y antes de que lleguen los kurdos

habrá concluido su pala de fe

Oh! Frazada de cactus

Ah! estómago de miradas

Todos los templos deberían dar leche

a sus hijos, hasta más no poder

yo quiero que las aguas lejanas

me intriguen y me beban y me lleven

de aquí.

Oh! frazada de cactus

Ah! estómago de miradas.

 

Y algo ondula en el aire

y no vuelve a ser igual

desnuda su cuerpo y viaja

y viaja siempre.

 

Alguien se enreda en los astros

y cae a la tierra

y no sabe volver

son como dos enormes bocas de un río

que cantan y cantan y no saben por qué.

 

Oh! frazada de cactus

Ah! estómago de miradas.

 

Caen los misiles sobre los quinchos

de canson y nos asan como a un costillar

¿Acaso es la vigilia por los hijos

que adultera todo en quienes

matan por matar...

 

Oh! frazada de cactus

Ahí estómago de miradas

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