Juan Forn: "un espejismo de libertad" | Revista Crisis
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Juan Forn: "un espejismo de libertad"
Es octubre de 1987, Juan Forn tiene 28 años y trabaja como asesor literario en la editorial Emecé. Pronto aparecerá su novela “Corazones cautivos más arriba” y la revista Crisis #54 publica un adelanto, acompañado de algunas confesiones del autor sobre la rebeldía y los privilegios de clase. Un viaje en el tiempo para encontrarse con aquel joven que años después se consagraría como uno de los mejores escritores argentinos.
Fotografía: Julio Menajovsky
20 de Agosto de 2021

 

los días

Nací en Buenos Aires en 1959. Me crié en Barrio Norte en el seno de una familia de la alta burguesía. Como era muy hinchapelotas todos los veranos me mandaban con unos familiares a La Cumbre. Me decían "revistita mexicana": devoraba Superman, Disneylandia, más tarde El Tony, D'Artagnan, Scorpios. A los quince me agarró un raye con la poesía que coincidió con un raye rebelde. Tenía facilidad para las matemáticas y como reacción escribía poemas. Por esa época me decían el Topper Forn, iba en zapatillas a las fiestas de largo. Tuve una ruptura violenta con el marco colegial y familiar. Me fui a Europa, volví y entré como cadete-recepcionista en Emecé. Hoy soy asesor literario en la editorial. 

 

los libros

En el '75 tengo 15 años. En mi medio social vivía en una burbuja, la poesía de los '60 -el primer libro que compré fue Cuestiones con la vida, de Humberto Costantini- me dio otra visión del mundo. Leía de todo, desde lo más chato y berreta hasta los malditos. Descubrir a Rimbaud y Baudelaire fue el pico. Otro momento fuerte fue la lectura de Alejandra Pizarnik y Roberto Juarroz. Lo fui a ver a Juarroz, me tomó como discípulo. Algo similar me pasó también con Abelardo Castillo. Mis hitos de lectura son Los nueve cuentos de Salinger, los Cuentos de escritores de Henry James. Ana Karenina, el Faustus de Thomas Mann. El Gran Gatsby, Capote, la saga de Faulkner y El juguete rabioso. Claro, el efecto de leer un español de esa contundencia verbal solo lo había encontrado en Onetti.

 

la cocina

Escribo a mano, en mi casa y luego paso a máquina. Me cuesta ver hacia dónde va la historia y es lo que más vigilo. El trabajo que hago, en Emecé, me sirvió: leer originales, entrever cuál es el nudo, donde se desvía. Antes de sentarme a escribir armo un bosquejo mental sobre el asunto a contar.

 

corazones cautivos más arriba

Siempre me interesó el paso de la infancia a la adolescencia y también una zona de la historia argentina entre el final de los '60 y el inicio de los '70. En la alta burguesías se produjo una situación similar a la de la primera posguerra en Viena, una especie de desorientación y un espejismo de libertad que duró muy poco. Corazones cautivos más arriba quiere decir que a medida que uno crece, el corazón va perdiendo la pureza original y queda atrapado en la trama de las pasiones. Pero son esas pasiones las que redimen de la conciencia de la muerte.

Fragmento

Nunca hablamos del motivo por el que te mandó acá tu madre -dice él-. Te está mirando como si recién se hubiese dado cuenta de que hacía tiempo que tenía que hablarte de eso. Buenos Aires está como a mil kilómetros de distancia, tanto en el mapa como en tu cabeza, y de pronto te da miedo que Galo o tu madre hayan decidido mandarte de vuelta. Prendés un fósforo y tratás de sostenerlo, sin quemarte, con la punta de los dedos, hasta que se convierte en una viruta negra y curvada.

-Conociendo a tu madre fue una reacción un tanto inesperada -dice-. Me tomó de sorpresa Siempre hemos tenido diferencias en muchas cosas.

Entre frase y frase retoca innecesariamente alguna pieza de la radio o mira por la ventana. Cada pausa es una tortura para vos. Lo mirás disimuladamente por si está esperando que digas algo y voIvés a abrir y cerrar la caja de fósforos.

-Por supuesto, tu madre no iba a decirme por qué había decidido algo así. Tiene su carácter, Elisa. A pesar de la estúpida vida que ha llevado siempre, tiene su carácter. Y creo que fue una idea acertada.

Aunque ya sabías que Galo tiene su opinión respecto de la forma de vivir de cada uno de sus hijos y de Ia gente de Buenos Aires en general, cuando dijo "estúpida" te sonó excesivo; injusto; chocante. ¿Lo dijo por eso? Sabe que estás pendiente de cada una de sus palabras. Sabe que te resistís a pensar esas cosas de tu madre, aunque sean verdad.

-Porque, cuando decidió llamarme ni se le cruzó por la cabeza que necesitaras una mano firme que te pusiese en vereda, o un castigo. No. Es mucho más intuitiva, nuestra querida Elisa. Fue un impulso. Te vio demasiado Pujol.

Galo mueve la cabeza y sonríe: -No estuvo nada mal. Sabía que, para mí, nieto como vos justifican la desgracia de ser abuelo.

Hay cuatro fósforos quemados sobre la mesa. Te arden las yemas de los dedos, pero encendés otro. Estás confundido. Las cosas no son, ni fueron, como vos creías. Tenés la sensación de que, cuanto más hable Galo, más va a confundirte. Y aunque no estás seguro de querer seguir oyéndolo, cada uno de sus silencios te pone más nervioso.

-Seguramente creés que tu madre ya no quería hacerse mala sangre con vos, y por eso me llamó. Error. En este momento debe de estar muy preocupada porque, en el fondo, espera que se te pase ese resentimiento. Sí, sí. Parece contradictorio. Pero ella supone que, estando conmigo, vas a llegar a un punto de saturación. Vos qué opinás, ¿te estás pudriendo de este viejo cascarrabias? -dice muy seriamente-. No. O todavía no. Muy bien. ¿Ahora querés saber qué le preocupa a tu madre? No me lo dijo, estoy suponiendo nomás. Le preocupa que sufras, como buena madre. Naciste en una clase privilegiada, fuiste a un colegio para recibir una educación privilegiada, que consiste básicamente en aprender a aceptar lo que te toca sin desconfiar, sin pensar si lo merecés o para qué sirve. Y vos te hacés echar del colegio. No por burro; sino por rebelde, por inadaptado. Eso si me lo dijo ella. Lo único que te piden es que aceptes ciertas cosas que no tenés por qué entender y vos sos incapaz de hacerte el tonto. Para tu madre serás un problema. Pero para mí sos un tarado.

Galo junta las manos detrás de la nuca y aspira hondo.

-Lo que le aterra a ella, seguramente, es que te pases la mitad de la vida queriendo salir del ambiente en que naciste y la otra mitad añorando la época en que todavía estabas adentro. Hay cosas peores, obviamente. Pero en el reducido universo en que nos movemos, hay que reconocer que es una situación considerablemente incomoda. Y no tanto para vos. A cierta gente le resulta muy molesto que aparezca alguien a su lado con el insensato afán de cuestionar lo incuestionable. Inmediatamente sospechan que es un débil. Por algo son la clase privilegiada. Los ilustres infelices del ojete fruncido, Ia gente "como uno". ¿Creés que me estoy burlando? -dice de pronto, echándose hacia adelante y bajando las manos.

Fotos al ejemplar de la revista original: Jazmín Tesone.

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