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bipartidismo for ever
El domingo se elige gobernador en el Chaco y la disputa está polarizada entre el exgobernador kirchnerista Jorge Capitanich y el radical Carim Peche, quien despegó raudo de Cambiemos. Una provincia arrasada por la crisis otra vez, que solo decide su destino a medias. Desde Resistencia, un análisis lúcido y melancólico.
Ilustraciones: Panchopepe
11 de Octubre de 2019

En Chaco las elecciones no van desdobladas para despegarse de Macri, sino porque lo impone la Constitución; y la singularidad de la contienda no tiene que ver con la polarización, que es parte del folklore local hace años, sino con la feroz interna del PJ. Tampoco Cambiemos es Cambiemos, más bien son radicales de pura cepa.

En Chaco sos peronista o sos radical. No queda otra. Si hay algo que caracteriza la vida política de esta provincia desde su creación como tal en 1951, es el bipartidismo. Tanto la Unión Cívica Radical como el Partido Justicialista llevan años en el ejercicio del poder y opacan débiles performances o absorben toda estrategia que ose ser independiente. Existen diversas fuerzas más pequeñas, con escasos recursos económicos y humanos que se presentan elección tras elección. Las hay desde la izquierda más ortodoxa a partidos de centro derecha, pero ninguna juega verdaderamente en el tablero de la política real. Sólo hubo una excepcionalidad histórica: Acción Chaqueña en 1991. La irrupción de este partido conservador y provincial suspendió por el lapso de cuatro años ese bipartidismo. Pero se fue del poder en 1995 con magros resultados y dejó como herencia una profunda crisis socioeconómica consecuente con las políticas de ajuste y privatizaciones del menemismo. Desde entonces la alternancia siempre estuvo en manos del PJ o la UCR con sus respectivas alianzas o frentes electorales y de gobierno.

¿Este domingo 13 de octubre logrará alguna fuerza política quebrar esa supremacía binaria? Imposible. Muchas de ellas son víctimas de la ausencia de las PASO locales y suman en su haber un alto grado de desconocimiento que ronda el 65% en algunas localidades del interior provincial. La poca experiencia de los equipos de campaña y el casi nulo financiamiento son factores condicionantes para revertir sus posibilidades.

En Chaco sos peronista o sos radical. No queda otra. Si hay algo que caracteriza la vida política de esta provincia desde su creación como tal en 1951, es el bipartidismo.

 

internas y dilaciones

Dos movimientos del actual gobernador Domingo Peppo confundieron a propios y extraños de la vida política chaqueña. El primero fue eliminar las PASO provinciales por “limitaciones” presupuestarias para evitar así la interna con el actual intendente de Resistencia, Jorge Capitanich, y buscar la reelección por consenso partidario. El  segundo, estrechamente vinculado al primero al no haber aprobación peronista, fue fijar por decreto la fecha del 13 de octubre, extender el plazo para ir a las urnas, y de esta manera, ayudar al justicialismo a ganar tiempo para definir las candidaturas. Arreglado o no, esto les permitió a Peppo y Capitanich medirse en las PASO nacionales y utilizar el resultado para resolver la disputa por la gobernación. Consecuencia: “el Coqui” salió victorioso. Y a Domingo lo madrugó el pueblo peronista.

Envalentonados con estas maniobras, el radicalismo aprovechó para caldear aún más la interna del PJ en pos de beneficiarse con una presunta fragmentación del peronismo. El decreto que modificó las elecciones judicializó el proceso electoral para que los tiempos proselitistas quedaran a merced de los magistrados. Esta situación no aplacó la propia interna de la UCR. Su tarea por recuperar la gobernación de Chaco y mantener las ciudades que conduce llevó a los correligionarios a separarse del sello de Cambiemos y buscar ampliar su base de consensos. La misión de desligarse de su alianza nacional y cerrar las fronteras del terruño provincial contó desde el minuto cero con un factor lapidario: traccionar al presidente Mauricio Macri, quieran o no.

Entre las misceláneas chaqueñas debe mencionarse el festival de cautelares que mantuvo en vilo a la ciudadanía más politizada. La incertidumbre amainó cuando la justicia decidió. Ahora sin las PASO y con los tiempos acotados los frentes que competirán en la categoría a gobernador suman 10 en total. Todos llevan hombres como principales candidatos. Las mujeres políticas aparecen en candidaturas a vicegobernadoras en sólo la mitad de las fórmulas y únicamente encabezan cinco listas como diputadas de las 13 que se presentarán el próximo domingo.

Sin el sello Cambiemos y sin romper con el Pro, el radicalismo irá por la gobernación bajo el nombre “Chaco Somos Todos”. La fórmula la componen Carim Peche a gobernador y Roy Nikisch como vice. En tanto, Jorge Milton Capitanich y Analía Rach Quiroga, actual diputada nacional y autora de la ley Micaela (aplicación de protocolos de géneros en todos los ámbitos del Estado), representan al “Frente Chaqueño”, parangón local del Frente de Todos. El resto de las fuerzas que compiten tendrán un papel cuasi testimonial ya que la disputa mayor quedará entre los dos primeros.

Más de 941.000 electores habilitados a sufragar decidirán entonces gobernador y vicegobernador, la mitad de la Cámara con la renovación de 16 bancas y 60 intendencias. Se descuentan los nueve municipios que decidieron desdoblar su elección producto de la dilación generada por el primer mandatario. Así las cosas, el 10 de noviembre los intendentes seguirán la disputa en Resistencia y Sáenz Peña, las dos ciudades más importantes entre las otras siete.

Los últimos datos del Indec, anuncian la crónica de siempre: el gran Resistencia tiene uno de los mayores índices de pobreza e indigencia. En números, implica que entre quienes habitan el aglomerado urbano comprendido por la capital chaqueña, Fontana, Barranqueras y Puerto Vilelas, un 47% son pobres y un 16%, indigentes.

 

los indicadores de la malaria

Para develar qué está en juego en estas elecciones es necesario decir de antemano que todo en esta provincia, hasta la vida misma, depende del Estado. Desde su consagración como provincia en 1951 y hasta hoy, Chaco tuvo como característica sociodemográfica al Estado como único “burgués” capaz de estimular o perjudicar su desarrollo. Tampoco se puede entender ninguna región sin tener en cuenta los procesos histórico-políticos que experimenta.

Chaco no sólo deviene de una pobreza estructural, real, palpable y absurda, sino también de muchas batallas ninguneadas en el mapa federal. Los chaqueños atravesaron profusas explotaciones de sus recursos naturales, masacres indígenas perpetradas por el Estado tanto nacional como provincial, importantes resistencias obreras en los dominios ingleses del Ingenio Las Palmas y La Forestal a principios del siglo XX. Luchas de miles de militantes sociales, políticos, culturales y estudiantiles que enfrentaron la represión más sanguinaria de las dictaduras cívico-militares, y la tenacidad de maestros y trabajadores estatales que durante los años noventa continuaron combatiendo las represiones de gobiernos radicales por un salario digno.

Los últimos datos del Indec, anuncian la crónica de siempre: el gran Resistencia tiene uno de los mayores índices de pobreza e indigencia. En números implica que entre quienes habitan el aglomerado urbano comprendido por la capital chaqueña, Fontana, Barranqueras y Puerto Vilelas, un 47% son pobres y un 16%, indigentes. También supone que los problemas de antaño tienen su revival. Docentes, estatales de todos los organismos públicos y movimientos sociales ocupan la escena cotidiana en lucha constante por la supervivencia en medio de una campaña electoral austera.

Subsumido en profundos problemas coyunturales a causa del impacto de las políticas de congelamiento y ajustes del gobierno nacional, Chaco debe encontrar la salida de la malaria. Es imposible ignorar, entonces, qué rol es preciso que asuma el próximo gobierno. Si se quiere construir verdaderamente una mirada federal con toda la complejidad que la habita, es necesario no culpabilizar a los pueblos por sus decisiones electorales. Si se quiere dejar de indignarse por ocupar el primer lugar de todos los indicadores malos del sistema democrático y republicano, urge dejar de mirarse el ombligo y abandonar las declamaciones vacías.

Lo que resulte de las urnas este domingo tendrá que buscar su fortaleza en un consenso de gobernabilidad real con soluciones concretas, en una integración regional pendiente que ayude al noreste a la salida colectiva a partir de una alianza entre gobernadores, movimientos sociales, sindicales y empresariales.

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