alejandra boero: hay que arremangarse y hacer | Revista Crisis
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alejandra boero: hay que arremangarse y hacer
Fue actriz, directora de teatro, pedagoga y creadora de Teatro Experimental Andamio 90. Alejandra Boero levantó la bandera de la cultura popular y en esta entrevista publicada en la crisis #9 reflexiona sobre los diferentes modos de subirse a escena y el por qué de su compromiso político y artístico, que se ubicaba en la vereda contraria al placer de las élites. En tiempos en los que los teatros enfrentan grandes desafíos, esta charla invita a recuperar discusiones que todavía siguen vivas.
Fotografía: Jazmín Tesone
04 de Marzo de 2021

 

Los críticos argentinos votaron por unanimidad a Alejandra Boero para el premio "Moliere" otorgado a la mejor actriz del año. Matilde Herrera la entrevistó para crisis. Este es el diálogo.

Creo que este ha sido un año muy importante para vos como actriz. Es como si tu papel en Juan Palmieri cerrara un círculo de toda tu actuación. Como si se juntaran la cola y la cabeza. Como si todo lo que pretendiste del teatro lo hubieras podido hacer y muy bien. Este año, en el que interpretaste a la madre de Juan Palmieri (en un espectáculo que puede considerarse como combativo, y por el que sé que recibiste amenazas telefónicas) con un gran esfuerzo, con verdadera vocación creadora, es como si retomaras de la mano a la Alejandro que  descubriste actuando en La Máscara de los principios. También este año has sido reconocida como la mejor actriz por todos los críticos, que te han votado para un premio internacional: el Moliere. Quisiera saber, quisiera que vos me cuentes cómo se liga esto con el principio, cómo te sentís vos en este momento del teatro argentino, qué es lo más importante para vos.

-Ahora que estás diciendo eso se me aclara bastante el panorama. Porque pienso que es como si bastara con ser fiel a uno mismo, y ser lo suficientemente aguantador y fuerte, como para atravesar la vida, aguantando las presiones, y siguiendo esa línea de fidelidad. Por supuesto, cuando esa línea de fidelidad con uno mismo se basa en principlos muy firmes y que han sido previamente analizados, cuestionados, profundizados, como para estar seguros de que pese a que la verdad cambia aparentemente, fundamentalmente es siempre una. Entonces yo pienso que lo que vos decís debe ser lo que yo siempre creí desde que empecé: que el teatro era una militancia. Yo siempre creí que el actor era un maestro y que al espectador podía darle mucho, o darte sólo o darle mierda. Siempre creí que había que ser fiel a una conducta, tener una línea, tener una ética, utilIzar el teatro para bien de todos. Entonces lo único que hice, que no es nada grandioso, fue seguir creyendo en lo mismo. Lo que pasa es que tal vez hayan cambiado las formas aparentes, las maneras de luchar, pero la cosa es siempre la misma. Mucha gente piensa que hay que luchar por un mundo mejor, ¿no es cierto? Y de repente pasan los años y vos ves que hay gente que sigue luchando por un mundo mejor, como puede... a través de tonnentas... Pero sigue creyendo que un mundo mejor es otra cosa que este mundo terrible, que esta sociedad de consumo espantosa que estamos viviendo. Sigue pensando en eso y es fiel a esa línea. Si uno se mantiene a través del tiempo, seguro de lo que quiere, termina por encontrar las coincidencias que se dieron ahora con Juan Palmieri. Y en este momento también los críticos tal vez se dieron cuenta que… no era mentirosa el principio y no soy mentirosa al final.

 

la actriz y el teatro

El teatro resultó tu verdadera vocación. Me han contado que fuiste niña prodigio: que aporreabas virtuosamente el piano; recitabas con ademanes; cantbas negro spirituals: bailobas clásico y zapateo americano -como Shirley Temple-. Entraste a La Máscara muy joven. ¿ Cómo fue ese camino?

-Cuando entré el teatro en el año 40, ya hacía muchos años que bailaba y hacía música y un montón de cosas que todas me servían. Pensé que iba a ser actriz, que eso sería una especie de aprendizaje, que después pasaría a algún teatro de la calle Corrientes, no tenía grandes visiones del futuro. Mi formación ero producto de una familia "culturosa" que me había infundido gran respeto por la cultura, gran respeto por el arte. Las cosas de la cultura eran algo serio, y yo no hubiera podido macanear con ellas. Mis objetivos cuando entré a La Máscara no eran muy claros. Pero desde el momento que subí al escenario y empecé a hablar -antes había bailado, cantado-, me di cuenta lo importante que era el teatro dramático, y lo comprometido. Me sentí realmente como un maestro. En en cierto modo me prometí a mí misma no hacer en el escenario nada de lo que pudiera arrepentirme o tener vergüenza. Respetar profundamente al público y ser fiel a mis pensamientos a través del teatro. He tratado de cumplir siempre. Pero estaba bastante equipada para eso. Hoy día muchas veces hay que hacer descubrir el teatro a la gente que se acerca a él. Cuando lo descubren reaccionan siempre bien.

En relación con lo que vos decías antes, de que esto parece un poco redondear un ciclo, una etap, quiero agregar que es como redondear una experiencia, poner en funcionamiento sin apremios, sin inhibiciones, una serie de cosas que son producto del estudio de la técnica, del análisis profundo del texto, de una formación Ideológica y en todos los órdenes. Llega un momento en la vida, que tiene que ver con la edad, en que todo eso se asume total y absolutamente para ponerlo al servicio de lo que se hace. Mientras se es muy joven, todavía se tienen los apremios de la búsqueda del éxito, cada vez que se estrena una obra se siente como si se estuviera rindiendo examen y hay una cosa así como de querer gustar, de querer tener éxito que impide realizar un trabajo en profundidad y que se dé realmente la esencia del arte del artista.

Creo que el arte del artista está ligado al éxito, puesto que éxito implica gustar al público.

-Sí. Pero cuando uno percibe el éxito y no la comunicación, entonces la cosa cambia. Yo, porque amo mucho al público, mientras estoy trabajando no tengo que pensar en él. Sino en todo aquello que se produce dentro de mí hasta ver el personaje, que es lo que yo quiero que ellos vean, comprendan y compartan conmigo. Yo deseo que el espectador comparta, vea lo que siento y pienso y lo que me está pasando en el personaje, que de alguna manera soy yo misma. Para que ellos vean eso tengo que olvidarlos, y sentirme sola y dando aquello que está detrás del último velo. Eso llega cuando uno, a través de la vida, de la experiencia y de la serenidad, no tiene la necesidad y la urgencia de gustar, de tener "éxitos", sino que lo que quiere es dar lo mejor de sí. 

 

espectáculo, público, pueblo 

La función pública del teatro, su influencia sobre el espectador, se ha hablado muchísimo de que el teatro no sirve más; que si sirve, que no sirve, que hay que cambiar todo. Hay gente que está tan en contra del teatro que hace antiteatro desde un escenario... ¿Cómo has sentido vos, a lo largo de tu carrera, la repercusión en el público? ¿Dirías que el teatro sirve, o no sirve, y para qué?

-Mirá yo pienso que desde Esquilo hasta nuestros días siempre se ha dicho que el teatro no sirve, que se va a terminar, qué se yo. Pero pienso que la función social que cubre el teatro sigue funcionando tal cual. Aristófanes escribía obras donde la gente se moría de risa y finalmente salía a la calle y pedía la cabeza del dictador de turno. Quiere decir que la función conmovedora, sacudidora, polémica del teatro, se ha cumplido siempre en la historia. De repente aparece una obra que el público siente como propia, que lo hace vibrar, entonces ¿qué pasa? Todo el mundo dice: ahora sí, ¡el teatro vive! Aparece un fracaso y entonces es: ¡ah no! ¡el teatro no! Hay que pensar también qué es lo que quieren con el teatro, y qué es lo que se quiere del teatro. El éxito, el que da plata, el que da fama, el que da luces de colores, es una cosa. Ahora, la misión... yo pienso que nosotros no somos para nada distintos a un obrero especializado, por ejemplo, o a un tipo que se quema las pestañas todos los días para cumplir con su deber. Lo que pasa es que lo nuestro es mucho más brillante. más espectacular…

Pienso que son distintos desde el punto de vista de que hay un montón de gente que se sienta y los escucha. Creo que era Artaud el que decía que suponía que el teatro no era teatro si el espectador no salía de la sala conmovido y cambiado. Interpretando los principios de Artaud a su manera hay gente que cree que asustando al espectador está haciendo buen teatro.

-Claro, lo que pasa es que es muy difícil. Hay tanto snobismo. Se disfrazan con nombres cosas tan burdas y tan baratas. A veces la insatisfacción de algún ser muy individualista, que necesita hacerse notar de alguna manera -porque no le alcanza con el psicoanalista para encontrar su verdadera personalidad- parece que creara toda una técnica, y hablara para la historia... ¡No! La ventaja que yo tengo es que a través de todos estos años que he estado en el teatro he visto nacer, desarrollarse y morir tantas cosas que aparecieron como infalibles, como "la cosa”. Cuando uno tiene cierta experiencia debe callarse la boca y dejarlas pasar, como se dice, "sentados en el umbral ver pasar el cadáver del enemigo", porque finalmente mueren. Porque lo que no es real -por real entiendo lo que no tiene basamento real en el consenso popular y que el pueblo, el público como sinónimo de pueblo, no lo siente, no lo apoya realmente- es placer de élites y de pequeños grupos que disfrazan con frases importantes un montón de cosas que tienden a nacer y morir como una mariposa. Que son necesidades de tipo individual y no colectivo. Si vos empezás a estudiar el teatro que se ha visto en la ciudad de Buenos Aires a través de estos últimos 25 años, te das cuenta que muchas cosas y mucha gente de teatro ha nacido, ha venido, ha aparecido, como si realmente trajera la gran clave. Pero si vos analizás a fondo era tan superficial esa clave que lógicamente tenía que morir. Fijate que ahora por ejemplo el único teatro que yo creo que se puede hacer, es Chejov.

¿Qué opinás de los teatros en los barrios? Ustedes han hecho teatro en cárceles, en hospitales…

-No hay un solo lugar en el que no hayamos hecho teatro... adentro de una pieza, en el patio, en cualquier lado.

Para hacer un teatro así, ante un público casi virgen, ¿se puede hacer Chejov? ¿Vos creés que para hacer un teatro popular hay que tratar temas "populares" o "populistas” o que cuando una obra es sincera el pueblo la entiende?

Yo pienso que hay muchos tipos de teatro. Y que todo es teatro. Cuando hay un tipo de teatro que a determinados críticos o gente no les gusta, se lo acusa de “no ser teatro". Para mí todo es teatro. Cada uno tiene una calificación especial. Hay teatro que es panfletario, por ejemplo. También es teatro, pero es panfletario. Puede gustar o no, pero es teatro. Hay un teatro espectacular, que puede no gustarle a los intelectuales que buscan las cosas más profundas o tal vez más herméticas, pero también es teatro. Son todas formas del teatro. La cuestión es ver cuál es la que coincide con la etapa, con el proceso, o con lo que uno quiere alimentar. El teatro en los barrios es algo importantísimo en estos momentos: contribuye al esclarecimiento ideológico. Pienso que el teatro es mucho mejor que una conferencia, y muchas veces mejor que un maestro. El espectador a través de una obra teatral entiende montones de cosas que a lo mejor le lleva mucho tiempo entenderlas de otra manera. También es importante el teatro alegre, en momentos en que la gente puede estar deprimida y preocupada. Es importante la sátira, por ejemplo. Es importante la farsa. El teatro siempre es importante. Lo que pasa es que nunca tiene el apoyo necesario como para desarrollarse dentro de una política cultural. Porque como no tenemos una política cultural, realmente el teatro está sobreviviendo a pulmón, por las iniciativas privadas nada más. Entonces, un poco como francotiradores, de repente se junta gente que consiguió el dinero para hacer una obra, y ''se da el gusto"'. O aparece un empresario que arma una compañía. Básicamente, el problema está en nuestra carencia de política cultural.

 

teatro y sociedad

Vos estás en el teatro desde los principios de ese movimiento que se llamó Teatro Independiente. En aquella época era "a pulmón" en serio. Las cosas eran muy, muy difíciles. Ahora los teatros Independientes casi no existen. ¿ Qué diferencia se puede hacer entre lo que eran antes los teatros independientes y la posibilidad de hacer teatro ahora?

- La ausencia de teatros independientes en estos momentos es muy grave. Sobre todo para la juventud. No te digo porque reeditar las viejas historias sea bueno, yo no soy amiga del pasado, para nada. Pero, la ausencia de teatro independiente impide que las generaciones que van a reemplazar a las que están trabajando ahora, se "cocinen" -es mi término favorito- en algún lado. Es decir, que aprendan el oficio -que oficio no es una mala palabra-- que conozcan toda la mecánica del teatro, todas las técnicas. No sólo interpretar un papel, sino cómo se mueve un teatro, cómo funciona, cómo es su decorado, cómo es su disciplina, cómo es su mecánica. El espectador llega a una determinada hora, hay que cumplir con los horarios, hay que cumplir con las funciones, uno se puede estar muriendo pero tiene que trabajar igual porque el espectador es importante. Una serie de cosas que se aprendían en el teatro independiente y que formaron una generación que no es casualidad que ahora sea la que está trabajando. Los directores, los actores, toda Ia gente que ahora está manejando la cultura de alguna manera, nació del teatro independiente donde aprendió todo lo fundamental. En este momento, te repito, es grave que no haya algo, no igual, pero a la manera del teatro Independiente. Porque trabajar como trabajábamos nosotros en esa época, en una forma idealista, es imposible ahora. Las condiciones socio-económicas no son las mismas de antes. En aquella época, un muchacho trabajaba 8 horas, -que no eran demasiado agotadoras-, y el resto de su tiempo lo podía entregar a su ideal artístico que era el teatro. El teatro está íntimamente, profundamente unido a los procesos que vive el país. En aquella época se vivía un clima de idealismo un poco romántico, donde los nombres, por ejemplo, que figuraban en los programas, ganar dinero con la cosa tan querida y tan íntima como era el amor al teatro parecía un pecado terrible. Ahora la realidad golpea a la puerta y la gente si no gana unos pesos no puede hacer nada.

Además el teatro se puede tomar como un trabajo, como un oficio cualquiera. No es denigrante vivir de algo que a uno le importa.

-Por supuesto. Pero fijate que esta es una sociedad que está concebida en forma tal que, entramos en la misma coyuntura del muchacho que empieza a trabajar. Un muchacho va a una oficina a trabajar y le preguntan qué experiencia tiene. No tiene ninguna experiencia, entonces no le dan el empleo. ¿No es cierto? Entonces, qué pasa. ¿Cómo hace un muchacho para empezar a trabajar? Tiene que conseguir que el papá lo tenga en su oficina, o en su fábrica. Y si no tiene papá, empezará de la peor manera y dilatará muchísimo el proceso, aunque sea un talento. Con el teatro pasa igual. Trabajan en este momento aquellos que tienen un amigo, o van a hacer las colas en algún canal de televisión o algún otro lado. Y si no, les dicen que no, porque no los conoce nadie. Entonces el público tampoco los va a ver nunca. Lo mismo le pasa a un estudiante que se recibe. ¿Qué hace? ¿Dónde va a trabajar un médico que recién empieza? ¿Cómo se mueve un arquitecto novel? Lo que pasa es que estamos cuestionando una sociedad que está constituida de manera tal que, las generaciones que llegan no tienen las posibilidades de ir tirando el mundo para adelante. Es por eso que al mundo lo empujan los viejos, que ya están ubicados, y no dejan que los pibes ayuden para nada.

Podemos decir que el teatro independiente desapareció por razones puramente socio-económicas?

-Esencialmente sí.

 

los jóvenes, su teatro, su militancia política

¿Y vos, qué solución propondrías para toda la gente que necesita hacer teatro, para todos los jóvenes que quieren hacerlo? Además de ser actriz y directora sos pedagoga. Tenés muchos muchachos a tu cargo. ¿Cómo los ves, con qué aspiraciones, qué pasa con ellos?

-La mayoría de los muchachos -que estén sensacionalmente ubicados- saben perfectamente que si quieren hacer el teatro que a ellos les gusta hacer, no pueden esperar vivir de él. Yo dividiría a los jóvenes estudiantes de teatro en diferentes tandas. La '' tanda'' más importante, la que agrupa mayor cantidad de muchachos, ha tomado el teatro como parte de su militancia política. Hacen teatro, tienen una vocación que es auténtica, quieren ser actores, pero lo unen a su militancia y lo usan también para eso. De ese objetivo salen unos espectáculos muy interesantes, realmente muy interesantes, donde se pueden ver algunos actorcitos en potencia que pueden llegar a ser muy buenos. En estos espectáculos los muchachos están muy sueltos, porque están interpretando en paz con sus conciencias. Los personajes son ellos mismos y lo que se dice es lo que ellos piensan sobre todas las cosas. Eso trae una unidad total entre pensamiento y acción.

¿Dónde se hacen esos espectáculos?

En las unidades básicas, en los barrios, en los alrededores. No les interesa el centro. Eso es lo extraordinario, no les interesa la calle Corrientes. Están muy contentos y se han asumido en una serie de realidades. Por ejemplo en lo que decía antes, de que para poder vivir del teatro pasarán años y años.

Los otros muchachos, los menos, están tratando de hacer su carrera a través de las colas en los canales de televisión, buscando amistades: tratando de acercarse al Teatro San Martín. Es otro camino que en algún momento puede llegar a hartarlos, porque está lleno de frustraciones, es tan largo y tan angustiante...

Ahora lo que yo veo en todo este material humano que es tan valioso, y que es el que tiene que reemplazar a todos los viejitos (porque si seguimos así, la Julieta que se interprete dentro de 10 años, va a tener 87 años, dado que no hay ninguna Julieta que se esté gestando en el oficio como para poder enfrentar un personaje como ese con la experiencia necesaria), es la necesidad de que el Estado fomente –o por lo menos no ponga dificultades para ello- la formación de teatros jóvenes. En la época de los teatros independientes nosotros podíamos habilitar teatros en cualquier sótano, en cualquier lugar. Las ordenanzas municipales eran bastante benignas como para que pudiéramos trabajar en cualquier lado y así fuimos cocinando toda esta generación. Ahora, para habilitar y sostener una pequeña salita se necesita tanto dinero, que resulta absolutamente imposible hacerlo. Aparte de las ordenanzas municipales, que hay que cumplirlas todas, las ordenanzas de bomberos, que hay que cumplirlas todas, hacen falta una serie de cosas que no las puede solventar nadie, a menos que sea un empresario. Y al empresario no le interesa trabajar con gente joven y desconocida, ni hacer experiencias, ni crear cultura, ni darle peso a las ideas nuevas, no le interesa para nada porque ese es un negocio inseguro, que puede ser o no ser. El Estado, así como tiene que tomar en sus manos la salud de los niños para salvar el futuro de la patria, tiene que tomar en sus manos también la salud de la cultura, para que la gente joven pueda tener su camino y se geste realmente realmente un mañana importante. Y si no, continuaremos viejos y caducos y dentro de cinco años será aburridísimo ver cualquier espectáculo, porque será remanido y repetido y el sueño de crear una Argentina mejor se va a ir alejando cada vez más. Los únicos que la pueden crear nueva, distinta, vital y hermosa son los jóvenes. Pero mientras se los frustre y se los castre y se les cierren todas las puertas este país va a ser el país del cual vamos a querer escapar todos.

Como aporte para una evolución de la juventud dentro del teatro argentino, vos tenías un proyecto.

-Mi forma de agradecer la suerte de tener un premio como éste, que me va a significar un viaje, y la suerte de haber tenido un reconocimiento así, unánime de la crítica –porque dicen que fue unánimemente-… Es decir, en medio de todas las luchas y todas las cosas lindas y feas que me pasaron en la vida, las cosas alegres y tristes con las cuales yo me he gestado en este mundo del teatro… La única forma de agradecer todo esto y mi mayor felicidad sería, para mí, poder hacer algo por esta nueva generación que necesita refrescar el arte teatral. Y yo tengo una serie de planes, varios planes –que periódicamente trato de golpear puertas y ver a quién se los puedo llevar- que no he podido concretarlos nunca. Estos planes tienden a darle oportunidad a toda la gente que está tratando de hacer una cultura nueva para hacer de este un país moderno. Y no lo digo solamente por los jóvenes que quieren cambiarlo todo y, como dice Perón, “tirar un viejo por la ventana todos los días”. No. Quiero hacer esa cosa que va a servir a esta generación, que es la que tiene que gozar de la vida ahora, y que, como un boomerang, finalmente nos va a beneficiar a todos. Porque también los que están adorando a los viejos actores se va sentir mucho más refrescados con lo que ellos traigan. Lo que pasa es que hace falta una organización de tipo económico que pueda ser solo estatal. Y te digo que no es cara, porque cada vez que yo hago un plan de éstos, lo hago con el mismo criterio del teatro independiente, donde todo sea barato y posible.

¿Una organización de tipo escuela? ¿O qué tipo de organización?

 -No, no. Escuelas hay y muchas. Son un poco costosas, en verdad, pero hay muchas y cada uno puede elegir el profesor que mejor le venga, el que mejor lo entienda y el que mejor lo haga desarrollarse. Esa es una cuestión muy personal. Además del Conservatorio Nacional hay academias particulares, etc. También hay teatros donde los actores con una profesión ya más o menos reconocida, trabajan. Lo que no hay es algo que cubra ese paso intermedio entre el estudiante que está preparando teóricamente y el actor, que ya tiene el oficio adquirido. Es decir, lo que hacía el teatro independiente.

A los teatros independientes los llamaban también “teatros experimentales” . Lo que vos propondrías sería entonces una especie de teatro experimental pero en función de experiencia, no de experimento.

-Claro. El término experimental en algunos casos reflejaba una realidad y en otros no. Porque algunos hacían teatro tradicional y ninguna experiencia. La única experiencia era la de los actores en las obras. Experimentar es otra cosa. Yo abogaría por un teatro experimental en todos los órdenes. En cuanto a los actores y en cuanto a las formas. Y eso solamente la gente joven lo puede hacer, porque la gente madura le tiene miedo a los experimentos y el avance. También abogaría por una ordenanza municipal mucho más benigna que permitiera, otra vez, hacer teatro en cualquier lado. Estos teatros se llenarían, y eso está bueno, porque en la cantidad está la selección. Se puede elegir entre muchos, pero no entre nada.

Estaba recordando que el teatro Colón tiene una escuela de danza y una escuela de canto, y los alumnos de esas escuelas hacen sus primeras actuaciones en el coro, los ballets y en papeles chicos. El teatro Municipal y el Cervantes creo que no tiene escuela propia.

-Hasta ahora, que yo sepa, no. Y la gente joven no puede tener su oportunidad así, tan libremente. Pero eso sería a nivel oficial. Y la gente joven es … muy rebelde. No le interesa mucho hacer sus experiencias a nivel oficial. Durante una etapa les interesa hacerla libremente como quieran, donde quieran, experimentar con la obra que más les guste y hacer lo que tienen ganas de hacer. Para desarrollar su personalidad, su pensamiento, para hacer experiencias totalmente propias. Ese es el pájaro que vuela. Y es importante que en cualquier ciudad existe ese lugar donde la juventud pueda experimentar su forma expresiva. Sería muy importante que los muchachos que se reciben en el Conservatorio tuviesen acceso al Cervantes o al Municipal, pero siempre que eso no se convirtiera en una burocratización. No tiene por qué ser su único objetivo. La política cultural tendría que se coherente con las necesidades de desarrollo artístico de la juventud. Y si en vez de burocratizarse en un teatro oficial, los muchachos eligen subirse a un camión para hacer teatro teatro alfabetizador en el interior, deberían tener ayuda y apoyo para realizarlo. O para hacer teatro en las plazas. O donde sea.

 

Alejandra y después

Decís que no te gusta mirar para atrás, el revisar el pasado, que todo eso te fastidia y que no tiene ningún sentido. ¿Qué suponés que va a pasar en tu futuro, o qué es lo que querés para vos de acá en adelante?

-Te aclaro lo del pasado. Pienso que el pasado está dentro de mí. Y lo que tiene de positivo lo pasado, lo vivido, va a dar su fruto a través de lo que yo llamo la esencia de mí misma. Ya está incorporado. Es como la ideología. Si uno tiene una ideología no tiene por qué preocuparse por andar cacareándola cada dos minutos, porque todo lo que uno haga va a estar teñido de esa ideología. Con el paso ocurre lo mismo: produce algo que teñirá todo lo que uno hace. Ahora, de aquí en adelante… el ancho mundo…

Ancho y ajeno…

-La cuota que me toque del ajeno. Lo que si quisiera: algo que me incorpora al proceso que vive mi país. Nada que está fuera de la realidad en que vivimos. No importa que no sea un papel importante. Algo que me haga sentir dentro de la gente y con la gente.

Pero eso lo has sentido siempre.

-Sí, siempre lo sentí. Pero este es un momento crucial donde realmente hay que arremangarse y hacer. Hay que encontrar las cosas que corresponda hacer. Y a lo mejor no es un gran papel en una gran obra. A lo mejor es ir a un barrio a tratar de que la gente haga teatro. O ir a alfabetizar. O qué se yo qué. Yo me preservo a mí como ser humano, entonces después lo pongo a servicio del teatro.

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