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Esperando a los capitanes
Una salida a la crisis mundial, que hoy no se avizora, parece necesaria para restablecer la inversión productiva en el marco de la actual política. La viabilidad del modelo depende también del grado de cuestionamiento social interno. Las recientes medidas económicas no hacen sino profundizar el rumbo iniciado con el Plan Austral.
13 de Junio de 2020

 

El reordenamiento sufrido por la sociedad argentina desde mediados de la década del 70 supuso una drástica alteración en la distribución del poder. La pérdida de peso relativo de los trabajadores, tanto por la postergación en el reparto del ingreso, como por crecientes niveles de marginalidad y pobreza extrema y la disminución del número de obreros industriales, constituye un rasgo distintivo de la crisis actual.

La reestructuración industrial modificó el cuadro de sectores sociales predominantes e imprimió nuevos rasgos al perfil productivo. En ese escenario se desarrolló la Patria Financiera, un conjunto de grupos económicos de capital nacional y transnacional que hoy parecen rotulados como capitales de la industria.

Es notable el grado de internacionalización que hoy presentan las decisiones de inversión de los grupos de capital nacional. En el marco del endeudamiento, los grupos económicos desvincularon una masa importante de sus excedentes del circuito económico local. Prueba de esto son los 37 mil millones de dólares que el Banco Mundial registra como depósitos de argentinos en el exterior. Un segundo aspecto a destacar es la mayor importancia que adquiere lo especulativo financiero en la reproducción de sus capitales.  

La perversa relación que hoy observamos entre la tasa de interés y el dólar no puede desvincularse de las dos características señaladas. El elevado nivel de los intereses afecta a las fracciones del capital que no tienen capacidad de autofinanciamiento (pequeñas y medianas empresas, grandes empresas que no integran grupos) pero constituye un mecanismo de valorización del capital (renta financiera) para dichas fracciones. Por otra parte, la caída de las tasas de interés suele vincularse con la estampida del dólar paralelo, lo que muestra la tendencia a la colocación en activos externos y a la internacionalización patrimonial.

Otra característica  de estos grupos es la implantación diversificada en la economía. Este proceso se favoreció en la última década puesto que parte significativa de la inversión productiva fue realizada bajo los regímenes de promoción industrial. Se afirmó de este modo un patrón de inversión basado en la no utilización del capital propio y el aprovechamiento de los recursos que el Estado transfería. En consecuencia, la preeminencia de la valorización financiera condiciona el carácter de la inversión productiva. Esta solo se lleva a cabo con riesgo bajo o nulo. 

 

 el intento de Alfonsín

Durante el año 1984, el gobierno intentó un proceso de redistribución de ingresos junto con un endurecimiento frente a los acreedores externos. Sin embargo, el desconocimiento de la nueva realidad estructural de la economía argentina, la incapacidad para general organización social detrás de sus políticas y una excesiva confianza en la actitud benéfica de los acreedores y la Reserva Federal norteamericana, colocaron a esta política en un callejón sin salida. En el nuevo contexto de internacionalización financiera, las tradicionales política monetarias y fiscales expansivas hacían agua por todos lados.

La hiperinflación se constituyó en el arma central del nuevo bloque de poder económico local que fue desarticulando, una a una, todas las políticas. La reforma de junio de 1985 puso fin a las veleidades reformistas del gobierno radical. Supuso una drástica contracción de la inflación y congeló el regresivo esquema de distribución de los ingresos determinado por el pago de los compromisos de la deuda externa y por el predominio de la acumulación especulativa que realizan los capitales más concentrados.

El congelamiento impuesto por el Austral reconoció la nueva estructura del poder económico en aras de sostener el funcionamiento del llamado “acuerdo democrático”. La concepción del Estado que poco a poco va formulando el gobierno, revela el sentido de esa articulación con los grupos económicos. El Estado se hace cargo del endeudamiento externo de los grupos a los que otorga cuantiosos subsidios. Regala, de hecho, la conducción del proceso de crecimiento: confía en la iniciativa inversora de los “capitanes”. Así se explican los pasos dados en materia financiera, la propuesta de desregular y desestatizar la economía, la constitución del holding de empresas públicas y otros mecanismos para estimular ese proceso inversor.

Pero más allá de ligeros movimientos, orientados a remontar el piso depresivo de 1985, es difícil observar una tendencia favorable para la inversión. He aquí el límite fundamental del plan. La circunstancia de que los grupos no inviertan  no supone un cuestionamiento de fondo a la actual política, tiene que ver con que conciben su ámbito de valorización a nivel internacional. En ese contexto, las demandas respecto a la reforma estatal o bancaria no tiene límite. Se reclama cuotas de subsidio cada vez mayores sin aporte alguno de capital genuino propio. En síntesis, la estrategia de expansión-inversión asociada a estos capitales aparece estrechamente relacionada con la resolución de la crisis mundial. En ese marco debe situarse el descontrolado escenario que desde finales de 1986 mostró la coyuntura económica como los rumores sobre recambio del equipo económico anteriores a las elecciones.

La economía argentina está condenada a vivir esporádicos momentos de estabilización, seguidos luego de saltos inflacionarios, combinando picos depresivos con recuperaciones del nivel de actividad; respetando siempre los límites actuales de capacidad instalada. Frente a la estrategia defensiva planteada por los sectores sociales postergados, la modificación de los precios relativos en cada coyuntura inflacionaria es condición sine qua non para ofrecer condiciones aceptables de valorización del capital a los sectores más concentrados. Esta es la realidad de una economía que puede instalarse en condiciones de reproducción ampliada del capital, en tanto ha subordinado esta posibilidad a la resolución de la crisis internacional.

 

entre la crisis mundial y el cuestionamiento interno

El 6 de septiembre el cuestionamiento interno al modelo económico tomó forma electoral. El radicalismo fue derrotado en las urnas. Una vez más, el pueblo argentino volvió a señalar que no se puede plantear –por lo menos con consenso popular- un esquema de país que privilegia la realización de los intereses de los sectores dominantes.

La respuesta oficial ante esta situación, lejos de rectificar el rumbo, parece haberse inclinado a profundizarlo. El paquete de medidas anunciado en octubre tiene una profunda cercanía con los criterios ortodoxos. Un importante salto inflacionario obviamente volvió a postergar a los asalariados y la serie de medidas establecidas se ajusta a las demandas de la banca acreedora y de los grupos económicos internos (cierre de las cuentas fiscales, desdoblamiento cambiario y devaluación, flexibilidad del esquema de capitalización del endeudamiento).

Las medidas de coyuntura adoptadas sitúan el marco para discutir los acuerdos políticos que permitan continuar con esta propuesta económica y social. Aquí nace la ideal del pacto que aparece desde el oficialismo como modo de integrar al peronismo en dicho esquema. En la coyuntura posterior al 6 de septiembre, la construcción de una hegemonía que viabilice y garantice el predominio interno de los capitanes, exige la integración de franjas del peronismo triunfador. Cavallo, Di Tella, Guadagni son –en todo caso- piezas importantes en este espacio del acuerdo que debería convalidar, ya sea por acción u omisión, los rumbos estratégicos del modelo actual. En tal sentido, el carácter de la reforma del Estado y la reformulación del sistema financiero adquieren un papel relevante. La reestructuración de la banca pública (nacional y provincial) sumándola al esquema de internacionalización financiera y la profundización en las relaciones entre el Estado y los grupos más concentrados, son los puntos en discusión.

La posibilidad de una mejora en la situación mundial aparece dentro de este cuadro como la única alternativa para oxigenar dicha propuesta. Cierto es que se están produciendo cambios en la coyuntura internacional. Del mismo modo que México en 1982 expresó el agotamiento de una etapa y el comienzo de la fase de los planes de ajuste controlados por el FMI, hoy la moratoria de Brasil y la virtual cesación de pagos de la Argentina hablan del agotamiento de estos esquemas de ajuste.

Pareciera afirmarse algunas tendencias que, a la reducción progresiva en la transferencia de recursos efectuadas por los países deudores, suman el incremento de los mecanismos de control sobre el proceso económico por parte de los acreedores externos. En este marco se ubican los préstamos del Banco Mundial, las figuras on-lending y re-lending, y las propuestas de capitalización.

La dependencia que esta política económica tiene respecto de la situación internacional, alimenta los rumores periódicamente circulantes sobre una moratoria declara por la        Argentina. Es importante destacar que en el cuadro de la política actual y de los actores sociales en que se funda (grupos económicos internacionalizados) no hay otra alternativa  sino una salida concertada con los acreedores (inclusive una propia moratoria).

A modo de conclusión puede decirse que la cuestión internacional y la resistencia social interna a esta propuesta, son claves centrales para pensar el rumbo y las alternativas futuras que podrá seguir la economía argentina.

En el primero de los casos, dependerá de las modificaciones que se operen a nivel mundial el cambio en las actuales condiciones de valorización financiera predominantes en la economía argentina. Las evaluaciones hasta hoy existentes no muestran perspectivas optimistas en este sentido.

En el segundo de los casos, el comportamiento del peronismo adquiere un papel fundamental. De cómo éste entienda su relación con la actual configuración del Poder Económico y del modo en que asuma la representación de los sectores populares, dependerá el carácter      y la potencialidad que adopte el cuestionamiento social interno.

En el plano internacional, se juega la posibilidad de una bocanada de oxígeno para este modelo de Democracia Restringida, hegemonizada por los sectores dominantes de la Argentina. Desde el cuestionamiento interno, lo que en todo caso se abre es la posibilidad de construir un proyecto alternativo para la democracia en nuestro país.

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