Zelarayán: Escribo porque no me dejan vivir | Revista Crisis
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Zelarayán: Escribo porque no me dejan vivir
“Yo no escribo para las elites”, decía en 1989 Ricardo Zelarayán. Poesía, novela y otros textos de bordes difusos, en todos los géneros había sabido componer una obra breve y firme, con cadencia propia, alejada con esmero de los carriles literarios. Sus libros se publicaron sin entrar en las histerias del mercado. En esta entrevista publicada en la crisis #71, el autor entrerriano habla de eso. Y en tiempos donde parece haber más autores que lectores, hoy su mirada llega para poner en crisis cierta idea de que hay que publicar a cualquier precio.
06 de Agosto de 2021

 

Ya sexagenario, narrador y poeta, entrerriano, ''federalista a rajatabla" como suele definirse, Ricardo Zelarayán sólo ha publicado tres libros hasta el momento: La obsesión del espacio, poemas, en 1972; Traveseando, cuentos infantiles, 1984, y la novela La piel de caballo, en 1986. Para este año se anuncia la edición de Roña criolla, libro de poemas del cual anticipamos dos textos. Actualmente trabaja en una ambiciosa novela, Lata peinada, de la cual también presentamos un adelanto.

 

Quien revise su bibliografía encontrará que usted publica muy poco, y además tardíamente. ¿Por qué es esto? Y, por otra parte, ¿que lo sostiene como escritor que casi no edita?

-Mi provincia, Entre Ríos, fue derrotada porque tres veces se rebeló contra Buenos Aires. En suma, sus tres caudillos murieron asesinados. De ahí que sea una provincia postrada, sin mayor influencia en el país, a pesar de que ha tenido grandes escritores como Juan L. Ortiz. Pedro Ramírez, Urquiza y López Jordán fracasaron en su rebelión, y hoy Entre Ríos es una provincia postrada. Esto y toda la historia argentina, en última instancia, es lo que me sostiene como escritor. Es mi mitología personal. Pienso que si puedo seguir adelante es porque me identifico mucho con el país, con todo, desde un algarrobo hasta un indio. Y si publico poco es porque soy muy exigente con mis textos. He escrito toda la vida, pero recién a comienzos de los años '60 comencé a dedicarme exclusivamente a la literatura, y a ordenar los papeles que tenía dispersos. Recién entonces doy a leer algunos de los escritos.

 

¿Y por qué escribe, siendo que publicar parece no preocuparse demasiado?

-Luis Gusmán me decía, hace tiempo, y esto luego se publicó, que él se había decidido a escribir porque no sabía bailar. Yo, en cambio, escribo porque no pude ser músico. Y escribo también porque no me dejan vivir, y entonces la literatura es un campo de libertad. Escribo, por otra parte, quizá para ordenarme, para combatir mi tendencia al desorden. Y al mismo tiempo, desde ya, escribo porque me gusta. Nunca tuve expectativa de publicación. Tengo ocho libros de poemas anteriores a La obsesión del espacio, de los cuales ya quedan sólo restos. Alguien dijo que yo escribía para después perder los textos y tal vez alguna razón tiene. De hecho, he extraviado algunas novelas y no creo que pueda recuperarlas. De todos modos, como lo digo en mi libro de ensayos y panfletos Mañas, que lo tiene en este momento un editor, pienso que la literatura es en cierta medida una infracción a la comunicación, un uso perverso, subversivo, clandestino, del lenguaje. Hay un poema mío que dice, con referencia a un asesinado durante el Proceso, "a tu cuerpo se lo llevan a cuestas, las palabras que se dicen para no hablar". Es decir, en literatura a veces las palabras sirven menos para comunicar que para ocultar, esconder. En mis textos nunca existe una intención previa de comunicar algo. Pero hay una cuestión: la cosa que se quiera, un saber, por ejemplo, si está en minoría pierde. Sin embargo, también, lo que no está escrito pierde. En este sentido lo que escribo, mi trabajo sobre el lenguaje oral, puede ser sí, para muchos, comunicación. Para mí en cambio, lo siento así, es propaganda para mi país en un momento de descrédito total, en el que se ha puesto una bandera de remate sobre él.

Pero su literatura circula sólo por ciertos estamentos culturales, muy reducidos, por cenáculos. Ese ha sido su mecanismo de consagración, digamos. Valga decir: su literatura no es masiva, todo lo contrario, si bien se mira.

-Es cierto, pero yo no escribo para las elites. Ya sé que ellas me leen, me guste o no. Es algo que no podría evitar, como tampoco he podido impedir, en cierto modo, especializarme a lo largo de tantos años de escribir. A medida que progreso, me alejo, es verdad, de las masas, lamentablemente cada vez más empobrecidas. Pero los científicos siempre han trabajado para las elites, para el poder, y ni aquí, ni en el mundo socialista, nunca nadie les pidió que explicaran a las masas lo que estaban haciendo. Por definición lo que hacen ellos es útil, sobre todo para el poder. En cambio, la literatura y el arte serían inútiles, no sirven para el poder. Por supuesto, que me defino políticamente como peronista y popular, no popular y nacional, que es un invento del desarrollismo, porque lo popular es siempre nacional, pero no a la inversa. Un pueblo es un idioma, en un territorio. No creo en el universalismo para nada. Ahora, el problema de mi literatura es el problema de la literatura. Decía Fito Páez que la única verdad es la televisión. Entonces la influencia de la literatura es indirecta, no puede ser de otra manera. Se produciría lo mismo en pintura, que influye sobre la arquitectura, el diseño industrial, gráfico, pero indirectamente. Sucede que la literatura ha pasado a ser elitista. Yo no tengo la culpa. A mí no me gusta el cine ni la televisión, no sé, será porque soy un hombre de otra época. Además yo no puedo escribir como Stephen King. No puedo hacer un best-seller. No me sale, no hay caso.

 

¿En qué consiste su trabajo literario tanto en poesía como en narrativa?

-Me baso en cadencias. Lo que me rige es la música, normalmente. Siempre pienso en un libro, por otra parte, nunca en piezas sueltas. Normalmente no escribo poesía, sino en situaciones de crisis sentimentales, existenciales, o por limitación de la expresividad. Allí aparece el poema. Pero para ponerme en movimiento necesito música, del Cuchi Leguizamón a Ravel. Entonces las palabras no vienen jamás de los libros, vienen del lenguaje hablado. Y nada de términos difíciles, ante todo. Por lo demás trabajo con los lenguajes que escuché en mi infancia, los que escucho todos los días, alguna frase fuera de contexto. Jamás uso la lengua de los medios, ni la de los libros, aunque con éstos cotejo. Las palabras producen un clima, generan una onda, conducen una electricidad, un ritmo: la música es la más pura de las artes, pues es sólo significante. Así mi poesía y mi narrativa son lo mismo. Creo que Macedonio Fernández, quien es uno de los escritores más originales que han existido en todo el mundo, es también uno de los primeros en cuestionar esa diferencia de género, paralelamente a Proust, a Joyce.

 

Lata peinada, una novela de la que se han publicado algunos fragmentos, y que poco a poco va ganando un halo mítico, sería su próximo libro a publicar, después de Roña criolla, Sin embargo de ella, pese a su fama, se sabe muy poco. ¿No cree usted que es un buen momento para develar ese misterio?

-En principio no es tan famosa. E incluso no se sabe si saldrá publicada alguna vez. Sí, es conocida dentro de un pequeño círculo. De todos modos Lata peinada, como toda mi literatura, refiere temáticamente una marginalidad Mi mundo literario es casi todo el territorio del país, donde he vivido, y la parte marginal de Buenos Aires, pensiones y hoteles que conocí durante mucho tiempo. Pero una de las características de esta mitología es el conflicto entre la identidad individual y la colectiva. Esto se produce siempre. En La piel de caballo lo que se cuestiona es la identidad individual. Ni hablar en Lata peinada: he abandonado la primera persona, un protagonista individual, aunque ya en Ocote no proponía personajes convencionales. Con lo que ahora me he perdido en esa estructura colectivista, en esa multiplicidad de narraciones, y la novela ha quedado inconclusa, caída en el fragmentarismo. Por otra parte, son más de mil carillas oficio. Es un problema muy complejo, porque Lata peinada se abre permanentemente en historias, muy pocas cerradas. Se trata de voces de una especie de coral argentino, que se multiplica en narraciones. Quizás está terminada y no lo sé. Puede pasar. Pero creo que no, que todavía debe ser escrita. Así que el reducido grupo de lectores que me conoce tendrá que esperar. 

Fotos al ejemplar de la revista original: Jazmín Tesone.

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