la batalla por el 5G | Revista Crisis
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la batalla por el 5G
En la Argentina, las promesas del 5G todavía están en el aire. Detrás del titubeo que retarda su implementación, hay una intensa disputa geopolítica: Estados Unidos no está dispuesto a que China venda una sola antena más. ¿Hasta dónde se puede achicar el espacio de la soberanía?
Ilustraciones: Panchopepe
05 de Mayo de 2023
crisis #57

 

Se demora la instalación de la tecnología 5G en la Argentina. Y no está claro cuál es el motivo de la tardanza, teniendo en cuenta que se trata de abrirle las puertas al futuro, según los entusiastas de la revolución digital en curso. Al mismo tiempo, hay un estridente lobby promovido por los Estados Unidos de América con el objetivo de excluir a la empresa china Huawei del tendido de la infraestructura necesaria. El argumento principal de la Casa Blanca: la seguridad informática.

Entre uno y otro hecho no existe causalidad lineal, como quisieran las mentalidades conspirativas. Pero tampoco desconexión o indiferencia, como suponen aquellas perspectivas que naturalizan la injerencia imperial como si fuera parte del paisaje. En este informe te contamos por qué está frenada la implantación de la nueva red de quinta generación en nuestro país. Y describimos cómo se despliega concretamente la presión norteamericana.

 

se nos escapa la tortuga tecnológica

Según el dossier preparado por el especialista uruguayo Omar de León, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), con título Redes 5G en América Latina, en enero de 2022 (hace ya 16 meses) los países de la Unión Europea habían activado 112.000 estaciones base 5G y la mitad de los hogares estaban alcanzados por al menos una red proveedora de la nueva tecnología. China tenía para esa misma fecha casi un millón de estaciones base instaladas, mientras Corea del Sur disponía de la mayor cantidad de estaciones por habitante.

En el vecino Brasil, la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (ANATEL) aprobó en septiembre de 2021 el anuncio de subasta de 5G, la recepción de documentación de los interesados se hizo el 27 de octubre, y los contratos se firmaron el 7 de diciembre de ese año. El ambicioso plan presentado por ANATEL propuso que la nueva tecnología debía estar disponible en todas las capitales estaduales del país a más tardar el 31 de julio de 2022, para 2025 debería llegar a todas las ciudades con más de 500.000 habitantes, y para 2028 a todas aquellas con apenas 30.000 habitantes. Justamente la semana en la que cerramos esta investigación, la agencia reguladora brasileña anunció la liberación del servicio para 282 nuevos municipios, llevando la cobertura total a 964 localidades, lo cuál involucra a 131,5 millones de personas, el 62% de la población total. Colombia, México, Chile, Perú, Puerto Rico, entre otros, muestran cifras similares de instalación.

Mientras tanto, en Argentina las autoridades del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) aún esperan la venia del Poder Ejecutivo Nacional para iniciar la licitación del espectro radioeléctrico. Y esa señal de largada se dilata una y otra vez, sin que medie explicación pública alguna. ¿Por qué tanta pachorra y hermetismo?

en Argentina las autoridades del ENACOM esperan la venia del Poder Ejecutivo para iniciar la licitación del espectro radioeléctrico. pero esa señal de largada se dilata una y otra vez, sin que medie explicación pública alguna. ¿Por qué tanta pachorra y hermetismo?

 

paso a paso del 5G en Argentina

Los primeros aprontes oficiales en la discusión sobre el 5G en nuestro país tuvieron lugar en octubre de 2019, cuando agonizaba el gobierno de Mauricio Macri. En aquel entonces, desde la Secretaría de Innovación Pública se realizó una consulta sobre Desafíos y necesidades de Espectro Radioeléctrico en Argentina.

Sin embargo, a poco de asumir la administración del Frente de Todos, sobrevino la pandemia. Y fue en el capítulo telecomunicaciones donde el acontecimiento sanitario provocó un agudo conflicto entre el estado y las principales empresas del sector (“las operadoras”), que son tres:

  • Telecom, cuyo principal accionista es Clarín;

  • Claro, propiedad del magnate mexicano Carlos Slim;

  • y Telefónica, controlado por la multinacional española Telefónica SA.

El 21 de agosto de 2020, con la firma de todo el Gabinete Nacional, salió el Decreto de Necesidad y Urgencia 690 que establece como “servicios públicos esenciales y estratégicos en competencia” a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), habilitando la fijación de precios por parte del Estado. La medida provocó el rechazo frontal de las operadoras, y tanto Telecom como Telefónica consiguieron aprobar en la justicia sendas cautelares que hasta el día de hoy las eximen de adecuarse a la nueva norma.

Los impulsos modernizadores volvieron a manifestarse en 2021: entre el 15 y el 19 de marzo de 2021 el ENACOM organizó una serie de pruebas y ensayos con la tecnología 5G a cargo de las principales compañías del sector TIC (“las tecnológicas”), que también son tres:

  • la sueca Ericsson;

  • la finlandesa Nokia;

  • y la china Huawei.

Varios meses más tarde, en agosto de 2021, la Secretaría de Innovación realizó una nueva consulta pública para la actualización del Reglamento del Espectro Radioeléctrico. Y en diciembre de ese mismo año, el ENACOM dio un paso clave al definir las bandas de ese espectro que serían utilizadas por la quinta generación de los servicios de telecomunicaciones, mediante la Resolución 2199. Pero pronto el trámite volvió a atascarse. Se ralentizó.

Un nuevo impulso sobrevino con la asunción del superministro Sergio Massa, en agosto de 2022. Al mes siguiente, durante la presentación del Presupuesto Nacional 2023, el ministro de Economía señaló la importancia de licitar pronto el 5G por considerarlo un relevante atractor de inversiones. Y aseguró que en febrero de 2023 se publicarían los pliegos correspondientes. Todo parecía marchar sobre ruedas cuando el ENACOM aprobó, el 22 de diciembre de 2022, dos resoluciones esenciales: la 2385, que contiene el Reglamento General del Servicio de Telecomunicaciones Fiables e Inteligentes (STEFI); y la 2386, mediante la cuál asignó la banda de frecuencias comprendida entre 3300 y 3600 megahercios para las prestaciones definidas por el STEFI.

Ahora sí estaba todo listo para dar a conocer los pliegos, donde el estado argentino estipula las “obligaciones monetarias y de despliegue”, por las que deberán regirse las empresas interesadas en el negocio. Resuelto lo anterior, siguen los siguientes pasos:

  • Las operadoras presentan sus ofertas.

  • Enacom convoca a subastas públicas para definir el precio final de los lotes.

  • Llegados a este punto, las Telco depositan el dinero.

  • Acto seguido, el estado le asigna a cada quien su porción de espectro.

  • Recién en este momento las operadoras estarían en condiciones de brindar servicio, para lo cuál deben previamente desarrollar la infraestructura que proveen ”las tecnológicas”.

Sin embargo, todavía no aparecieron los pliegos que Massa había prometido para febrero. Las autoridades del ENACOM, a cargo de la tarea, esperan hace tres meses el inminente visto bueno del Ministerio de Economía. Pero las órdenes no bajan. Y quienes conocen el paño aseguran que abril es el mes límite para que los dólares que ingresarán al Tesoro gracias al 5G lo hagan durante esta gestión y no queden de regalo para el próximo gobierno.

quienes conocen el paño aseguran que abril es el mes límite para que los dólares que ingresarán al Tesoro gracias al 5G lo hagan durante esta gestión y no queden de regalo para el próximo gobierno.

 

una gestión que no funciona

La demora en la implementación del 5G es multicausal. Hay razones propiamente de gestión. Cuitas políticas pendientes. Una cuenta financiera que no cierra. Y está también la dimensión geopolítica. Despachemos las tres primeras lo más rápido posible, para concentrarnos en la cuarta causa – la que aquí más nos interesa.

Es sabido que el Estado posee un sistema de toma de decisiones lento, que se torna vetusto en el actual modo de producción y consumo signado por lo instantáneo. Y es cierto que el impacto en los hábitos institucionales del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio que rigió durante casi todo el 2020, fue significativo. Pero si a ello le sumamos una coalición de gobierno partida en tres fracciones y entrenada en el deporte de hacerse zancadillas, pues se comprende que un mandato de cuatro años no alcance para instalar la nueva tecnología.

La decisión de avanzar no se tomó aún –esta es la primera hipótesis– porque no hay acuerdo en el tridente que conduce al Frente de Todos. Alberto Fernández tiene a la Secretaria de Innovación, Micaela Sánchez Malcom, como su cuadro en el sector, quien reporta política y laboralmente al vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Olmos. Sergio Massa cuenta con el presidente del ENACOM, Claudio Ambrosini, que se recuesta en el ​​coordinador general de Asuntos Técnicos del organismo, Diego Leiva. Mientras Cristina Fernández de Kirchner posee varios interlocutores en la rama, pero no logramos establecer quien detenta estatuto de decisor.

Gustavo López es vicepresidente del Ente regulador y milita en el kirchnerismo. En abril de 2021 publicó un tuit que decía: "Cuando licitemos el 5G, el que no cumplió con el decreto 690 no va a poder participar". Se refiere a los operadores Telecom y Telefónica, que nunca se adecuaron a lo decidido por el gobierno gracias a que la justicia acudió en su apoyo. Este conflicto aún irresuelto podría ser un incentivo para que las empresas aguarden la llegada de la próxima administración, ya que la norma limita los aumentos tarifarios, lo cuál complicaría la ecuación comercial para la instalación del 5G –y sería la segunda teoría de por qué demora la licitación.

La tercera causa pareciera ser la que tiene más peso: no hay acuerdo entre el gobierno y las operadoras en cuanto al precio de los lotes del espectro radioeléctrico a concesionar. Los primeros cálculos oficiales pusieron la vara alta al ubicar en 1400 millones de dólares la expectativa de ingresos, sumando los tres paquetes de 100 megas que le correspondería a cada empresa. En el contexto de extrema sequía de divisas actual, se trata de un verdadero tesoro. Pero las empresas no están dispuestas a poner, según los corrillos, más de 400 millones. La brecha es demasiado grande.

 

geopolítica del 5G

Telecirugía, vehículos y trenes sin conductor, siembras y cosechas inteligentes, automatización de procesos industriales enteros, aplicación de inteligencia artificial en la gestión del tránsito o el agua, televisión en vivo en 360°, realidad aumentada en la vida cotidiana, hologramas de Messi y Perón participando de nuestros cumpleaños, interconexión de relojes, cámaras, lavarropas, luces y objetos de lo más variados. La quinta generación de tecnologías para la comunicación inalámbrica habilita un salto cualitativo de velocidad y volumen en el intercambio de datos: el flujo de información pasa de los 100 megabytes por segundo actuales a 10 gigabytes por segundo, con una velocidad de respuesta menor a 5 milisegundos, lo cual haría que las comunicaciones sean prácticamente en tiempo real.

Sin embargo, el acceso generalizado a la tecnología 5G no será para todes por igual y tardará varios años en cambiar la vida de las urbes subdesarrolladas. Si todavía hoy tenemos demoras en el envío de mensajes de WhatsApp o perdemos la conexión al Google Maps es porque el 4G no ha llegado a muchas rutas, áreas rurales o pequeñas ciudades. Y algo más: el 5G requiere una infraestructura diez veces superior al tendido de fibra, antenas y bases existentes, porque opera en bandas de radio de mayor frecuencia (3500 megahercios) que poseen más capacidad de transmisión de datos pero menor alcance, lo cuál requiere la instalación de cientos de miles de artefactos, además de extender y modernizar el tendido de fibra óptica.

El tendido de esta intensa maraña de flujos radioeléctricos y teleconexiones está a cargo de “las tecnológicas” y la novedad radica en que por primera vez la locomotora del progreso no es conducida por Estados Unidos. A través de la empresa Huawei, pero también de la estatal ZTE, China viene liderando tanto el desarrollo de patentes críticas para la tecnología 5G como la instalación de infraestructura y los servicios para las comunicaciones de última generación.

Hace diez años la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), organismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU) encargado de regular las telecomunicaciones a nivel global, estableció el marco para la investigación y desarrollo de las tecnologías de quinta generación de telefonía móvil en todo el mundo. Huawei y Ericsson comenzaron a construir prototipos en 2013 y poco más tarde se sumó Nokia. Las primeras presentaciones a gran escala de estas tecnologías fueron en 2018 durante eventos deportivos: en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang y durante el mundial de fútbol en Rusia.

La gobernanza internacional del mundo de las telecomunicaciones implica una constante negociación de las partes interesadas y muchas decisiones pasan por acuerdos entre privados. La ITU regula la definición y distribución de las bandas del espectro radioeléctrico, pero hay conglomerados públicos-privados como el 3GPP (3rd Generation Partnership Project) que coordinan el desarrollo tecnológico para garantizar la compatibilidad de dispositivos y los sistemas que gestionan la prestación del servicio. China es por lejos el país con más empresas en 3GPP (179), seguido por Estados Unidos (95), por lo que resulta difícil que sus compañías pierdan peso a pesar de los bloqueos a que están siendo sometidas por el estado norteamericano.

la novedad radica en que por primera vez la locomotora del progreso no es conducida por Estados Unidos. A través de la empresa Huawei, China viene liderando el desarrollo de patentes críticas y la instalación de infraestructura para las comunicaciones de última generación.

 

guerra fría 2.0

Dos momentos simpáticos nos llevamos de la visita a las oficinas de Huawei en Buenos Aires. El primero tiene que ver con la pronunciación: se dice Juá güey y no Güagüey. El otro, el descanso a los yanquis por un famoso tweet de Trump en febrero de 2019: "Quiero tecnología 5G, e incluso 6G, en los Estados Unidos lo antes posible. Es mucho más potente, rápido e inteligente que el sistema actual. Las empresas estadounidenses deben intensificar sus esfuerzos o se quedarán atrás". De alguna manera, el entonces mandatario estaba reconociendo el retraso tecnológico de su país.

En 2018 la administración de Donald Trump inició un boicot internacional contra Huawei, ZTE y TikTok, por presunto espionaje y robo de información a favor del gobierno de China. La ofensiva incluyó el encarcelamiento de Meng Wanzhou, directora financiera de la compañía; la ruptura de acuerdos comerciales con empresas como AT&T para la distribución de sus smartphones en Estados Unidos; con Google y Microsoft para utilizar sus sistemas operativos y aplicaciones; con Intel y Qualcomm para utilizar sus procesadores y semiconductores, entre otras.

Durante el gobierno de Biden el enfrentamiento contra las tecnológicas chinas se convirtió en política de estado y se extendió a otros países aliados, particularmente en el capítulo 5G puesto que Huawei es líder global en fabricación e instalación de redes de fibra óptica, antenas y backhouse, mientras que ZTE es uno de los principales productores de routers, módems y otros segmentos de la cadena. Durante el segundo semestre de 2020, Gran Bretaña prohibió a los proveedores de 5G comprar equipamiento chino. En Australia le dijeron tempranamente “A Huawei, no way”. En Brasil estuvieron a punto de lograr la exclusión, pero el mismísimo Jair Bolsonaro tuvo que dar marcha atrás a pedido de la industria.

La última escena de esta disputa global tuvo lugar hace apenas unos días, a fines de abril de 2023, cuando la Cámara de los Representantes de Estados Unidos aprobó el proyecto de ley contra “las telecomunicaciones no confiables en el extranjero” (H.R. 1149), presentado por la demócrata Susan Wild con un amplio apoyo de los republicanos. De esta manera, pasó al Senado la propuesta para que el Departamento de Estado tome medidas contra el uso de equipos o servicios de telecomunicaciones producidos por Huawei o ZTE en países aliados o con acuerdos de defensa. Esta ley está orientada sobre todo para condicionar a los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero también puede tener impacto en Argentina, país que desde la década del noventa goza del “privilegio” de ser un aliado militar extra OTAN de Estados Unidos.

En el caso específico de infraestructura para 5G, Estados Unidos no tiene con qué competir y por eso la Casa Blanca promueve empresas europeas como Ericsson y Nokia y sacó de la galera el Open RAN (Redes de Acceso de Radio Abierto). Según referentes del Observatorio de Energía, Ciencia y Tecnología, el Open RAN es una "salida por arriba". Se trata de un sistema que promueve la interoperabilidad de la infraestructura, es decir una mezcla de componentes fabricados por distintos proveedores entre los que podrían entrar grandes compañías estadounidenses como CISCO. Amit Mital, director principal para Ciberseguridad de Estados Unidos, explicó el argumento durante una entrevista con La Nación en mayo de 2022: “Como Open RAN permite que empresas pequeñas participen, el oligopolio no es posible: hay competición y constante innovación (...) No solo es más barato para comprar, es más barato para operar”. Obviamente, tras esta propuesta está la intención de posicionar a las empresas norteamericanas del sector que podrían competir con la fabricación y desarrollo de algunas partes. Fuentes de la industria manifestaron resguardos sobre la seguridad de estos ensamblajes, la calidad y mantenimiento de sus prestaciones, así como la resolución de posibles inconvenientes técnicos. También se muestran escépticas ante la liberación de licencias que supondría, para garantizar la compatibilidad de las partes.

 

argentina, el espectro trasero

El lunes 17 de abril de 2023 la generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, se reunió en Buenos Aires con el ministro de Defensa argentino, Jorge Taiana. Según el periodista Horacio Verbitsky, “la mayor amenaza que preocupa a Estados Unidos es la adopción por Brasil y la Argentina de la tecnología 5G, en la que la empresa china Huawei tiene superioridad sobre sus competidores pro-occidentales (...) Pero sobre ese punto, Richardson sólo dejó un folleto del Departamento de Estado, que advierte sobre los riesgos de la presencia china…”. El artículo publicado en el sitio "El Cohete a la Luna" incluye una foto del panfleto, que data del gobierno de Trump y puede consultarse online en la web del Departamento de Estado (la traducción al español estuvo a cargo en 2019 de la embajada norteamericana en Chile).

Esta es apenas la última (por ahora) de una larga lista de acciones de injerencia norteamericana durante el proceso de instalación del 5G en la Argentina. Que, según nuestros registros, tuvo su primera expresión el 2 de enero de 2020, a través de un mensaje en la cuenta de Twitter oficial de la Embajada con un enlace a una nota de blog, amplificado como es costumbre por el diario Infobae: “La Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires advirtió sobre los peligros que podría representar el arribo del 5G chino a las libertades individuales y la privacidad de los usuarios argentinos”. Una altísima fuente del gobierno nacional que pidió hablar en off, asegura que la presión es sin filtro para quien quiera oírlos: “la persona de la embajada que coordina ese lobby es el oficial de Asuntos Económicos, Tobin Nelson”. Le pedimos una entrevista para corroborar la versión, pero el oficial Nelson respondió que más adelante podría recibirnos pero ahora no tenía tiempo.

A partir de la asunción de Biden en enero de 2021, la estrategia de presión en Argentina se torna directa y muy intensa, lo cual coincide con el período de reactivación de las acciones para reglamentar la instalación del 5G en nuestro país. Hubo durante estos meses al menos cuatro intercambios de alto nivel, en los que este tema figuró entre las materias prioritarias, además de los ya mencionados de 2020 y de 2023.

Agosto de 2021: Jake Sullivan (Director del Consejo Seguridad Nacional de los EEUU) realizó un viaje a Brasil y Argentina, acompañado de Juan González (Director de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental) y Amit Mittal (Director de Ciberseguridad del Consejo de Seguridad Nacional), entre otros. En la reunión que tuvieron con el por entonces Secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Gustavo Béliz, hubo un temario de 14 puntos y el quinto fue “5G y Ciberseguridad". Según la repercusión mediática, “no hubo pedidos concretos, pero sí mensajes diplomáticos claros de los visitantes: nadie se opone a que los países del continente negocien con China, pero hay temas como el de la seguridad nacional que nos sensibilizan”.

Octubre de 2021: Una comitiva encabezada por Gustavo Béliz viajó a Washington para reunirse nuevamente con Jake Sullivan. En la ocasión firmaron el Diálogo Estratégico 4.0 entre Estados Unidos y Argentina sobre Inteligencia Artificial, Información, Conectividad y Tecnología. El diálogo estratégico es una “iniciativa público-privada que busca potenciar una agenda de complementariedad productiva junto con el financiamiento de proyectos prioritarios para el desarrollo socialmente inclusivo argentino”.Amit Mittal acompañó a Sullivan en el encuentro, mientras que por el lado argentino participó la Secretaria de Innovación Micaela Sánchez Malcom.

Abril de 2022: Durante una nueva visita a Washington, Gustavo Béliz se reunió otra vez con Jake Sullivan, quien estuvo acompañado por Juan González. En la declaración posterior a la entrevista aparece la siguiente observación: “señalaron la importancia de una Internet democrática y libre, y de unas tecnologías y servicios de la información y la comunicación seguros y fiables.” Además, “ambos reconocieron el papel clave que debe jugar la Inversión Extranjera Directa de los Estados Unidos para alcanzar su máximo potencial en estas tecnologías de punta”.

Mayo de 2022: Funcionarios del Departamento de Comercio de los Estados Unidos organizaron en la Argentina, en el marco de las conversaciones de alto nivel desarrolladas entre Béliz y Sullivan, un “Seminario sobre seguridad en conceptos de 5G y Open RAN: estrategias para la implementación efectiva y oportunidades de innovación”. Entre los participantes locales estuvieron Claudio Ambrosini (presidente del ENACOM), Jorge Neme (en ese momento Vicejefe de Gabinete de la Nación), y Matías Tombolini (por entonces presidente de la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales - ARSAT). El evento fue financiado por la Digital Connectivity and Cybersecurity Partnership, una iniciativa global del Departamento de Estado. La delegación norteamericana fue encabezada por Amit Mittal, quien en una entrevista con el diario La Nación dijo: “Nos preocupa especialmente que, si el proveedor de telecomunicaciones que ustedes utilizan es gobernado por leyes que no respetan los derechos humanos, que no respetan principios democráticos, el control potencial de su internet estará a cargo de una empresa gobernada o regida por alguien que no respeta la soberanía de su país.” Y más adelante concluyó: “Es muy importante que nuestros operadores utilicen equipos de proveedores seguros para que ese riesgo esté controlado y sea mínimo. Y, en segundo lugar, tenemos preocupaciones específicas sobre la seguridad de los datos que viajan en las redes si fueran provistas por vendedores no confiables como Huawei. La Argentina es una nación soberana como ya dije, pero somos felices de poder compartir con ustedes el análisis que hicimos”.

 

la lengua de la serpiente

Seguridad y democracia son los principales argumentos de la Casa Blanca en su intento por ralear a las empresas chinas. Sin embargo Gustavo Saín, ex Director Nacional de Ciberseguridad y Coordinador de la Diplomatura en Ciberdelito de la Universidad de Buenos Aires, asegura que Estados Unidos no ha logrado demostrar la existencia de “puertas traseras” o vulnerabilidades técnicas desde las cuales se filtre información hacia China. Por otra parte, la preocupación norteamericana por el uso indebido de datos personales resulta al menos curiosa si se tiene en cuenta que el mismísimo presidente Trump manipuló información personal de usuarios de Facebook para su uso en campaña electoral. Mientras que según el estudio realizado por las organizaciones independientes Ranking Digital Rights (de Estados Unidos) y Citizen Lab (de Canadá), la china TikTok tiene estándares de transparencia y seguridad similares a los de sus competidoras occidentales.

En su editorial del lunes 24 de abril último, a propósito de la visita de la generala Laura Richardson a la Argentina, el periodista Carlos Pagni afirmó: “No es por el teléfono que usamos nosotros sino porque el 5G, la tecnología de telecomunicaciones, es la que se utiliza para dirigir los misiles u operar los sistemas de telecomunicación de los barcos, de las Fuerzas Armadas en general. Es importante entonces a quién un país le entregue esa tecnología en materia militar”. El argumento supone una vuelta de tuerca en el repertorio empleado por los Estados Unidos para excluir a la empresa china Huawei por razones de ciberseguridad. Ya no se trataría tanto o solamente de los datos y las comunicaciones de la ciudadanía, ni siquiera de información estratégica referida a los sistemas productivos, sino que estaríamos involucrados en una guerra a punto de estallar e impelidos a decidir en qué bando nos ubicamos.

Obviamente, no se trata de una cuestión argumental, sino de un juego de influencias que se define en función de las relaciones de fuerzas. Al momento de realizar este informe, todos los integrantes de la coalición defendían la “neutralidad tecnológica", que consiste en no regular el tendido de la infraestructura 5G delegando en “las operadoras” la decisión de qué tipo de equipamiento utilizar, según criterios puramente de mercado.

La mexicana Claro, por ejemplo, decidió dividir América Latina en tres franjas: en la zona norte utilizará infraestructura provista por Ericsson, en el centro equipamiento de Huawei y en el cono sur contará con suministro de Nokia. El dato más llamativo es que Telecom, la operadora del grupo Clarín, tiene como aliado comercial a la tecnológica china, lo cuál ubica su interés económico en contradicción con su inclinación ideológica, es decir en la vereda opuesta del lobby estadounidense.

De confirmarse esta decisión, nuestro país dejaría de lado los pedidos de relegar a las empresas chinas. También haría caso omiso a la propuesta de Open Ran que bajó el Departamento de Estado. “Salvo que alguna mano mágica nos haga cambiar algo”, dice uno de los funcionarios clave del área que, como todos sus colegas, solicitaron hablar en off.

El argumento supone una vuelta de tuerca en el repertorio empleado por los Estados Unidos para excluir a la empresa china Huawei. Ya no se trataría tanto de los datos de la ciudadanía, sino que estaríamos involucrados en una guerra a punto de estallar e impelidos a decidir en qué bando nos ubicamos.

 

restos pampeanos

La “mano mágica” alude a la posibilidad de que se introduzcan cambios de última hora en la conformación de los pliegos que regirán la licitación del espectro. La extrema dependencia financiera de nuestro país respecto del Fondo Monetario Internacional, cuyo principal accionista es Estados Unidos, abona esa alternativa, aunque existe poco margen para una escena de subordinación tan explícita. Lo cuál puede variar muy pronto, claro, si se concreta un eventual cambio de gobierno.

Otra decisión clave asoma como blanco de la presión imperial. Y aquí las distintas tribus del peronismo parecen asumir posiciones encontradas. Se trata del destino de la banda de 6 gigahertz, que representa el bloque de espectro disponible para los servicios móviles en el futuro próximo. Estados Unidos presiona para asignar el mayor rango posible de dicho espacio radioeléctrico para el uso libre no licenciado de las redes WiFi (rubro en el que ese país sí cuenta con empresas líderes, como CISCO), decisión que le pone un techo al desarrollo del 5G.

Tan influenciado por los intereses norteamericanos está el debate local, que las decisiones estratégicas referidas a la implementación de nuevas tecnologías quedan relegadas a un segundo o tercer plano de prioridad. La especialista Natalia Zuazo señala algunos asuntos pendientes: “Es importante que no se licite sólo por precio o al menos que no sea la variable principal. Hay que pensar cómo podrían ser las inversiones, elaborar un plan geográfico de despliegue y no sólo pensar en cuánta plata va a entrar al estado. Además, hay que comprar equipos y para eso se necesitan dólares que van a salir del Banco Central”. En otro orden de cosas, prosigue Zuazo: “Más allá de quién usa los datos y para qué, la pregunta es cómo proteger a los usuarios en Argentina. En este sentido, la noción de neutralidad tecnológica puede ser una salida digna desde el punto de vista geopolítico, pero implica ceder soberanía en mano de las empresas en cuestiones como la ciberseguridad o el desarrollo de capacidades técnicas nacionales para auto-autoabastecer la infraestructura”.

El 5G es uno de los varios frentes en los que Estados Unidos batalla hoy contra China en territorio argentino. Quizás la próxima gran disputa se dirima en los salares del litio, donde se libra una fuerte puja por la extracción del codiciado mineral. Son públicas las tensiones en torno a la Estación Espacial China en Neuquén. O la presión para abortar la cuarta central nuclear argentina de tipo Hualong. Otro foco de conflicto es el Polo Logístico de Ushuaia, cuya función es aprovisionar a los barcos o las bases antárticas. También en el mar del sur aparece la preocupación norteamericana por la presencia de barcos pesqueros chinos. Y hay una solapada refriega en torno al control de la Hidrovía, por dónde salen las exportaciones argentinas. Contiendas en las que se definen las tecnologías del futuro y los recursos estratégicos, y que ponen en evidencia la condición cada vez más subordinada de nuestro país.

(Este informe fue elaborado por Bárbara Burton, Rafael Farace y Mario Santucho, con el apoyo del Instituto Tricontinental).

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