diez políticxs argentinxs se autocritican | Revista Crisis
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diez políticxs argentinxs se autocritican
Ilustraciones: Panchopepe, Ilustraciones: Frank Vega
15 de Diciembre de 2021
crisis #50

Ilustración de Panchopepe

 

En mayo de 1986 la revista crisis entrevistó a veinte dirigentes políticos de distintas procedencias partidarias, y a todos les propuso la misma consigna: una autocrítica sincera sobre sus responsabilidades individuales y la de sus partidos en la fallida resurrección de la democracia argentina. Habían transcurrido veintinueve meses desde la victoria de Alfonsín, luego de siete años de dictadura militar, y la política parecía no poder desatar las ataduras que el “proceso de reorganización nacional” nos legara. El entusiasmo inicial de la ciudadanía se disipaba, alimentando una bronca que surgía de la frustración. Leídas hoy, aquellas intervenciones tienen algo anticipatorio.

Treinta y cinco años después, el mundo y el país cambiaron de manera sustancial y el deterioro se profundizó. Durante el siglo XXI la globalización neoliberal de los procesos productivos, financieros y comunicacionales no hizo más que intensificarse, sin que haya surgido una institucionalidad a la altura de semejante mutación. En nuestro país, el sistema político que se configuró en respuesta a la insurrección popular de 2001 muestra signos de agotamiento, el descontento contra el sistema político se torna mayoritario y el destino de la democracia vuelve a estar en entredicho.

Por eso nos propusimos replicar aquel reportaje coral, en torno a una consigna casi idéntica: ¿Qué autocrítica te harías como políticx? ¿Y qué responsabilidad tiene tu partido en la crisis que vivimos? Invitamos a cuarenta representantes de diferentes filiaciones, solo accedieron a participar diez. La autorreflexión crítica no parece ser un ejercicio habitual en la política contemporánea. Veamos qué nos dicen quienes sí se animaron a responder.

Ilustración de Frank Vega

 

“querer tener razón nos hizo perder perspectiva”

Chino Navarro | Movimiento Evita - Frente de Todos

Crecí con la proscripción del peronismo y fui adolescente cuando Perón volvió al país. Llegué a la política cuando se empezaban a ir los milicos. Me afilié al Partido Intransigente, de Oscar Alende, antes de las elecciones. En esos años depositábamos la responsabilidad de la crisis en los poderes internacionales. Simplificábamos, entre el imperialismo y la oligarquía nativa, las culpas históricas. Fui de los últimos hijos de un Estado de Bienestar que nos hacía vivir una vocación de querer transformar una realidad que tenía 5% de pobres y pleno empleo. Cuando llegó Alfonsín recuperamos la democracia, pero apareció la deuda externa.

Siempre creí, hasta hace poco, que la mayor responsabilidad era de los grupos económicos y de los poderes internacionales, pero hoy agrego otra responsabilidad: la política. Así también estalló el 2001. Porque quienes tenemos los elementos del Estado para modificar la realidad somos los que resolvemos la vida cotidiana sin negar que, a veces, en términos formales, el poder de la política es menor que el de los grupos fácticos. Entonces, ¿por qué la responsabilidad mayor es de la política? Porque tenemos posibilidades que los grupos fácticos no tienen, pero no las usamos. Creemos que convivir y dialogar nos permite tener sistemas estables. Y son estables en lo formal.

A veces siento bronca, porque fui secretario de un bloque de concejales en el 83, y de ahí a hoy veo situaciones de inequidad irresueltas y agravadas. Mi periplo del PI al peronismo, atravesando los 90, fue aciago. Luego me sumé al kirchnerismo, me reenamoré de la política y con Emilio Pérsico formamos el Movimiento Evita; una fuerza político-social que debía dar la discusión en el palacio pero siempre con un pie en las luchas populares.

Desde el 2003 a hoy hicimos todo lo posible para revertir las crisis. Sería una terquedad no reconocernos errores. No siempre estuvimos a la altura de las circunstancias: el ego, la pelea ociosa… querer tener razón nos hizo perder perspectiva de lo que le pasa al pueblo. Con la misma energía que pusimos en la Ley de Medios y la Reforma Judicial, deberíamos haber enfrentado la inflación y la pobreza o ponernos al frente de una política integral de seguridad.

Hoy estamos en una encrucijada: hemos sido derrotados en las urnas. Pero si nos dedicamos a gestionar, a resolver más que a discutir, podemos revertirla en el 2023, enfrentando la pobreza, haciéndonos cargo de la inflación y de la inseguridad. Esto implica acuerdos, pero con las cosas arriba de la mesa. Con objetivos claros. No puede haberlos si no hay medidas contundentes. Se nos agota el tiempo. La aparición de personajes como Milei y Espert o el crecimiento de una izquierda, que uno valora en sus principios y sus luchas pero que tiene principios obsoletos, son posibles porque la política del movimiento nacional no da respuesta.

Pero creer que solo la política va a resolver la crisis es un grave error; se requiere de más participación ciudadana, más organización popular. Y la política debe generar el escenario. O la resolvemos o nos lleva puestos de nuevo.

 

“no supimos resistir generacionalmente en el centro”

Emilio Monzó | Juntos por el Cambio

Sin dudarlo, todos tenemos alguna responsabilidad del país que estamos viviendo, y en mi caso aún más, por los lugares que he ocupado. En el inicio de la democracia no pasaba de 10% la pobreza y hoy en 2021 estamos en un 40% de pobres en Argentina. Algo hicimos, no mal, sino muy mal, para que esto ocurra.

Creo que nuestra generación política, teniendo ya 50 años promedio, no ha podido coordinar objetivos y gobernar el país en el mejor momento biológico, psíquico y físico para asumir esa responsabilidad. Mi generación es la primera que parió la democracia y no termina de llegar a gobernar la Argentina. Y el 2001 pudo haber sido la falla para que no se haya producido esa transición. El 2001 nos atrasó. La crisis nos hizo por primera vez ir para atrás a buscar la solución. La búsqueda de Duhalde conceptual e ideológicamente era para atrás. La de Néstor Kirchner por parte de Duhalde, también. Kirchner no tenía nada que perder. Pensó en crear una alternativa superadora al peronismo, hasta que chocó con la crisis de la 125. Y ahí volvimos a los antagonismos, a la polarización.

Hasta 2008 a Cristina se la mostraba como una variante de mayor respeto institucional. Como algo más transversal. La cuidaron hasta que chocamos con la 125 y se terminó. No supimos resistir generacionalmente en el centro, salvo una excepción que fue Massa en 2013, sin ese activo muy importante que es la popularidad y que fue suplido por dos actores políticos que tenían origen fuera de la militancia: Scioli y Macri. Dos famosos que ocuparon la vacante que nuestra generación no ocupa. Ahí es donde pongo la autocrítica. Cómo, con todas estas vacancias, no las pudimos ocupar.

De ahí pasamos a un Macri presidente que a mi criterio hubiera sido un muy buen mandatario si lograba la transición generacional. Cristina no logra insertar a La Cámpora como un cambio generacional, sino como soldados de un testimonio político y así estamos hasta la fecha. Creo que esta elección de 2023 es la última oportunidad que tiene mi generación de gobernar Argentina.

Fuimos parte de un proceso de desintegración de los partidos políticos. Hoy todos somos compartimentos estancos, con ideas e intereses particulares. Todos los dirigentes militan más los medios de comunicación que el partido político para poder ser candidatos. La ausencia de partidos hizo que no nos encontremos: el desencuentro es el común denominador.

Si me hago una autocrítica personal en cuanto a los cuatro años que fui presidente en la Cámara de Diputados, es que no tuve el suficiente temple para convencer de ciertos caminos. En algún momento me radicalicé en mis posiciones también. Cuando reivindiqué la rosca, yo puse la palabra intencionalmente: lo que puse en valor es la intermediación, el otro como persona. Es increíble que no nos pongamos de acuerdo para transformar el país; ahí está mi autocrítica.

 

“con la democracia capitalista no se come, no se cura ni se educa”

Luis Zamora | Autodeterminación y Libertad

Me resulta rico analizar estos veinte años porque formamos AyL unos meses antes del 2001, con la idea de empujar procesos de autoorganización y de autodirección. Hacíamos propaganda de la autodirección, no peleábamos por ella. No construimos una organización para ayudar a aglutinar luchadores y luchadoras para enfrentar a quienes se oponían a eso. Hacíamos propaganda. Y defendíamos, sí, de forma militante, a las asambleas contra quienes venían a dirigirlas, pero no agrupamos luchadoras y luchadores para discutir “mañana va a haber una asamblea, va a venir gente de Duhalde, van a infiltrar con la SIDE, va a venir gente de Ibarra a dividir”. Ese fue un proceso enorme. Era lo que después entendimos y lo que venimos haciendo ahora. No agrupábamos luchadoras y luchadores para enfrentar a las direcciones. Fue un gran agujero en un momento de ebullición como fue ese ascenso extraordinario, donde se cumplieron tareas históricas como sacar a un gobierno, no dictatorial, sino elegido electoralmente y con dos años de mandato todavía. Se lo sacó, un hecho democrático sin antecedentes del pueblo argentino.

Ese proceso después empieza a bajar. Hubiera quedado una organización que defiende ese proceso, si la construíamos. Y nosotros no lo hicimos. Cuántos luchadores y luchadoras hubieran quedado en los años siguientes si hubiéramos agrupado, además de cumplir un rol más importante en el propio proceso.

Con la democracia capitalista no se come, no se cura ni se educa. En el 2001 se avanzó: “¡váyanse!”. Todos. Y se le agregaba “que este pueblo puede solo”.

Eso se terminó con las mejoras económicas de 2002: con la suspensión de pagos de deuda, la baja de salarios y el aumento de los precios de las exportaciones. Superávits gemelos, cosa inédita en la Argentina, nadie busca dólares para comprar… cosa de 2, 3 años…

¿Se terminó el 2001? Para nosotros, no. En tanto cuestionamiento a la democracia capitalista, eso entró en un intervalo. No es que las instituciones de la democracia capitalista se fortalecieron, ganaron respeto ante la población como en el 83, que despertaba entusiasmo, expectativa. No volvió nada. Al revés, en algunos aspectos se agudizó el desprestigio. Cada vez se plantea con más fuerza el proceso de autoconvocados. La rebelión global de las mujeres, el único que es global, surge de abajo. No surge convocado por dirigentes. Nadie sabe quién convocó. Hay un grupito que lo puso, pero la mayoría se movilizó sin saber ni quiénes son. Eso es muy potente porque da la posibilidad de la autodirección. Eso abre la posibilidad de derrotar al capitalismo, por lo menos de probar lo que no se ha probado.

En relación a las recientes elecciones la mayoría del pueblo no está buscando un programa y herramientas como las que proponemos nosotros. No está en ese momento como estaba en el 2001. Por eso los momentos son los momentos, la autocrítica tiene que ver con eso. ¿Va a haber situaciones parecidas? Veremos. En noviembre se votó todavía con un proceso de expectativas hacia los de arriba. Si no es este es el otro, hay que castigar a este, un voto útil.

 

“la reactivación no llegó a todos los sectores por igual”

Cecilia Moreau | Frente Renovador - Frente de Todos

El Frente de Todos es la coalición que gobierna Argentina desde el 10 de diciembre de 2019 y por lo tanto es, sin lugar a dudas, quien tiene la mayor responsabilidad sobre lo que ocurre en el país actualmente. Eso no quita que para poder interpretar la realidad y hacer un diagnóstico adecuado del presente haya que tener en cuenta los factores que emergieron en el pasado, durante la anterior gestión de gobierno. Factores que al día de hoy siguen interviniendo y condicionando nuestras posibilidades de desarrollo. Hablo particularmente de la política de endeudamiento desproporcionado y totalmente irresponsable, pero se puede hacer extensivo a otras decisiones que atravesaron áreas muy sensibles para la sociedad como la salud y la educación pública, la actividad industrial y productiva, el empleo y el salario.

Cuando el Frente de Todos asumió lo hizo con la convicción de implementar un modelo programático de transformación que revirtiera la situación de precariedad en la que se encontraba el país, pero al poco tiempo la pandemia llegó para poner todo patas arriba. La propagación del virus obligó a encauzar las prioridades hacia lo más elemental: sostener la vida y la salud de la gente, mientras se llevaban adelante medidas que contuviesen la actividad económica.

Así como hubo aciertos en este tiempo también hubo errores, y seguramente fueron varios. Es sano poder identificarlos y asumirlos porque ese es el primer paso para poder cambiar el rumbo y corregir lo que se hizo mal.

No tengo dudas de que se debería haber retomado y profundizado mucho antes el mandato electoral del 2019. Dijimos que nuestro espacio político llegaba al poder para empezar por los últimos e ir avanzando en mejorar las condiciones de vida de todos los argentinos y argentinas, pero estuvo claro que la reactivación para enfrentar la crisis no llegó a todos los sectores por igual. Una gran cantidad de argentinos continuaron pasándola mal y por eso la gente nos lo hizo saber en las últimas PASO.

Frente a esa situación supimos escuchar y hacer pie en tres pilares que creo son fundamentales para una gestión de gobierno como la del Frente de Todos. Por un lado, la humildad necesaria hacia dentro del espacio para reflexionar, aceptar y comenzar a revertir lo que se hizo mal; por el otro, la sensibilidad y la cercanía para percibir como propio el malestar y la realidad diaria de las mayorías populares; y, por último, el mantener siempre el deseo de transformación a flor de piel.

 

“es dura la autocrítica que me hago, por haber ido despacio al principio de nuestro gobierno”

Federico Pinedo | PRO | Juntos por el Cambio

Veinte años después la situación no ha mejorado, y nos hemos comido muchas reservas que teníamos y que nos permitían afrontar la crisis. Entonces, ¿cuál es la autocrítica que tenemos que hacernos? Primero, como dirigentes políticos argentinos, es este tema de gastar más de lo que tenemos, de manera sistemática y sin preocuparnos de los efectos que eso tiene: hipotecar el futuro para tener algún tipo de beneficio en el presente. El problema que tenemos los argentinos es que el futuro llega. Y ahora estamos en el futuro de aquellos años y la situación es mucho peor.

La autocrítica que yo me hago, fundamentalmente, está vinculada a no haber sido mucho más categórico en el cuestionamiento y en la docencia respecto de lo que significa un aumento disparatado del gasto del Estado, imposible de solventar con los recursos productivos de los argentinos, y no habernos opuesto con más claridad y más fuerza a los sistemáticos déficits fiscales que llegaban a niveles inconcebibles, como el año 2015.

La otra autocrítica que me hago es que después de 2015 mi partido fue gobierno y yo tuve un rol importante en él como presidente provisional del Senado. Y creo que nosotros fallamos en no haber atacado el problema de entrada y de fondo. Creo que el presidente Macri lo atacó al final de su mandato, dejó un déficit de 0.3% cuando lo había tomado no se sabe bien cuánto porque había mucha deuda oculta pero más o menos 6%. Y no hicimos lo necesario para terminar con la inflación y para adecuar los gastos de la Argentina a su capacidad de pago. Entonces como no teníamos recursos acudimos al endeudamiento y eso obviamente genera problemas que tenemos que afrontar en el presente y en el futuro inmediato.

Así que es dura la autocrítica que me hago porque participé de esas decisiones de ir despacio al principio de nuestro gobierno en la asunción de los problemas, en afrontarlos, y eso significó que no pudimos resolverlos en nuestra gestión de gobierno. Esa es una crítica severa que me hago a mí por la participación que me correspondió y a nuestro gobierno. Y no es simplemente una crítica sino se trata de decir que hay que hacer lo contrario: hay que afrontar los problemas de fondo rápidamente desde el primer minuto de gobierno. Yo creo que la estabilización es muy expansiva, no es a largo plazo ni depende del mercado como si fuera una cosa aleatoria o esotérica. Argentina tiene objetivamente una capacidad productiva que no está usando, así que me parece que la reactivación con una estabilización sería inmediata.

Nosotros teníamos 15 senadores sobre 72. Durante dos años. Y la oposición tenía 42 senadores en un bloque. Está claro que había una enorme debilidad política. Está claro que la situación del presidente Macri era muy compleja. Pero así y todo me parece que nos tocó gobernar y tendríamos que haber dado esa pelea. Entiendo que era muy difícil, pero me parece que como país y nosotros como gobernantes del país en ese momento tendríamos que haber dado la discusión.

 

“no pudimos consolidar una expresión política progresista nacional”

Mónica Fein | Partido Socialista

En momentos como los actuales se hace necesario un replanteo de los distintos sectores que actúan en la realidad para transformar el deterioro socioeconómico que atraviesa nuestro país desde hace décadas, generando un correlato en la insatisfacción de gran parte de la ciudadanía con la representación política. Es por este motivo, que se debe contemplar las diferentes responsabilidades de acuerdo al grado de injerencia en la realidad política para determinar el tipo de autocrítica de cada sector político. En lo que respecta al Partido Socialista que hemos gobernado la Provincia de Santa Fe, creo que hemos aportado a la calidad institucional, a las políticas de educación, salud y justicia como a la descentralización del Estado. En el tema que entendemos se ha planteado como un desafío donde los logros no han sido suficientes, más allá de los avances realizados, es en el tema de la seguridad pública. El hecho de no tener ningún funcionario denunciado en ninguna causa judicial abona el concepto de ejemplaridad que debe dar la política.

En el nivel nacional, más allá de nuestros intentos, creemos que no hemos logrado consolidar una expresión política progresista con fuerza nacional para lograr incidir en las políticas públicas nacionales. En la política es complejo encontrar las coincidencias básicas. Considero que deberíamos haber hecho mayores esfuerzos para construir un programa de gobierno. El socialismo cree necesario fortalecer las expresiones progresistas para aportar a una menor confrontación, mayores consensos en una política de inclusión social y de igualdad de oportunidades.

 

“un poco nos confiamos, dejamos algunas banderas”

José Luis Gioja | Partido Jusiticialista - Frente de Todos

De 2003 a 2015 fue la mejor época de hacer política en mi tarea, en mi militancia. Yo hago política para realizarme como persona, porque creo que es la actividad que tiene que dar solución a los problemas de nuestro pueblo. Y en mi tarea durante doce años como gobernador yo he sentido que lo que soñaba como militante lo he podido hacer con el Flaco (Kirchner) como presidente, primero, y con Cristina después. Porque he ido a militar a villas precarias y después tuve la satisfacción de participar de la erradicación de esas villas y que las familias fueran a una casa digna, con agua, luz y gas. Obviamente que esa tarea te cierra un poco. Me parece que un poco nos confiamos, dejamos algunas banderas. Los sillones empiezan a gustarte, los teléfonos empiezan a gustarte, la secretaria, el aire acondicionado… y creo que nuestro peronismo nunca tiene que dejar la calle. Cuando digo la calle, digo la calle para poner la oreja, para poder transmitir seguridades y esperanzas, porque siempre se generaban. Y la calle para apretar cuando había alguien que se hacía el loco, porque también es un elemento para conducir, que sirve para mostrar fuerza. Y la calle siempre ha sido nuestra, no la podemos perder nunca. Me parece que hay que tratar de dejar de lado las cosas que tienen que ver con la politiquería y hacer política. Porque no puede ser que los liberales, con esto de que la política es mala, que la política es para los que chorean, que la política es para los que no quieren trabajar, promuevan antidemocracia, golpismo, gobiernos autoritarios, que los hemos sufrido y mucho en Argentina.

Entonces me parece que hay que volver a las fuentes, esto de volver a Perón no tiene que ser una cosa fría, tiene que significar volver a tomar compromiso, recuperar épica, el peronismo siempre ha tenido épica porque iba tras causas bien complicadas. Y había que tener épica para hacerlas.

Me parece que la crítica es haber perdido un poco eso, haber dejado que la politiquería nos gane. Y el habernos sentido medios cómodos y no ver que el enemigo trabaja. Y que el liberalismo, esta cosa nefasta para los pueblos, que tiene que ver con lo exquisito, con los ricos, con los rubios y que a los demás los desprotege. Porque eso es en definitiva el liberalismo. No es lo nuestro.

Perdimos esa batalla y la estamos sufriendo como la gran puta. Medio nos quedamos, el Flaco se fue, nos metimos en la pelea chica, de mirarnos de reojo entre nosotros, tirar para atrás… hay que mirar para adelante. El enemigo real está en frente: hay tipos que quieren defender privilegios. Lo que nos pasó con Vicentin, no lo supimos explicar bien. Tenemos que bajar un cambio en las actitudes entre compañeros y mirar más para adelante.

La otra cosa que es necesaria y es el abc de nuestra política: conducción centralizada, ejecución descentralizada. Si vos no generás confianza, los de acá hacen lo que se les cruza. No es así. Con los liberales puede ser, pero con nosotros, no.

 

“fuimos demasiado condescendientes con el gobierno de la Alianza”

Margarita Stolbizer | GEN - Juntos por el Cambio

En el año 2001 yo integraba el partido Unión Cívica Radical y también el bloque de Diputados Nacionales del Radicalismo. Yo había trabajado mucho en la conformación de lo que fue la Alianza y por lo tanto también en lo que derivó en su triunfo, primero en el año 97, cuando yo ingresé por primera vez en la Cámara de Diputados, y, con posterioridad, en la elección del 99, en la que gana De la Rúa como presidente de la Nación. Lo hice convencida de que era la mejor alternativa para la Argentina y con la convicción y la expectativa que pusieron miles de argentinos. No hay que olvidarse de la cantidad de gente que había votado por ese gobierno. Esa fue la razón por la cual, quienes integrábamos el bloque en ese momento, tal vez fuimos demasiado condescendientes en el apoyo a un gobierno que, a nuestro juicio, merecía ser apoyado, sobre todo porque había tenido un gran respaldo popular para llegar.

Entonces creíamos que teníamos que darle al gobierno las herramientas necesarias para salir de una situación muy crítica como la que veníamos después de lo que había sido la década del noventa y las políticas neoliberales. Había que salir de ahí y por eso nos pareció que era necesario trabajar en esa alternativa primero y apoyar después. Tal vez ahí radiquen algunas de las autocríticas que puedo hacerme, y es que fuimos demasiado lejos en el apoyo al gobierno no habiendo podido poner o no habiendo querido poner los frenos que se deberían haber puesto antes de llegar a la crisis del 2001.

Nosotros veíamos que el gobierno perdía capacidad de reacción frente a situaciones que ameritaban una respuesta. Parecía que cada vez la situación se hundía mucho más. El día que De la Rúa decretó el estado de sitio sufrimos la frustración más grande de la vida democrática. Fue muy grande cómo se dilapidó el capital político de la Alianza como depositaria de la confianza de la gente. No supimos parar a tiempo esa caída.

De la misma manera, creo al haber formado parte del Congreso, que cuando se dio la salida a la crisis se demostró que la democracia tiene ese mecanismo de defensa con herramientas para dar una salida institucional.

En aquel momento ya se veía una crisis importante de los partidos políticos tradicionales. Yo entré un tiempo después. En el 2003 fui candidata a gobernadora, después integré el Comité Nacional. Yo iba manteniendo diferencias y eso es lo que deriva después en el apartamiento que junto con otros muchos radicales hicimos de ese partido al que habíamos pertenecido, algunos por más de treinta años. Y fundamos el partido Generación para un Encuentro Nacional (GEN), que yo presido.

La autocrítica creo que siempre es necesaria. Imprescindible. ¿Cómo se puede corregir si uno no reconoce esas cosas? Y en política es muy importante porque nuestras decisiones tienen una incidencia enorme en la vida de los demás. Se trata de pensarla no como ejercicio individual sino colectivo de todos los que ocupamos responsabilidad política en aquel momento.

“no logramos construir un partido moderno”

José Vitar | Frente Grande

Yo pertenecí a la militancia JP de los años setenta, que aceptó y se encuadró en lo que fue la tendencia, y a Montoneros, en particular. Debo empezar desde ahí porque si un error cometió Montoneros fue no entender la naturaleza de la conducción de Perón y disputársela.

Cuando empezó la democracia y el peronismo perdió la elección con Alfonsín, intentamos armar lo que fue la renovación peronista, que tuvo dos visiones: la socialdemócrata-cristiana de Cafiero y el populismo de Menem, que no se sabía de qué trataba y después nos desayunamos.

Con el Frente Grande se demostró correcta la política de centroizquierda con banderas del peronismo que convocaban a otros sectores sociales. Por eso se ganó la constituyente del 94. Se armó el Frepaso de apuro en el 95 y esa elección se perdió con Menem. La figura de Chacho creció mucho, vino la posterior presión para aliarnos con los radicales. Intentamos una vía intermedia. Y el error no fue solo haber hecho la Alianza, sino que eso desnudó las limitaciones del Frepaso, que no había podido elaborar una política económica superadora de la convertibilidad. No teníamos política. Fuimos sin un programa ni una cultura clara de frente, no fuimos capaces de negociar espacios de poder. Terminamos en manos de la locura de Meijide y en una interna nos hicieron recagar, así que no podíamos negociar nada. Y ahí la otra decisión equivocada: que Chacho fuera vice, en vez de mantenerse fuera del dispositivo. Hicimos todo mal y eso terminó en la renuncia y la disolución del Frepaso.

Así como nosotros no logramos un modelo de construcción de partido moderno, progresista, superador del modelo clientelar de los viejos partidos, que no cayera en la rémora de los de izquierda, con cuadros y sin votos, tampoco el kirchnerismo pudo encontrar la fórmula de construcción propia, tuvo una relación oscilante con el PJ, que empezó con la transversalidad y terminó con Kirchner presidente del Partido. Faltó una concepción de construcción de la fuerza política propia más elaborada y, por otro lado, también tuvo la debilidad de no encontrar un modelo alternativo y superador del neoliberalismo que fuera viable.

Desde la caída del socialismo, hay un fuerte déficit de paradigmas alternativos de desarrollo económico y social. El gran desafío que tiene la izquierda democrática es encontrar un modelo de crecimiento distinto y eso no es fácil. En base a lo que fue la experiencia del socialismo y de los nacionalismos populares, reelaborar una visión económica, social y política en base a la cual construir un proyecto de poder. Esta es la gran autocrítica, no haber sabido encontrar ese camino. Pero bueno, uno es muy chiquitito para echarse la culpa de todo eso. Digo que es una carencia del progresismo, de la izquierda y los sectores populares en todos los países del continente.

 

“la autocrítica no son dos pavadas, me equivoqué en esto o en lo otro”

Jorge Altamira | Política Obrera

La democracia no pasa de ser una forma de gobierno, hay que ver de qué régimen social se hace cargo. Alfonsín debuta con el reconocimiento de la deuda externa que hereda de la dictadura militar, y Cavallo luego convirtió la deuda privada en pública. Con todas estas ataduras políticas, la democracia lo que reclama es la defensa de un orden social, no reclama la defensa de un orden democrático. Más de una vez ocurrió que el orden democrático encuentra sustento solo después de que fueron aniquiladas todas las aspiraciones democráticas de un pueblo. En una palabra, como decía Franco, lo que llamamos democracia es un paquete bien atado, que no puede ser modificado sobre la base del ejercicio de la democracia.

El otro punto de vista: la democracia es la forma política de la dominación capitalista. La Constitución establece reglas muy claras cuando consagra la soberanía absoluta de la propiedad privada y toda una serie de derechos que están por encima de la soberanía popular. La crítica a la democracia, desde el punto de vista democrático y social, la inhabilita como salida a los grandes conflictos sociales y a un régimen social capitalista que se encuentra en decadencia.

Por otro lado, el concepto de autocrítica tiene un desarrollo amplio. No es dos pavadas, me equivoqué en esto o en lo otro. Es entender el período, las fuerzas que están actuando. Hay que ver la densidad del análisis que hay detrás de una posición crítica. No sabemos en absoluto si hubiéramos actuado de otro modo qué hubiera pasado. Si hubiéramos cometido errores habrían sido relativos porque no hubiéramos podido torcer el rumbo general.

La pregunta es si te imaginás el crecimiento de un partido revolucionario en línea recta. El desarrollo en línea recta no existe. Todo el mundo pone el ojo en la crisis de la izquierda, pero las crisis del PRO, de los radicales, de los peronistas, son más repetidas y a veces más escandalosas, aunque no sean más profundas. Los partidos tienen que palpitar la realidad convulsiva que se vive. Cuando sos una fuerza viva tenés que advertir esas crisis.

El Partido Obrero ha sufrido una crisis, una expulsión masiva de militantes. Es un tema complejo porque no es de incidencia solo al interior del partido. El aparato expulsó a 1200 militantes que reclamaban un derecho estatutario: la tendencia interna. Lo hicieron sin derecho a la defensa y en forma sumaria. Eso no tiene vuelta. Se ha desarrollado una capa social interesada en mantener el monopolio de ese partido y que es enemiga de cualquier debate clarificador. Nadie llega a esa instancia por un tropezón. Un atropello que daña la cultura política de la izquierda revolucionaria acerca de la democracia y la polémica.

Hemos salido con una corriente política militante importante. La continuidad histórica del Partido Obrero la hemos asegurado por medio de esta batalla. Otras corrientes se llevaron a todo el partido y se los tragó la historia. Por lo tanto, hemos dado una batalla y ha traído un caudal de militantes que en este mismo momento está creciendo.

 

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