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¿tan fácil es ser mala?
Hace exactamente diez años apareció en YouTube el primer video de “la loca de mierda”. A lo largo de la década, Malena llegó al estrellato gracias a una alquimia explosiva entre los dos lenguajes más disruptivos de la época: el sarcasmo y el feminismo. Pero si hay algo a lo que teme no es al patriarcado, sino a la vejez. Una conversación sin pretensiones con la reina del tuit.
Fotografía: Vera Rosemberg
29 de Agosto de 2018
crisis #34

Antes de entrevistarla había imaginado un posible comienzo de nota: “No es solo una cara bonita, es también una petisa maldita”. Malísimo. Pero, además, el personaje es más complejo. Hay una especie de melancólica disconformidad en su ir al choque. Como que no se la cree. Se me ocurre, no sé por qué, que de haber vivido en el siglo veinte Malena cantaría tangos.

Empezamos a grabar y Pichot hace malabares para que el mozo colombiano la atienda. Está con hambre, no la pescan, pone caras. Desde la caja, la dueña del bar percibe el brete y acude presurosa en auxilio de su reputada clienta.

El otro “hallazgo” que yo había preparado como disparador para el reportaje también resulta un fracaso. Y es que Pichot se resiste a pensar que su carrera como comediante está cumpliendo una década. Cuando le pregunto si es consciente del aniversario redondo pone cara de pánico: “¿diez años de qué?”. Le explico que, según YouTube, el primer video de La loca de mierda fue subido a Internet el sábado 30 de agosto de 2008. “¿No lo tenés registrado?”, pregunto. “No, obvio que no. Sí sé que la primera vez que hice stand up real, con público y en un teatro, fue el día que murió Fernando Peña”. Eso sucedió en junio de 2009. Mejor cambiar de tema.

 

¿Te pensás como una voz que expresa a una generación?

−Yo simplemente pienso que sé hablar inglés, entonces veía muchas cosas yanquis; ellos en el entretenimiento son grosos y hacen humor con el feminismo hace mucho tiempo. Creo que tuve esa suerte. No me siento una gran visionaria.

¿Pero vos eras feminista ya en tus comienzos o deviniste feminista?

−Creo que siempre fui feminista sin saber que era esa la palabra. Lo que sí tenía era una gran militancia de la amistad entre mujeres. Era la que más trabajaba que “somos un equipo chicas, ¡vamos!”. Nos íbamos de viaje a todos lados, teníamos un tatuaje en común. Y siempre estuve fascinada con la doble moral del mundo, porque el grupo de chicas no era como el grupo de chicos... viste.

¿El stand up que te gustaba era hecho por mujeres?

−No, mis ídolos eran todos chabones. Pero lo que consumía y leía sí tenía esas observaciones de género, eran parodias y críticas a los clichés y estereotipos. Obviamente, me doy cuenta de que hay una nueva ola feminista, que las chicas de 16 dicen hoy cosas que yo a esa edad no decía, y tuve la suerte de hablar de eso un poquito antes que las demás. Pero no fue tanto desde la militancia, sino que dije “che, nadie en la comedia está hablando de esto, no puedo creer que hay algo que nadie está diciendo”.

Malena ocultó durante mucho tiempo qué humoristas influyeron en sus guiones, porque son todos yanquis. Pero “ahora que las mujeres no nos callamos más”, bromea siempre bromea, revela que Sarah Silverman le gustaba de chica. A Jerry Seinfeld y Woody Allen los escuchaba gracias a que su mamá viajaba a Nueva York y le traía cds. Recitaba de memoria, en inglés, los soliloquios de Seinfeld. Pero ya casi no consume varones heterosexuales (“tienen que ser muy buenos; me queda Dave Chapelle”), ahora prefiere a las minas: María Bamford, Amy Schumer.

En tus shows empieza a escucharse un tema recurrente: la madurez. De repente empezás a hablarle a “las pibas” como una señora.

−Y sí, estoy grande, tengo 36. Es triste. Siempre viví mal envejecer.

¿Y cómo se conjuga eso con tu irreverencia?

−El problema es que yo nunca me sentí irreverente, lo que pasa es que hablo como un chabón pero como soy mina me consideran una maleducada. Yo soy re careta, casi no fumo, no me drogo directamente porque todo me pega mal, escucho tango y jazz, nada que ver con una cosa más punk. Solo contesto mal a veces y eso ya es un escándalo.

Pero tu discurso apunta a cuestionar consensos.

−Soy peleadora. Pero mi problema con la vejez no es que ahora, porque estoy madurando, me tengo que volver sensata. Le tengo miedo a la muerte: miedo a morir.

Para eso te falta mucho, ¿no será miedo a cierto patetismo de seguir jugando a lo contestatario?

−Lo que pasa es que yo no siento que haya roto nada. Además, siempre tuve ídolos que son grandes, viejos que me dan gracia. Lo que es peligroso es dejar de ser graciosa... como Alfredo Casero. Para no volverte patética tenés que dejar de repetir la misma fórmula siempre. Yo hice La loca de mierda dos años, después dije “hasta cuándo, qué vergüenza”.

espejito, espejito, dime quién es más gil

Malena ni siquiera deja de bardear cuando anuncia tempestades. Le pregunto si no teme que la multiplicación de denuncias por acoso habilite una deriva punitivista. Le refiero específicamente la propagación de la ola me too en los colegios secundarios. Me responde muy fraternalmente, casi con despreocupación: “No che, porque estamos en una guerra en este momento. Hay gente que va a perder injustamente y la va a pasar muy mal, para que después se acomode. Esos chaboncitos van a servir como ejemplo para todos los demás, que entonces se van a tener que portar bien para que no les pase lo mismo. Así va a suceder. Lo siento mucho por esos chaboncitos pero a nosotras nos violaron demasiado tiempo así que alguno va a tener que caer. Y yo no creo que tengan que ir presos, creo en los escraches sociales. También creo que registrar a la otra persona no puede ser taaaan difícil. No puede ser tan difícil darte cuenta si la piba quiere coger o no”.

El tono no es de amenaza, sin embargo la advertencia funciona. Ella admite que hay mujeres que pueden mentir (“son humanas”), pero aún así su decisión política es bancarlas. No comparte las denuncias anónimas, no las replica, pero las entiende. Algunos ejemplos que utiliza pueden ser sutiles. “Toda esta movida contra los rockeros, ponele: en un camarín hay cuatro minas regatos que la están pasando rebien, se quieren coger a todos, y hay dos minitas que están ahí confundidas porque cayeron en una volteada que no querían. ¡Eso es refácil de solucionar! ‘Che, mirá estas dos. ¿Qué les pasa? ¿Cuantos años tienen? No da, sacalas de acá’. O sea, no puede ser tan difícil. Como no entienden, los machos van a tener que sufrir un poco el miedo ahora”.

 

Tarde baby, tu última serie, sucede después de un fin del mundo que fue provocado por el feminismo. ¿Eso quiere decir que no hay final feliz?

−Lo que hicimos fue agarrarnos del miedo que tienen nuestros enemigos, los que temen que si triunfa el feminismo se acaba el mundo y si se legaliza el aborto van a ir corriendo todas las minas a abortar. Siempre es muy efectivo mostrarle a los giles un espejo.

El otro día en tu show dijiste que hay que hacer la revolución. ¿Vos pensás que es posible?

−Ah, eso fue un chiste. Para que triunfe el feminismo hay que derribar al capitalismo y eso es imposible. Pero esa idea de la revolución siempre es entretenida. Me acuerdo que la Facultad era una puesta en escena impresionante. Parecía que estaba a la vuelta de la esquina: “mañana sale, ¿eh?”. Lo de la media sanción fue muy emocionante igual.

La loca de mierda era un personaje frágil, después te volviste más dura, casi una patotera.

−En realidad me daba vergüenza lo que me estaba pasando y lo convertí en chiste. Es básicamente lo que hago siempre. Digamos que el humor es una forma de recuperar la dignidad.

En ese sentido, ¿el feminismo no es un poco lo contrario?

−¿Por qué?

Porque parte de una fortaleza y en cierto modo es solemne.

−¿Quién te dijo?

Ja, no me apurés: es lo que percibo.

−Quizás ese sea mi lugar en el feminismo. Tengo un montón de amigas que sufren cuando hay pelea. Son estilos. Señorita Bimbo es más sindicalista y agitadora. Mengolini habla mucho más en serio. Yo no voy a charlas, trato de escaparme de esos lugares solemnes. No me banco hablar tanto tiempo en serio y hago un chiste. Nos complementamos. Hay muchas de nosotras cumpliendo distintos roles. En realidad yo soy muy sensible, pero me gusta pelear. Y hay algo que es cierto: cuando te hacés feminista podés serlo en silencio, en tu vida, y está bien; pero si empezás a expresarlo te vas a pelear todo el tiempo, no se puede evitar. A mí me gusta molestar a los giles. Ahora está más aceptado, hace muy pocos años era otro tema, nosotros poníamos en la gacetilla “stand up feminista” y era piantavotos, te insultaban. Y lo tuvimos que sacar porque todas empezaron a ponerlo para vender entradas. Ahora no molesta tanto decir que sos feminista.

levántate y habla

La crisis del 2001 la encontró cursando el CBC para entrar a la carrera de Letras en la facultad de Filosofía. Pero aquel punto de inflexión para la sociedad argentina no fue una marca especial en su biografía. Malena venía de un colegio privado y de una familia sin apremios económicos. “En mi adolescencia no pensé en política nunca jamás, era muy despolitizada, típica chica progre de los noventa”. Tampoco se sintió kirchnerista porque le molestaba que Cristina fuera católica y estuviera en contra del aborto. “Hablaba muy mal de las feministas y eso me alejaba por completo”. Sí se sintió conmovida por las políticas de derechos humanos. Por entonces vivía muy cerca de la ESMA. Cuando salía a correr pasaba siempre por ahí y los milicos a veces le decían cosas. “Yo no puedo creer que esto exista todavía”, pensaba.

 

¿Vos tenés laburo estable?

−Sí, en la radio (Futurock) y en el teatro (Santos 4040).

Me refería a si tenés algo más formal, un contrato o algo así.

−Ah, no. Una vez laburé en relación de dependencia en una editorial. Yo corregía textos. Éramos tres que trabajábamos en una oficina.

¿Y no te interesa tener un laburo más estable?

−¿A quién le interesa? Igual siento que tengo un laburo estable, voy todos los días a la radio y todos los sábados al teatro. El laburo en la radio es muy divertido y peligroso también, porque somos todos amigos y nos queremos mucho, pero tiene que ser gente buena de verdad sino empiezan las luchas de poder, los egos, los quilombos. No somos hombres y mujeres de radio, no somos Larrea ni Larreta ja, pero está bueno decir lo nuestro y hacernos los rebeldes. Obviamente ganamos muy poca plata, lo cual no me importa porque claramente hay un compromiso de hacer algo distinto.

¿Cómo vivís el pasaje de youtuber quejosa a persona famosa e influyente?

−Es un tema. Cuando yo hice La loca de mierda no existían los youtuber y tampoco existía el concepto de viral. Diez años de internet son como cien para la historia. Pero fue algo gradual, no siento que haya habido “un momento”. El año pasado fui al programa de Rial a hablar de Cordera, quizás eso fue una bisagra. Pero ya había estado con Feinmann. Igual, no me cambió en nada, porque no tengo grandes sponsors, ni marcas dándome dinero.

¿Y eso por qué? ¿No te han ofrecido?

−No, hace diez años hago teatro y nunca hubo una sola marca. Ahora la producción la hacemos nosotras mismas, pero antes tenía un productor y él tampoco podía conseguir auspicios. A mí me encanta igual que las marcas no me quieran. No las busco tampoco, pero no me ofrecen.

¿Por qué no las buscás?

−Porque no me sirve, no me conviene arruinarme por cien mil pesos, se arruina lo que digo si salgo a vender como una promotora. Tengo canje con pymes de chicas, esa es mi política. No porque me crea contestataria, es muy poco lo que hago para creérmela. ¿De verdad es tan corto el límite? ¿Tan fácil es ser punk? ¿En serio? Me parece que no es que yo sea brava, es que soy mujer. Y cuando sos mujer hacés medio tono para allá y ya sos bravísima. Si yo fuera brava de verdad no tendría tanta visibilidad.

¿Qué quiere decir brava de verdad?

−¡Brava de verdad! Una que prende fuego el tacho de basura, que te caga a piñas, hay un montón de feministas que son así: rapadas, la cara tatuada, ¡¡¡eh!!! Yo soy bastante acorde al sistema.

Supongo que como intervenís en el plano del lenguaje, tocás algunos puntos simbólicos sensibles.

−Pero porque los hombres y las mujeres en los medios son tan caretas que es muy fácil quedar como que sos brava. Lo único que tenés que decir es “cada tanto fumo porro” o “che, me chupa un huevo Darín”... es muy poco. Lo que escandaliza es que soy mina.

Mina, de clase media, con cierto manejo del discurso.

−Sí, pero te vuelvo a decir que los medios son muy cortos. Solo tenés que animarte a denunciar a los chabones violadores; ese es el gran tabú ahora, antes era el aborto. Pero yo no tengo una estrategia. Sí tengo cosas muy claras de lo que no quiero hacer, no quiero decir, no quiero mostrar. Cosas que no me convienen, como por ejemplo pelearme con Moria, o entrar en esas peleas onda de vedettes, o actuar en una serie de Polka, ese tipo de cuestiones. En realidad no diría “no me conviene”, sino “eso no queda bien”.

¿Vos decís que todo se da como se da, y no es que te construís un personaje?

−No, supongo que sí, no me hago la inocente. Digamos que no era mi objetivo ser famosa, pero después lo fui sosteniendo. Nadie es famoso aunque no quiera serlo, lo más fácil del mundo es no ser famoso. La persona que se hace la que sufre su fama es un careta. Es mentira. Es refácil dejar de ser famosos. Dejá de aparecer: ¡quedate quieto! La pregunta es a qué precio, hasta dónde, cuánto más querés. O sea, qué querés. Pero lo que más me molesta son esos personajes que le sonríen a todo el mundo y aman a todos y le chupan el culo a todos. No pueden ser todos geniales, tenés que elegir quién está en tu equipo. En mi mente juego a la mafia.

Hay algo elitista en tu tono también, ¿no?

−Bueno, el ideal del stand up es que inspire reflexiones. Lo que pasa es que en la Argentina los que hacen stand up son brutos. No se trata de pensar sobre las injusticias del mundo, pero al menos que te haga usar el cerebro, que te invite a un esfuerzo mental.

Digamos que no te interesa mucho convencer a la gente.

−Ah no, obvio, eso seguro. Encima ahora que se nos llenó de varones heterosexuales el show, es todo muy confuso...

¿No te gustaría hacer política?

−No, por suerte. No me pega por ahí. En la Facultad estaba lejos del mundo militante. Yo me doy cuenta de que lo que están haciendo está bien, pero no pueden hablar así. No fui nunca a una asamblea, tampoco a las feministas, sí al Encuentro de Mujeres. Me parece superinteresante, me encanta la rosca, no me identifico para nada con la rusticidad antipolítica, pero a mí me gusta estar todo el día haciendo chistes. El Canal de Diputados, por ejemplo, me encanta.

Porque te cagás de risa...

−Y bueno, sí. Pero no existe el consumo irónico, si te aburre no lo ves. Me parece muy romántico.

¿Sos peronista?

−No, aunque ahora mis amigos cantan la marchita todos los días, como si les saliera del alma.

¿A quién votás?

−Casi siempre al kirchnerismo, aunque nunca fui kirchnerista. De todas formas, ahora todo es maravilloso al lado de Macri.

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