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abrir o no abrir las aulas: ¿ésa es la cuestión?
A pocas semanas de que comience el nuevo ciclo lectivo, todavía con los humores crispados de un 2020 que puso sobre el tapete todas las costuras del sistema educativo argentino, familias, gremios, docentes y gobiernos de todos los niveles se trenzan en un debate por la reapertura de las aulas que, en año electoral, se tiñe de otros intereses ¿De qué hablamos cuando hablamos de la vuelta a clase?
Ilustraciones: Brenda Greco
02 de Febrero de 2021

 

“¡Qué hijo de puta!”, eso dijo el ministro de Educación Nicolás Trotta el 21 de enero cuando escuchó la conferencia de prensa de Larreta en la que anunciaba el pleno retorno de la presencialidad. Lo cuenta alguien del  entorno que estaba con él en el Noreste: “No lo podíamos creer, sabemos que es imposible. La presencialidad de la que se habla es ilusoria, habrá un retorno pero muy distinto a lo que conocemos. El viernes había una reunión del Consejo Federal de Educación, con todos los ministros de Educación para consensuar políticas del área. El temario era la organización del retorno a las escuelas. Y él se adelantó". Unos días antes, cuenta, el jefe de Gabinete de Soledad Acuña había llamado a Gabriela Diker, la viceministra, para avisarle que Larreta haría unos anuncios, sin especificar lo que iba a decir: "

"Pero buscaban quedar como los abanderados del retorno, como que ellos tienen la iniciativa y vamos detrás”, dice.

En agosto Rosendo Grobocopatel, hijo del conocido empresario y actual CM de las redes sociales del PRO, resumió para el programa Crisis en el aire cuáles habían sido los tres acontecimientos más importantes del 2020 para la oposición: la no fuga de diputados del bloque, el freno a la estatización de Vicentin y “lo fracasado del gobierno en el manejo de educación y pandemia”. De alguna manera, alumbró lo que sería una de las jugadas más fuertes en este ajedrez que avanza hacia las elecciones del 2021.

Las vacaciones se terminan y empieza la cuenta regresiva para el día de reinicio de clases: 17 de febrero en Capital, 1 de marzo en provincia de Buenos Aires, Santa Cruz, Mendoza y otras provincias; algunas un poco más tarde, como Santiago del Estero y Santa Fe, que arrancan el 15 de marzo. Pero hay pocas certezas en cuanto a las medidas sanitarias. ¿La discusión por la educación, por los modos de enseñar, por los contenidos que imponen estos tiempos, por la escuela del siglo XXI, por dónde pasa? El cuándo, sin dudas, le está ganando al cómo.

En el anuncio de Ciudad, hubo mucho ruido y poca letra chica. En definitiva, hubo fecha, pero casi ninguna certeza en cuanto a los protocolos. Nada se dijo sobre la vacunación a docentes, uno de los puntos que piden los gremios para volver a las aulas. Esa vuelta a la presencialidad quedó definida en palabras como “el aula es la burbuja” y el criterio, a cargo de cada escuela, sea pública o privada. Algo similar ocurrió con el Gobierno nacional, que dejó a criterio de cada provincia el modo de implementar la vuelta.

“Lo que plantean en la Ciudad es imposible técnicamente –dice en off una alta funcionaria de Educación-. Habrá un choque de expectativas entre lo que dicen que van a hacer y lo que harán. No sé cómo van a salir de eso. Si demonizando a los docentes y responsabilizándolos del fracaso del retorno o, quizá, a las directoras. Porque ellos dicen que cada escuela es responsable de organizar la forma del retorno. Dicen que habrá en cada parada de colectivos un asistente del gobierno para garantizar la prioridad en el transporte a los estudiantes. ¿Alguien se imagina eso? Va a ir Larreta a sacarse una foto a una parada con un asistente y listo. En verdad, todos los gobernadores de todas las provincias y los ministros están interesados en la vuelta. Algunos ya volvieron a fines del año pasado, de manera limitada y con suerte dispar. Solo que no tuvieron el reflector de los medios”.

“Ellos”, el oficialismo porteño, pisa el acelerador y el PRO prepara una marcha para pedir por la educación para el 9 de febrero. A su vez Mauricio Macri, luego de una carta abierta en la que buscó ponerse al frente del reclamo por la apertura de las aulas en todo el país y atacó a los gremios (“No dejemos que el debate sobre la educación continúe monopolizado por los líderes gremiales que durante los cuatro años de nuestro gobierno han dejado a los chicos sin clases por "luchas" que ahora parecieron abandonar”), anunció la creación de una fundación que lleva su nombre y que presenta como uno de sus pilares la educación y propone formar a directores en “liderazgo y gestión”.

“Lo que debía ser un debate pedagógico fue abordado por la oposición como un debate electoral y los medios han acompañado”, le dice a crisis Adriana Puiggrós, que hasta agosto fue viceministra de Educación de la Nación. “Se habla de fechas en vez de debatir por la organización institucional, la planificación curricular, cuáles son los contenidos prioritarios en este año. No es cuestión de reponer sólo lo que se perdió el año pasado, sino cuáles son las cuestiones que hay que enseñar debido a los grandes cambios de orden social y cultural que trae este nuevo mundo. Por ejemplo, el tema de la ecología. Debería ser un eje que atraviese todos los procesos de enseñanza-aprendizaje. Pero en profundidad, no solo aprender a lavarse las manos y mantener limpio el salón. Con eso solo no alcanza, hay que generar conciencia de la incidencia económica, política, social y cultural que tiene la manera de relacionarnos con el ambiente”.

¿La discusión por la educación, por los modos de enseñar, por los contenidos que imponen estos tiempos, por la escuela del siglo XXI, por donde pasa? El cuándo, sin dudas, le está ganando al cómo.

 

números y geografía

Canillas, inodoros, cables, bombas. A 1018 kilómetros de Buenos Aires, en Chaco, Daniela Torrente, ministra de Educación de esa provincia cuenta que allí hubo clases presenciales el año pasado pero a la hora de preparar la apertura hubo que reponer todo eso: “Volvimos en octubre en las escuelas rurales y en las localidades donde no había covid durante 21 días. Y nos fue bien. Ahora mismo tenemos los Puentes de Verano, en cien sedes, 500 docentes con actividades culturales, deportivas, sociales para revincular a los estudiantes”. Lograrlo requirió de trabajo rápido y en conjunto: “Cada escuela que retornó el año pasado abría con un apto técnico de infraestructura –dice. Trabajamos con más de 200. En total, tenemos 2.400 edificios, en los que durante años no se puso un peso. Durante mucho tiempo no hubo inversión. No es tan fácil un plan de un día para otro”. Esa puesta a punto incluyó llegar a lugares casi inaccesibles, había localidades donde los intendentes prohibían el ingreso a los trabajadores para mantenimiento de las instalaciones por miedo a que transportaran el coronavirus, y durante el aislamiento se sumó que tuvieron robos de canillas, inodoros, etc. Un loop de poner y reponer en un sistema que venía baqueteado. Además, Nación deposita en las cuentas de las escuelas una partida para alcohol, lavandina e insumos de limpieza pero sólo el 30 % de la provincia pudo recibirlo ¿La razón? Una condición para obtener ese dinero es que las escuelas no tengan  rendiciones pendientes de partidas anteriores. Si las adeudan, no reciben los fondos. Y hay muchas que están en falta desde 2016 o 2017. “Hay que buscar una forma de destrabarlo en esta emergencia”, dice Torrente. Pero la situación no es exclusiva de Chaco. A comienzos del año pasado, todas las regiones, desde Mendoza hasta Chubut o Córdoba, eran noticia por sus problemas edilicios acumulados que se potenciaban con las necesidades sanitarias que imponía la pandemia.

Chaco, junto a CABA y la Provincia de Buenos Aires fueron los tres distritos que primero sintieron el golpe de los contagios. Eso hizo que a esta altura cuenten con cierta experiencia: “Ahora nos parece importante y posible asumir el riesgo para garantizar el derecho a la educación. Tenemos que rescatar a los chicos que quedaron afuera. En Chaco no hay una presión particular de los padres por la vuelta a clases presenciales -dice la Ministra-. En términos sindicales, los directores, los maestros somos conscientes que hay que ponerle mucha fuerza a este año. No podemos estar dos años trasladando la actividad escolar a las familias, que además ya volvieron a trabajar, y sabiendo que en una casa hay un dispositivo para cuatro chicos. No obstante, la bimodalidad (la alternancia de clases presenciales con virtuales) se va a sostener probablemente todo el año”.

En la otra punta, en Neuquén, Cristina Storiani, ministra de Educación de esa provincia, dice: “Puede ser que mediáticamente los temas se instalen desde Buenos Aires, pero nosotros estamos trabajando desde octubre en la vuelta a las clases presenciales para el 2021. Está claro que es la prioridad”. Para Storiani, la reapertura no puede pensarse en bloque: “Vimos que no todos están conectados, no todos tienen iguales posibilidades. La organización del espacio, los contenidos, hay que construirlos localmente, territorialmente”, explica, y agrega: “Que los padres y madres participen para que vuelva la escuela es llamativo y bienvenido. Veníamos con una ausencia importante de la sociedad en la escuela. Ahora resulta que se extrañó la escuela. Es una gran oportunidad para repensar esta escuela, la que necesitamos y hacerla entre todos”

Si bien la Ciudad de Buenos Aires acaparó atención de la cuenta regresiva, en todo el país hay situaciones diferentes y la línea de llegada no es igual para todos. Para tener noción de eso, alcanza con mirar esta cifra: mientras que en capital, casi el 50% de la matrícula de inicial, primaria y secundaria de la educación común asiste a instituciones privadas, en la provincia de Formosa, lo hace el 11%. Y si un presupuesto marca la intencionalidad política de una gestión, los números de los últimos años dicen que en la Capital, también, los porcentajes para educación han variado. Según un estudio de UTE, durante el inicio de la gestión de Juntos por el cambio (en 2008 Pro, luego Cambiemos) el presupuesto educativo era del 30% aproximadamente. En 2021 es cercano a la mitad: 17.2%. Y en Nación había ocurrido algo parecido: en 2019 –año en que finalizó la gestión de Cambiemos y el previo a la pandemia- la educación era un 20% más pobre quen 2016, cuando comenzó a gestionar Mauricio Macri. Sus recursos pasaron del 7,1% del presupuesto nacional al de 5,1% en 2020. El rubro que más sufrió la disminución de recursos fue el de infraestructura, que pasó de 9.200 millones de pesos en 2016 a 2.800 en 2019..

“¿Cuánto se aprendió este año fuera de la presencialidad escolar, que tendrá impactó y se reflejará en los próximos tiempos? - dice Puiggrós-. Por ejemplo, todos aprendimos que un agente externo nos atacó a todos por igual. Quiere decir, entonces, que todos integramos la humanidad y todas las diferencias que se hacen de razas, de género son construcciones culturales.”

 

Fuimos todes

Que abrieron los bares, que abrieron en otros países, que cerraron en otros países, que así los padres y las madres no pueden más. Que con los chicos en las casas se obliga a un adulto a cuidarlo y evita la mayor circulación. Si todavía está latente el último cuadernillo de tareas para cumplir con el ciclo 2020, comenzar a pensar en otra batería de situaciones similares suena a acarrear la piedra de Sísifo. Los trabajos formales de a poco recuperan la presencialidad, o armaron un nuevo ritmo con igual carga, y sin red para los trabajos de cuidado, la dinámica familiar se agota día a día. La presión y necesidad de que las aulas vuelvan a abrirse excede lo curricular, muestra hasta qué punto la escuela es albergue de otras necesidades en distintos sectores. Mientras los gremios piden garantías para esa vuelta, le pelean a las fake news y aseguran que quieren presencialidad y lo que exigen son protocolos seguros, las familias se dividieron entre las que acompañan ese reclamo, las que piden a gritos por la reapertura de las aulas y todo ese cimbronazo es carne fresca en la pelea electoral. Dos posturas se ven reflejadas entre dos grupos armados al calor de la coyuntura: Familias Por el Retorno Seguro y Padres Organizados.

En septiembre del año pasado, estos últimos irrumpieron en el debate con una carta en la que pedían la vuelta al aula. María José Navajas es una de las voceras de ese grupo que se armó en Twitter, pasó WhatsApp y llegó a hacer una performance en la Plaza de Mayo y logró reunión con Trotta para presentar el reclamo. Ella dice: “A partir de nuestra intervención en el debate público y de la multiplicación paulatina de grupos de madres y padres en todo el territorio nacional, que se encargaron de sostener este reclamo, vemos que la cuestión se instaló como un tema prioritario. Desde ese lugar, nos parece bien que los principales representantes partidarios recojan esta demanda, pero no nos interesa que se convierta en prenda de disputa electoral”. En ese sentido, dicen que no definieron todavía si participarán o no en la marcha que organiza Cambiemos para el 9 de febrero. “La desarticulación del sistema escolar tal como lo conocíamos  -dice- nos puso frente a una situación muy conflictiva al momento de recomponer los distintos elementos que lo constituyen. La virtualidad nos colocó a los padres en un lugar que desconocíamos”.

“En alerta por las medidas inconsultas y arbitrarias que están tomando los gobiernos que ponen en riesgo la salud de la comunidad educativa y de la población en general”, las Familias por el Retorno Seguro piden garantizar otras cuestiones que trascienden la presencialidad. Patricia Pines, una de las integrantes, dice. “Entendemos que es un año electoral y que los intereses de campaña y la necesidad de volver a poner la mano de obra barata que somos las familias trabajadoras a producir a como dé lugar. Se están priorizando otros intereses que nada tienen que ver con lo escolar o pedagógico. Y mucho menos con la salud física o mental de las infancias y juventudes”. Ellos ponen el acento en las medidas de cuidado que durante un año se incorporaron y que ahora, con la vuelta sin pocas garantías sanitarias, tira por los aires. “La contradicción la vemos cuando dicen "primero la escuela" pero recortan dos tercios de presupuesto para infraestructura escolar. Dicen "primero la escuela" pero cierran los programas de entrega de computadoras. "Primero la escuela" pero dejan 15 mil niños sin vacante”. Un decreto para trabajo para madres y padres con menores de 14 años y dispositivos para todes son las medidas que sugieren. La vuelta a una escuela tal cual la conocíamos es imposible respetando los protocolos actuales: no hay forma que en un aula entren todos los chiques separados por 1,5 m de distancia. Y tampoco puede cumplirse con la burbuja si un docente va a la mañana a una escuela y a la tarde a otra. Se sabe que el  62 %  tiene más de un cargo y el 54% trabaja en más de dos escuelas

Adriana Puiggrós habla de una diferencia de sentido a la hora de interpretar lo que ocurre en las familias: “Los sectores populares están más acostumbrados a ayudarse entre los vecinos, a generar redes de contención. En sectores altos las soluciones son más individuales, no tienen alguien de la comunidad que se pueda quedar con el chico. En las escuelas de clase media, los padres arman grupos de WhatsApp, pero son para reclamar al Gobierno, a la escuela, pero no cooperan. Solo muy pocos lo hacen”, explica. Y sobre la discusión por los contenidos educativos, dice: “Es un fantasma que tiene un sector de padres. Todos los años está el tema que no se llega al final del programa y pasan al año siguiente. ¿Cuánto se aprendió este año fuera de la presencialidad escolar, que tendrá impactó y se reflejará en los próximos tiempos? Por ejemplo, todos aprendimos que un agente externo nos atacó a todos por igual. Quiere decir, entonces, que todos integramos la humanidad y todas las diferencias que se hacen de razas, de género son construcciones culturales. Ahora, si en lugar de eso, empezamos a decir que la culpa es de los chinos, de la vacuna rusa, estamos desaprovechando la oportunidad de avanzar”.

Tal vez desde la Carpa Blanca de la década del noventa, la protesta más extensa de aquellos años, no se ponía a la educación tan al frente de la carrera electoral como ahora (Durante la gestión de Filmus se puso la educación al frente de la agenda política. Promovió cinco leyes estructurales. Pero no fue tema de debate electoral). Entonces, fue eje de un consenso social que se organizaba contra las políticas neoliberales. Una vez más, la educación nos interpela, vimos hasta dónde nos atraviesa, pero la discusión política está enredada y su sentido está en disputa: deja ver que, en esta vuelta al cole, la hoja en blanco es algo más que eso que encontramos en los cuadernos nuevos.

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