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voytenco y la estrategia de los peones
José Voytenco llegó de manera inesperada a la conducción del sindicato de los trabajadores rurales, gremio que supo ser –en vida del mítico Momo Venegas– el más macrista de la clase. Y quiere cambiarle el rumbo. UATRE es la segunda entidad en cantidad de afiliados del país y se inserta en el corazón del modelo agro exportador. ¿Quién es este dirigente silencioso que busca formalizar a los peones y dotarlos de una estrategia de ataque?
Fotografía: Gala Abramovich
02 de Agosto de 2021

 

Se sintió como un movimiento sísmico en el mundo agrario nacional: por primera vez desde 2008, el sindicato de trabajadores rurales se realineó con el peronismo en el gobierno. Pero lo más novedoso es que su nuevo secretario general también se puso duro con las entidades patronales nucleadas en la Mesa de Enlace, bancó un conflicto contra Cargill, ya tiene varias fotos con Alberto Fernández y Axel Kicillof, se vio con Máximo Kirchner, viene trabajando con Pablo Moyano y planea reingresar a la CGT. Viniendo de un gremio que fue el sostén amarillo de Macri en el movimiento obrero, es un montón. Este giro tan drástico no sólo generó alertas en los empleadores que antes contaban al gremio de su lado, sino que también motivó una crisis política dentro de su organización. En el centro de la tormenta está un chaqueño de perfil bajo, poco conocido en el mundo político-sindical: José Voytenco, un verdadero “tapado”.

Cosa e´mandinga: la pandemia vino a apurar un recambio generacional en el principal sindicato de obreros rurales del país, cuyos alcances y consecuencias aún se desconocen. Voytenco era Secretario Adjunto y asumió la conducción de UATRE en octubre de 2020, cuando el COVID-19 se llevó sorpresivamente al entonces Secretario General, Ramón Ayala quien, a su vez, había reemplazado a Gerónimo “Momo” Venegas, fallecido también en 2017. ¿Quién es este personaje que en pocos meses pateó el hormiguero de la pax entre el capital y el trabajo en el agro? ¿Quiénes son sus aliados y sus detractores dentro y fuera de la organización?

Para cortarle la racha a la muerte que se llevó a sus antecesores, ni bien asumió mandó a cambiar de lugar la oficina de Secretario General del sindicato. Sin embargo, la primera amenaza seria que sufrió al agarrar la manija fue la del diputado Pablo Ansaloni, también de UATRE y oriundo de Colón, provincia de Buenos Aires. Ante la muerte de Ayala coterráneo suyo–, Ansaloni se autoproclamó nuevo secretario general y presidente de la obra social del gremio (OSPRERA). Aunque no estaba en la línea sucesoria, argumentó que Ayala le había prometido dejarle la conducción a él. Y apostó a que tendría el aval de las numerosas seccionales y delegaciones bonaerenses, pero el “método Guaidó” le falló y el Secretariado Nacional de UATRE, donde pesa más el interior, ratificó el criterio de la línea sucesoria tradicional y bancó a Voytenco. Ante esto, Ansaloni rompió un código sagrado del sindicalismo argentino y llamó a la Justicia para resolver esa interna, apalancado por Sergio Massa. Por ahora viene perdiendo la disputa también allí y pasó a ser Ansaloni quien enfrenta una demanda por malversación de fondos.

El segundo gran round fue en mayo, cuando murió en funciones el secretario adjunto de Voytenco y quedó en el cargo “Pocho” Dávalos, otro bonaerense que también se le opone. Fruto de este desbalance en el núcleo de la conducción, Dávalos y otros pesos pesados del Secretariado Nacional desconocieron una convocatoria de Voytenco al Consejo Asesor (instancia con representantes de todo el país entre Congreso y Congreso de UATRE), hicieron circular un comunicado muy duro contra el chaqueño, y le pidieron al Ministerio de Trabajo que convocara a un Congreso Extraordinario para elegir un nuevo secretario general. Sin embargo, una mayoría de representantes del interior reunió al Consejo Asesor sin los “rebeldes”, ratificó a Voytenco al frente de UATRE y de OSPRERA por 16 votos contra 6 (ausentes), y finalmente el Ministerio de Trabajo –es decir, Alberto no dio lugar al pedido de sus oponentes. Otro punto para el chaqueño, que luego de este espaldarazo desde arriba y desde abajo, confía en contar con los votos para ratificarse del todo en el próximo congreso. ¿Se la bancarán los perdedores o hay peligro de fractura? En cualquier caso, por ahora en la puerta de la UATRE flamea una bandera que reza “Voytenco conducción”, custodiada por cuatro amables muchachos de seguridad vestidos de negro.

 

jugar callado

Voytenco nació en el ’63, como Fito Páez pero en Chaco. Precisamente durante esos años campeaba por allí Isidro Velázquez, el mítico peón rural que atrapó la atención de Roberto Carri por su deriva de “bandolerismo social”. Por ese entonces la provincia vivía el auge algodonero, vinculado a la industria textil. La madre de Voytenco era una de las miles de mujeres que se empleaban levantando el algodón a mano por unos pocos pesos. Y su padre, hijo de inmigrantes rusos, fue peón del obraje forestal, la otra tradición productiva chaqueña que por ese entonces comenzaba a decaer. José sufrió de chico esa condición de familia proletaria del sudoeste rural del Chaco. Pero cuando de adolescente entró a trabajar al campo, a diferencia de su madre y su padre, lo hizo sobre máquinas.

De todos modos, todavía eran máquinas infernales: cosechadoras ruidosas y sin cabina, que exponían al conductor al polvo penetrante de la trilla, generando todo tipo de enfermedades respiratorias. La colimba lo sacó de ahí en 1982, durante la guerra de Malvinas. A diferencia de otros miles de chaqueños, Voytenco no llegó a ir a las islas. Tuvo una colimba “de oficina”: hacía tareas de dactilografía y, como la guarnición estaba llena de soldados de otras promociones al borde de salir a pelear, mandaban a los colimbas más jóvenes a dormir a la casa y volver al otro día. Fue allí cuando el sindicato le fue útil por primera vez: un viejo amigo de su pueblo, dirigente de la entonces Federación de Trabajadores Rurales y Estibadores (FATRE), le habilitó el local del gremio para que pudiera pernoctar en Resistencia y volver al cuartel cada mañana.

La madre de Voytenco era una de las miles de mujeres que se empleaban levantando el algodón a mano por unos pocos pesos. Y su padre, hijo de inmigrantes rusos, fue peón del obraje forestal, la otra tradición productiva chaqueña.

 

Cuando se sacó el uniforme verde oliva, en el 83, el país ya transitaba hacia una “nueva normalidad” democrática. Le devolvieron su edificio a la CGT chaqueña y la FATRE comenzó a funcionar allí también. Si bien la colimba había terminado, Voytenco “se aquerenció” en los edificios sindicales: siguió durmiendo ahí y, mientras terminaba la secundaria, trabajó de noche en restaurantes y de día como administrativo de la central obrera.

Su verdadera incorporación orgánica al sindicalismo se dio en 1984, con apenas 21 años, cuando a lo que quedaba de la FATRE le encomendaron hacerse cargo de la boca de expendio de la obra social de los trabajadores rurales: inscribir gente, cortar bonos, dar explicaciones, elevar pedidos y contabilizar movimientos de dinero. Mientras tanto, se jugaba a estudiar Ciencias Económicas en la Universidad. Así, en sus primeros pasos en el mundo sindical, Voytenco se formó como un cuadro técnico, más familiarizado con la matemática de la administración que con los fragores del conflicto. Ese expertisse tendría más que ver con el sindicalismo que vendría en los noventa que con el que se resistía a morir, en aquellos raros ochenta donde todavía retumbaban las arengas de Ubaldini.

En diciembre de 1991, unos días antes de que un peso valiera un dólar, se refundó el sindicato de trabajadores rurales: la Federación (FATRE) se transformó en Unión (UATRE). Carlos Menem y Lorenzo Miguel bendijeron la elección de Gerónimo “Momo” Venegas al frente, en un congreso con lista única y luego de un tortuoso proceso de normalización que no se resolvía desde 1975. Aquel año, en los prolegómenos del golpe militar, el líder de FATRE Sebastián Montoya murió en extrañas circunstancias.

José Voytenco estuvo en ese histórico congreso de 1991 en representación de lo que había quedado de FATRE en Chaco: una ventanilla de la obra social. Sin embargo, volvió de Buenos Aires como “Delegado Normalizador” de todo Chaco y Formosa, con poderes para rearmar el sindicalismo agrario en la zona. Es decir: la superestructura le encomendó armar su propia base, desde arriba. En ese camino trabó contacto con un joven “Coqui” Capitanich –hoy gobernador de Chaco– y con el también joven Luis Basterra, de carrera en Formosa y actual Ministro de Agricultura de la Nación. Las vueltas de la vida: estas dos figuras claves del Frente de Todos contribuyeron a acelerar la foto de Voytenco con Alberto Fernándezni bien asumió la conducción del gremio, a partir de lo cual se resolverían también otros desafíos complicados para consolidar su liderazgo.

En los noventa, Voytenco la tenía difícil para cumplir su misión: debía rearmar el sindicalismo agrario en el Chaco cuando la mecanización de la cosecha algodonera y la sojización arrasaban los puestos de trabajo en los campos. Y mucho más difícil por ser oficialista: esa modernización excluyente era precisamente la política del menemismo para el agro y los trabajadores rurales. Pero la línea de la UATRE no era defender los puestos laborales ni los salarios. Los pilares de la acumulación originaria del “Momo” Venegas fueron dos: la formalización de trabajadores –lo cual tributaba al sistema impositivo y previsional del menemismo en épocas de lucha contra el déficit fiscal–; y el control de la flamante obra social, OSPRERA, que el gobierno le entregó al sindicato.

Con ambas cajas, Venegas sustentó el nuevo “sindicalismo de servicios”, cuyo centro estaba en ofrecer a sus afiliados colonias de vacaciones, hoteles, útiles escolares, servicios odontológicos, cursos y algún descuento. Todo afuera del espacio laboral y solapándose con el proselitismo de distintos aliados a nivel municipal, provincial y nacional (en general oficialistas). Voytenco podía jugar cómodo en ese esquema porque lo suyo había sido desde el principio la obra social. Es más: conocía sus mecanismos mucho mejor que Venegas y sus compañeros del Secretariado Nacional, formados en la rudeza de las Bolsas de Trabajo.

 

El “gran salto adelante” de la nueva UATRE se dio a fines de los noventa, cuando rindieron sus frutos económicos las campañas de “blanqueo” de trabajadores y, sobre todo, el control de OSPRERA. En definitiva, no podía haber sindicalismo de servicios –ni por lo tanto política– sin cajas. Hoy esa obra social es una de las más grandes del país en cantidad de usuarios y en volumen recaudado. Y es un secreto a voces que la UATRE financió alguna que otra entidad patronal de la Mesa de Enlace, sobre todo después de 2008, cada vez que atravesaran alguna asfixia económica. En este sentido, más allá de su rol en el nordeste, el aporte de Voytenco a la construcción de OPSRERA fue importante. Y Venegas lo premió a principios en 2002 ofreciéndole un lugar en el selecto grupo del Secretariado Nacional de la organización. Por razones que se desconocen, José prefirió no hacerlo y siguió en su provincia como Delegado. Al segundo ofrecimiento de Venegas, en 2006, ya no pudo negarse: quedaba al borde de la ofensa.  

Entre 2010 y 2011, el chaqueño hizo punta en su territorio con una modalidad distinta de formalización de personal en los campos: los Convenios de Corresponsabilidad Gremial. La cuestión es compleja, pero básicamente en vez de basarse en la fiscalización y la contabilización real de empleados en los campos, el blanqueo se opera cuando los empleadores venden su producción. En ese momento, algún agente retiene los fondos de seguridad social equivalentes a la cantidad de trabajadores que, se supone, debieron haber contratado para la cantidad de producto que hayan comercializado. Así, aunque hayan sido más o menos los trabajadores realmente contratados –esa proporción entre producción y empleados es un número que se acuerda año a año entre el sindicato y los empresarios–, los empleadores pagan una tarifa pactada al sistema de la seguridad social. De esa manera se ahorran los gastos de fiscalización, se ofrecen facilidades a los empleadores para formalizar su personal, y aumenta la recaudación del sistema previsional y del sindicato.

En el caso chaqueño, Voytenco impulsó tales convenios en la producción tabacalera, en la forestal y luego en una canasta de diversos productos. Estos acuerdos se realizaron entre las cámaras empresarias chaqueñas, el gremio local, y el gobierno de Capitanich, en un contexto en que el antikirchnerismo acérrimo de Venegas a nivel nacional llevaba a la UATRE afuera de la CGT, afuera del Partido Justicialista, y a hacer alianzas políticas con quien fuera que se perfilara para derrotar a Cristina Kirchner. La Delegación de José, en cambio, se hacía fama de “ordenada”, basada en la eficacia administrativa y en la gestión política pragmática, sin calcar ni copiar en su jurisdicción los conflictos bélicos del momismo. El éxito de esta táctica eficiente de blanqueo le valió a Voytenco el premio de ser elegido en 2019 Secretario Adjunto del gremio. Es decir, ser el primero en la línea sucesoria, en caso de faltar Ayala... 

Entre 2010 y 2011, el chaqueño hizo punta en su territorio con una modalidad distinta de formalización de personal en los campos que reavivó las estrategias para el blanqueo de trabajadores y trabajadoras rurales: los Convenios de Corresponsabilidad Gremial.

 

viveza criolla

Voytenco habla lento y poco. Es petiso. Es moreno. Escucha mucho y mira atento con sus pequeños ojos. No llama la atención. No le gusta hablar en público ni dar grandes discursos. Usa sólo las palabras justas. No le gusta sobresalir. Es lo opuesto a un líder carismático, como el “Momo” Venegas, que se imponía como “macho alfa” en el mundo del sindicalismo varonil con su altura, su voz grave, sus proezas físicas esquilando animales, su paternalismo extrovertido, sus diatribas encendidas y su mística.

Sin embargo, se nota que detrás del perfil bajo de Voytenco hay una maquinita de viveza criolla funcionando a mil, que cuando ve la oportunidad muestra la hilacha con una salida rápida de humor chaqueño. Y lo más importante: más allá de los estilos, la línea de este Voytenco perfil bajo resulta ser más combativa que la del último Venegas carismático, que se fue alejando cada vez más de sus bases. 

A poco de asumir, Voytenco planteó dos ejes. El primero consiste en dar un nuevo salto en la registración de trabajadores y trabajadoras, centrado en las producciones regionales intensivas en mano de obra con miles de asalariados temporarios y de difícil fiscalización por la vía clásica. Desde el primer empujón de Venegas entre fines de los noventa y principios de los dos mil, la cantidad de trabajadores agrarios registrados no pasa el techo de alrededor de 350.000 personas. Es de las pocas actividades económicas del país en donde el empleo informal (70%) supera y más que duplica el formal (30%). Además, en la estrategia de reingreso a la CGT –y en vistas de posibles elecciones en la central obrera– la cantidad de afiliados pesará en las negociaciones, alianzas y resultados. UATRE no está mal en este punto: es el segundo gremio del país. Sin embargo, si concreta los planes de formalización de trabajadores, está en condiciones de ocupar el primer puesto. La herramienta que Voytenco postula para este objetivo son los Convenios de Corresponsabilidad Gremial, cuya mecánica domina a la perfección, y que empuja sin descanso ante cámaras empresarias y gobiernos provinciales.

Su segundo eje es la recomposición salarial, luego del “gran salto hacia atrás” de las remuneraciones obreras que significó la alianza de Venegas con el macrismo y la Mesa de Enlace. Mientras escribimos estas líneas, la UATRE acaba de firmar un aumento del 48% para la categoría básica de “peón general”, con la cual está registrado alrededor del 70% del personal de campo. Hasta ahora esos laburantes recibían alrededor de 33.000 pesos de bolsillo –40.000 brutos. Estos salarios perdieron la mitad de su poder de compra desde 2015 y en el gremio dicen son tan bajos que están llegando al extremo de afectar la recaudación y el normal funcionamiento de la obra social: no es lo mismo retener el 2% de un salario de 33.000 pesos, que el mismo porcentaje de uno de 120.000.

Por eso si bien la estrategia incluye aumentar la cantidad de contribuyentes, registrando asalariados y asalariadas temporarias que aporten a la obra social más de lo que la usen, Voytenco tiene un ojo puesto en la puja distributiva: plantea la necesidad de una “recomposición salarial”. Por primera vez desde su refundación en 1991, UATRE propone una discusión en términos de salarios versus ganancias, y no sólo como porcentajes de aumentos en relación a la inflación pasada. A los únicos que habíamos escuchado diciendo algo así en el último tiempo es a los Aceiteros liderados por Daniel Yofra. ¿Habrá lugar en el mundo del agro para algo así?

Por primera vez desde su refundación en 1991, UATRE propone una discusión en términos de salarios versus ganancias, y no sólo como porcentajes de aumentos en relación a la inflación pasada.

 

los nervios esenciales

En diciembre de 2020, la UATRE agitó las aguas reclamando a las patronales de la Mesa de Enlace un bono de fin de año de 15.000 pesos. “Más allá de que uno busca consensuar las cosas, si nos tenemos que plantar nos plantamos. Si hacemos un análisis del sector del agro, el trabajador se desempeñó levantando la riqueza del país y el agro ha tenido un buen año. Más allá de algunos meses de sequía, la ganadería, los granos, el limón, la yerba, la fruta del valle… anduvieron todas bien. Y lo que nosotros veíamos no era una cosa irracional: sabíamos que los números daban para hacer frente a un bono de $15.000. Nosotros no vemos reflejada la bonanza del sector agropecuario en los bolsillos de los trabajadores”, explicó Voytenco. El reclamo equivalía a dos tanques de gasoil de una camioneta 4x4.

Pero las patronales se negaron y la conquista de la nueva conducción del gremio quedó en un bono de 9.000 pesos en tres cuotas. Más allá de los números, su carta de presentación a dos meses de asumir tuvo importancia simbólica. De hecho, también la tenían difícil los aceiteros y los recibidores de granos (URGARA), que encararon una potente huelga en los puertos a fin de año. En cambio, lo de UATRE no pasó de algunas declaraciones fuertes. 

Sin embargo, el batacazo vino después: en las negociaciones salariales de enero, previas a la cosecha sojera y maicera, el gremio acordó un aumento de un 64% para los conductores de maquinaria. El acuerdo fue hasta mitad de año, cuando se prevén nuevos aumentos. Si bien los operarios de maquinaria son un sector reducidísimo del mundo obrero rural y se emplean en el sector más rentable del agronegocio, se trató de una pauta de aumento claramente por encima de la inflación, y que reconquistó la canasta básica perdida durante el macrismo. Nada de eso hubiera sido posible sin un realineamiento de planetas en donde Voytenco y el gobierno, cada uno con sus motivos, enfrentaron a la Mesa de Enlace en la Comisión Nacional de Trabajo Agrario, donde se negocia todo esto.

El otro capítulo de la recomposición salarial en el agro se agitó en Tucumán. Los resultados no fueron tan auspiciosos para las y los trabajadores. Durante un mes y medio estallaron cortes de ruta que desbordaron los acuerdos iniciales de la delegación tucumana con las cámaras empresarias, y finalmente se llegó a una nuevo pacto que era más de lo que se tenía pero menos de lo que se necesitaba. El hecho es que, a diferencia de otras oportunidades, el Secretario General de UATRE no jugó en contra de los reclamos, sino que –como mínimo– dejó correr la protesta. Algunos aseguran que la estimuló, pero esto no es admitido en la sede de UATRE del bajo porteño. ¿Fue otra jugada de Voytenco a varias bandas, para absorber el descontento por izquierda, golpear a los que se le oponen por derecha, y aprovechar una protesta que no generó para su línea de “recomposición salarial”? 

 

Sea por un compromiso genuino con la situación de las y los trabajadores, o por los cálculos fríos de la situación de OSPRERA y el reingreso a la CGT, es la primera vez en muchos años que la estrategia de acumulación política y económica de la conducción de UATRE contempla objetivamente los intereses de los trabajadores agrarios, toca nervios esenciales de la relación capital-trabajo en el agronegocio, y se alinea con una variante del peronismo en el gobierno que no pertenece al ala derecha del movimiento. Así lo define el propio Voytenco: “Somos todos parte del sector agropecuario, y por momentos la realidad de un productor puede ser idéntica a la de un trabajador, pero la diferencia es que uno tiene un pedazo de tierra y la explota y el otro lo único que tiene, su capital, es su trabajo. Nosotros sin los productores no somos nada, pero los productores sin nosotros tampoco son nada.” 

En la medida en que esta estrategia puede resentir los intereses del empresariado agrario, las alertas de los que mandan ya se encendieron. Las cámaras patronales están reavivando alianzas anteriores con caudillos locales de la UATRE en el interior del país, que vienen de décadas de acumulación política en la sintonía anterior: algunos hasta detentan cargos legislativos y ejecutivos que consiguieron a caballo de las listas del macrismo. Pero sobre todo, más allá de las alianzas políticas cambiantes, algunos tienen intereses creados y negocios en común con inversores y terratenientes de cada lugar, que implican mantener el trabajo informal y los bajos salarios. Es por eso que los obstáculos más pesados que enfrenta el ascenso de Voytenco provinieron de adentro mismo del gremio.

¿Podrá operarse un “trasvasamiento generacional” pacífico en una UATRE pos Venegas? ¿Cuál es el cuchillo abajo del poncho que tendrá la Mesa de Enlace en la interna de un gremio que había sido aliado hasta hace muy poco? ¿Qué rol jugarán los conflictos más radicalizados que desbordan y a la vez son habilitados por esta interna, como el de los limoneros de Tucumán durante el mes de abril? ¿Y qué papel tendrá esa gran “mayoría silenciosa” de trabajadores y trabajadoras rurales desorganizados, que viven y trabajan a mil años luz de estas conspiraciones palaciegas, con salarios que hoy sólo cubren la mitad de una canasta familiar?

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