ley de talles: cuando vestirse es una lucha | Revista Crisis
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ley de talles: cuando vestirse es una lucha
Si bien se reglamentó hace un año, todavía no está implementada y los fabricantes de ropa siguen sin tener un criterio unificado para establecer los talles. En la actualidad, conviven muchas leyes al mismo tiempo en diferentes partes del país ¿Qué intereses predominan a la hora de planificar una prenda y qué consecuencias traen sobre los cuerpos? Informe para entender las complejidades de la industria textil en tiempos de crisis económica.
02 de Agosto de 2022

En 2019 en Argentina fue sancionada la Ley de Talles N° 27.521, que establece que la totalidad de la indumentaria destinada a la población deberá ser fabricada, confeccionada y comercializada según el Sistema Único Normalizado de Talles de Indumentaria (SUNITI). Pese a ello, según los resultados de la encuesta realizada en 2021 por la ong AnyBody Argentina, conformada por activistas de la Diversidad Corporal que impulsaron la Ley, el 63% de 8000 personas encuestadas planteó tener problemas para encontrar talle “siempre y frecuentemente”, mientras que solo el 13% manifestó nunca tener problemas para encontrarlos. Según la encuesta, el sentimiento más recurrente entre las personas con dificultades para encontrar talles es la “tristeza” porque “el cuerpo no encaja en la ropa deseada (36%)”. Mercedes Estruch, coordinadora general de AnyBody Argentina desde fines de 2019, dice: “Nuestra lucha tiene que ver con la visibilización de la diversidad de cuerpos. Vivimos en un mundo en el que pareciera que solo existe un cuerpo posible. Sos un consumidor, que paga para vestirte y, si no entrás, el que tiene que modificar su cuerpo sos vos. Los industriales no dejan de vender, la gente se viste como puede, no como quiere. La indumentaria no se adapta, o la estiras, o te queda grande. Hay una naturalización de la incomodidad”. El incumplimiento de una ley sancionada hace tanto tiempo trae sobre la mesa una pregunta: ¿Por qué se fuerza a los cuerpos a encajar en estándares imposibles? ¿Es gordofobia? ¿Es una cuestión de costos?

un talle más, por favor

En lo que va del año, el rubro “Prendas de vestir y calzado” subió un 44,2%, según el informe del Índice de precios al consumidor publicado en junio por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Más de la mitad de lo que los consumidores pagan por una prenda se destina a diferentes impuestos, alquileres y tarjetas de crédito; el resto va a la cadena de valor textil e indumentaria, que incluye al menos 22 procesos, según un informe de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), que representa a empresarios ligados al rubro. Algodón, hilados, telas, avíos (insumos como botones, cierres y hebillas), moldería y corte, terminado y empaquetado, lavado, planchado y etiquetado, segunda selección y desperdicios, logística y transporte, packaging, imágen y comunicación, administración, ambientación de punto de venta y vidrieras, vendedores son algunas de esas etapas. 

En los últimos dos años, durante la pandemia de Covid-19, hubo subas en los precios internacionales en commodities que aumentaron el precio de la ropa en un 159,6%. El algodón subió 193%, el hilado de poliéster 144%, elastano 213,4%, y los fletes de China que traen insumos al país 945%, detalló el informe. En ese contexto, hacer ropa más grande es un poco más costoso porque “consume más tela”, explica María José Lee, empresaria del rubro, aunque aclara: “se pueden igualar los costos con los talles más pequeños aprovechando los insumos, si te las ingeniás es posible hacer una prenda competitiva y de buena calidad”. Sin embargo, reconoce que siempre paga “un poco más que las marcas que hacen un único talle” para costurar las prendas en los talleres tercerizados que contratan que, según dice, son los mismos con los que trabajan las grandes marcas que están en los shoppings. 

Lee es una joven empresaria del barrio de Flores. Su familia se dedica al rubro de la indumentaria hace más de 30 años y ella desde hace seis dirige la producción de la marca SYES, junto a su hermano. Ella agrega más razones por las que tener talles grandes encuentra resistencias: “Para coser una camisa te pueden cobrar entre 800 y 1000 pesos en adelante, y me dicen ‘encima lo tuyo son prendas grandes’. Lo que a los costureros les incomoda a la hora de costurar es que sea ropa amplia, porque ocupa lugar en el taller y cuesta más para maniobrar. También, si tienen que poner 10 etiquetas diferentes -para diferenciar los tamaños- me lo cobran extra, en cambio, el talle único va sin etiqueta, por eso también es más barato. Garantizar la variedad de medidas es un poco más caro, se tiene en consideración que la mano de obra es cara y junto a la suba del precio del dólar, el costo de la ropa subió un montón”.

La Cámara señaló también en otro informe que el sector enfrenta “serias complicaciones” debido a “la escasez de mano de obra e insumos y las fuertes subas de costos”, generando una limitación para lograr “mayores incrementos de producción”. En el proceso de producción y confección de una prenda del negocio de Lee trabajan 20 personas. “La industria textil está cara porque casi todos los insumos son importados, aunque compre materia prima nacional se usan insumos del exterior, como las telas 100% algodón que usan hilos de afuera, de un lado u otro te afecta el dólar. Nosotros como productores no podemos hacer nada, porque es eso o no tener qué fabricar”, dice preocupada.

Jorge Heredia tiene 39 años, es de CABA, y cuenta: “Me cuesta conseguir pantalones, buzos y remeras en grandes marcas, tengo que recurrir a locales que venden ‘talles especiales’, donde los precios se elevan al doble o hasta el triple de lo que le cobran una prenda a quien tiene un cuerpo hegemónico; cuesta mucho conseguir ropa linda de mi talla y además es mucho más cara que la ropa que está destinada a cuerpos altos y flacos”. También Lía Camps de 31 años, residente de CABA ,dice: “cuando tenía obesidad sabía que si encontraba ropa para mí, iba a ser mucho más cara y de menor calidad. Ahora, que soy S o XS encuentro ropa de buena calidad a precios súper bajos. En general, al ser prendas muy chicas están en oferta. Cuando tenés un talle intermedio, es imposible identificar qué número de pantalón usás, varía mucho de acuerdo a la marca”. 

Sobre eso, Lee dice que trabaja con los mismos talleres que las marcas de los shoppings, y agrega que la única diferencia es el modelo de negocios, es decir, “cómo querés vender tu ropa, a qué costo y con qué estrategia”: “Si hay marcas que trabajan talles grandes y venden es porque el público está, hay gente que los necesita -afirma-. Tiene que ver con la decisión de la empresa, yo hago esto por una cuestión de negocio y fabrico mil prendas, pero las hago más baratas. Ese es mi modelo de negocio, para que cualquiera pueda usarlo”.

medidas argentinas

Para establecer las medidas del SUNITI, la normativa definió que el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) realizara el Estudio Antropométrico Nacional Argentino (EAAr), con el objetivo de relevar y definir la forma y las dimensiones actuales propias de los cuerpos de la población argentina. Del estudio participaron 13.276 personas en todo el país de forma voluntaria, según le explica a crisis el presidente del INTI, Rubén Geneyro. 

Por el momento, prepondera la imprecisión en los percheros: “Actualmente, dentro de la misma ciudad no tenemos las mismas medidas para los moldes, cada marca hace su tabla de tamaños como quieren. Algunos se basan en las normas IRAM, que son europeas y muy antiguas, las cuales no se corresponden con nuestra región y se encuentran desactualizadas. No hay reglamentación y ni hablar del talle único”, explica Estruch. “La Ley de Talles permitió que desde las personas con cuerpos más pequeños hasta las más grandes se sintieran identificadas, porque literalmente esta es una industria que no está pensada para nadie”,  agrega.

El EAAr constituirá la primera base de datos nacional de medidas antropométricas y permitirá generar tablas de medidas corporales argentinas. “El estudio antropométrico es fundamental para producir vestimenta adecuada a los cuerpos porque nos marca cómo somos, permitirá también producir un transporte público más acorde y equipamiento para la salud, ya que hay muchas personas que no pueden hacerse estudios clínicos porque éste no es acorde a su cuerpo”, detalla Geneyro. “Si tenemos cada vez más elementos en este sentido, lo que mejoramos es la calidad de vida en general, son procesos para mejorar los derechos de la ciudadanía”, añade. 

Por su parte, la investigadora del Conicet Laura Zambrini señala a crisis que la Ley de Talles “da un ordenamiento a la industria y desde el punto de vista sociológico es fundamental conocer nuestras medidas”, reafirmó.

Si bien la normativa nacional fue reglamentada en junio de 2021 y el estudio antropométrico fue concluido, la ley aún no está implementada. Cuando la ley sea implementada, los productores y comercializadores de indumentaria de Argentina deberán respetar de manera homogénea el sistema del SUNITI, lo que permitirá que las y los consumidores puedan tener una referencia de su talla para las prendas que adquieran.

entrá si podés 

“Que una adolescente vaya a un local de ropa y no encuentre talles es un mensaje muy potente en nuestra sociedad -dice Zambrini, que se especializa en sociología de la moda-. La Ley de Talles nos pone en primer plano el tema del cuerpo, la indumentaria no es frívola, estás construyendo un discurso al vestir”.

Para esta nota, consumidorxs de indumentaria de distintas edades, géneros y provincias del país manifestaron a crisis que en los comercios faltan talles “más grandes” y que en muchos locales encuentran solo “talle único”, lo que les produce incomodidad al buscar una prenda. Esto genera sentimientos negativos y efectos psicosociales de riesgo contra el propio cuerpo de los consumidores, por caso “abstenerse de comer, tener atracones, vomitar, hacer ejercicio excesivo, comenzar una dieta para bajar de peso”, según la encuesta realizada por Anybody Argentina. Más de la mitad de los encuestados por esa institución respondió que al no encontrar ropa de su tamaño “cuestionaron su cuerpo” y casi el 20% manifestó realizar alguna conducta de riesgo para el desarrollo de desórdenes alimentarios por este motivo.

“Me siento discriminada por la medida de la vestimenta, que es tan pequeña. Ya estoy acostumbrada a no conseguir ropa de mi talle. En Neuquén hay escasos lugares donde poder comprar indumentaria para mi cuerpo. Y donde voy, sale mucha plata, que a la larga terminás pagando porque necesitás vestirte”, dice Julieta Martínez, una joven de 32 años que vive en esa provincia. “Es desgastante no conseguir talles adecuados, me gusta la ropa de temporada y cómoda, pero cuesta encontrar vestimenta para gente mayor a precios adecuados”, dice Alejandra Kleisinger de 62 años residente de la Ciudad de Buenos Aires. 

“La moda hizo mucho daño en ese sentido”, completa Zambrini. “Este imperativo de juventud y delgadez viene de la década del ‘60, con la cultura de masas donde la juventud empezó a ser protagonista de los cambios sociales, acompañada por su ‘lado b’ en la moda: el estereotipo llevado al extremo con las dietas, cirugías estéticas, lo fitness, los trastornos de alimentación; la autopercepción y el daño en la autoestima, que genera una sensación de nunca estar lo suficientemente delgadas o de no pertenecer a cánones, que son inalcanzables”. Argentina es el segundo país con mayor padecimiento de la conducta alimentaria, después de Japón. “Una de cada tres jóvenes adolescentes realiza conductas peligrosas para su desarrollo”, indica Estruch. Los talles más difíciles de encontrar, según la encuesta de AnyBody, en ropa de mujer y sin género son del 46 al 50. En la de hombre, 46, 48, y 54. “No poder encontrar un jean está diciendo un montón de cosas de nuestra sociedad. La ropa es constructora de identidad. Las personas no solo quieren vestirse sino que quieren sentirse cómodas y al no encontrar vestimenta se vulnera un derecho básico -en un contexto de- una industria millonaria”, agrega la referente.

otro molde es posible 

“La inspiración de mi mamá para comenzar a trabajar con talles hasta el Nº56 comenzó hace varios años cuando viajó a Brasil, donde vio que había maniquies plus size y se los trajo a Argentina. Ella percibió que la gente allá tenía otra mentalidad, las chicas eran libres, no se tapaban tanto como acá”, cuenta Lee sobre los comienzos de su negocio. En Ciudad de Buenos Aires, Syes comenzó siendo una marca de ropa con medidas “grandes” que hoy tiene un local mayorista en Argerich 738 que provee indumentaria a 100 comerciantes de distintos puntos del país. 

Para sus diseños, ella arma sus propios moldes de buzos, abrigos, joggins, camisas; shorts, vestidos y jeans, entre otras prendas. Actualmente producen 10 números (del 44 al 62), a diferencia de las marcas tradicionales que tienen menos cantidad de tamaños.

“Siempre probamos la prenda en talle M y en base a eso se hacen las progresiones de las siguientes medidas, teniendo en cuenta los lugares que pueda incomodar, por ejemplo, el brazo. A veces hay marcas que dicen ‘hacemos 7 talles’ y tienen entre cada uno 0,50 cm de diferencia. Nosotros nos concentramos en que las medidas sean reales. Me gusta decir que hacemos todos los tamaños, no me parece que M ni L sean talles grandes”, explica sobre sus criterios de producción y sigue: “Mis papás armaron la marca apuntando a señoras y nosotros, con mi hermano, a jóvenes estudiantes o trabajadoras de entre 25 y 40 años, que necesitan vestirse y no lo consiguen en otras marcas”, aunque aclara que sus prendas son utilizadas por personas de cualquier edad. “Llegan chicas de más de 40 años al local que me dicen ‘yo me siento re joven, ¿por qué me tengo que vestir como una señora?’ y tienen toda la razón. Las marcas deciden las medidas de sus prendas en base a sus aspiraciones, es decir, definen su producción teniendo en cuenta qué clientes quieren tener, más que por los costos de las prendas”. 

una ley deshilachada

¿Qué pasa entonces con la ley? Según Geneyro, falta que la Secretaría de Comercio del Interior, autoridad de aplicación, analice los resultados del relevamiento que ya fueron entregados por el INTI y que, con ello, constituyan el Consejo Consultivo técnico dispuesto por la normativa, para llevar adelante una implementación “escalonada”. Al momento de producción de esta nota,  la autoridad era  Martín Pollera, pero hoy por hoy queda la incógnita debido a los cambios de Ministerio. Mientras eso se define, el titular del INTI adelanta a crisis algunas de las conclusiones principales a las que llegaron con el estudio: “Hay una distorsión entre los tamaños que hoy circulan en la indumentaria nacional con los cuerpos de los argentinos/as. Hay un desfasaje, y la indumentaria es cada vez más chica, no representa los cuerpos de nuestra población”. También reafirma que las marcas que producen y comercializan hoy en el país, como no tienen una normativa, “definen a su criterio cómo son las medidas” y “a veces toman referencias de la tabla de talles de la Unión Europea y de Estados Unidos”, y como consecuencia, “una persona puede ser talle 42 de camisa en una marca, 38 en otra y 46 en otra”.

Así, una misma persona puede ser L (large) en un local y S (small) en otro. “En el relevamiento que hicimos en el INTI, entre el 40 y el 50% -una cifra cercana al informe de Anybody- de las personas no encuentra indumentaria de acuerdo a su cuerpo, lo que significa una forma de exclusión”, expresa Geneyro. Con respecto a las marcas que elaboran talle único, el presidente del INTI señala, en línea con lo planteado por Lee, que “es una decisión absolutamente comercial y depende del target al que quieran apuntar”. 

La nueva normativa nacional prevé que tanto las provincias como la Ciudad de Buenos Aires deberán adaptar sus normativas a lo establecido, aunque desde hace años existen respectivas leyes locales que no se aplican. Además, la Ley determinó que la Autoridad de Aplicación podrá iniciar actuaciones administrativas en caso de presuntas infracciones, y promueve “el trato digno y equitativo” en la atención de las y los consumidores, que deberá ser garantizado por las y los proveedores de indumentaria. Sobre ese aspecto, Geneyro añade que el talle único es “una definición comercial que se está revirtiendo en el último tiempo, porque hoy quien tiende a excluir a buena parte de la sociedad, indudablemente tiene un efecto negativo”.

Según el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) entre las principales experiencias de discriminación se destacan las relativas a las cuestiones estéticas y corporalidades gordas, de acuerdo con el Mapa Nacional de la Discriminación

Geneyro señala que “si uno sabe que hay un 40 o 50% de personas que no están encontrando ropa, hay un mercado que no se está cumpliendo, y por otro lado, para quienes producen indumentaria al abrir la gama de talles -con la aplicación de la ley- hay un uso mucho más eficiente de los insumos, por lo cual no tendría desde ningún punto de vista un efecto negativo para el sector textil”.

“La moda y la salud deben acompañarse -agrega Zambrini-. Si bien la sociedad siempre genera estereotipos la idea es que sean más amigables y flexibles. Es muy importante trabajar y articular la dimensión económica con la cultural, cómo percibimos los cuerpos y por qué tenemos fascinación con la delgadez. Se vive un padecimiento terrible en Argentina, si bien es algo global. Es paradójico, ya que en el país los movimientos feministas son muy fuertes y brindan herramientas para poder cuestionarlo. Estamos en una etapa de fractura”.

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