Crónica de una aparición en san nicolás | Revista Crisis
crisis eran las de antes / abril de 1989 / yo te saludo, maría
Crónica de una aparición en san nicolás
El 25 de septiembre de 1983, una vecina de San Nicolás, Gladys Quiroga de Motta, confesó haber "visto y oído" a la Santísima Virgen del Rosario. Además de llamar "a la oración y la conversión", la Virgen le había pedido "estar a la ribera del Paraná". A partir de entonces, miles de peregrinos acudieron en masa donde se construía un templo para la que desde entonces sería la Patrona del lugar. En el número 69 de la revista Crisis, una nota analizaba el fenómeno en las puertas de la democracia.
26 de Octubre de 2023

Días antes de la peregrinación, los hoteles de San Nicolás están repletos; cualquier pieza o sucucho es válido para pasar la noche. Al amanecer del veinticinco de cada mes, larguísimas colas de peregrinos aguardan su ingreso a la iglesia. Desde las 6 de la mañana se celebra la eucaristía en forma ininterrumpida, y los fieles esperan paciente y ordenadamente su turno para contemplar una imagen de la Virgen del Rosario tallada en Roma en 1884 y bendecida por el Papa León XIII. A media tarde comienza la procesión propiamente dicha: la Virgen es sacada del templo y conducida hasta el "campito" donde se celebrará la multitudinaria misa al aire libre.

 

"Vengo a pedirle a la Virgen para toda mi gente de Tucumán: los problemas que tenemos, los paros, todo eso..." (Gladys, 16 años)

 

Durante los días de peregrinación la casa de cada nicoleño se transforma en un potencial shopping donde se ofrece desde botellas de agua para los sedientos feligreses hasta remeras "de marca" sospechosamente truchas. Todos contribuyen al caldo gordo del lucro: los vendedores de estampas y medallitas, hasta Radiolandia 2000 o el diario El Norte, con sus "suplementos alusivos".

 

de todo, como en botica

 

Más que hablar de un aséptico y científico sincretismo estamos en presencia de un verdadero cambalache cultural: la peregrinación aparece como una zona de superposición conflictiva de la religiosidad popular, la organización religiosa formal y la más desprejuiciada lógica capitalista. La religiosidad popular -práctica imbricada en la cultura de los sectores subalternos, indisciplinada y muchas veces marginal- trata de ser encauzada, dirigida y reelaborada desde la estructura formal de la Iglesia. Si bien en siglos pasados este tipo de prácticas religiosas eran vistas sospechosamente por los hombres del Vaticano, hoy en día la jerarquía tolera y estimula este tipo de fenómenos que mantienen alta su capacidad de convocatoria y movilización frente a los procesos de secularización.

"Pedí que se sane mi mamá, que terminemos la casa y que seamos todos sanos" (Patricia, 23 años, Rosario)

La Iglesia, más que llevar adelante un trabajo coercitivo/represivo sobre estas prácticas, realiza una labor preventiva apropiándose de ellas, encaminándolas para evitar un distanciamiento cada vez mayor entre la casta sacerdotal y las experiencias religiosas populares. Una de Gramsci: "la fuerza de las religiones y sobre todo la Iglesia Católica ha consistido y consiste en que sienten enérgicamente la necesidad de unión doctrinal de toda la masa 'religiosa' y luchan para que las capas superiores intelectualmente no se separen de las inferiores. La Iglesia Romana ha sido siempre la más tenaz en la lucha para pedir que 'oficialmente' se formen dos religiones, la de los 'intelectuales' y la de las 'almas sencillas'.

 

"Hay muchos problemas y por eso le pido a la Virgen que nos saque de este pozo, sobre todo a la juventud que se aleja de Dios y ya no sabe lo que es esencial" (Ana, 17 años, Tucumán)

 

el don de la ubicuidad

Al recibir Gladys de Motta los primeros mensajes, el obispo designó una comisión investigadora que tras practicarle una serie de estudios psicofísicos, excluyó cualquier posibilidad de "delirios alucinatorios". Luego la Iglesia inició una millonaria "colecta pública" destinada a la construcción del templo sin dejar de lado el control sobre los miles de mensajes que recibe diariamente Gladys de Motta en el jardín de su casa. De esta manera, la jerarquía eclesiástica se ubica como "mediadora" entre ella y los peregrinos: en un mismo movimiento el Vaticano "organiza" la práctica religiosa a la vez que la "controla" y "fiscaliza".

"Vine a pedir comprensión y unión para los argentinos, que nuestros dirigentes, gobernadores, sepan llevar adelante un país, no como ahora que va a la ruina. No puede ser que haya 10 que comen y 4.000 que no comen" (Casco, 47, Rosario)

 

Si bien tardó cinco siglos en reconocer a Galileo Galilei, la Iglesia hoy no duda en consultar a psicólogos y psiquiatras: al descartar una enfermedad mental de Gladys de Motta, evade un mecanismo de exclusión discursivo. Según Foucault: "el loco es aquel cuyo discurso no puede circular como el de los otros: llega a suceder que su palabra es considerada como nula y sin valor". La Iglesia cubre sus flancos ante un posible ataque laico recurriendo a la legitimación del discurso científico. Pero esta apelación al discurso científico como legitimador en última instancia, se vuelve a veces un boomerang sobre la jerarquía. Comprobada la falsedad del santo sudario, la Iglesia prohibió en el futuro todo tipo de estudio científico sobre él. La institución se repliega sobre su propia lógica y retorna a las aguas tranquilas de la Fe.

 

los intermediarios celestiales

 

Si bien la peregrinación generada alrededor de la Virgen del Rosario es un fenómeno relativamente reciente comparada con otras prácticas religiosas centenarias, aparecen ya en ella signos crecientes de mercantilización, como sucede con otras ceremonias similares a lo largo del continente.

 

"Pedí la salud y la paz para nuestro pueblo, y el bienestar para todos los necesitados. Es lo principal: ¿no es cierto? Si el pueblo está bien comido hay paz y amor. Y sobre todo pedirle a la Virgen que nos haga un poco más buenos a todos." (Teresa, 72 años, Rosario).

 

Este proceso de mercantilización-secularización podría observarse como inversamente proporcional a medida que una comunidad resuelve sus necesidades básicas. Y también como una convivencia conflictiva tanto con la religiosidad popular como con el pensamiento formal de la Iglesia, en cierta forma interdependientes.

La religiosidad popular es sentida como una actitud vital, cotidiana, poco dependiente de una práctica religiosa formal. Sin embargo, esta experiencia aparentemente individual y privada, toma cuerpo durante las fiestas y peregrinaciones donde el sentimiento de unidad, de pertenencia a una (man)comunión se efectiviza.

 

"Le pedí que nos dé suerte y que le dé trabajo a mi papá y a mi mamá." (Ignacio, 12)

Esta religiosidad reconoce diferentes tipos dado que constituyen un conjunto heterogéneo de prácticas: las variadas formas que adoptó la conquista, las migraciones y el urbanismo, no han sido de los fenómenos menos influyentes en su proceso de conformación. La devoción a un Santo o una Virgen -contribución germánica al catolicismo- está sumamente difundida en América Latina.

"... la gente aprovecha un poco la circunstancia para convertir esto en un negocio que no se debe hacer con la religión. Lo fundamental es encontrarnos con Cristo a través de la Virgen." (Angélica, 25, Punta Alta).

Algunos investigadores, desde una perspectiva funcionalista, han querido ver en este catolicismo milagroso un mecanismo de tipo compensatorio que busca proveer seguridad ante las carencias económicas. Pero dicho análisis se derrumba al confrontarlo con la realidad de la peregrinación a la cual concurren fieles de la más variada extracción social.

 

"No vine a pedir nada, vine a dar gracias, me da mucho ella. Más gracias uno le da, más bendiciones nos da ella." (Edith, Santa Fe).

 

Sin embargo el policlasismo se termina a la hora de los pedidos a la Virgen: los devotos más humildes piden "más trabajo, bienestar y paz para todos". En cambio, los fieles de indudable buen pasar económico individualizan sus pedidos a la Virgen: salud para una persona determinada o simplemente se va a "dar gracias" por los favores recibidos.

"La señora G.F. de G. hizo durante 2 meses el pedido por la salud de S. El 8 de diciembre de 1986 llevó un rosario para un enfermo y se fue. Colocado sobre el pecho de S. este rosario fue el medio para la cura del cáncer de columna que la tenía postrada y al borde de la muerte." (Diario El Norte, San Nicolás, 25-9-88)

El sociólogo Floreal Forni cuyos trabajos nos han permitido encuadrar este artículo- resume: "El pueblo no sólo espera resultados mágicos, sino que él concibe a la religión como una directa relación con la divinidad usando como mediadores imágenes, la virgen, santos, o los muertos en vez (o paralelamente con) de una mediación de la Iglesia, a través de la disciplina sacramental…”

 

 

 

 

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