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la indomable brutalidad del fútbol
Ezequiel Fernández Moores es nuestro Woody Allen futbolero. Con su calva prominente y anteojos culo de botella, se diferencia de una estirpe de periodistas cada vez más parecida a los jugadores. Tampoco destila la solemnidad de un Cherquis Bialo, un Víctor Hugo o un Macaya Márquez. Para desmentir al típico progresista enojado, para quien todo es un negocio, se jacta de que el fútbol argentino le pone un cepo a la modernidad. Y a veces lo consigue.
27 de Junio de 2016
crisis #25

E l escenario es un lugar común para hablar de fútbol: asado y botellas de vino. En torno a la mesa se instalan editores y colaboradores de crisis. Ángela Lerena, periodista de Fútbol para Todos, refulge como invitada especial. La composición es sinónimo de federalismo: tres canallas y un leproso siempre a punto de chicanearse, un tatengue que tal vez vencido por el alcohol admitirá que el FPT le permite ver a su equipo en Canal 7, un bostero compenetrado en su rol de asador, un cervecero que cambia rubia por tinto porque según dice “viene más amarga que hiel” y los dos periodistas que no confiesan —ni antes ni después del vino— el color de su pasión. 

Fernández Moores, editor de Deportes en Latinoamérica de la agencia italiana ANSA y columnista de La Nación, insistirá a lo largo de la noche con que la pesada corporación del fútbol ha sido la única capaz de conjurar un riesgo acechante: la modernidad. “Cuando alguien frena la modernidad yo lo festejo”, repite mientras pasa una bandeja con cortes de carne a precio dólar.

¿Sentís que hay un salto cuantitativo en lo que se refiere al lugar del capital financiero en el fútbol durante la última década?

—Sí, seguro, pero porque sucede en el mundo. ¿Dónde está la guita hoy? Está oculta en paraísos y entonces cómo no pensar que eso se va a dibujar en algún lado después. Me parece muy fácil demonizar el fútbol. Si vos pagaste cincuenta millones de dólares por un Van Gogh es obvio que ahí también hay un negocio raro. El fútbol es más visible en un sentido, es más ruidoso. Cuando llegó Abramovich al Chelsea cuentan que en el primero o segundo partido escuchó que los hinchas coreaban su nombre en un canto, pero él no entendía nada. Entonces le pide a uno de ahí si puede traducirle. Y los hinchas cantaban: “No nos importa de dónde sale tu guita, si viene de las putas, si viene del lavado, si viene de la merca, lo único que importa es que el Chelsea sea campeón: ¡Abramovich!”. En cierto sentido el fútbol es mucho más brutal e incluso menos careta.

Es decir, para vos el fútbol sale airoso de esa amenaza que trata de parasitarlo.

—No es que quiera hacer un panegírico pero lo que quiero decir es que el fútbol expone más las cosas a veces. Yo creo que sufre como otros sectores. Pero cuando Menem privatizó el aire, el agua, el pan, quiso privatizar los clubes de fútbol y no pudo. No digo esto como un elogio. Pero la corporación del fútbol pudo más que la cruzada privatizadora del menemismo. El fútbol es una corporación tan poderosa que le dijo “no” a las sociedades anónimas. Tinelli se comía a los chicos crudos, y el fútbol le mete un 38 a 38 [se refiere a la última elección en AFA que terminó empatada en 38 votos aunque había un total de 75 dirigentes]. Por un lado, decís qué vergüenza, qué desastre, pero por otro lado no paraba de reírme. Tinelli estaba ahí, desorientado. En esa conferencia de prensa era un pollito mojado. Al tipo que ganaba todo, que fumaba abajo del agua, el fútbol le dijo “pará un poquito, nene”. Entonces hay algo de esa corporación, de ese poder corporativo, conservador, que tiene un costado indomable para cierta modernidad, porque puede decirle: saben qué, yo soy el fútbol.

Grondona encarnaba claramente esa corporación.

—Él entendió eso como nadie. En el mundial de Sudáfrica, Grondona tomaba un cafecito todos los mediodías en la confitería del hotel de la FIFA. Vos ibas ahí y lo encontrabas. Un día estaba en el bar con él y aparece Platini. No sé qué le dice Platini, que ya se perfilaba como el próximo presidente de la FIFA, pero Grondona le responde no en criollo, tampoco le habla en porteño, les juro que no le habló ni siquiera en Sarandí, le habló en Crucecita, el pueblito donde nació. ¡No se le entendió nada! ¿Vos creés que se molestó en que Platini lo entendiera? Ahí me di cuenta que eso era el poder. Grondona no hace el más mínimo esfuerzo y habla en Crucecita básico y Platini tiene que esforzarse en entender qué le está diciendo. Ahí me dije, “¡qué clara la tiene este hijo de puta!”.

todo pasa de rosca

Algunos filósofos contemporáneos utilizan la figura bíblica del katechon para dar cuenta de un mal menor que es capaz de conjurar el advenimiento de un mal mayor, quizá definitivo. Ezequiel Fernández Moores encuentra esa función de contención en las dos bestias pop más importantes del fútbol a nivel local e internacional: AFA y FIFA. “¿Y qué cosa no es como el peronismo acá?”, responde con sorna después de que se compara ese movimiento de masas con la institución madre del fútbol argentino. Las risas interrumpen la charla pero nadie acusa de gorila a nadie, todo un mérito a esa altura de la velada cuando ya las botellas sin corcho se acumulan debajo del parrillero. En Fernández Moores parece primar menos la resignación política que una cruda lectura de las fuerzas anacrónicas que resisten los intentos por reducir al fútbol a un segmento más de la especulación financiera.

¿Cómo resumirías este peligro de modernización del fútbol?

—El fútbol entendido como una acción bursátil. La Lazio, por ejemplo, era un equipo guau, por donde pasaron muchos jugadores argentinos. Sergio Cragnotti era un dirigente que decía “yo no les voy a dar los jugadores a la Selección Argentina porque mi club cotiza en bolsa y entonces las acciones pierden valor; y si no hay que indemnizarme para que yo les dé a Verón o a Simeone”. Empezó con ese discurso el tipo, después terminó preso por lavado de dinero. Y hablaba de fútbol moderno, siglo XXI, y todo eso. Entonces la mafia del fútbol, que esta vez se elevaba a niveles de la FIFA y ya no de Grondona, le dijo a esta gente: saben qué, vamos a hacer un calendario FIFA y ustedes van a tener que respetarlo. Es obligatorio. 

Pero la FIFA acaba de sufrir una intervención de la justicia sin precedentes.

—Una vez que se agotó la extorsión al poder económico occidental, ahora vienen qataríes, árabes, rusos: “ustedes son mala palabra en el mundo económico porque los ven raros pero nosotros les abrimos las puertas. Su dinero es nuestro dinero”. Y llegaron a la locura de darles el mundial a Qatar. ¡Eso fue un exceso! Yo no tengo dudas de que a Blatter le hicieron una cama porque se pasó de rosca. Se subió al caballo de Troya y cruzó los Andes, cruzó todo y le dijeron basta. El día que vi a esta fiscal del FBI, del Departamento de Justicia, Loretta Lynch, dando una conferencia de prensa diciendo que lo hacía por el bien del fútbol y no sabía ni quién es Messi, yo dije esto no me cierra. Acá hay otra cosa, no es por el bien del fútbol, es otro tema, no me jodas.

¿Alguna vez te imaginaste preso al CEO de TyC Sports en Estados Unidos?

—No, si la FIFA es el Vaticano y tiene su inmunidad política. Ojo que esto no lo digo exagerando. La Conmebol tenía inmunidad diplomática, tenía una placa en el edificio en la que decía “acá no pueden entrar los jueces”. Por ley número tanto, acá no entra un juez. Era insólito pero funcionaba así. Y la verdad que no se metió la justicia, se metió Estados Unidos, que era el único que se podía meter en la mafia del fútbol y decir “córtenla”. Yo no les creo que sea por la moralización del fútbol, pero sólo este poder podía hacer una cosa así.

La muerte de Grondona parece haber dejado un vacío muy difícil de llenar hoy en día. ¿Qué lectura hacés de esa batalla por la sucesión?

—Grondona, para darte un ejemplo, no tenía ni idea de lo que pasaba en el mundial de Sudáfrica. Yo le preguntaba: “¿Vio que hubo un despelote en el estadio tal?”. “Ah, sí, en qué estadio fue, querido”, te decía. Pero sabía perfectamente lo que pasaba en la Argentina. Me llegaba a comentar notas de Clarín sobre temas judiciales. Él administraba poder. Estaba en otra cosa el tipo.

Ahora encontrás árbitros que te dicen que con Grondona estaban más cómodos. El tipo era un garante de un nivel de organización que se perdió.

—En su manejo mafioso, para que él fuera realmente Don Julio, el padrino, tenía que atender al club chico de la primera D como al de la primera A, y que el chico diga “este tipo me da bola”. Y lo hacía. 

¿Sería Moyano su sucesor hoy?

—Y sí. Si Tinelli representa la línea del fútbol más entendido como espectáculo, a Moyano lo supondría más como ese poder corporativo que para bien o para mal es el fútbol. A la vez esa divisoria es muy esquemática. Tinelli hizo un laburo bárbaro en San Lorenzo. Pero volviendo a Moyano, supone ese poder corporativo para bien y para mal. Para bien al decirle a la modernidad “no, flaco, no me interesa la modernidad porque yo soy el fútbol. Entendé primero vos mis reglas porque están primero que las tuyas”. Eso me parece extraordinario. Cuando alguien frena la modernidad yo lo festejo. Lo malo es que Grondona construyó ese poder ahí atornillado, eternizado, y la impunidad se convirtió en inmunidad y la democracia no tuvo lugar. Incluso la votación del 38 a 38 es democrática después de lo que vivimos durante 35 años. 

¿Creés que esa democracia va a profundizarse o puede surgir otro dirigente que se eternice?

—No, imposible un Grondona II, no hay forma, porque el fútbol se ha convertido en un negocio ya no en términos económicos, sino en términos de acumulación de poder, demasiado apetecible para dejárselo únicamente al fútbol. Que un presidente de un club de fútbol pase a ser presidente de un país es todo un dato. Siempre dicen “ah, están politizando el fútbol” para criticar al populismo. Pero la verdad es que los más grandes ejemplos de uso del fútbol han sido de parte de conservadores. Desde las dictaduras hasta ciertos gobiernos que han utilizado al fútbol como nadie. Y a Boca lo usa el PRO.

¿Qué pasa cuando un personaje oscuro como Gustavo Arribas queda al frente de un organismo clave como la Agencia Federal de Inteligencia (AFI)?

—Cuando un tipo que puede haber sido socio tuyo o testaferro tuyo en negocios ahora está al frente de un sector tan sensible como ese, lo que vos interpretás es que está cuidando negocios. Arribas crece cuando Macri descubre cómo es el negocio de la transferencia de jugadores a través de Gustavo Mascardi. Mascardi era el gran agente de pases de Boca. Lo que se decía entonces, y sin pruebas, era que Macri vio el negocio y dijo: “¿por qué se va a llevar esa guita Mascardi?”.

 

zeitgeist con totin

Cuando se exalta demasiado en un análisis, Fernández Moores larga una carcajada contagiosa para apaciguar el clima. Su realpolitik es brillante porque evita el lugar fácil de la crítica testimonial pero a la vez revela la posición defensiva, conservacionista, en la que se ve arrinconado el pensamiento crítico en la Argentina de hoy. La circulación de bandejas con carne no amaina y nadie se atreve a dejar pasar esos pequeños lingotes comprados con tarjeta en una pulcra carnicería de Villa Urquiza. “Existe una palabra alemana —zeitgeist— que significa el espíritu de los tiempos. ¿Qué es el espíritu de los tiempos? Que lo que estaba antes absolutamente mal ahora puede estar bien; que lo que hoy está bien, mañana puede estar mal. Cosas que parecían imposibles en Argentina unos años atrás, hoy son un debate absolutamente posible” dice y, acto seguido, ubica el cambio cuando dejó de desayunar sin el humor de los mercados, sin saber quién era el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y sin saber qué opinaba la Iglesia. “Y ahora, de repente volvés a saber qué opinan los mercados y el FMI”, agrega mordiéndose los labios mientras toma un sorbo de tinto. 

 

¿Te resulta verosímil que se privaticen los clubes con la excusa del derroche de dinero?

—Sí, por qué no. Yo creo que al negocio del fútbol no lo podés medir únicamente a partir de lo económico. No es uno más uno dos. Macri podía perder guita en Boca porque su paso por ahí permitió que dejáramos de llamarlo Macri. El fútbol permitió que le dijeran Mauricio. Boca ganó todo y terminó siendo jefe de gobierno y presidente de un país. Cuando los qataríes, los rusos, los árabes, los chinos, ponen guita en el fútbol y pierden, porque pierden, están buscando visibilidad para otros negocios. Entonces, pretender que las cuentas del fútbol tienen que cerrar, me parece una ingenuidad, es no entender qué es el fútbol. Real Madrid o Barcelona, que son sociedades anónimas tienen una deudas gigantescas, como 500 millones de euros cada uno.

Pero, ¿no te parece que Macri tira la idea de transformar en sociedades anónimas a los clubes porque encuentra un contexto social que puede apoyar una medida así?

—Y los dirigentes se la dejan picando porque en nombre de las asociaciones civiles se cometieron barbaridades. Ahí te quedás sin defensa. Me parece lógico ese avance porque aparecen sociedades anónimas en casi todas las ligas oficiales del mundo. Lo que yo no me compro es que me lo vendan como una panacea. A mí lo que me enoja es que me digan que esa es la solución. Pará, flaco, si desde que obligaron a los clubes a convertirse en sociedades anónimas deportivas quebraron como quince, entre clubes de primera y segunda, en España. 

¿Cuánto tiempo le queda a Fútbol para Todos (FPT)?

—Yo creo que a duras penas van a defender lo de la Televisión Abierta. Igual, seguir con este sistema donde el Estado pone guita para que hagan negocios los privados no tiene mucho sentido.

El Estado pone el noventa por ciento y los privados ponen el diez pero se quedan con todas las ganancias. En cinco partidos recuperan la inversión y les queda el resto de las fechas como ganancia. ¿Es así?

—Ellos argumentan que está inflado el valor del segundo y que la guita que supuestamente ganarían no es tal y hasta dicen que pierden. Bueno, suponete que les creo ese discurso, ¡pero te calentó la pantalla gratis! El negocio puede ir por otro lugar. A mí me gusta el sistema FPT, emprolijando todo lo que necesite emprolijarse, pero si hay un sistema mixto yo no voy a rasgarme las vestiduras. Por algo en otros países del mundo funcionan distintos sistemas y no uno único de televisar solo desde el Estado. Y me parece que en una región del mundo en donde el Estado se confunde fácilmente con el gobierno de turno, porque ahora se ven las consecuencias de eso también, es un riesgo. Entonces no me parece mal que haya un sistema mixto y que algún partido pueda verse por cable. Si yo lo quiero ver en HD que me cobren un canon no me parece mal. Porque la paradoja del FPT fue que enriqueció al grupo Clarín. 

¿Por qué? ¿El Estado no le sacó la exclusividad a Clarín?

—Porque empezó el negocio del HD. Lo que antes pagabas ahora lo tenés gratis y lo seguís explotando económicamente. Yo hablé con gente de Cablevisión y estaban felices y te decían: “los balances están mejores que nunca. Dejamos de pagar derechos, los seguimos teniendo y creció la audiencia por el HD”. Había algo del negocio que entra en otra lógica. 

¿Qué pensás del proyecto de la Super Liga made in España?

—La puja por el negocio del fútbol mezcla elecciones en la AFA, presiones alevosas del gobierno, Super Liga, nuevo contrato de TV y Clubes S.A. Si hasta nos traen a un tipo (Javier Tebas, presidente de la Liga de España) que nos vende un modelo de Liga en la que ganan dos, tiene el mismo presidente de Federación hace treinta años y su máxima figura es argentino. Un día, como sucede en el momento en que estamos teniendo este diálogo, los clubes más grandes amenazan con renunciar y armar un campeonato paralelo, pero intuyo que forma parte de la batalla para ver cómo se reparte la torta del posgrondonismo.

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