tecnototalitarismo, ¿fin de la política? | revista crisis
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tecnototalitarismo, ¿fin de la política?
Una lectura de Fenomenología del fin, de Francisco Bifo Berardi.
Ilustraciones: Lautaro Fiszman
19 de Septiembre de 2018
crisis #31

El autor. Este agitador intelectual italiano es un febril crítico del semiocapitalismo, término que ejemplifica su gran talento nominador y que refiere a la consagración de los signos como valor supremo en la producción y el intercambio. El capital financiero es la emancipación radical del signo respecto de su referente (adiós patrón oro, pesado metal), cualquier valor es traducible en información, y el drama de la subjetividad consiste en organizarse como imagen. En el contexto de la inflación lingüística general, el espectáculo y la especulación son inseparables.

Nacido en Bolonia en el 49, maestro de escuela muchos años, histórico militante autonomista, miembro de la primera radio pirata y comunitaria italiana en los setenta (Alice), migró a Nueva York en el 78, donde participó del movimiento cyberpunk; antes había vivido en París, y tuvo un vínculo con Felix Guattari que lo marcó notablemente: Felix. Narración del encuentro con el pensamiento de Guattari es uno de sus libros disponibles en Argentina. Otros son La sublevación, La fábrica de la infelicidad y Generación post-alfa, que se ocupa de la “mutación antropológica” acaecida en la primera generación video-electrónica y sobre todo en la primera generación digital: millones de niños que “reciben más palabras de las pantallas que del cuerpo vivo de la madre”, generándose una subjetividad -una conformación operacional- centralmente conectiva.

En esa cuestión profundiza este libro: el paso del paradigma humanista “conjuntivo” (ligaduras sin patrón previo, que requieren empatía y creatividad) al “conectivo” (lazos instantáneos que requieren código previo, y por lo tanto no constituyen propiamente una experiencia, y permiten que haya comprensión y concatenación sin necesidad de empatía alguna), y sus drásticos efectos en la sensibilidad y la “mente colectiva”. Bifo lee la Historia de Occidente desde ese problema, así como los actuales dilemas políticos y de salud existencial.

 

El gancho. Seguramente se trate del libro más ambicioso de uno de los pensadores más osados, combativos y a la vez glamorosos dedicados al vasto nudo tecnología-política; su estilo, con metralla de inspiraciones, da lugar a potentes nociones como la “caída tendencial en la tasa de placer”, las “cronopatologías”, el “tecnototalitarismo”, el “sex appeal de la electrónica” o la “liviandad ansiosa del universo americano” (estadounidense). Lo conectivo es el régimen donde toda la materia viva debe traducirse a un código homologado que requiere compatibilidad previa, en pos de una eficacia “limpia” y una aceleración radical de las recombinaciones y los rendimientos. Lo orgánico es un escollo, y sufre por su adaptación forzada a los protocolos maquínicos de este ambiente financiero-digital, que generan epidemias de estrés, pánico y depresión, así como una destrucción de los ambientes naturales del planeta -vistos como “recursos”.

Cada vez hay menos tiempo para las caricias, para quererse, para cuidarse, señala Bifo -también cita datos de la OMS sobre la multiplicación de los suicidios: sesenta por ciento en los últimos cuarenta y cinco años, mientras que en Corea del Sur, el país con más conectividad del mundo, los suicidios se cuadruplicaron en las últimas tres décadas. Bifo no solo investiga el vínculo entre prefiguraciones técnicas y modos de vida, sino que hace una historia de este paradigma conectivo. Analiza cómo diversas “psicogeoculturas” desembocan por diferentes vías en la “piel lisa” de la abstracción tecnodigital, y hace una jugosa “genealogía estética de la globalización”. El simbolismo por ejemplo, en tanto gambeteador de la cosa, es denunciado en su frigidez; la pasión romántica, por su parte, y tomando palabras de Denis de Rougemont, “es esa forma de amor que rechaza lo inmediato, huye de lo próximo, desea la distancia y la inventa si es necesario”. Diversas corrientes estéticas, formas religiosas, idiosincracias nacionales y culturales, son analizadas como contribuyentes históricas a la subjetividad conectiva contemporánea, y el resultado, lejos de ser rigurosamente exhaustivo, es aperturista y estimulante.

La hipótesis. Lo neohumano, dice Bifo, hace su aparición en Estados Unidos. Allí el puritanismo se ejerció “no como identidad, sino como la cancelación de toda identidad previa”, de modo que, “a diferencia de la concepción nazi de la eugenesia, basada en la exclusión, la identidad estadounidense fue movida por una intención inclusiva, en una integración que no toma la forma de una asimilación cultural, sino que más bien implica que los individuos se vuelven compatibles operacionalmente con la racionalidad conectiva”. Se trata de una “identidad sintética”, producto de concebirse históricamente como una población sin pasado, colonizadora de un territorio vacío -genocidio indígena mediante- con la límpida pureza de la Palabra de Dios y la Razón. En contraste con la plétora sensorial del barroco católico, donde hay multiplicidad de formas y percepciones, la semiosis verbal del protestantismo habilitó esta consagración de la eficiencia -ecos de Weber. Para el puritanismo estadounidense, o hay el Dios racional o hay su ausencia: no hay política de consensos, no hay concatenación en la diferencia; hay ceros y unos, y a lo distinto, si amenaza, se lo suprime.

Pero en Estados Unidos se catalizó una tendencia muy antigua: “La historia occidental es la historia del crecimiento de la abstracción”. Esa historia dio un nuevo salto en la posguerra: adornianamente, “solo las formas abstractas fueron posibles en el período posterior al horror indescriptible. [Y] la voluntad de abstracción es condición para el surgimiento de la perfección digital”. Cita a Wilheim Worringer (Abstracción y naturaleza): “el afán de abstracción halla la belleza en lo inorgánico y negador de la vida”.

Dentro de la dominación de lo abstracto, desde los setenta -derrota del ciclo de luchas abierto en el 68- la humanidad finalmente terminó de elaborar dispositivos que la superan: las redes de comunicación y valorización capitalista introducen “automatismos tecnolingüísticos” en los procesos de intercambio, que formatean las facultades cognitivas, de modo tal que la voluntad y la política, como actividad donde la conciencia busca dirigir lo real, se han vuelto impotentes. La pérdida de la capacidad de registro e interpretación de signos no verbales -o mejor, signos para los que no tengamos patrones de reconocimiento predeterminados-, el avance de la “sintactización del mundo” en detrimento de su valor semántico (es decir, el imperio de la codificación binaria) son expresiones de la conversión general de los seres humanos en autómatas, que obedecen y reproducen la realidad del tecnocapital. La precariedad de los trabajadores -el cognitariado-, dada sobre todo por el carácter recombinante de la producción posfordista (que no contrata trabajadores/vidas, sino que compra segmentos separados de producción y los recombina para formar el producto) disuelve la solidaridad, que sería efecto de vínculos estables, dificultando que el Intelecto General se emancipe de su forma dominadora, la Ley del Valor.

 

El pifie. Lo que no es exagerado no vive, decía Laiseca; y Bifo está crispado, indignado, asustado y vivo. Acaso piensa demasiado desde el susto. Pone en el centro de sus análisis a los dispositivos en su faz dominadora, alienante. Mapea la realidad desde los dispositivos de la alienación: es dramático, y por eso repite muchas veces que el poder digital-financiero es trashumano y superior a las voluntades. Las resistencias, los movimientos de disidencia, las fugas, los contrapoderes, no tienen casi lugar en esta extensa obra. El libro, por tanto, tiene gran utilidad para formular con sagaz agudeza una serie de problemas, pero su saldo operativo -incluso anímico- es más bien acotado. “La raza humana se está convirtiendo en un ejército de sonámbulos”, y, amén de la “fenomenología de los eventos poéticos” que sugiere hacer, la gran fuga del destino autómata que está sufriendo la humanidad es para Bifo el inconsciente, garantía de nuestra diferencia respecto de los androides.

Son páginas catastrofistas y de gran pesimismo que el autor intenta sin éxito evitar: escribe como viendo un horrendo monstruo. De hecho, en las últimas páginas resume todo lo malo del mundo diciendo que “el conquistador está aquí, infinitamente superior, inalcanzable e incomprensible”. Acaso eso motive su prosa hiper excitada, barrocamente repleta de neologismos y fórmulas de una precisión desesperada; esta intensidad contrapesa la triste oscuridad de su diagnóstico.

Su extremo desánimo respecto de la voluntad política contemporánea hace síntoma en una palmaria exageración del poder que tenía la voluntad personal en la antigua modernidad humanista; específicamente la de Lenin. Según Bifo, “Lenin forzó a los trabajadores del mundo a defender el estado social de los soviets y a entrar en un proceso de guerra permanente (...) La estrategia de Lenin preparó la catástrofe mundial de finales del siglo XX”. Y como si fuera poco, “las crisis depresivas [de Lenin] coinciden con las decisiones políticas más importantes de su vida”.

 

Conclusión. Un libro generoso, con muchas ideas e hipótesis, de gran poder explicativo sobre procesos anímico-político-económicos contemporáneos, y que logra enlazar con elocuente sentido elementos diversos como Tolstoi, la Malinche, David Bowie, el porno, Heidegger o el Google Glass. No aporta al mapeo de las potencias democratizantes o libertarias o vitales; se limita a un gran trabajo de exploración de las redes de dominación, y aporta a las discusiones y comprensiones sobre los vectores efectivos que organizan la reproducción del orden actual de los valores: de hecho, permite entender más cabalmente la moral y el modelo de humanidad y felicidad gobernantes en la Argentina ceocrática, de emprendedurismo maquinal y realismo capitalista, de ingravidez virtual sin masa, del trabajo reducido a mero componente del negocio, de odio a todo lo que traba o ralentiza la eficiencia del rendimiento calculado...

 

Fenomenología del fin

Caja Negra

2017

Buenos Aires

358 páginas

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