el virus de lo absoluto. murena y urondo. diario de una investigación, de javier trímboli

Salido de imprenta en julio, el libro ve la luz después de la muerte, en enero, del profesor y tantísimas cosas más —para decir como él—, quien lo dejó terminado y en manos de un grupo que acomodó 441 páginas de difícil maquetación, con distintas tipografías y comentarios que evidencian una factura colectiva no solo póstuma. Se estructura en cuatro cuadernos que avanzan desordenadamente, de a retazos, como las formas que el historiador eligió para pasarle el peine fino al pasado, en seco, arrancando pelos si es preciso, y ajusticiando piojos con la uña. A través de un “dúo chueco”, arbitrario —el poeta Urondo y el ensayista Murena—, que encarna dos maneras de vivir y de morir, se interroga el comienzo y el fin de una época. Trímboli, adicto al anacronismo, compara: de mediados de los setenta al presente hay el mismo tiempo que separó la llegada de Colón de la captura de Atahualpa por los Pizarro. El fin de un mundo, que dio lugar al alcohol y también a las fugas místicas, lados b que siempre interesaron a este apasionado por los basureros de la historia.

“Voy a sacar a trabajar de nuevo este poema”, anota sobre uno del poeta guerrillero. De Urondo se leen con detenimiento sus textos y su deriva, como un Cristo, propia de alguien jugado, sin retorno. El diario se convierte en un médium para entender el punto de quiebre en el que se dejó de perseguir la revolución y lo razonable fue cada vez más intolerable. De Murena, el americanista que se preguntaba por los movimientos telúricos de nuestra cultura, el sorprendente anti-antiperonista habitual colaborador de Sur y La Nación, recupera Trímboli la pregunta por la subversión necesaria y el aporte del poeta: “Esa criatura con fantasía capaz de imaginar lo real, por cuya sangre circula el virus de lo absoluto”.

la era estaba pariendo  

Javier rescata la épica contra los días anodinos: defiende la incorrección frente a la crítica aguachenta que desde la posdictadura exigió cordura. “Esa palabrita de mierda: gobernanza”, apunta. Explora el problema de la integración, que en los sesenta toma su forma en discusiones sobre el aventurerismo pero también en las dos caras plebeyas de la década: la colaboración vandorista y la desobediencia —y el interés que provoca— de un bandido rural como Isidro Velázquez. “Seguir viviendo es indecente”, subraya del prólogo de Ángel Rama a Los pasos previos de Urondo, y se pregunta: “¿Cuándo prescribió este sentimiento? ¿Cuándo dejó de incluir y quedó cancelado para ser asunto de dinosaurios? Recuperarlo haría perder el pánico, iniciar la desprogramación”.

los tormentos de javier  

Se leen las risas, ja-ja, las onomatopeyas cuando algo no cierra, y un desenfado con las miradas progres, cándidas, de la pandemia. Se ríe pero está turbado por la época, por la normalidad neoliberal en la que nos sumimos, por la corrección y la vida complaciente que vuelve compatible la retórica izquierdista con la vida apacible de los cargos, de las becas, de haber estado incluidos mientras en la intemperie ganaba peso el rechazo a todo por el tufo a casta de los peores ciegos, también de los impíos, que parasitan el campo nacional y popular.

Los cáusticos —y muy graciosos— comentarios caen sobre Linera, Grimson, Alemán y otros, que tomaban la palabra en plena pandemia para prometer cobijo bajo el Estado. En el cuaderno 3 se suman a pie de página comentarios de los editores: lo llaman a la mesura, nos dicen ahora que le faltan matices. Javier fustiga a varios y los editores lo reprimen póstumamente. Intentan calibrar, hacer justicia con los compañeros vivos. El Trímboli vindicador, graciosísimo, vuelve a un registro menos desenfadado cuando llegamos al cuarto cuaderno. Ya a solas con Javier, no hay editores, ni alumnes. Se palpa el final y algo se ahonda. Siguen sin embargo los rescates de obras, intervenciones, cruces, incluso escenas que completan con astucia literaria situaciones de los autores, por momentos personajes, del Diario. No hay final literario pero sí un refucilo de optimismo, del último Trímboli, consciente, chispeando entre tinieblas: “pronto renacerán estas páginas desde el lugar que se les asigne por un mundo desconocido, por otra vida”, dice, frente a la fatalidad del apagón general.

bonus track

El virus de lo absoluto fue publicado por la editorial Las Cuarenta, al igual que Sublunar. Entre el kirchnerismo y la revolución, del mismo autor.