ladrón del siglo / del banco al río / luis mario vitette
nos vemos en el cielo, en el infierno ya estuvimos
Cuando habla, recita de memoria el manual de su filosofía. El uruguayo que organizó el robo de dicienueve millones de dólares no disimula la tristeza de un oficio que compara con el de clown. Por qué un ladrón está en las antípodas de un chorro. La propiedad privada, el diccionario del delito que escribe a través de las redes sociales, la lucha constante y adictiva por ser eso que había querido evitar. “Yo robo para ser, no para tener”, dice Luis Mario Vitette. Ironía, lucidez y nostalgia.
Ilustraciones: Frank Vega
05 de Enero de 2016
crisis #15

“Ellos dicen: te ponen las marrocas y te llevan a la tumba. Ellos dicen que no podés hacer lo que ellos hacen también. Ellos dicen que tengo estas heridas porque soy antisocial. Te llevan a Ezeiza, Sierra Chica o cualquier otro penal. Y yo digo: que tengo mi derecho a estar en libertad”.
Escuela de la Calle- Aguante la libertad.

 

“He tenido muchos trabajos. Tuve dos empresas en la Argentina. Importé aparatos cardiológicos de China, tuve una compañía de sistemas. En Uruguay tuve bar, hotel, trabajé con mis suegros. He tenido una vida laboral activa y tengo aportes jubilatorios”. Luis Mario Vitette Sellanes se presenta como si estuviera recitando uno de sus poemas. Son los datos menos conocidos de su biografía. 

¿Cuándo se dio cuenta que quería ser ladrón? 
—El otro día pensaba y encontré por ahí esa frase muy linda que decía: “Encontré mi destino en el camino que siempre quise evitar”. Mi preparación católica y todos mis estudios eran para evitar lo que en realidad ahora soy, trato de ser y seguiré siendo. Que es mi lucha, por ser. Aunque ya estoy grande y alguno de estos días me voy a morir, creo que me quedarán nada más que 40 o 50 años más de vida, recién tengo 60. Por lo menos fui, soy, estoy. 

¿A usted le gusta la timba? 
—No, aunque a veces juego al 379: el ladrón. Soy compulsivo y no puedo hacer nada de ese tipo de cosas. Nada que tenga que ver con los vicios, con las adicciones. De hecho, soy un gastador compulsivo y no lo puedo controlar.

“Somos mucho más que dos” diría Sandra Mihanovich. ¿Qué vicios tuvo usted, don Mario? ¿Caballos, bebida, droga, mujeres o de otro tipo? 
—Consumí droga hasta el año 90. Por mi compulsión era un cuento a la Luna. Tomaba alcohol, para bajar de la droga: un litro por día. También consumí psicofármacos y jugué a la ruleta. Por ahora la única compulsión que me queda es gastar. Y sí, por ahí soy bastante promiscuo. 

¿Cuál sería el mensaje para los chicos? Por lo que uno ha vivido, y otros han vivido, al final… sólo deja culpa, deudas, traiciones y abandonos.
—Me gusta eso que decís: es lo peor que me ha pasado en la vida. Y te lo dice alguien que ha estado mucho tiempo preso. Podrían pensar que lo peor es la prisión, pero no: lo peor es cualquiera de esas adicciones. Te despersonalizás, eso es espantoso. Me quedó el gustito dulce de las mujeres. Nada más. Mis nietos, la bicicleta, bajar la panza, cocinar. Hice un buen cambio.

Respetado y admirado por policías, periodistas y delincuentes, el cerebro del “robo del siglo” podría hacerse llamar “el ladrón del siglo”. Sin embargo, Luis Mario Vitette, para algunos “el hombre del traje gris”, prefiere que le digan simplemente Mario.  

Crisis buscó llegar a él durante cuatro meses. Quisimos ir hasta la Unidad Penal 30 de General Alvear, en la provincia de Buenos Aires; compartir unos mates bien cebados con Canarias con el ex hombre araña del Río de la Plata que pasó a la historia por robar un banco en 2006 y llevarse diecinueve millones de dólares en joyas y efectivo. Hacer las preguntas en off que no publicaríamos y que quizás ni siquiera hubiera respondido. ¿Hubo zona liberada? ¿Quién es el famoso que tenía doce millones de dólares en el banco Río de Acasusso? ¿Cómo hacemos para abrir las esposas con un sachet de mostaza?

Pero la misma Justicia que incumple las leyes vigentes e impide su liberación, ya cumplidos los plazos legales que rigen para su expulsión del país, nos dejó con las ganas de encontrarnos cara a cara. Fueron meses de caminar por los pasillos de Tribunales y presentar escritos, hasta que la entrevista fue autorizada por el Tribunal Oral Criminal 15. Cuando el oficio llegó al penal de Alvear, la causa había cambiado de juzgado. Del TOC 15 a Ejecución Penal 2. Otra vez a perder tiempo llamando por teléfono y presentando escritos sin recibir respuesta del juez Marcelo Peluzzi. Que se declaró incompetente y devolvió la causa al TOC 15. El expediente fue y vino. Volvió a Ejecución Penal 2, después a la Sala I de la Cámara de Apelaciones de Casación Penal y al juzgado de Ejecución Penal 4 que, cosas del destino, está a cargo del mismo juez, Peluzzi, que es del 4 pero subroga el 2. 

Nos quisieron ganar pero decidimos hablar por teléfono. A la hora pactada, el teléfono de FM Aprender sonó y oímos la voz nítida, fuerte y serena de Marito. Desde Alvear a Constitución, la última entrevista en esa prisión.

¿En quién confía menos? ¿En la policía, en los otros delincuentes, en los periodistas, en los abogados, o en las mujeres? 
—En realidad no confío mucho en ninguno de esos. Uno es desconfiado por naturaleza, pero las mujeres… ¡qué bicho raro son! Yo fui casado mucho tiempo, sufrimos mucho con una señora, tuvimos después la buena vida, y se murió, y me abandonó y me dejó solo, así que hasta en eso desconfío. Siempre digo: ¡esta hija de mil cuando estuvimos mal me acompañó, y ahora que estábamos bien se murió! En la Policía, hay un 99 por ciento que trabaja bien, que labura por el bronce, por la chapa, que madruga todos los días, para tratar de acabar con la delincuencia y cumplir su función social, pero hay un 1 por ciento o un uno por mil que son peores que uno, corruptos que ensucian a la institución policial. Son los que me llevan a descreer de ellos mismos y lo lamento por el 99 por ciento de los buenos. 

Aclaremos que la referencia a las mujeres no es por machismo sino porque, en el hecho que te hizo famoso, hay una mujer despechada que se pone al frente de la investigación y termina con la caída de todos ustedes.
—Podría hacer referencia a muchísimas mujeres despechadas que han salido a la palestra a delatar a sus esposos, a sus amantes presidentes, pero mejor no, porque estoy bastante apolítico.

@luisvitette estuvo preso entre 2006 y 2013. Cumplió 60 años el 4 de agosto. Desde su cuenta de Twitter, opina sobre la actualidad y no deja títere con cabeza. Por ejemplo: 

• “Revisé los ítems de la nueva ley y en la letra chica yo estaría autorizado a comprar bonos. Porque no contempla a ladrones (de bancos)”
• “Recuerden que tengo algo en común con el Sr. ministro Lorenzino: ¡yo también me quiero ir! ¿Podré acceder a un bonito inmobiliario? Tengo ganas de invertir en Argentina”. 
• “Hoy me toca cocinar a mí. Espero que Ricardo Jaime no se demore porque se le va a enfriar la cena”. 
• “Señores Jueces, tengan presente mi Libertad. Yo sólo se los recuerdo. Me voy silbando bajito. Nos vemos en el INFIERNO”.

Usted se define como “experto en inseguridad”. ¿Aceptaría algún cargo público o privado como asesor en seguridad? 
—Público no, privado sí. Para eso estoy creando un personaje y me he preparado, justamente, para violar la seguridad. Y dirás ¿qué tan profesional es si está preso? Ah, ese es otro tema. Yo violé la seguridad, después me delataron y vine preso. No digo que soy un experto en no caer preso ni en el crimen perfecto, que en realidad no existe: hay malas investigaciones. Una vez un implantólogo me llevó a una casa y me dijo “Marito, dale una miradita”. Le dije “cubrí acá, tapá allá” y creí que estaba copada la seguridad pero tuvo una empleada doméstica infiel y también lo robó, así que la seguridad perfecta no existe. Me preparé toda la vida para violarla, así que ¿por qué no saltar al otro lado para cuidar que no la violen? No lo considero una traición. 

¿Por qué no? Si ex represores de la dictadura han creado agencias de seguridad, usted podría hacerlo una vez que pague su deuda con la sociedad.
—Es cierto. Hace poco leí una nota sobre bandas de ex ladrones que están trabajando para la seguridad en los Estados Unidos. Como dice el dicho del campo: a los huevos hay que dárselos a cuidar al zorro. 

¿Coincide con nosotros en que la inseguridad es un negocio? 
—No me gusta hablar de números, pero esta vez voy a hacer referencia. Una empresa de seguridad me ofreció 120 mil dólares por año para utilizar mi imagen y mis conocimientos. Y me negué. Eso quiere decir que es buen negocio, ¿no? Han hecho una muy buena oferta, pero pretendo muchísimo más.

Es buena plata igual… 
—Sí, pero hay un dicho en el campo que no creo que tu revista lo publique: “para ser puta y no ganar nada, es mejor ser mujer honrada”. Entonces digo, mi amigo, ¿se quieren llevar la del león? Tal vez sea un poco mi egocentrismo, pero si quieren elegir al mejor posicionado, publicitariamente, al posicionado como “el peor”, si van a utilizar mi imagen, que la pongan: si no, lo hago yo.

Una vez usted se definió como “un triste ladrón de gallinas”. Pero son gallinas de huevos de oro. 
—Pero no dejo de ser un ladrón de gallinas, porque no soy ladrón de bancos. Que una vez robé un banco… me gusta mucho lo de triste, y mucho más lo de ladrón. 

Triste ¿por qué? 
—Porque el ladrón es como el clown. Yo te muestro si querés todas chicas en minifalda, las botellas de champán se destapaban solas… pero es de mi boca para afuera. En realidad, en mis memorias, en mis reservas, es más tristeza que alegría. Por cada botella de champán hay cuatro panes duros en la sombra, en la cárcel, en la tumba.

Le iba a preguntar si el crimen paga o no paga, pero ya me contestó.
—No, el crimen no paga. Nada. Si pudiera retroceder cuarenta o cincuenta años en el tiempo, nunca estaría detenido. Nunca haría nada que me pueda traer a una cárcel. Me agarraría con los dientes para tratar de esquivar mi destino en el camino que encontré.

Una vez “La Garza” Sosa contó que solamente se arrepentía de un hecho: su primer robo, el arrebato de su cartera a una mujer. ¿Se arrepiente usted de algún delito?
—Me arrepiento de algo hace muchos años en Uruguay, un ilícito del año 1976 que ya está pago, prescripto, no figura ni como antecedente. Me vi involucrado en un homicidio, y como hubo una vida de por medio eso trato de esquivarlo, no de eludir la responsabilidad. Trataría de sacarlo de mi vida de cualquier manera. Le pido perdón a la familia, me tapo, me humillo, me avergüenzo el resto de mi vida, pero preferiría no hacer referencia a eso que figura grabado a fuego en mi alma y mi corazón.

Pero de mi oficio o profesión de ladrón, no voy a renegar. ¿Cómo me voy a arrepentir de robar el Banco Río de Acasusso si estuve invirtiendo muchísimo dinero y trabajando un año para eso? Me arrepiento de haber conocido gente que después me delató. 
 
¿Cómo ve la transformación del delito con el paso del tiempo? La inseguridad aumentó o se redujo, pero creció la violencia. ¿Los medios influyen? 
—Hay un montón de aristas, y podríamos hablar cuatro revistas solo de esta pregunta. El delito ha mutado mucho. Lo que digo es entre comillas, porque estamos hablando de la comisión de delitos. El “profesionalismo” se va perdiendo, ya no hay “especialidades”. Siempre hay una diferencia entre el ladrón y el chorro. El ladrón se prepara para cometer un ilícito, para perpetrar algo estudiado, calculado, con una inversión para llevarlo adelante. El chorro sale a la calle a buscar dinero. Entonces puede robar un blindado, un banco, un camión de carne, de caudales, no tiene un delito determinado. Va a robar, a buscar dinero. Ya no hay ladrones, ahora hay chorros. Es así: “Vamos en un auto y si sale un señor de un auto en un chalet muy lindo le hacemos una entradera, y si sale del banco hacemos una salidera, y si le tenemos que dar un tiro en la panza a una embarazada se lo damos.” La ostentación obscena lleva al delito. Eso que vemos por los medios, una persona que no está muy firme en su educación dice “yo quiero un celular de esos” y va y rompe todo a un viejito para tenerlo. No digo que la televisión tenga algo que ver, pero a lo mejor induce. Cada vez que veo una joya que es el sueño de todo ladrón, la destaco en Twitter, aunque a algunos de mis seis mil seguidores no les guste mucho. 

¿Tuvo alguna joya de ese valor en sus manos alguna vez? ¿De medio millón de dólares? 
—No me acuerdo, je je je. Sí, tuve. Hay antecedentes públicos de mis fracasos. En el Banco Río hablan de 80 kilos de joyas finas, por ejemplo.

¿Qué piensa de la propiedad privada? 
—¡Cuando me robaron a mi no sabe cómo me dolió! Robar está muy mal, es contrario a mi grey católica. Robar es un pecado. A la sociedad a veces la critico porque me dicen “qué podemos hacer con los pibitos” y les digo que no deleguen en mí una responsabilidad que es de ustedes. A mí me segregaron por mi mal comportamiento, así que no es una crítica, pero no me pongan en la responsabilidad de decir qué hacer. Empecemos por la educación, que es la responsabilidad de ustedes. Soy crítico pero sin odio a la sociedad, si los códigos dicen que fui separado por mi inconducta, como ahora dice la ley que voy a ser expulsado del país por mis malos comportamientos. No soy ningún Robin Hood, no hay nada de eso.

“En barrio de ricachones, sin armas y sin rencores, es solo plata y no amores”. 
—Es solo plata y no amores, me gusta la adrenalina. Pero la frase no es mía, siempre sostengo que no estuve de acuerdo en dejar ese cartel que era una provocación al pepe, ya nos íbamos con todo el dinero.

¿Fue un plagio al golpe de 1976 en un banco de Niza?
—No, la única coincidencia es que también habían dejado un verso, una frase. Yo no las uso para provocar, solo para hablar bien de mí y dormir más tranquilo.

Vittete recuerda haber leído “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”, de Lacan, textos legendarios como “Papillon”, de Henri Charrière y “Siete años de cárcel”, de Nicole Gerard, pero admite que conoce más de cárceles y motines por lo que le tocó vivir. Por eso ya casi no lee historias de prisiones. “Prefiero sumergirme en mis recuerdos. En realidad me conocen por mis fracasos”, dice. De hecho, hay muchos que creen que hace falta filmar una película sobre su vida. A él le gustaría la idea pero preferiría que fuera una ficción y no un documental, que le suena muy solemne. “Para que no digan ‘mirá este hijo de mil cómo malgastó su vida, casi toda su vida dedicada a hacer el mal, a estar encerrado’. Ya que dediqué mi vida a esto, creé un personaje que cada vez odio más, que se llama Marito Vitette, a ese personaje, cualquiera que quiera documentarlo, cualquiera puede hacerlo per se, pero el que quiera mi información va a ser el que tenga más dinero”. 

En la película, tendríamos varios personajes: el Uruguayo, Beto, el hombre del traje gris, el Cerebro, el Ingeniero… Ya que a Marito lo quiere dejar de lado, ¿usted cuál sería? 
—Marito. Hablo como los dementes, en tercera persona. Quiero volver a ser Luis Mario, jugar con mi nieto, llevarlo a la escuela, ir a la playa y meter las patas en el agua… ¡qué guarango suena “las patas en el agua”!, ¿no? 

Las patas en la fuente, como decimos los peronistas. ¿Un policía y un ladrón que merezcan su respeto? 
—Policía, ninguno. Que me perdonen los buenos, pero dudo por los malos. Ladrón, yo. 

“En tiempos sombríos, los villanos tomamos protagonismo”.
—Eso no es un plagio, es la deformación de un original en el prólogo de Robin Hood. Cuando los gobernantes pierden liderazgo, cobra protagonismo el villano. Es una deformación de un plagio, mirá si seré honesto. Uno de mis versos que me gusta mucho es “Paz interior (Carta de un ladrón a un vigilante)” dedicado a Julio López, que no fue muy difundido, será porque le recuerda a alguien su responsabilidad en el hecho. 

¿Cuál sería su mensaje a los chicos que están pensando en entrar a la delincuencia o que acaban de empezar en el delito? 
—Tantas cosas les diría... Me gustaría muchísimo trabajar con la infancia, para mostrar el mal ejemplo. Tantas cosas podría hablar yo con los chicos, ir a un guachero, a un hogar de menores, y dedicar un kilo de yerba y mostrarle heridas que no se ven, que no están visibles, que capaz no van a cerrar nunca y que sangran toda la vida. Un mate y un buen consejo valen más que cualquier cosa. 

Si se ganara el Loto o el 5 de Oro, ¿en que invertiría el dinero? ¿Oro, joyas, plazo fijo, inmuebles? 
—La regalo toda. Yo robo para ser, no para tener. 

Usted dijo que le teme al buen policía, porque trata de detenerlo. Al mal policía, porque trata de sacarle plata. Al mal ladrón, porque trata de delatarlo. ¿Le tiene miedo a algo más? ¿A la muerte? ¿Suya o de un ser querido? 
—A la muerte sabés que no. Extraño tanto a mi padre que la espero, dentro de 40 años, para ir a encontrarme con él. 

Gracias por su tiempo, Mario.
—Gracias a ustedes, y nos vemos en el cielo, porque en el infierno ya estuvimos muchas veces.

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