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la villa es bella
Horacio Rodríguez Larreta sueña con ser “la pata progre del PRO”. Y aunque le pone el hombro al scrum represivo, su libido apunta allí donde Macri nunca quiso pispear. En busca del lejano pero firme anhelo de la sucesión, mixtura faraónicos planes de infraestructura, una intensa publicidad favorable a los espacios verdes, el fomento de la peatonalización y la frutilla del postre: la integración de las villas al flujo urbano, comenzando por la emblemática y codiciada villa 31. Si ya tenemos al Papa, ¿llegó el turno del CEO peronista?
Fotografía: Sebastían Pani
09 de Abril de 2017
crisis #28

S e viene preparando para mandar casi desde que nació. Su primera experiencia de gestión fue como gerente general en la ANSES menemista. Creó un think tank llamado Sofía para formular la solución neoliberal a los problemas de los porteños. Fue el brazo operativo de Macri durante ocho años, en la gestión que catapultó al hijo de Franco a la presidencia. Le daban pocas chances en la interna contra Gabriela Michetti, pero derrotó al honestismo apelando a la astucia política. Cultiva junto a su hermano Augusto buenos oficios con megaempresas inmobiliarias como IRSA, y ahora se dedica a urbanizar las villas de la ciudad con una ambición que no se recuerda en la democracia argentina. La pregunta es: ¿se puede congeniar especulación inmobiliaria e integración urbana sin despeinairse?
“En realidad a mí no me gusta o no coincido con el término urbanización de las villas”, se florea Larreta en el primero de los dos encuentros que tuvimos para este reportaje. “Porque vos podrías urbanizar en términos físicos sin generar lazos o relaciones con el resto de la sociedad. Yo creo que es tan importante el desarrollo del barrio en sí mismo como su relación con la ciudad. Eso es lo que llamo integración. Porque se puede urbanizar sin integrar. Hoy, hablando de la 31, si vos estás parado en Callao y Libertador y trazás una línea recta estás a ochenta metros de la villa, pero para llegar tenés que dar la vuelta al mundo. Es un rodeo largo y hostil, porque hay que pasar por la entrada de los colectivos de larga distancia. O lo mismo al revés: el chiquito que vive en la 31 y tiene que ir a la escuela, porque la mayoría de ellos van a una escuela fuera del barrio, para llegar tienen que dar una vuelta increíble. Por otra parte hay que darle razones a la gente del resto de la ciudad para ir a la villa. Por eso para mí es tan importante mudar el Ministerio de Educación, no solo por lo simbólico sino además porque con esa movida vas a llevar dos mil personas a trabajar ahí. Hay que acostumbrar a la ciudad a concebirlo como un barrio más”.

La cita es en el bar Las Luces, ubicado en el hall del hotel Intercontinental, propiedad de IRSA. La TV oferta CNN. El jefe de Gobierno se mueve sin custodios. Se lo nota cómodo. No establece distancias formales al hablar, aunque cuida en extremo la consistencia de su relato. En una hora de conversación amena y sin rodeos, no pudimos arrancarle una sola frase fuera de libreto. En ese sentido, nada que ver con el Guasón.

Ustedes vienen gobernando la ciudad hace ocho años y en las villas a lo sumo habían hecho maquillaje. ¿Por qué ese cambio ahora?

—Ahora podemos por la relación con el gobierno nacional. Antes no podíamos construir ni un cuartito, por el tema de los títulos de propiedad de la tierra, que son nacionales. Tampoco podíamos acceder a créditos de los programas de vivienda federales, ni a créditos internacionales. Buena parte de la integración de la 31 la financiamos con un crédito del Banco Mundial. Antes yo no podía acceder, porque la Nación no nos daba el cupo. Y, si querés, mi impronta es darle prioridad a eso.

¿Esa impronta es lo que te diferencia de Macri?

—No. Antes ni siquiera se planteaba el tema, no había chance. En cambio ahora yo tengo la posibilidad. Una de las primeras cosas que firmó Macri cuando asumió fue un comodato para empezar a construir en la 31, mientras hacemos los trámites de formalización catastral. Este año dedicamos el mayor tiempo a crear consenso. Hubo muchísimas reuniones de diálogo para consensuar el proyecto en general, lo cual no significa unanimidad. Nuestro objetivo es respetar el lugar donde vive la gente, y ayudarlos a mejorar su vivienda. Porque el arraigo es un valor. Las experiencias de desarraigo en la Ciudad son muy duras. La mudanza de vecinos que vivían sobre el Riachuelo en la 21-24 hacia el complejo de las Madres en la General Paz fue un desastre. Hubo gente que se volvió a vivir al costado del Riachuelo, por el colegio del hijo y por un tema de arraigo. Salvo que haya una decisión voluntaria de la gente, yo creo que hay que respetar eso.

¿El financiamiento es íntegro del Banco Mundial?
—Tiene tres fuentes: una parte importante es del Banco Mundial, otra porción es de la venta de los terrenos del Tiro Federal (el treinta por ciento de ese ingreso está destinado específicamente a la urbanización de la 31) y el resto sale de Rentas Generales. En definitiva, todo es presupuesto de la Ciudad pero solo una porción menor, si todo sale como planeamos, va a provenir del presupuesto. 

Mucha gente de clase media reacciona mal ante el hecho de que se gaste tanto dinero en urbanizar la villa, sobre todo por cómo aumentaron el ABL, los servicios y el subte.

—No creo que la gente haga una cuenta puramente matemática. Yo no tengo dudas que la integración de las villas es un gran beneficio para toda la ciudad. Y que la gran mayoría de la gente eso lo ve. Algunos por un tema de sensibilidad social y otros por conveniencia. Creo que es muy excepcional aquel que prioriza una mirada tan extrema como la que vos decís.

la preciada herencia

La estrategia de desarrollo urbano propuesta por el PRO es su principal arma en la construcción de una hegemonía duradera y envolvente en la Ciudad de Buenos Aires. En ese sentido, la cercanía de funcionarios clave con ciertos grupos contratistas no es un mero dato de color, como lo ejemplifican el tándem Larreta–IRSA y la buena performance en licitaciones públicas de las empresas de Nicolás Caputo, amigo íntimo del presidente. Sin embargo, la ciudad no es una empresa, y el macrismo lo sabe. Por eso ha desplegado una eficiente política de consensos en la Legislatura porteña, basada en la persuasión y la billetera. Tanto el Frente Para la Victoria como el bloque de SUMA+, del otrora opositor Martín Lousteau, apoyaron casi todas las iniciativas privatistas del oficialismo, incluso cuando hubo grandes controversias con los vecinos, como el caso de la urbanización del asentamiento de Fraga en Chacarita. Pero no parece cosa fácil agujerear el arrollador relato de la especulación inmobiliaria.

Junto a la urbanización de las villas ustedes lanzaron varios megaproyectos inmobiliarios, que contribuyen al encarecimiento del suelo y de la vivienda en la ciudad.

—Son emprendimientos muy distintos. Hay que ver caso por caso. El Tiro Federal, por ejemplo, es propiedad de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy lo utilizan cien tiradores y una parte para el estacionamiento de la cancha de River. Creo que es mucho mejor que el cuarenta por ciento de ese predio se convierta en espacio público, libre y gratuito. Y los fondos que genere su venta van a contribuir a desarrollar la villa 31. Además se va a generar un polo de investigación que aporta empleo, en coordinación con la UBA, integrando ese espacio a la Ciudad Universitaria, un lugar que hoy está muy aislado. Es todo ganancia.

El problema es precisamente la idea de ganancia, cuando quienes la ejecutan son las grandes desarrolladoras inmobiliarias. Como en el proyecto de los Solares de Santa María, del grupo IRSA.

—Los terrenos donde se van a construir Los Solares no son del gobierno, son propiedad privada. Es un terreno que IRSA le compró a Boca Juniors hace añares. Ellos hicieron una propuesta porque querían un cambio en las zonificaciones. Yo les dije que la única posibilidad de cambiar la zonificación es que nos den un cuarenta por ciento de espacio público libre abierto a la gente, y que el cambio no implique aumento del fondo, o sea de los metros cuadrados a construir.

¿Es cierto que la urbanización de Rodrigo Bueno depende de la aprobación de los Solares de Santa María?

—No. Solares, de hecho, no se aprobó. Y nunca estuvo condicionado. Los primeros que vinieron a pedir a la Legislatura que se aprueben los Solares son los vecinos de Rodrigo Bueno. ¿Sabés la cantidad de puestos de trabajo que se generarían ahí para la gente de la villa? Pero una cosa no está atada a la otra. Rodrigo Bueno se aprobó, con su financiamiento independiente de los Solares.

Si el proyecto de los Solares se aprueba como ustedes proponen, no solo es un negoción para IRSA el emprendimiento inmobiliario en sí, sino que además los terrenos que poseen se valorizan enormemente. En otras ciudades el Estado suele cobrar impuestos a esa plusvalía. ¿Por qué la Ciudad de Buenos Aires hace la vista gorda?

—Le estamos pidiendo una contraparte. Primero, tienen que financiar obra en Rodrigo Bueno que el gobierno aportaría en el caso de que no se apruebe. Más la construcción de un puente. Y sin metros cuadrados adicionales. Esas son mis condiciones para la negociación, de un terreno que, repito, es privado. No cobramos plusvalía porque les estoy pidiendo setenta millones de dólares. Vos podés discutirme si le tengo que pedir 72 o 65. El gobierno anterior, al nacional me refiero, tenía un borrador de convenio firmado con IRSA, que no se aprobó y quizás puedan decir que no existe, en el cual la contraparte eran cinco millones de dólares. Yo les estoy pidiendo setenta.

¿Y cómo te sentís como jefe de Gobierno sabiendo que un cuarto de las viviendas de la Ciudad están vacías?

—Ese dato a mí me lo decían los urbanistas, y yo nunca pude verificar que sea así.

Figura en la Encuesta Permanente de Hogares que realizó el INDEC en 2010.

—Lo que ha sucedido claramente es que han aumentado en promedio los metros cuadrados por persona. Que estén vacíos no es muy verificable. Pero más allá de que sea un cuarto, un décimo o un octavo, la falta de crédito hipotecario es la causa de que la gente no pueda comprar. En ningún lugar del mundo la gente compra sin crédito hipotecario. O sea, las viviendas ya están, por eso la política no pasa por construir más viviendas. Si es como vos decís, ponele que haya un diez por ciento de viviendas libres, lo que tenemos que facilitar es el acceso a la gente a las viviendas que ya existen. El desafío con el espacio que aún queda en la Ciudad es construir espacios públicos y espacios verdes.

¿Por qué no gravar esos inmuebles vacíos?

—Es muy difícil comprobar qué es un inmueble vacío. Vos vivís en una casa y tenés un consultorio donde atendés una vez por semana: ¿eso es vacío? Tenés tu casa y además tenés otro departamento al que vienen tus padres que viven en Córdoba, tres veces por año. Y reservás para ellos ese espacio: ¿es una vivienda libre?

En Puerto Madero hay casi un setenta por ciento de viviendas libres y no parece ser una zona propicia para poner un consultorio.

—Lo que te quiero decir es que la definición de inmueble vacío es difícil de comprobar.

¿Y si el problema es la especulación inmobiliaria que encarece el metro cuadrado y lo torna inaccesible?

—Yo creo que el problema hay que ubicarlo del lado de la demanda. Esos edificios no se venden porque no hay nadie que los compre. Porque durante años, en la Argentina, con la política del cepo y de la falta de crédito hipotecario, muy poca gente pudo comprar cash.

Los grandes negocios inmobiliarios de las metrópolis contemporáneas son utilizados para lavar dinero, por eso la clase media no tiene acceso a la vivienda.

—No tiene por qué ser así, si alguno es para lavar dinero hay que denunciarlo. Partir de la premisa de que todos los emprendimientos son para lavar dinero me parece una generalización ilegítima. A mí me cuesta cuando queremos inventar de vuelta la rueda, cuando queremos ponernos en argentinos demasiado originales. En cualquier país del mundo, el más liberal, el más progresista, la gente compra sus viviendas con créditos hipotecarios. En Noruega y en Suecia, en Estados Unidos, en Chile y en todos lados. Entonces, no tratemos de inventar lo que en el mundo ya está desarrollado. Eso es lo que necesita la Argentina y esa es la solución: crédito hipotecario accesible.

Pero también podríamos aprender de los países más importantes del planeta y sus enormes burbujas inmobiliarias, que eran precisamente créditos hipotecarios totalmente penetrados por lógicas financieras. Y tenemos, en las principales ciudades del mundo, el problema de la gentrificación.

—¡Saben lo lejos que estamos de la gentrificación! Tenemos zonas enteras de la ciudad que se pueden desarrollar. Para que algún día llegue el mercado ahí y desplace a los habitantes tienen que pasar cincuenta años. Me parece que la gentrificación es un fenómeno que se da en las ciudades desarrolladas y ricas, cuando ya no hay más para dónde crecer. Nosotros tenemos 250 mil personas viviendo en las villas de la ciudad y si en vez de mejorarle la calidad de vida a esa gente nos ponemos a especular con la gentrificación, entonces no hacemos nada. “No le mejores la vivienda porque el día de mañana alguien va a venir a comprarle la casa”. Si nosotros mejoramos la calidad de vida de mucha gente durante treinta años, es un logro enorme. Quizás dentro de cuarenta años empieza en Buenos Aires un proceso de gentrificación, que no te puedo negar que pueda pasar. Pero mientras tanto hay chicos que no pueden ir a la escuela porque cuando llueve tienen barro en las rodillas. O que no tienen cloaca a diez minutos de donde estamos acá nosotros tomando cómodamente un café. Entonces, a mí me asusta el tema de la gentrificación como argumento para no hacer lo que estamos haciendo. Porque mientras tanto vamos a tener dos o tres generaciones que van a seguir igual.

descanso territorial

Topadora Larry parece tener respuestas para todo. Se lo nota convencido, incluso fascinado, cuando habla de su utopía plebeya. “¿Seguimos la entrevista en mi despacho de la villa?”, propone. Y se manda la parte: “instalamos una oficina en lo que era el boliche de Tarzán, uno de los principales narcos del barrio”. La segunda reunión, en efecto, tiene lugar un miércoles al mediodía en la 31. A una cuadra del lugar cruzamos a decenas de funcionarios caminando muy campantes hacia la salida de la villa. Todos rubios y rubias, con sus camisas y blusas claritas de mangas largas, aunque el calor arrecie. Una imagen francamente insólita. Venían de una reunión de Gabinete. Entre ellos los ministros de Hacienda y Seguridad, rodeados de colaboradores.

La edificación del gobierno en el medio de la villa está hecha con materiales posmodernos y parece incrustada a presión. En la planta baja hay una sala de atención al público donde se asesora a los vecinos sobre cómo mejorar su empleabilidad o regularizar sus emprendimientos. La puerta permanece cerrada con llave. Hay que golpear y un empleado te abre.  Arriba, la luminosa oficina del jefe y una sala de reuniones con aire acondicionado y todos los chiches tecnológicos. Pero el anfitrión invita a caminar el barrio. Junto a Diego Fernández, secretario de Integración Social y Urbana (“fijate que primero decimos social y después urbana”, apunta), y Marcelo Nachón, Secretario de Medios, salimos de recorrida. Una cuadra y la camisa reglamentaria del Alcalde estalla en sudor. Los vecinos parecen acostumbrados a las visitas oficiales porque no hay alboroto, pero se acercan dos jóvenes borrachos y lo abrazan, le piden plata, “no tengo” responde, y un poco lo descansan. Entrecortada, la entrevista sigue.

Durante estos años de gestión ustedes se preocuparon por tener referentes y organizaciones en los barrios.

—Sí, le damos mucha importancia a la política territorial. Yo personalmente le doy muchísima importancia al contacto directo con la gente, le dedico larguísimas horas de la semana a estar en la calle. Hablo con los vecinos, voy a tomar un café a la casa de alguno que llama. Le dedico mucho tiempo porque creo en eso. El espacio público es lo más democrático del mundo, la plaza, el parque, porque se encuentran todos. Nosotros tenemos que desarrollar espacio público de calidad. Los espacios verdes de la Ciudad están en su mejor momento, la gente los cuida, son gratuitos y abiertos. Es impresionante cómo la gente usa las plazas. Y vamos a tratar de meterle 110 hectáreas verdes nuevas a la ciudad de acá al 2019. Es un montón.

¿Y por qué cerrar las plazas a la noche?

—Hay un dato que dice que las plazas cerradas se mantienen mejor que las plazas abiertas. Si vos me preguntás a mí, personalmente no me gustan las rejas en la Ciudad. Pero en muchos lugares es una realidad y en eso escuchamos bastante lo que dicen los vecinos. Nunca hay unanimidad. En Parque Lezama había un grupo grande que no quería rejas, y yo dije “bueno, arranquemos así: si se mantiene vamos a bancarla”.  Y se está manteniendo bastante bien, está terminada hace un año y medio y está divina. Hay otros lugares que parece que con la reja se mantiene mejor, por ejemplo Parque Centenario, que debe ser el parque más lindo del país. Lo arreglamos hace cuatro años y se mantiene perfectamente. Parque Rivadavia lo mismo. Parque Chacabuco lo estamos mejorando un poco más. Parque Avellaneda está lindo sin rejas. Yo no soy partidario de la reja per se.

El que no parece estar divino es el Indoamericano. Pero volviendo al tema de los actores en los barrios, hay personajes como Maximiliano Sahonero que representan bien lo que ustedes pretenden, pero también hay casos como el de Rodolfo Corso, que tiene muy poco de “nueva política”.

—A Corso no lo tengo registrado, a Sahonero sí.

Corso es un muñeco de la Boca que estuvo repartiendo sillazos y cuchilladas en la audiencia pública por lo de Casa Amarilla.

—Ah sí, el hijo está preso por una denuncia nuestra.

Ahora lo largaron, pero el padre es el referente de la banda y todavía es empleado municipal. Los familiares de una de las personas que fue salvajemente golpeada ese día nos dijeron que les prometiste tomar medidas al respecto.

—Sí, yo hablé con ellos, me reuní con algunos de los golpeados ahí. Pero tenés que hacer un sumario, es un caso que está siendo investigado por la justicia. Y si la investigación judicial no determina que el tipo es culpable, es un empleado público y tiene estabilidad. No puedo echar a alguien que la justicia no me diga que es culpable de un delito.

Eso es una excusa.

—Pero es así, la Constitución habla de la estabilidad del empleado público. Nosotros colaboramos con la investigación en todo lo que podemos. Pero si la justicia no dice que el tipo es culpable, tiene estabilidad. Al tipo no lo conozco, nunca lo vi en mi vida, pero te aseguro que no es uno de nuestros referentes en el barrio.

Dirige una banda que hace trabajos para ustedes en la Boca.

—No tiene nada que ver eso con la integración de las villas. Sahonero es un dirigente de verdad. En la villa 20 están sentados en la mesa de diálogo representantes de todos los sectores, de todas las ideologías políticas y afiliados a todos los partidos. Eso es realmente un ejemplo. Por eso allí vamos más rápido. Porque es mucho más fácil trabajar en una villa donde tenés un nivel de organización como en la 20, o como en la Rodrigo Bueno.

¿Vos dirías que tu gobierno es progresista?

—Es un gobierno que está apostando por la integración de las villas en la ciudad. Un gobierno que prioriza al transporte público y a los peatones. Un gobierno que le da prioridad a la agenda verde. No sé cómo se llama, pero eso es lo que estamos haciendo.

¿Vos cómo lo llamarías? ¿Un gobierno moderno? ¿Progresista? ¿Populista?

—Yo entiendo que mucha gente lo llamaría progresista. A mí los rótulos no me interesan. Yo hago lo que yo creo que es mejor para la gente, en el marco de una democracia, en el marco de las reglas institucionales. Jamás tuvimos mayoría en la Legislatura, todo lo que hablamos requiere de un proyecto de ley, incluso el de la peatonalización de Tribunales. Todo sale con votos.

¿Dirías que la gestión económica del gobierno nacional es positiva?

—Si tenemos en cuenta de dónde veníamos sí, porque sinceró una cantidad de variables que estaban tapando el sol con la mano. Una cosa es que la situación en lo económico y en lo social esté difícil, no tengo ninguna duda de eso. Y Macri coincide primero que nadie. Pero también creo que tomaron las decisiones que sientan las bases para recuperarse.

¿Y tu relación con Angelici cómo es?

—Lo conozco, pero no tengo más relación que esa. Él es muy amigo de Mauricio. Me dejó con la sangre en el ojo en el último clásico que nos ganó Boca.

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