Una casa sola, de selva almada

I soca, belfo, arará. El vocabulario del espinal, desafío lector. Limetilla, zape, la lengua de la Argentina recién nacida, también. Sabemos: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. La novela de Selva Almada Una casa sola empieza con un coro de zombies plebeyos que clama “¡Que nos busquen!”, mientras juegan a la payana con un astrágalo humano. Pasada esa escena, aparece la voz narradora principal: la casa del título, cuyos últimos moradores desaparecieron. Peón el padre, de un patrón mezquino y prepotente. Jovencísima la madre, sirvienta de la esposa del dueño de la tierra. Cuatro niñxs.
La casa es una novela publicada por Manuel Mujica Lainez en 1954, cuya narradora es una lujosa construcción que observa la desintegración de una familia y la suya propia. Sobre la calle Florida de Buenos Aires, y mientras es demolida, la casa relata su tragedia. El padre, senador juarista. Uno de los cuatro hijos, al borde la locura, tira a otro por el balcón; el muerto permanece como fantasma. Pasan los años. Dos trabajadoras domésticas, a quienes nadie entonces llamaba así, se quedan con el edificio. Imposible no leerla como analogía política, ni el autor quiso ocultarlo: dos albañiles preparan el fuego para el asado con un cuadro italiano y pedazos de boisserie. En cambio, ahora, la casa que elige Almada es litoraleña, un techo sin agua corriente, rodeada de perros y gallinas. La naturaleza la transforma, como si se la comiera, mientras cuenta lo sucedido con los Lucero, más parecido a un crimen social que a uno familiar.

¿dónde están?

En varias entrevistas Selva Almada contó cuánto le llaman la atención los avisos que en las pantallas de los aeropuertos piden información para localizar a personas buscadas. Los “desaparecidos en democracia” son el tema de varias novelas argentinas de este siglo: Chicos que vuelven, de Mariana Enriquez (2011); la exitosísima Cometierra, de Dolores Reyes (2019); Para hechizar a un cazador, de Luciano Lamberti (2024). Despliegan un realismo sobrenatural: algo que sucede en la vida contemporánea —que integra el repertorio de los noticieros— entra a la ficción de la mano de la fantasía, el terror, el esoterismo. El nudo del argumento de La naturaleza secreta de las cosas de este mundo (2023), de Patricio Pron, también es el enigma de una desaparición, pero de un tipo del que acá en el mundo real se habla menos. En el sendero de Wakefield de Nathaniel Hawthorne, su tema es el abandono, una acción mucho más prosaica que convertirse en fantasma.
Los desaparecidos de la novela de Almada no son espectros. Los espíritus que rodean a la casa, y que se divierten más que lo que sufren, son el gaucho convertido en combatiente del ejército de Justo José de Urquiza, el joven del litoral enviado a la guerra de Malvinas, la mujer blanca amante de un indígena que se ahorca antes de que la maten. Con ese coro de desposeídos interviniendo en el relato en primera persona de la casa, las referencias a la realidad se multiplican. Llegan el alambrado, la sojización, la producción industrial de aves de corral. Tal vez son demasiadas, porque ni la condición subalterna de los Lucero ni la periférica del espinal necesitan subrayados.
En Una casa sola Almada adopta lo sobrenatural para tratar la desaparición contemporánea, pero sin los procedimientos de los géneros: la casa no es un detective, no hay un monstruo centenario escondido en la naturaleza, los vivos no tienen capacidades esotéricas. La violencia del poder lo tiñe todo, el tiempo pasa, el olvido hace su trabajo. No hay aeropuertos en la novela, pero una puede imaginar que los anuncios con los rostros de la familia Lucero están titilando en la pantalla de una sala vacía.

bonus track

  • En 2002, los seis integrantes de la familia Gil desaparecieron en Nogoyá, Entre Ríos. Rubén y Norma eran trabajadores rurales en una estancia; en ese momento, lxs cuatro niñxs tenían entre doce y tres años. El patrón fue considerado sospechoso de haber cometido un crimen, pero la investigación judicial no llegó a ninguna parte, hasta que se deshilachó.
  • Una casa sola fue editado en marzo de 2026 por Penguin Random House Grupo Editorial.