los libros no se matan

La tierra y el papel no se llevan bien. Sin embargo, en los años en los que el terrorismo de Estado extendía su guadaña, fueron muchos los que sepultaron sus bibliotecas para salvarlas. Otros las escondieron en sótanos o en falsas paredes. Algunos libros pudieron ser recuperados, y contar la historia de la censura y la cobardía de los asesinos desde otro punto de vista.