qué pasó el 20 de diciembre | Revista Crisis
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qué pasó el 20 de diciembre
La fiesta que siguió a la consagración en Qatar fue apoteótica. Millones de personas tomaron por asalto las calles en un diciembre tórrido. Pero si las multitudes vibraron de alegría y gloria, algo muy distinto se vivió en el sistema político. En esta nota hablan varios protagonistas de aquel día, ubicados en diferentes posiciones dentro del pogo más grande del mundo.
Fotografía: Rodrigo Abd
08 de Marzo de 2023
crisis #56

 

Terminaba en la Argentina un nuevo año colmado de penas, cuando de repente vivimos el acontecimiento nacional más glorioso en lo que va del siglo. La Selección ganó el mundial de fútbol y hubo una explosión de felicidad sin precedentes. La ilusión se hizo calle. La alegría fue tan inmensa que una mayoría solo atinó a llorar de incredulidad, a borbotones, casi como en un exorcismo.

El derrame de la multitud tuvo un primer capítulo el 18 de diciembre, ni bien el penal pateado por Gonzalo Montiel besó la red del arco ubicado a 13.278 kilómetros de casa, en Doha. Pero la apoteosis sucedió dos días más tarde, cuando cinco millones de personas solo en el Área Metropolitana de Buenos Aires recibieron a un plantel que se había ganado el corazón del pueblo. Un envión anímico que debe leerse en espejo, para comprender su efecto en la subjetividad social, con el bajón que significó la muerte de Diego Maradona casi exactamente dos años antes, en plena pandemia.

Corrieron ríos de tinta, palabras e imágenes para intentar narrar lo sucedido, pero aún estamos lejos de intuir el impacto que tuvo este hecho social en la mente colectiva. Los más incrédulos aseguran que fue un estallido inolvidable pero fugaz y que tres meses después el presente ha vuelto a sumirnos en un túnel de desánimo sin salida a la vista. Otros sentimos que su huella en la memoria no se apaga así nomás, aunque parezca que solo quedan los recuerdos. 

Lo que sigue es un intento de reconstrucción coral y rasante hecho en base a testimonios variopintos. Habla el chofer del micro que llevó a los jugadores entre la muchedumbre y el piloto de uno de los helicópteros que dio la vuelta olímpica a mil pies de altura. Un funcionario del núcleo íntimo del presidente de la República, un integrante del cuerpo técnico de la selección y dos especialistas que estuvieron a cargo del polémico operativo de seguridad. La corresponsal extranjera de un importante medio europeo, una movilera de un canal de cable y un fotógrafo del barrio más célebre de La Matanza. Uno de los hinchas que subió al Obelisco y padeció la represión de la policía porteña y otres que estuvieron el día entero encima de las autopistas para ver pasar a sus ídolos. Apenas algunos de los cinco millones de protagonistas.

 

andá pallá

“Toda vez que la SELECCIÓN ARGENTINA regresará al país el día martes 20 de diciembre de 2022, y con el fin de que el pueblo argentino pueda festejar en paz y en unión, compartiendo la alegría con nuestros jugadores y su cuerpo técnico, resulta propicio declararlo Feriado Nacional”.

Decreto 842/2022, 19 de diciembre.

El vuelo 1915 de Aerolíneas Argentinas aterrizó en Ezeiza el 20 de diciembre a las 2:23 am. En la página flightradar24 donde puede monitorearse en línea el recorrido de cada avión comercial que está en el aire global, la nave identificada como Argentina Football Livery tuvo más de 20 mil “trackeadores” desde su despegue en Roma hasta su aterrizaje en Buenos Aires, un récord absoluto. La marea humana que cubrió los cuatro kilómetros que separan el aeropuerto del predio de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) en plena madrugada presagiaba la desmesura que iba a vivirse apenas unas horas más tarde, luego del breve descanso que tomarían los jugadores. Una reunión celebrada antes del alba entre las autoridades de la AFA y los ministros de Seguridad de la Nación, de la Provincia de Buenos Aires y de la Capital Federal culminó abruptamente y sin acuerdos claros.

“Jorge” [alias, Ministerio de Seguridad de la CABA]: Se acordó que las fuerzas federales se encargaban de la cápsula que acompañaría al micro. La idea era ir por la Riccheri, tomar la avenida General Paz, luego Lugones, subir a la Autopista Illia y pasar por el Obelisco para volver al predio de Ezeiza. Se plantearon una serie de recorridos que luego terminaron en la nada.

Claudio Zabala [chofer del micro]:  Estaban las miradas de todo el mundo en el micro. Y si bien hace casi 34 años que hago este trabajo, este no fue un viaje más. Fue un viaje especial. 

Jonatan Andreani [productor en C5N]: Las versiones sobre el recorrido que harían los campeones del mundo eran muchas. Nadie tenía ninguna certeza.

Zabala: Yo no tenía información del recorrido. Donde iban las motos escolta, yo iba atrás de ellos. 

 

“No busquen el dinero, busquen la gloria”, postearon en sus redes varios compañeros de Messi, recordando una vieja sentencia de Carlos Salvador Bilardo. Y todavía nos descolocan las imágenes de aquellas estrellas deportivas que juegan en Europa hace años, todos millonarios, tomando fernet o vino con Coca en una botella de plástico cortada y en cueros bajo el solazo del verano conurbano, rodeados por una masa humana sin contención que hervía a centímetros de los campeones. 

Matías Manna [videoanalista de la Selección]: Los verdaderos protagonistas fueron los jugadores, ellos debían recibir ese apoyo masivo y el festejo. Yo estaba ahí [en el micro] acompañando al cuerpo técnico.

Zabala: [Los jugadores] ya nos conocen por haberlos transportado un montón de veces. Es un micro doble piso que se cortó el techo y se usa para eventos. Les sacamos todos los asientos para que ellos vayan parados y pudieran saludar a la gente. No tenía tanto contacto con ellos porque yo voy abajo, en la cabina de conducción. Y arriba, iban ellos. 

Facundo Ballesta [fotógrafo de Villa Celina]: Yo vivo a dos cuadras de la [autopista] Riccheri. Sabíamos que [los jugadores] iban a pasar por acá. No fui con la cámara, porque pensé “va a pasar el micro derecho y ni se va a detener”. Siempre que camino para el lado de la autopista, lo primero que veo es el cartel. Ese día, cuando iba caminando, no lo veo: veo un amontonamiento de gente. Nunca había visto la Riccheri tapada de gente. Me dije “voy a buscar la cámara”.

Flora Genoux [corresponsal de Le Monde]: Había muchas familias, muchos niños, una gran experiencia de transmisión: el padre había vivido de chiquito a los cinco o seis años el 86 y quería que el hijo también que tenía poquitos años, viviera una victoria. Era una fiesta intergeneracional. 

Daniela Gian [movilera de C5N]: Me acuerdo de una familia con muchos niños que habían acondicionado un camión de reparto de alimentos con colchones. Durmieron ahí sobre Riccheri [...] Tenían reposeras en el techo del camión para poder estar “lo más alto posible”. Me acuerdo el entusiasmo de los niños más que nada. Querían ver a Messi.

Genoux: Yo siempre quise que la Selección ganara, nunca tuve un conflicto de lealtad interno. Hace ocho años que vivo en Argentina y creo que me pasó lo que a muchos migrantes. En ningún momento sentí hostilidad, incluso siendo francesa.

Ballesta: La gente del barrio, de la comunidad boliviana, venía con sus banderas y traía las dos, la argentina y la boliviana como demostrando esta hermandad y que ese día estaba todo bien, no había ningún pleito con nadie.

Zabala: Había tramos que íbamos a paso de hombre o nos quedábamos parados. Con tanta magnitud de gente no podíamos circular más rápido. Veía a la gente saludando, contenta. Pero no tenía visión para adelante. 

Manna: En un momento comencé a jugar piedra, papel o tijera con algunos jóvenes o niños [desde el colectivo]. Me surgió natural.

Ballesta: Quería sacarle fotos a la Copa, a los jugadores. Pero a las 3 de la tarde tenía el sol completamente arriba y no podía ver ni a quién tenía adelante. Entonces saqué casi a ciegas, viendo siluetas y más o menos interpretando. Iba tan lento, que lo podías ir acompañando. 

Zabala: Yo trataba de concentrarme mucho en el manejo y en no pisar a nadie. La gente estaba tan contenta que no medía. Querían tocar el micro, querían tocar el micro donde iban los campeones.

Ballesta: Ese micro no era un micro, era una bola de energía. La gente se empezó a descontrolar, a cantar, a gritar. Empezaron a prender bengalas. Era un pogo, era un festival del Indio Solari a dos cuadras de mi casa. Lleno de autos estacionados para poder estar cerca, todos los negocios colapsados.

 

El clímax de la jornada tuvo lugar a diez cuadras de la avenida General Paz, justo en el límite entre Villa Madero y Villa Celina, partido de La Matanza, cuando el micro descapotable pasó por debajo del Puente Olavarría y dos personas se arrojaron a él. Uno cayó dentro del micro y el otro falló en el cálculo y se estrelló contra el pavimento. Fue en ese momento que los jugadores decidieron interrumpir la caravana y encontrar una vía de escape aérea.

Zabala: Me dijeron “abrí la puerta para bajarlo”. Yo ni sabía quién era esta persona. Como íbamos tan despacio, abrimos la puerta y lo bajamos. Me entero cuando miro las imágenes por televisión. [Se ríe] Lo que es la euforia de la gente… quiso tocar a los jugadores y se tiró.

Gian: Volaban unos aviones militares por arriba nuestro. Se notaba que estaban viendo qué hacer, por dónde salir.

“Jorge”: Cuando el micro llegó a la Ciudad de Buenos Aires nos pidieron que les abriéramos camino para llegar a la Escuela de cadetes de la Policía Federal y eso fue lo que hicimos.

Zabala: Cuando las motos se detuvieron ya habíamos entrado a un lugar que no conocíamos. Bajaron los jugadores y se fueron.

Gian: La gente se empezaba a ir rápido después de que pasaron. No había desilusión, eso me llamó mucho la atención. Cantaban “lo ’vimo’ a Messi la puta que lo parió”, aunque habían visto el micro de re lejos [risas].

Daniel Barzola [piloto de Prefectura]: Ese día yo había finalizado mi servicio. Me fui a mi casa después de haber sido relevado por otra tripulación y cuando llegué mi compañero me llamó diciéndome que tenía que regresar lo antes posible. Al teléfono lo tenía en altavoz mientras me iba quitando la mochila y demás, entonces mi pareja también escuchó. Le brillaron los ojitos. Me miró y me dijo “andate”. Y yo te soy honesto… me salió una sonrisa.

 

casa abandonada

"El plantel CAMPEÓN DEL MUNDO" partirá el martes al mediodía hacia el obelisco para festejar el título mundial con los hinchas. ¡Sí, somos CAMPEONES DEL MUNDO!”. 

Twitter de la Selección Argentina, 19 de diciembre, 11:42.

El rechazo por parte de los protagonistas a coronar el festejo en la Casa Rosada tuvo un significado político enorme, aunque sus motivos y razones no sean del todo evidentes, ya que quienes tomaron la decisión no la han explicado públicamente. Quienes conocen el mundillo político del fútbol señalan, sin lugar a dudas, la pésima relación del presidente Alberto Fernández con Claudio Fabián “Chiqui” Tapia, titular de la AFA. “Alberto le hizo varios desplantes y Chiqui lo esperó hasta ahora, que decidió devolvérsela”. Sin embargo, un importante funcionario del gobierno afirmó a crisis que además de Tapia el mismísimo Lionel Messi se abstuvo siempre de quedar “pegado” a la política: “No es de derecha ni de izquierda, simplemente prefiere mantenerse a distancia”.

En la sede del gobierno nacional las esperanzas de conseguir la anhelada foto nunca se perdieron porque el secretario ejecutivo de la AFA, Pablo Toviggino, de estrecha relación con el ministro de Economía Sergio Massa, prometió hasta último momento que los jugadores irían a la Rosada. Cuando la visita no terminaba de confirmarse, desde la presidencia de la República se envió un mensaje a la dirección de la AFA: “pueden venir solo a utilizar el balcón sin ningún encuentro, recepción o foto con las autoridades”. Fuentes desde el interior de la Casa Rosada aseguran que estaban preparado incluso un juego de medallas con el nombre de cada integrante del plantel, además de un servicio entero de catering y hasta habían montado una estructura en Plaza de Mayo.

Julio Vitobello [secretario general de la Presidencia]: Nosotros ni bien terminó el partido contra Croacia le hicimos llegar oficialmente una invitación al plantel, pasara lo que pasara en la final, a que vinieran a la Casa de Gobierno a su regreso al país. Nunca tuvimos una respuesta. 

Juan [hincha]: Estábamos todos pendientes de WhatsApp. Cuando confirmaron oficialmente que los jugadores iban a ir a la Rosada, nosotros ya estábamos ahí, en Plaza de Mayo. A los quince minutos empezó a llegar toda la gente de la calle, toda, toda, no sé la cantidad de gente que éramos, de golpe no se podía estar ni parados, sumado al calor que hacía…

Andreani: En ningún momento del programa [Argenzuela] nos hicimos eco de las miles de versiones que se tejieron en torno al recorrido del micro y al itinerario de festejos. [Nota de redacción: el conductor, Jorge Rial, confirmó al aire del programa y en su cuenta de Twitter que los jugadores irían a la Rosada].

Vitobello: La reunión de Aníbal [Fernández] con [el presidente de la AFA, Claudio] “Chiqui” Tapia fue el 20 a la madrugada, luego de la llegada del plantel a Ezeiza. Y evidentemente no fue muy buena.

Juan: Todo el mundo empezó a festejar cuando llegó el hidrante. Estaban extasiados. Tiraron agua, pero a los de adelante. Pero a los que estábamos más o menos al medio, no nos llegó nada. Le compramos agua a un cocalero que vendía. ¡500 mangos la botellita!

“Alex” [alias, empleado del gobierno]: Era lo más normal, la gente se moría de calor. Era inhumano no hacerlo. Era imprescindible para que la gente no se desmaye, después no te daba la estructura para llevarte a todos los desmayados. ¡Hacen 35 grados, tirá agua! [ríe].

 

Alberto Fernández se quedó finalmente en Olivos y el helicóptero presidencial se sumó a la flota que terminó rescatando a los campeones. Los ecos del 2001 sobrevolaron la ciudad, pero ampliamente resignificados.

Barzola: Apenas subieron a la aeronave, me di la vuelta y les dije “Bienvenidos, campeones. Es un placer estar acá con ustedes”. 

Genoux: Ya había un rumor de que quizás iban a sobrevolar la zona. De pronto lo vimos y la gente, entre confundida y exaltada, se puso a correr detrás del helicóptero, lo cual no tiene ningún sentido en términos físicos, pero había muchas ganas de estar cerca.

Barzola: Jugaban un poquito con nosotros. Me decían “Ey, ¿adónde vamos? ¿Adónde nos llevás?” [ríe]. Yo les comenté que la idea era tomar las rutas principales, que nos iban a llevar finalmente hacia la zona de 9 de Julio y el Obelisco, a la zona de Plaza de Mayo donde estaba concentrada toda la gente. En todo el trayecto, entre 20 y 25 minutos, ellos fueron pasando de un cántico al otro. [Nahuel] Molina tenía un güiro, algunos le llaman el rallador.

Camila [hincha]: Llegamos al medio de la plaza y vimos pasar el helicóptero. Miramos para arriba cuando todos empezaron a mirar para arriba, fue algo muy loco, muy colectivo, tipo nadie sabía nada y estábamos ahí siguiendo lo que hacían les otres [risas].

Barzola: Bajamos manteniendo el suficiente margen de seguridad. Aproximadamente estábamos manteniendo unos mil pies de altitud, unos 330 metros aproximadamente. Por momentos bajamos un poco más y llegamos a mantener entre 150 y 200 metros del terreno. Cuando llegamos a la zona del Obelisco, les pregunté si les parecía bien hacer una serie de giros alrededor del Obelisco a modo de vuelta olímpica simbólica. La idea les gustó mucho, así que emprendimos esta tarea junto con la otra aeronave. Ellos empezaron a saludar desde arriba pero lógicamente nadie los veía desde abajo.

Juan [hincha]: A ver, no fue verlo a Messi con la copa. Qué se yo quién iba arriba, podía ser Duhalde [risas]. No tenía la más pálida idea. Pero bueno, saludamos y fue lo que nos pudieron dar.

Genoux: Le preguntaba a la gente si estaba decepcionada y algunos decían que sí pero otros -esto es muy argentino, de una mala situación hacer algo lindo- decían: igual estamos acá por la fiesta.

 

fin de fiesta

Gracias Dios por tanto. Como lo dije, sabía que me la ibas a dar. Lo que no podía imaginarme era el después de haberlo logrado y no estaba equivocado, porque nunca podría haberme imaginado la locura de la gente en los festejos. 

Publicación en Instagram de @leomessi el 18 de enero de 2023, a un mes del título.

Los festejos se extendieron durante todo el día y proseguían más allá del anochecer, hasta que el gobierno porteño decidió que ya era tiempo de reponer el orden y desató un raid represivo desde el Obelisco hasta Constitución.

Camila: Volvimos caminando, tipo 10:30 de la noche y y toda la 9 de julio era tierra de nadie, posapocalipsis. Mucha policía pegando y persiguiendo a los fisuras que habían quedado. Dos centímetros de vidrio en toda la calle, vidrieras rotas, sangre…

Giovanni [hincha]: Habían abierto una puerta del Obelisco, había mucha gente. Nos metimos. [Un amigo] se subió por un cable a la base del segundo piso. Yo estaba abajo. Estuvimos ahí un rato, mucha gente, mucho quilombo, todo hermoso, toda la gente festejando. Y de repente, viene la policía.

“Jorge”: [El domingo] se cortó la escalera y se cerró la puerta soldándola. Aun así el martes fue nuevamente violentada.

Giovanni: Viene un oficial. Nos avisa gritando que salgamos todos porque va a entrar Infantería. Cuando estábamos saliendo empiezan a tirar balas de goma, empieza a reprimir Infantería desde avenida Corrientes.

“Jorge”: Cuando se logró bajarlos con los bomberos, estos fueron agredidos con botellas y piedras y la policía los tuvo que proteger para que pudieran salir del lugar.

Giovanni: La gente empieza a tirar botellas, obviamente: eran balas de goma contra lo que teníamos, contra lo que encontrábamos en el piso. La gente estaba loca: le han tirado a nenes, le han tirado a gente grande, a mujeres, a pibes como nosotros.

Quizá el sistema político no pudo sintonizar, en ninguna de sus variantes, con la ensoñación popular más intensa que recordemos. Pero algo que trasciende ampliamente un evento futbolero se destiló en esa especie de comunión plebeya, abundante en simetrías, repeticiones y leves anacronismos, donde acaso se haya respirado el germen de un reseteo de la nacionalidad.

Barzola: Es frecuente volar y observar que hay alguna manifestación y en los días de manifestaciones grandes, uno puede llegar a ver 50.000 o 60.000 personas. Pero ver aproximadamente 5 millones de personas en todo el AMBA fue algo increíble que queda en la retina, que queda en la memoria para siempre. No solamente en la mía. Queda… en el inconsciente colectivo popular, ¿no?

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