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el festejo de todos
Como cuando suena la campana del último round en una pelea de box, todos los contendientes levantaron los brazos y cantaron victoria en el rincón propio, con su gente. Pero, ¿en serio ganaron todos? Radiografía política de una elección crucial en la previa del complicado acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Fotografía: Télam, Fotografía: Gala Abramovich, Fotografía: Leandro López
15 de Noviembre de 2021

Foto: Télam

La democracia argentina es tan generosa, que anoche festejaron todos. Pero si las cuatro primeras fuerzas salieron airosas, o al menos no perdieron, se hace difícil interpretar el sentido del pronunciamiento popular. O, quizás, la euforia general que invadió cada búnker sea la manera que encontró el sistema político, por ahora, para disimular el ácido malestar que pulula en la sociedad.

El resultado global, sin embargo, nos depara una gobernabilidad altamente precaria, caracterizada por tres elementos estructurales:

1. El oficialismo herido se prepara para un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en el que deberá arriar varias de las banderas con las que ingresó a la Casa Rosada en 2019. “Va a haber tensión”, reconocía uno de los accionistas mayoritarios de la coalición, ya con los resultados puestos.

2. Juntos por el Cambio deberá poner a prueba pronto una unidad que cada vez se torna más doliente, pero sin la cual no tiene 2023. ¿Qué hacer con el gobierno de Fernández? ¿Ponerle el hombro a un Gran Acuerdo Nacional que estabilice el país e inaugure la tan cacareada etapa post grieta? ¿O denegar todo colaboracionismo y apostar a que el ajuste lo paguen los peronistas?

3. Mientras tanto la izquierda trotskista, tercera fuerza a nivel nacional, se dispone a organizar el boicot contra el FMI, con el objetivo de evitar que el gobierno se salga con las suyas. Y la nueva derecha ultraliberal, que acaba de irrumpir en el Congreso Nacional, hará lo imposible para que su designio de un estallido luminoso se haga realidad.

Foto: Gala Abramovich

pebeá

Incluso en comicios legislativos, cuando lo que se discute es la conformación del Parlamento, la Provincia de Buenos Aires es el distrito primordial. Lo que allí sucede tiñe la lectura de lo acontecido. Y en “la Provincia” el Plan Remontar del peronismo funcionó para achicar distancias, aún si no le alcanzó para hacerse con el triunfo.

La clave, dicen, fue la movilización de la estructura partidaria en la búsqueda de quienes no habían ido a votar en las Primarias. Semejante repunte solo reconoce un antecedente en lo que va del siglo: la elección de medio término en 2011, cuando Cristina Fernández de Kirchner obtuvo el famoso 54%. Nunca antes en la provincia de Buenos Aires el peronismo había mejorado su performance entre las PASO y las generales. El dato político más significativo, sin embargo, tiene que ver con el arrastre de la boleta: si en aquella oportunidad era la candidata nacional quien acarreaba la lista sábana, en esta oportunidad el remolque vino de abajo hacia arriba, es decir desde los municipios.

Por eso los intendentes salen fortalecidos, junto a los soldados de Máximo Kirchner, una alianza que le intervino el ejecutivo provincial al gobernador Kicillof, luego de la catástrofe de septiembre. “Derrota electoral, victoria política”, ensayó a modo de interpretación uno de los armadores de La Cámpora. “La última oportunidad para que hagan algo con el gobierno”, arriesgó otro dirigente de la misma agrupación, protagonista de una importante remontada en su municipio del conurbano bonaerense.

“Derrota electoral, victoria política”, ensayó a modo de interpretación uno de los armadores de La Cámpora. “La última oportunidad para que hagan algo con el gobierno”, arriesgó otro dirigente de la misma agrupación.

 

Sin embargo, la cantidad de sufragios pasó de 8.738.416 a 9.285.497, sobre un total de 12.740.804 bonaerenses habilitados, lo que signfica un incremento de apenas 547.081 votantes. Si comparamos ese universo de asistentes a las urnas con los 9.749.439 que sufragaron en las elecciones de 2017 (sobre un padrón por entonces incluso menor), para no tomar como referencia obviamente los 10.368.177 que votaron en 2019, quizás haya que concluir que el crecimiento no fue tan decisivo como parece. Más significativa, de hecho, es la porción que había optado en las Primarias por aquellas listas que no cruzaron el umbral para figurar en noviembre: 728.731 electores.

¿Cómo se distribuyeron entonces los 1.275.812 votos que había para repartirse, sumados los nuevos concurrentes y quienes debían cambiar sí o sí de candidate? El 36% fue al Frente de Todos, que contabilizó 462.590 nuevos apoyos; el segundo más favorecido fue Avanza Libertad, que incrementó su clientela en 238.640 sufragantes, lo cual le permitió aventajar al Frente de Izquierda, que sumó 160.488 electores. Por su parte, Juntos por el Cambio logró conservar la suma de lo conquistado en septiembre entre las dos líneas internas (Santilli + Manes), y acrecentó su cosecha en 218.045 votantes. Incluso los últimos del pelotón sumaron voluntades (Randazzo 63.852, Hotton 126.260), aunque no les alcanzó para ingresar al Parlamento.

A nivel de las bancas en disputa, la variación fue mínima con respecto a lo bocetado en las PASO: un diputado menos para el macrismo, que pasó a manos de los ultraliberales conducidos por Espert, y más precisamente al presidente de la Unión del Centro Democrático (UCD), Hugo Bontempo.

Si la comparación es con 2019, la sangría que sufre el peronismo en la Provincia sigue siendo impactante: 2.324.337 de votos menos, casi la mitad de los 5.113.259 que consiguió el año en que se estrenó el Frente de Todos. Ahora bien, repitiendo la misma lógica de lo sucedido en septiembre, el macrismo no logra adueñarse de la hemorragia oficialista, pues en relación a 2019 (lejos de crecer) perdió 518.591 sufragios. Si sumamos a las dos escuderías que configuran la polarización, el declive es de 2.842.928 votos, lo que significa el 33% del caudal que atesoraron hace dos años. Como dijimos luego de las Primarias, hay otro dato clave: el “peronismo perdonable” dejó de ser la tercera fuerza electoral en Buenos Aires, y apenas conservó un tercio (382.445) de su caudal en 2017 (1.028.385).

La novedad en términos sistémicos, entonces, se confirma: “el desplazamiento del electorado se verifica como un éxodo de las fuerzas mayoritarias hacia expresiones de descontento o desafección; y la grieta comienza a perder protagonismo, cediéndole su lugar a la fractura expuesta”.

Foto: Leandro López

federalismo amarillo

Si uno quisiera ser riguroso y hacer a un lado cualquier alarde de interpretación sofisticada, la principal cuenta debería ser de alcance federal: ¿cómo quedó la composición en las dos Cámaras en el Congreso nacional?

De allí surgen las dos noticias más relevantes de estos comicios de medio término:

> Por un lado, el triunfo irrefutable de la oposición macrista a nivel país, con dos millones de votos de ventaja, lo que equivale a una diferencia del 9%.

> Por otra parte, la victoria amarilla en seis de las ocho provincias donde se elegían senadores, sumando 14 bancas contra 9 del Frente de Todos, lo que provocó el mayor cimbronazo institucional de la elección: la pérdida del quorum propio que detentaba el peronismo desde 1983 en la Cámara Alta.

En base a estos argumentos, uno de los estrategas del PRO decía ayer, luego de escuchar los discursos exitistas en el búnker de sus adversarios: “estos tipos están drogados”.

Fernando “el Chino” Navarro, ingeniero del armado albertista, eligió una metáfora para graficar el tipo de alegría con la que despertó al día siguiente: “Éramos un submarino ruso a la deriva, que cuando lo abrieron habían 20 marineros vivos en la popa. Así que felices por estar vivos, pero concientes de que estamos en medio del mar y que tenemos que remar hasta llegar a la costa, si es que no nos quedamos a mitad de camino”.

Festejo de Juntos por el Cambio en Santa Fe. Foto: Télam

Uno de los distritos donde se eligieron sendadores fue Santa Fe, el cuarto en importancia a nivel nacional, donde se confirmó el éxito rotundo que había tenido Juntos en las PASO. La periodista Carolina Losada, que encabezaba en representación del radicalismo la lista cambiemita, obtuvo 730.034 votos (671.402 obtuvo su coalición en septiembre) contra los 582.914 del Frente de Todos (que había sacado 503.847 en las Primarias), con Marcelo Lewandovski, otro periodista como cara visible. Si comparamos con los resultados de 2015, última oportunidad en que se había votado para senadores en la provincia, Juntos tuvo un crecimiento del 28% y el peronismo una caída del 5%.

En la categoría Diputados, el líder radical Mario Barletta de Juntos se impuso por 9 puntos sobre Roberto Mirabella, la mano derecha del gobernador Omar Perotti. Si comparamos los números con 2019, la caída ha sido realmente pronunciada: los boinas blancas en alianza con los amarillos perdieron 188.399 votos (-20%) y el peronismo unido 327.238 (36% por abajo). Pero si retrocedemos a 2017, última elección legislativa, prácticamente obtuvieron la misma cantidad de sufragios: 743.139 y 509.190 respectivamente.

Tres conclusiones dejaron entonces los comicios santafecinos:

> El radicalismo adquiere en Santa Fe un volumen electoral inusitado, desplazando al PRO y aportando una parva de votos en las internas que se abrirán a nivel nacional de cara a 2023.

> La provincia recupera así el antiguo bipartidismo, después de un nuevo traspié electoral del Frente Amplio Progresista, quien carente de liderazgos tras la reciente muerte de Miguel Lifschitz, obtuvo un tercio de los votos acumulados por Juntos y la mitad que el peronismo.

> El gobernador Omar Perotti, debilitado, se enfrenta a una encrucijada: agachar la cabeza y sostener a duras penas la unidad con el kirchnerismo, o resucitar al peronismo conservador en tándem con otros referentes provinciales como Juan Schiaretti en Córdoba, para atravesar una delicada segunda mitad del mandato.

Héctor Baldassi, Rodrigo De Loredo y Luis Juez. Foto: Télam

Sin embargo, en el tercer distrito más populoso, Córdoba, también la ola amarilla parece poner en riesgo la hegemonía del peronismo provincial. La fórmula de Luis Juez y Rodrigo de Loredo aumentó en 5 puntos lo obtenido en las PASO y con un 54% más que duplicó el desempeño de Alejandra Vigo (esposa del gobernador Juan Schiaretti) y Natalia De La Sota, quienes se quedaron con el mismo 25% conquistado en las primarias. Más atrás, el kirchnerismo de Carlos Caserio y del ex intendente de Villa María, Martín Gill, conquistaron el escueto 10% que suelen obtener en la provincia, bien lejos de cualquier posibilidad de capturar un senador nacional.

Así las cosas, Schiaretti tendrá que definirse. Todo parece indicar que el futuro de su fuerza depende de la construcción hacia afuera de la provincia, por lo que intentará reflotar aquella trunca mesa promovida por Guillermo Seita, para sentar a los gobernadores con presencia durante los próximos dos años en el Congreso. Al mismo tiempo, abundan las confirmaciones en off sobre el ofrecimiento de Horacio Rodríguez Larreta para integrarse a Juntos por el Cambio en calidad de candidato a la vicepresidencia. La alternativa parece explicitarse: ¿Convendrá acercarse al jefe de gobierno porteño, aun en desmedro del localismo que es su base de sustentación? ¿O mejor intentar un salto nacional en base al antikirchnerismo, con la intención de disputarle el electorado cordobés a los cambiemitas, como forma de remolcar a la gobernación a Martín Llaryora, su casi seguro sucesor?

Vale destacar que las dos listas libertarias, enfrentadas entre sí por la representación mediterránea de Milei, quedaron en sexto y séptimo lugar: sumados sus votos, apenas superan el 3%, bien por detrás del vecinalismo y el Frente de Izquierda.

Triunfo radical en La Pampa con Daniel Kroneberger. Foto: Télam

La Pampa fue uno de los principales campos de batalla en esta elección de medio término, a pesar de representar el 0,8% de padrón nacional. Y es que era la única de las ocho provincias que ponían en juego bancas del Senado, que el Frente de Todos soñaba con dar vuelta (como había hecho en 2017, luego de una remontada histórica de diez puntos, que terminó ganando por 76 votos). De lograrlo, conservaría el control de la Cámara Alta, un tesoro fundamental para la gobernabilidad.

Sin embargo, por primera vez en 36 años el peronismo perdió una elección para cargos nacionales, a pesar de que hubo una mayor asistencia de votantes (68%) que en las primarias, y de que las encuestas diagnosticaban un empate técnico. Finalmente, Juntos por el Cambio consiguió el 48,6 %, mientras el Frente de Todos se quedó con el 42,33 %. Tercero lejos apareció el Frente de Izquierda Unidad, con el 4,31%.

Una de las causas principales de que esta vez no hubiera épica fue la poca implicación del líder del Partido Justicialista, Carlos Verna, desengañado con el oficialismo. De los 20.430 votos que debían remontarse, lograron conquistar 16 mil. Según el gobernador Sergio Ziliotto, no se "pudo provincializar la elección". Y se impuso el “voto bronca”.

Fernando “el Chino” Navarro: “éramos un submarino ruso a la deriva, que lo abrieron y en la popa encontraron 20 marineros vivos; así que felices por estar vivos, pero conscientes de que estamos en medio del mar y que tenemos que remar hasta llegar a la costa, si es que no nos quedamos a mitad de camino”.

 

sorpresas y tendencias

Tal vez el único resultado verdaderamente sorpresivo se registró en Tucumán, justo la provincia del flamante Jefe de Gabinete, Juan Manzur, proyectado al ejecutivo nacional luego de la gran elección que había ostentado en septiembre. El Frente de Todos continúa siendo la primera minoría en la Provincia, pero el dato contundente es la pérdida de 70 mil votos entre las PASO y las generales, permitiendo que Juntos por el Cambio (39,94%) se ubicara a solo dos puntos del peronismo (42,15%).

¿A qué se debe semejante retroceso? “Luego de la interna, se planchó la estructura”, aseguran desde el Ministerio del Interior, quienes monitorean con lupa cada territorio. Desde San Miguel, los reporteros de Meta Crisis van mas allá: el doble comando en el gobierno provincial, Manzur desde Buenos Aires pero conservando fuerte presencia local, y Jaldo como gobernador aunque sin poder real, impactó en el electorado. La pregunta que nadie quiere responder se cae de maduro: ¿quién perdió los 70 mil sufragios? ¿Manzur o Jaldo?

Los votos que se fugaron fueron a parar, en partes casi iguales, a Juntos por el Cambio y a Fuerza Republicana (el partido de Ricardo Bussi, hijo del genocida Antonio Bussi, que no logró ninguna banca pero se posicionó como tercera fuerza política de cara a las elecciones 2023). En un análisis lineal, puramente cuantitativo, si la oposición se hubiese juntado le ganaba al gobierno provincial, posibilidad que no aparecía en el horizonte desde hace muchísimos años”.

Alejandro Vilca del FIT, diputado nacional por Jujuy. Foto: Télam

En Jujuy la izquierda trotskista estuvo a punto de dar el sorpasso, desplazando al Frente de Todos al tercer lugar. La diferencia entre ambas fuerzas fue de apenas tres mil votos (0,77%). El candidato del FIT, Alejandro Vilca, sin embargo logró colarse en el Congreso Nacional, sustrayéndole una banca al gobernador Gerardo Morales, quien con casi el 50% de los votos debió contentarse con un solo representante.

El crecimiento de la izquierda en la provincia norteña fue meteórico: en apenas dos años quintuplicó los 17.721 votos que obtuvo en 2019, para llegar a los 100.381 de ayer. Según el economista Gastón Remy, integrante del FIT,  se trata de “un mensaje muy fuerte a las dos grandes fuerzas tradicionales que gobiernan la provincia y la Nación”. Y cuenta que esta vez crecieron en lugares donde la izquierda no tenía buenos resultados electorales, como en el área rural, ganando incluso localidades como Humahuaca, Caimancito, en la zona tabacalera de Perico, y haciendo muy buena elección en San Salvador y Palpalá.

La interpretación de Remy es la siguiente: “se demostró que por fuera de las dos grandes coaliciones tradicionales no está sólo la ultra derecha, sino que aparece el Frente de Izquierda, que está formado por trabajadores y jóvenes y eso ya es un punto de apoyo para llevar un conjunto de ideas y medidas para elevar las expectativas”.

Foto: Télam

Por último, un pantallazo a la Ciudad de Buenos Aires. Dicen que en el búnker de Costa Salguero circuló anoche una conclusión, sino unánime, quizás mayoritaria: “Tenemos que hacer como Milei”. Y es que, por primera vez, el macrismo parece haber perdido ese halo de prepotencia porteña que le otorga algo así como una superioridad moral en la Capital Federal. La impactante irrupción del ultraliberalismo le arrancó la iniciativa política. Le extirpó el ímpetu avasallador. Y le pone un techo: si bien Juntos mantuvo los votos conseguidos por las tres listas internas en las PASO, a nivel de porcentaje decreció casi dos puntos.

Si la comparación se remonta a las anteriores elecciones de medio término, las de 2017, la pérdida es de 127.305 apoyos, lo que representa una caída del 13%. Y si cotejamos con las presidenciales de hace dos años, con un macrismo en su peor momento, la hemorragia es de 204.842 votos, 19% abajo. Al igual que en la Provincia, ese declive no resulta capitalizado por la oposición tradicional del peronismo porteño, que cede 184.178 sufragios respecto de 2019 (casi el 30% de los 641.054 conseguidos por ese entonces).

Dicen que en el búnker de Costa Salguero circuló anoche una conclusión, sino unánime, quizás mayoritaria: “tenemos que hacer como Milei”. Y es que, por primera vez, el macrismo parece haber perdido ese halo de prepotencia porteña que le otorga algo así como una superioridad moral en la Capital Federal.

También aquí aparecen fortalecidos los extremos, a partir de la consolidación del Frente de Izquierda, y de la brusca emergencia de la derecha libertaria. Si en 2019 las doce bancas en juego habían quedado en poder de los partidos de la polarización (8 amarillas y 4 celestes), esta vez tres diputaciones cayeron en manos de las fuerzas antisistema.

“Hay que ver si este volumen se mantiene en un elección ejecutiva, o es un fenómeno más de medio término”, especulan en la sede del gobierno en Parque Patricios. Y aunque quizás les asista la razón, dos años en la política en Argentina es casi tan lejos como el fin del mundo. Sobre todo, porque primero hay que pasar diciembre. La carrera es -como siempre- de Fondo.

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