semana 43 de 2026
Maren Souza, del Equipo de Investigación Política (EdIPo), te cuenta desde San Pablo cómo llegó Brasil al balotaje que hoy define su destino. Xime Tordini hace un paneo por las violentas protestas que estallaron en Francia y esta semana se derramaron sobre varios países de Europa. Guatemala cruzó una línea roja con el asesinato a plena luz del día del abogado y ex fiscal Juan Francisco Solórzano Foppa: nuestra compañera Melisa Rabanales, junto a Biole Weber, te cuentan el significado del acontecimiento. Mario Santucho analiza la nueva ofensiva trumpista contra Cuba y busca en los medios cubanos las claves para dilucidar qué está pergeñando el Imperio más allá de la retórica. Por último, Natalia Gelós y Facundo Iglesia le preguntan a dos especialistas de lujo cómo politizar la IA para que sirva a la humanidad.
La última vuelta del incansable
Hoy es el balotaje brasileno y todo el continente está en vilo. Los sondeos de esta semana confirmaron la remontada del petismo y pusieron a ambos candidatos en un empate técnico, lo que anticipa un final para el infarto. Aunque la última encuesta de Datafolha, publicada ayer sábado, le da una pequeña ventaja a Bolsonaro, todavía dentro del margen de error. El lulismo se volcó a las calles en todo el país, en una demostración de fuerza notable, con un cierre multitudinario ayer sábado en la Avenida Paulista. Como cuenta esta nota de G1, portal del gigante O Globo, la disputa fue también en las rúas digitales, incluyendo marchas en Roblox, la plataforma de juegos online. El mismo equilibrio tenso se mantuvo el viernes por la noche, cuando tuvo lugar el segundo y definitivo debate televisivo, otro empate, aunque para algunos Lula estuvo levemente por encima.
La gran novedad de la recta final es el salto que dio la izquierda en el espacio digital. El grupo de WhatsApp “Ejército de Lula”, creado luego de la primera vuelta, sumó más de 10 millones de miembros (incluido el propio Lula) y se convirtió en un bastión de campaña. Kassio Nunes Marques, presidente del Tribunal Superior Electoral, lo intentó censurar sin éxito. Una serie de nuevas investigaciones complican a Bolsonaro: dos de la revista Piauí, que revelaron los turbios vínculos del candidato Flavio con una casa de apuestas y un asado en plena pandemia con un empresario del sector farmacéutico; y otra de The Intercept, que demostró cómo su campaña pagó por un servicio de desinformación hecha con IA.
En las calles de San Pablo la esperanza en la victoria de Lula se palpa a flor de piel. Pero, a la vez y en la misma proporción, prima un sentimiento de cautela que parece haber alcanzado la medida justa entre la resiliencia y la resignación. Hay conciencia del peso del momento histórico (el fin de la Nueva República, según los analistas de Nexos). Se sabe que el futuro no pinta ideal, pero las energías están puestas en evitar una victoria de la ultraderecha. Sobre eso escribe Sergio Lirio, jefe de redacción de Carta Capital, en esta columna que te recomendamos especialmente.
Abandonar la época contemporánea
Las imágenes del 17 de octubre francés son impactantes, a pesar de que la Pantera Rosa no fue real. Breve recapitulación: los bloqueos estudiantiles empezaron el 18 de septiembre, en las periferias urbanas, como un movimiento contra los recortes presupuestarios. La mecha se encendió, y para la primera semana de octubre la respuesta del gobierno de Emmanuel Macron estaba clara: represión policial y miles de jóvenes detenidos. Después del estallido del 17, el presidente hizo lo habitual: llamó a no confundir “demandas legítimas con violencia” y dictó un toque de queda que prohíbe manifestarse en determinados lugares. El editorial del diario Le Monde el viernes se alarma por los límites a las libertades públicas. El sábado 24, la gente volvió a las calles: “ahora protestamos por el derecho a protestar”. El referente de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, cargó contra el oficialismo por la situación social, pero aclaró: “No estoy de acuerdo con el método”. Por derecha, Marine Le Pen aprovechó para presentarse como el partido del orden; según las encuestas esta estrategia funciona y Rassemblement National tiene todas las de ganar en las elecciones presidenciales de abril de 2027.
Pero más apasionante que los cálculos del sistema político es sumergirse en las ideas que bullen junto con la ira popular. Rápidamente apareció una distinción entre los “manifestantes pacíficos” y los otros, los “saqueadores”, a quienes se presenta como despolitizados cazadores de mercancías. En la revista de Sciences Po, el Instituto de Estudios Políticos de París, Luc Rouban sostiene que frente a la desposesión aparece una “violencia sin doctrina” y que “el motín se convierte en el lugar donde se reconstituyen los lazos sociales”. Samuel Hayat anuncia el colapso de un orden simbólico y el amanecer de un nuevo sujeto político, en un muy interesante artículo para Mediapart. “Abandonar la época contemporánea” es una consigna que circula en banderas y manifiestos, y titula este texto de Ewen Chardronnet, publicado en Makery, quien retoma las ideas de Guy Debord para escuchar a la generación que irrumpe: “afirmar que un joven que vacía un escaparate no tiene «ninguna preocupación política» equivale a eximirse de preguntarle cuál es”. Nuestro recomendado de hoy es un texto publicado el jueves por el colectivo Artifices, que cuestiona el paternalismo y las teorías del infiltrado mientras la lógica de las reivindicaciones y las demandas ya no es eficaz: “El saqueo no es un último recurso para obtener la victoria […] Expresa la conciencia de la imposibilidad de obtener nada de un Estado sin aliento”.
Tanta bala para acribillar una bandera
Como contamos en la introducción del newsletter anterior, el sábado pasado fue asesinado el exfiscal y abogado guatemalteco Juan Francisco Solórzano Foppa, una de las voces más críticas de Guatemala, reconocido por denunciar abiertamente los vínculos entre las pandillas, el narcotráfico y la política, como hizo cuando lo entrevistamos para esta nota de la crisis #72. El crímen ocurrió a plena luz del día, en un espacio público administrado por el Ejército y frente a uno de sus hijos. Contra Foppa se dispararon más de 30 balas, a quemarropa. Y en el ataque también murió otra persona: Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro, funcionario de la federación de judo. El asesinato conmocionó al país y dejó un mensaje de terror difícil de ignorar. Esteban Biba, de Plaza Pública, escribió esta crónica sobre el hecho y esta otra sobre el velorio de Foppa en la plaza central del país, donde decenas de personas se reunieron para despedirlo en uno de los días más oscuros de la historia reciente centroamericana. Nieto de la poeta y feminista desaparecida Alaíde Foppa, el exfiscal pertenecía a una estirpe revolucionaria marcada por la persecución política. Es la quinta persona de su familia asesinada. El periodista Raúl Barreno Castillo reconstruye su historia familiar en Prensa Libre. Para entender por qué Foppa era tan incómodo para el poder, también recomendamos este perfil que Alexander Valdez escribió para Prensa Comunitaria.
“Su muerte se proyecta como una sombra sobre las elecciones generales de 2027”, advierte Oswaldo J. Hernández en esta nota para No Ficción. Las sospechas sobre la investigación aparecieron desde el primer momento. La policía anunció la captura de dos hombres a quienes supuestamente les había encontrado una ametralladora en una bolsa de Rappi. Sin embargo, un juez los liberó por falta de mérito ante las sospechas de que el arma había sido plantada. Román Gresier escribe para El Faro cómo la policía contaminó la investigación. El asesinato ocurre en un momento crítico para el gobierno de Bernardo Arévalo, cuestionado por su incapacidad para contener la violencia y con una de las aprobaciones más bajas del continente. El propio presidente afirmó que el crimen buscaba “desestabilizar su gobierno y el país”. Pero, más allá de las interpretaciones sobre los responsables y sus objetivos, el ataque vuelve a poner sobre la mesa una pregunta sobre el uso del terror para acallar las voces incómodas para las estructuras ilegales. Daniel Haering y Xavier Soria profundizan en lo que está detrás del atentado en el videopodcast TanGente.
En nuestro segmento Crisis Internacional le dedicamos un episodio especial y analizamos qué se juega detrás del asesinato de Foppa, qué poderes siguen operando en las sombras y por qué este crimen vuelve a encender las alarmas en el país, con consecuencias para toda Centroamérica. Vale la pena escucharlo.
El imperio recontraataca
El lunes el Fiscal General de Florida, James Uthmeier, anunció desde Miami que la jueza Ariana Fajardo Orshan le había concedido una orden de arresto contra el ex presidente cubano Raúl Castro, por pedido del Departamento de Justicia trumpista. El miércoles estuve en el programa especial que dedicó La Base a esta nueva estocada, que algunos interpretaron como el anuncio de una intervención militar, tal y como sucedió con el presidente venezolano en enero. Sin embargo, como señalan los periodistas de Canal Red Latinoamérica quizás la motivación inmediata haya que buscarla en la elección de medio término yanqui que tendrá lugar en apenas diez días, y donde según todas las encuestas la pregunta es cuál será la magnitud de la derrota oficialista. La ultraderecha gringa parece especialmente preocupada por su retroceso entre los votantes latinos de La Florida. Los exiliados cubanos, que poseen especial influencia en ese histórico bastión republicano, hoy están enojados debido a la pérdida de sus privilegios migratorios. La confirmación de esta hipótesis parece haber llegado el viernes en un mitin de campaña, cuando Donald Trump dijo que enviaría un barco de guerra a 50 metros de la costa cubana para que Marco Rubio se hiciera cargo de la isla, ante el jolgorio del público. Pocos minutos después el Secretario de Estado publicó un insólito tuit sugiriendo a los cubanos que quisieran colaborar con el cambio de régimen que se asocien con la CIA, aunque con discreción. Más bizarro aún fue el manual para “ponerse en contacto virtualmente con la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de modo seguro” que tuiteó la propia CIA a continuación. El vicecanciller cubano respondió con ironía.
Sin embargo, desde la isla caribeña se mira el panorama con angustia. Las dificultades materiales siguen escalando y hay preocupación por lo que pueda pasar esta semana en la votación de la Asamblea General de la ONU sobre el bloqueo estadounidense a La Habana. Como cuenta la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde en este artículo aparecido el jueves en el diario La Jornada de México, los funcionarios norteamericanos están presionando a las representaciones de países subordinados para torcer su voluntad en base a la extorsión. Sobre las virtudes de la diplomacia cubana y las maniobras bélicas del actual representante de la Casa Blanca en Naciones Unidas, Michael Waltz, escribe el ex embajador Carlos Alzugaray en el sitio La Joven Cuba, aunque también critica un “mitin de repudio” organizado por la delegación cubana, que considera un error. Del mismo medio te recomendamos el excelente podcast La Reunión, conducido por la periodista Mariana Camejo, que se emite cada sábado al mediodía. Pero nuestra sugerencia especial hoy es un ensayo escrito por uno de los principales intelectuales de la revolución cubana, Aurelio Alonso, aparecido el martes en el siempre picante blog La Tizza. Entre otras consideraciones, Alonso propone pensar el drama cubano actual como una crisis de inserción de la isla en el sistema mundo. ¿Cómo recuperar el horizonte sin perder la soberanía, ante un imperio desatado y agresivo? No te lo pierdas.
Se nos queman los papeles
El miércoles pasado, miles de sitios web de todo el mundo quedaron fuera de servicio, luego de que se divulgaran vulnerabilidades críticas en PHP que forzaron a los administradores a tomar medidas para proteger sus sistemas. Una luz roja se encendió a nivel global, porque se vieron afectados diferentes sectores: desde empresas hasta organismos gubernamentales. Los puntos vulnerables fueron detectados con herramientas de IA. En The Conversation explican el asunto y sus implicancias con claridad de manual. La revista Fortune, por su parte, detalla qué sitios usan php y quedan expuestos a posibles ataques. En CNN escriben sobre una pregunta clave: por qué ahora sucedió, si se advertía de este riesgo hace años.
Sam Altman, el CEO de OpenAI, dice que los modelos de IA se están volviendo incontrolables, ya que pueden encontrar fallas mejor que cualquier hacker humano. El investigador Gary Marcus, en su imperdible newsletter, dice que la lista de argumentos contra la IA generativa se está engrosando: pornografía deepfake sin consentimiento, desinformación a gran escala, rendición cognitiva y la avalancha de ataques cibernéticos que algunos han denominado “Octubre Negro”. Mientras, en el mundo de la literatura, se discute otra cosa: la herramienta Pangram detectó que las novelas Donde el agua trabaja, del peruano David Silva Rojas, y Era esto o morir del haitiano-canadiense Thélyson Orélien, fueron redactadas con IA. Los escritores lo niegan, pero sus editoriales ya les soltaron la mano. El caso de Orélien, según Le Monde, tiene la particularidad de que el autor es “una persona de color” y la campaña que se desató en su contra fue “particularmente virulenta”.
Antes de caer en análisis morales o en soluciones tecnológicas, conviene ir más profundo para intentar una perspectiva política. Justo esta semana publicamos una entrevista a la economista Cecilia Rikap, donde habla sobre la necesidad de un horizonte de comunes digitales para evitar que crezca la dependencia con la infraestructura que proporcionan las corporaciones de Silicon Valley. En la misma línea de soberanía digital, pero desde América Latina, los hermanos uruguayos del semanario Brecha, que cumplió 41 años (¡Saludos!) publicaron este viernes un especial titulado La IA, una tecnología en disputa. En él participamos con una entrevista al especialista Evgeny Morozov. Habla sobre cómo poner la IA al servicio de un socialismo por venir.





