Mientras el bukelismo iguala al crimen organizado con el terrorismo para poder exhibir una victoria, en Guatemala las intenciones progresistas no logran bajar la cantidad de asesinatos y tambalean en un territorio cuya soberanía se disputa centímetro a centímetro. Las pandillas centroamericanas no son un agente externo, sino un modo de vida, y de muerte, que resiste a las recetas de todos los planes de seguridad.