mundo transa

Entre la gran estructura narco y el consumidor de a pie opera una intrincada red de productores, distribuidores e intermediarios. No es lo mismo comprar droga en una villa o en un barrio popular que en una próspera comuna de una ciudad como Buenos Aires. Entre los riesgos, la paranoia, la culpa, el emprendedorismo y la necesidad de hacer guita, seis dealers cuentan cómo llevan adelante sus tareas diarias para cumplir con el deseo de sus clientes.

Yo hago muchas cosas, tengo varios negocios, uno de ellos es el menudeo. Me permite vivir, el resto de los negocios están muy paliados: indumentaria y alimentos. Empecé con la pandemia, ayudando a un amigo con la bicicleta, y me pasó clientes. Fue orgánico. Da vértigo, pero después lo naturalizás. Vendo todo. Ketamina, cocaína, MDMA, rolas, porro. Trabajo de lunes a viernes en horario de oficina, de 12 del mediodía a 4 de la tarde, y tengo una persona que me asiste con el delivery. Yo voy a la casa de mis clientes. Mis clientes son no tan jóvenes, estrato socioeconómico medio o alto, gente de la música electrónica. Son un público profesional, de 30 a 45 años. El de la cocaína es un público más intenso y yo intento manejar horarios prolijos. Ellos te llaman a cualquier hora. Y con lo que más guita se hace es con la fiesta electrónica, porque el MDMA te deja máxima ganancia. Pero los que antes te pedían todos los fines de semana ahora te piden solo si van a una fiesta. El gramo de MD está 60 mil, un rola 30 mil. El consumo bajó muchísimo con este gobierno, muchos de los que estaban en esta se bajaron. Yo tengo un porro premium y el que antes me pedía 20 gramos ahora se lleva 8. Cambió mucho el precio, mi proveedor me aumenta. Pero mis márgenes de ganancia no. Hace cinco años hacía unos 4500 dólares, 5000. Ahora no, ahora 1500. Yo tengo un intermediario que es el que me trae todo, somos un grupo de trabajo. No me preocupan ellos porque no son el tipo de gente oscura, son tranquilos. A mí no me gusta la violencia, intento evitar todo. Nunca tuve un problema con la policía. Yo tengo un par de negocios legales, entonces eso es lo que les digo a los demás que hago. Es demasiado tranquilo, de verdad, no me estoy metiendo en nada peligroso, nada del conurbano. Eso sí que puede traer problemas. Es muy diferente. Yo me quedo en el menudeo de Capital Federal, buena zona. Hay que ser amable. Trato de no darle más al que está mal, prefiero bloquearlo, no aprovecharme ni tener un vínculo con la gente que está más manija, no explotar esa parte y ser lo menos oscuro posible. Pero es algo que dejaría en cuanto pueda. No quiero correr riesgos, yo soy licenciado y todo, tengo una maestría, hice esta apuesta porque mi campo laboral no da. El trabajo no rinde.

K, 39 años. 

el último patinador

Yo no soy un transa. El transa no se hace amigo de sus clientes. Al transa lo llaman por Telegram y sale a cualquier hora, no le importa nada, va atrás de la plata, trabaja para gente desconocida, no sabe dónde se mete. Lo pueden usar de perejil. Tiene que arreglar con el comisario, gente pesada. Está con el culo en la mano todo el día. Yo soy cultivador independiente, con amigos que necesitan mis productos. Me hace poner nervioso, yo qué sé lo que me puede pasar. Podría hacer más plata, pero tendría que buscar un proveedor y es más pesado. Si al peruano no le cumplís te caga a tiros. Yo en realidad soy DJ, pero es muy complicado trabajar con la música y mi hija va a un colegio Waldorf que sale 600 lucas. Empecé como todos, porque me gustaba fumar y quería tener lo mío gratis. Tenía 20 años, ahora tengo 43. Laburaba en una pizzería repartiendo y llevábamos los pedidos en rollers. Los últimos patinadores. Todos re fumones. Tenía una pareja de amigos que la mina era una artista plástica y su marido era un ingeniero re groso pero re hippie. Cultivaban un porro que era alucinante y eran tiempos donde no se veía eso. Yo tenía el point ese y lo vendían barato. Iba con poca plata y me traía latas de leche Nido llenas. Entonces iba al laburo con eso y era Dios. Después apareció el paraguayo [jerga de un tipo de cannabis]. Los cocineros todos tenían algún primo que tenía la nota en la villa. Era re fácil: sus tíos me mandaban medio kilo y los clientes venían a buscar a la pizzería. En el baño del local había un agujero en el techo y te parabas en el inodoro. Cuando terminaba el laburo cortábamos tra… tra… un cacho para cada uno, tipo cooperativa. Y yo ahí me compraba 100 gramos, me quedaba con 50 y vendía dos 25. Cubría el costo. En un momento dejé de laburar en la pizzería. Entonces ahí empecé a subsistir con esto. Me compraban muchos pibes que venían del interior a estudiar y no sabían a dónde ir, que ni en pedo iban a la villa. Y les comentaban a sus compañeros de la facultad, amigos de amigos. Yo me terminaba haciendo amigo de todo el mundo. Iba en rollers. Me recorría toda la ciudad en los patines. Tenía las rutas de calles lisas en la cabeza. Me empezaron a llegar mensajes de desconocidos, me entraba la paranoia. Ya cuando me hablaba gente medio random tiraba el teléfono, lo descartaba. En un momento fue intentar laburar de cualquier cosa. Yo no podía acceder a un laburo, mi CV era repartidor de pizza, organizador de fiestas clandestinas [ríe]. En un momento me compré una moto y me metí en mensajería. Pero me pegué un palo y me rompí la pierna. Entonces dije bueno, no, estoy arriesgando mi vida por unos pesos, voy a vender faso. Ahora está todo más tranquilo porque hay Reprocann [Registro del Programa de Cannabis] y no es que ande llevando por ahí medio kilo de flores, pero puedo ir con mi Reprocann tranquilamente con 40 g. Entonces me llaman mis amigos y me dicen dame 10 g, 5, 20. Los que tienen confianza para entrar a mi casa lo vienen a buscar. Me manejo con mucha confianza con la gente. Cosecho medio kilo cada dos meses. Pero hay varios precios, según la confianza. Yo tengo a mis hermanos, categoría broder, eso es 8 lucas. Amigos de ellos, 10. Hace unos años me sobraba la plata, ahorraba, la gente venía y se llevaba 50 g. Y pasaron cosas. La gente no tiene un mango, vienen a pedirme 1g, menos de 5, para el día. Hay gente que consigue guita en el día, hace una changa y se lleva 1 o 2. Por ahí vienen todos los días y yo ya los conozco. No es que soy un superproductor, no me alcanza la guita para vivir. Podría intentar escalar más, pero escala el riesgo.

C, 43 años.

los famosos mogules

A la fuente no la conozco. Es muy difícil llegar a la fuente, además te pide dinero por adelantado y mucha cantidad. Yo tengo un intermediario. Él le pide 500 pastillas, 1000 pastillas, lotes mucho más grandes. Yo antes compraba en una casa de la que entraba y salía gente todo el tiempo, había autos estacionados, estaban entongados con la cana. Además a los pibes les daban a pagar después. Entonces se metían en una de consumo y deuda, no salían más de esa. Así que no fui más ahí. A mi intermediario le pago todo por adelantado y efectivo. Todo en dólares. Nos encontramos en un garaje, en lugares distintos. Yo invierto 2500 dólares en cada compra y a eso le saco 5000 dólares. Son 100 gramos, es una roca de MD [MDMA] que entra en una mano, viene en una piedra tipo cuarzo. Yo cuando trabajaba en la revista había empezado a distribuir cannabis, que es más difícil, tiene más volumen, olor y todas esas cosas. En la revista no sabía hacer absolutamente nada y terminé haciendo fotografías, después notas, pero todo muy amateur. Viste, no se gana mucha plata, lo hacía más por diversión y tuve que empezar a vender flores para tener un mejor estilo de vida. Pero con los clubes canábicos bajó mucho la demanda. Ahora lo que más se demanda es el MD. Además tengo pastillas y LSD, que yo lo pongo en gomitas, los famosos mogules. También DMT, que es como la ayahuasca. Antes trabajé en Blockbuster siete años. Después tuve un videoclub y me di cuenta de que trabajando es difícil ganar dinero. Trato de invertir mi dinero para salir [del negocio] y hacer otras cosas, porque es bastante riesgoso. Tengo hijos. Tienen 20 y 23 y saben una parte: piensan que solo vendo marihuana. Estoy en pareja hace siete años. Ella tiene su trabajo, su oficina, hace todo normalmente y me reta bastante. Los dos queremos que yo me dedique a otra cosa, para estar más tranquilos. Me fui comprando equipos de sonido y los alquilo cada tanto, para no dedicarme solo a una cosa y tener, como se dice, una tapadera, pero ahora bajó mucho el alquiler de sonido. Como mis amigos son músicos, voy a shows todo el tiempo. Muchas veces me invitan a las fiestas, voy, llevo, festejo, tengo muy buena relación con los clientes. Trato de no vender ahí igual, trato de arreglar todo de antemano. Alguien me llama y le pregunto quién le pasó mi teléfono y le pido que le diga a esa persona que me mande un mensaje para ver que sea real. Antes trataba de que sea todo en efectivo por cuestiones de la AFIP, pero como ahora está más relajado eso puedo ser más flexible con las transferencias. Obviamente se le cobra también el envío. Trato de no hacer nada en la calle porque está lleno de cámaras. Entonces voy con mi auto o vienen con el suyo. Y a partir de ciertas cantidades también, para no tener que gastar nafta o tiempo por una pasti. Pero con el tema de la crisis la gente está consumiendo mucho menos. Recién este año se nota la baja de consumo, o la gente está consumiendo cosas más baratas o de peor calidad. En general, la gente sabe poco de sustancias. Te preguntan qué pastis tenés, cuando en realidad el proveedor siempre cocina lo mismo y le va cambiando la figura. La única forma de saber qué estás tomando es consumirlo o hacerle un análisis. Hay un reactivo que se llama marquis y sirve para el MD y para las pastillas. Vos le tirás una gotita y cuanto más azul se pone el producto, más puro es. Si llega a salir otro color, como amarillo o rojo, tiene otra sustancia. Igual yo ya no testeo tanto porque mi fuente es la misma y no falla. Del M no sé bien la procedencia exacta. A veces venía violeta y era porque lo traían en botellas de vino. Lo vendía violeta, el color no hace a la calidad. Y a la gente le encantan los colores. Merca no vendería, ni keta, ni otras cosas que generan mucha adicción porque después vienen y te golpean la puerta de tu casa, te piden que les des y después te pagan. Esas cosas terminan mal. 

C, 48 años.

yo no soy un Tony Montana

Siempre hay alguno que ve un pase en el baño y que quiere. Así sacás un cliente. Después terminan siendo amigos. Salís a la noche y te llevás 5, 10 gramos, adonde sea, aunque no conozcas a nadie. Te vas a un barcito en Palermo y te la sacan de las manos. Te convido un pase y me preguntan si tengo más y me compran. No soy un transa, soy un tipo que la tiene porque le gusta tenerla y de vez en cuando si pinta un mensajillo —si hay un partido de fútbol, o uno que sale con la novia— voy. Llega el fin de semana y compro. Salgo a laburar de Uber con el auto y si me pide alguien se la llevo. No reparto tanto como antes. Ahora vivo con mi novia y ella no hace nada, entonces yo claramente tampoco. Les compro a dealers en serio. Los llamo y me encuentro en algún lugar. Ellos generalmente mandan a alguien. Arranqué con 28 años, me separé de una novia que tenía y debía pagar un auto y no me alcanzaba con el laburo en taxi. Algo tengo que sumar, pensé. Encima laburaba a la noche. Me rentaba más laburar con el taxi llevando lo que me pedían que el trabajo de taxi en sí. Trabajo para psicólogos, abogados, empresarios, músicos, actores. Gente que la controla. No es que yo les vendo a los pibitos de barrio. No conozco a esa gente. Yo le vendo a gente bien. Hay uno que toma cada vez que juega Racing, por ejemplo. Y está toda la gente que lo puede hacer esporádicamente. Ellos usan si están cansados para salir, o para aguantar el día, lo usan para despertarse. No entré nunca en ese mundo donde está todo mal. Los músicos, cuando terminan de tocar, alguno viene y me pide algo, pero muchos dejaron. Los años te pasan factura. Una enfermedad, un bajón, lo que fuera. Y llevan una vida normal. Conozco a mucha gente que lo hace sin que sus familiares, amigos, o pareja lo sepan. Lo esconden. Para el que no toma sos un bicho raro, un enfermo, pero el que es inteligente sabe que se puede hacer cada tanto. Si lo hacés un rato, no te va a cambiar mucho la personalidad, te entusiasmás un poco, saltás un poco, vos sabés hasta cuándo. Tuve mis épocas de rock ‘n’ roll, pero se me murieron cuatro amigos con esto. Lo mío es algo muy normal: yo hago deporte, paracaidismo, snowboard, soy un tipo muy centrado. En el barrio hay varios transas que venden de a montones, va muchísima gente. Y no importa el precio, la gente consigue plata y la paga. Ahora se cobra 20, 25 mil el gramo. La gente tiene dos o tres contactos, por si alguno le falla. El que toma de verdad tiene cinco dealers. Cuando no está uno, está el otro. Y si no respondés vas perdiendo clientes. Tenés que estar muy disponible, 100% para eso. Yo trabajo con gente conocida, pero por medio de una persona a otra, boca en boca, y capaz me cae alguien que no conozco. No he tenido ningún tipo de inconveniente, nunca perdí la conciencia: sé a dónde voy, lo que tengo, a quién le llevo. No soy un Tony Montana, si no estaría lleno de plata. Conozco algunos que se llenaron de plata, son millonarios, pero tienen una conducta sin horario. De 1 a 5 a.m. hacen la diferencia. Los que toman generalmente son varones. ¿Por qué? Porque las mujeres son más inteligentes. Las minas una vez cada tanto y en plan que no se entere nadie. La gente lo usa para subir un rato, distraerse, el tema es saber controlarlo. Todo en su medida justa está bueno. Pero nadie sabe cómo controlarlo todo. Yo estoy con la élite, la gente de arriba, los actores. Tienen su familia, se van de gira, y es otro mundo. Si lo usás de modo recreativo, al otro día te despertás, entrenás, hacés vida normal. 

S, 46 años.

sueño ordenado

Antes de dedicarme a los hongos laburaba en una aerolínea. En 2013 hice un viaje con amigos a Europa y en Ámsterdam probé los hongos. Yo tenía una mentalidad bastante antidrogas en ese momento, pero los hongos me volaron la cabeza. En 2018 traje mis primeras esporas de Estados Unidos, las pasé todo cagado, pensando que no sabía qué estaba traficando. Las traje en frascos estériles. A partir de ahí empecé a cultivar en casa, obviamente cultivos muy mediocres. Había, como te digo, muy poca información en esa época. Las primeras experiencias fueron bastante frustrantes, pero cuando me empezaron a salir los primeros hongos, para mí fue un flash. Lo hice para consumo propio y de mis amigos porque conseguir hongos era algo imposible. Seguí leyendo, seguí estudiando, seguí practicando, empecé a cambiar los métodos de cultivo. No sé cuánto habrá pasado, pero a los dos, tres años, ya cuando había crecido bastante con el cultivo, se empezó a volver algo comercial. Empezó a ser también como un trabajo. Me interesé por todo tipo de hongos, no solamente los alucinógenos. Pasé primero por un departamento que alquilaba para cultivar, porque mi casa ya me había quedado chica y también era un quilombo de suciedad y de cuestiones. Era un dos ambientes porque necesitaba uno libre para la parte de laboratorio, donde trabajo las genéticas. Sin laboratorio no podés hacer ningún trabajo muy serio en lo que somos. Me compré un autoclave de casi 100 litros, una olla gigante que levanta 120 grados de temperatura y mucha presión. Eso lo que hace es estabilizar todo lo que le pongas adentro. El primero lo compré hace ya tres años, ahora tengo cuatro autoclaves, uno de 250 litros. Con el tiempo fui invirtiendo y cada vez comprando equipos más grandes. Estoy en un galpón de 700 metros, trabajo con un ingeniero agrónomo y hacemos muchos kilos de hongos comestibles y también de los medicinales. Sigo, obviamente, cultivando alucinógenos. Es exponencialmente más lo que se gana con los psicodélicos. Eso que yo vendo barato porque a mí no me interesa arrancarle la cabeza a la gente, pero te deja mucho más margen de ganancia. Quince gramos de hongos alucinógenos cuestan en promedio lo mismo que un kilo de hongos comestibles. Si no tuviera los psilocibes [alucinógenos] no podría sostener lo otro. Rentable ya se había vuelto en 2021, pero la decisión [de renunciar a la aerolínea] me costó porque era un buen trabajo. Tenía toda una estructura mental, también familiar. Mi vieja voló treinta y pico de años. Para mí la aerolínea siempre fue el laburo en el que me iba a jubilar. Tuve un tema cardiológico, me tuve que operar y me tomé una licencia de seis meses. Ahí me cayó la ficha cuando se me ordenó el sueño y me pude dedicar de lleno a lo mío. No quería saber más nada con volar.

A, 37 años.

él drogó a un policía motorizado

Es un trabajo porque es una empresa. Hay gente trabajando, comen familias, hay que dar un buen servicio, hay que coordinar personas. No te deja tiempo para otra cosa. Mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre eran empresarios pyme, es algo que baja del clan familiar. Y yo apliqué lo que me enseñaron desde muy pequeño acerca del negocio de la familia, pero le cambié el producto. A mí me gustó siempre. Yo me abrí camino durante muchísimos años. Mis primeros contactos con este mundillo fueron hace como 17 años. Tenía un amigo del barrio que tenía un contacto que le daba porro y era muy difícil para nosotros tener porro sin pasar por una odisea digna de mito griego. Y cuando apareció este amigo fue el momento de la bonanza, aprovechamos para tener, repartirnos entre nosotros, entre amigos, una cosa muy de garaje. Empezó así. Lo que le da el valor agregado es la odisea de mito griego. Antes tenías que irte a una zona marginal, no eras de ahí, corrías riesgo, te estafaban. Nunca fui de un entorno donde la gente fuera a la cárcel, entonces lo que hicimos fue buscar cómo hacer para que no fuera un riesgo. La verdad no trabajo solo con Reprocann. Estamos esculpiendo la piedra, tratando de que sea lo más legal posible, pero los papeles no son lo nuestro, hacer una ONG… La granja que cultiva ya está legalizada, pero los deliveries o clientes no tienen la licencia. En algunos momentos hubo otras cosas, ahora hay un poco de hongos. Y porro. Yo amo lo que hago. Tengo más pasión que nadie por lo que hago. Si no me pagan, lo hago igual, no me importa, termino usando dinero porque vivo en el capitalismo, pero no es el principio ni el final. Cada persona para mí es un amigo. Si no puedo ser su amigo no puedo hacer negocio. Cada cliente es un mundo. Ahora tengo una agenda reducida, pero me alcanza para vivir a mí y a dos personas más que lo tienen como segundo trabajo, en delivery y administración. Después de 17 años de tratar en el ambiente empezás a reconocer patrones y entender perfiles. Yo le digo a todo el mundo lo que hago, pero si algo me huele mal me hago el boludo o miento, cambio de tema. Me guío por la intuición. Hay gente que te habla, te dice algo, no te contesta, después te contesta, y te das cuenta de que es una persona que te va a hacer perder el tiempo, que te puede ensuciar los chats, poner en riego, y encima no va a comprar. Hace unos años me encontraba con la gente en la calle. ¿Cuánto tiempo esperás a alguien en la calle? Ese límite, por ejemplo, tiene que estar claro. Yo con la policía nunca tuve problema. Nunca. Cuando tenía 18 años me han encontrado en situaciones comprometidas y no pasó nada. Una vez, cumplía 17, habíamos comprado un montón de drogas para hacer una fiesta para nosotros. El conductor se tomó la keta cocinada mientras volvíamos. Terminamos a contramano en la avenida Córdoba y nos interceptaron unos patrulleros. Nos bajaron, nos encontraron las cosas y nos dijeron: “Chicos, están complicados”. Vieron el papel de la keta babeando y se lo tomaron pensando que era merca. Y cuando el policía empezó a desmayarse, todos se paniquearon pensando que se moría. Al final llamamos a la que nos había vendido la keta, le pedimos que nos devolviera la plata para que se lo diéramos a los policías para que compren cocaína. Todo lo contrario a respeto me generaron. Al tipo nosotros le gritamos que no lo tomara. Pero se lo tomó, no sabía que existía la keta, eso fue en el 2009, 2010. Ahora estoy emprendiendo para darle estructura legal a todo lo que hago para crecer. Estuve en California, en España, Sudáfrica, lugares donde hay industria legal. Me encanta y quiero hacer algo en Argentina. Quiero estar entre los primeros, tener mi negocio, darle trabajo a más gente, quiero tener familia y que mi hijo pueda estar en la empresa y estar orgulloso, feliz.

G, 35 años.