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instrucciones para un golpe de estado
Desde Quito llega este reportaje urgente al pie del cadalso. Entre el fraude de unas élites decididas a mantenerse en el poder a como dé lugar y la posibilidad de una segunda ola bolivariana que lidera las encuestas, los comicios de este domingo van a definir al gobierno que intentará sacar a Ecuador de la pandemia y de una crisis económica sin precedentes. ¿Quiénes son los principales candidatos y qué se juega en esta disputa agónica donde cualquier cosa puede pasar?
Ilustraciones: Ezequiel García
04 de Febrero de 2021

 

El centro histórico de Quito estuvo cercado durante meses. Vallas y alambre de púas impedían el acceso al Palacio Presidencial y a la Plaza Grande, como si hubiera un ejército de ocupación. Encerrado dentro del Palacio, después del histórico Paro Nacional de octubre de 2019, el gobierno usa a la pandemia como fuerza represiva y a la iliquidez como política de humillación para disciplinar: un recorte del 10% del presupuesto a la salud, despidos de personal médico en plena emergencia sanitaria, retención de los presupuestos de las provincias y de las universidades, funcionarios públicos impagos. Son las consecuencias del pago por anticipado de 3 mil millones de dólares de deuda externa.

Las elecciones de este domingo 7 de febrero en Ecuador, donde se elegirá al nuevo presidente y se renovará la Asamblea Nacional, están en peligro. Hay hambre en las calles, incertidumbre y miedo de ir a votar. Bajo el barbijo, se cuentan los días para que se termine el gobierno de Moreno, causante de 40 mil muertes por la covid-19. Con una población de alrededor de 17 millones de habitantes, el padrón electoral nacional es de 13 millones de votantes, de los cuales el 43% tienen entre 16 y 35 años. Hay 16 candidaturas presidenciales calificadas, el mayor número desde la vuelta a la democracia en 1979. El promedio de indecisos es de un 20%. El sistema estadístico nacional está bajo un apagón forzado, pero se estima que las cifras de desempleo bordean el 13%.

El Consejo Nacional Electoral (CNE), la Corte Nacional de Justicia y órganos de control como la Contraloría General del Estado siguen ensayando nuevas formas de proscripción electoral contra el ex presidente Rafael Correa y el movimiento de la Revolución Ciudadana, ante la indiferencia y la complicidad del espectro político. Correa fue inhabilitado como candidato a la vicepresidencia por una condena judicial por influjo psíquico, con pruebas trucadas, en un caso de supuestos sobornos, plagado de anomalías jurídicas.

Las trabas parecen no tener fin para UNES y el Movimiento Centro Democrático, que sin embargo se mantiene primero en las encuestas. La inscripción de la candidatura presidencial de Andrés Arauz tardó más de 3 meses. El CNE ha caotizado el proceso electoral para aducir una posible anulación de las elecciones: procesó impugnaciones de candidaturas sin fundamentos jurídicos; imprimió más de 6 millones de papeletas con fallas, las cuales no se sabe si ya fueron destruidas o aparecerán en las juntas receptoras del voto. Además, envío con retraso las papeletas a los consulados y embajadas en Europa y Estados Unidos, que ya no emiten documentos de identidad porque fueron cerradas por la Cancillería, impidiendo así el voto de las comunidades migrantes.

Esta es una de las campañas más sucias y violentas que ha visto la región. Tal parece que la intención es propiciar un escenario similar al ocurrido en Bolivia en el 2019.  Ante un posible triunfo de Andrés Arauz en primera vuelta, el CNE podría entorpecer el conteo y alargar deliberadamente la difusión de resultados oficiales, si le son adversos al banquero Guillermo Lasso, candidato de CREO, en picada en las encuestas a pesar de su millonaria maquinaria electoral. Los argumentos para declarar la nulidad de las elecciones con el apoyo de la OEA de Luis Almagro se van sumando, incluso no se podría descartar un golpe de estado cívico militar.

De la misma manera que los latifundios mediáticos instalaron la sospecha de fraude electoral cuando Lenin Moreno ganó la presidencia en 2017, ahora lo blindan. Sus últimas instrucciones son manchar de ilegitimidad (y nada mejor que valerse del Clarín de Argentina, para proveer una fake contra los aliados de Cristina Fernández) el proceso electoral con noticias falsificadas. No es la primera vez que medios extranjeros cercanos al uribismo en Colombia tratan de vincular a la Revolución ciudadana con la guerrilla colombiana. Esta vez se trataría de un financiamiento, aún no comprobado, de la guerrilla del ELN a la campaña de Arauz. El actual régimen colombiano no olvida el apoyo del gobierno de Correa al proceso de paz, ni su enfrentamiento con el ex presidente Álvaro Uribe por bombardear territorio ecuatoriano. Un posible gobierno de Arauz significaría la pérdida de un aliado regional en la ofensiva desestabilizadora contra el gobierno de Venezuela.

Las elecciones de este domingo 7 de febrero en Ecuador, donde se elegirá al nuevo presidente y se renovará la Asamblea Nacional, están en peligro. Hay hambre en las calles, incertidumbre y miedo de ir a votar. El padrón electoral nacional es de 13 millones de votantes, de los cuales el 43% tienen entre 16 y 35 años. El promedio de indecisos es de un 20%. El sistema estadístico nacional está bajo un apagón forzado, pero se estima que las cifras de desempleo bordean el 13%.

 

niebla mental

Libertarios del mundo, vengan a Ecuador, este es el país con el que siempre soñaron. Aunque sea rústico e impresentable, un presidente como Moreno cumple su ideal: destrucción del estado y la institucionalidad, privatización de los bienes públicos, nula inversión interna, impuestos elevándose para los trabajadores y perdón de deudas a empresarios diestros en la evasión impositiva, que además de fugar sus capitales a paraísos fiscales, amenazan a sus empleados con despedirlos si al día siguiente de las elecciones no llevan una fotografía de su voto para Lasso. Por eso VOX de España lo defiende. Viaja seguido a Washington para hincarse ante los carceleros de Julian Assange, aunque la última vez lo dejaron esperando cuando fue a rendirles cuentas sobre la privatización, perdón, la monetización de los bienes del Estado: la banca privada se apresta a controlar al Banco Central, las refinerías serán concesionadas a empresas extranjeras –fórmula exigida por el FMI.

Vengan libertarios, aquí pueden gobernar sin haber ganado las elecciones, como Guillermo Lasso, que luego de denunciar sin pruebas un fraude electoral en 2017, cogobernó con Moreno. No importa que las élites criollas sean antimodernas, xenófobas, con pánico al conocimiento y a la secularización de la sociedad. Se reconocerán en el odio de las cámaras empresariales por los impuestos, la organización social y la igualdad. Además, son mangoneables; están divididas y sin proyecto. Pero hoy los necesitan sus hermanos de los think-thanks de universidades privadas, propiedad de los grupos de poder (que funcionan con fondos públicos, nacionales e internacionales). Ustedes les hacen falta para su ofensiva contra la educación pública, endeudar a generaciones de estudiantes, vilipendiar al sistema de becas, tratar de suprimir a las ciencias humanas (¡solo ingenierías para un sistema centralizado desde el imperio!) y a los conglomerados académicos e intelectuales que estudian o participan de movimientos sociales y la realidad del Estado. Allí encontramos al mejor ministro de salud del mundo. Cuando llegaron al país las primeras vacunas compradas a Pfizer (certificada por la FDA de USA, las demás no existen), las repartió entre su familia y amigos en una exclusiva residencia geriátrica, ubicada en una clínica de la cual también es accionista. Así quedó claro que solamente la blanquitud adinerada de los valles de las afueras de la capital y del islote de Mocolí tienen derecho a vacunarse.

Pero si Lasso está en picada en los sondeos, aquí está Yaku Pérez, candidato de Pachakutik. No lo rechacen solo porque no es blanco, pueden apoyarlo tapándose la nariz: negó el golpe de estado en Bolivia en 2019, aboga por el capitalismo verde y por el ingreso de la banca internacional; es el nuevo Enrique Capriles, pero con los colores del arcoíris globalista. Aquí estarán rodeados de esclavos y de muertos, como a ustedes les gusta.

un país en burnout

Ecuador es como una olla de cangrejos donde los cangrejos de abajo jalan al fondo del agua hirviendo a los que tratan de salir. El confinamiento fue como destapar la olla para rociarle insecticida; desactivados los dispositivos de la democracia representativa, los bandos que no reconocen la traición es porque están del lado de los traidores.

La izquierda anticorreista tuvo su venganza. Aliada del gobierno de Moreno, impulsó, a escondidas o desembozadamente, la persecución judicial contra Rafael Correa como política de estado. Sin dejar de machacar que el régimen de la Revolución Ciudadana intervino en la justicia, participó activamente en el desmontaje de los organismos de control, trituró al Estado de derecho al permitir que los latifundios mediáticos dicten las sentencias, que luego las cortes copiaban letra a letra. Sus “medios digitales alternativos” son la verdadera comunicación oficial: expertos en difamación e información falsificada. Especialistas en la obstrucción, dicen que su lucha no puede ser electoral, ya que nunca sobrepasan el 5% en las elecciones. Su revancha acabará por hundirlos junto a la clase media criolla, encarnación del subdesarrollo. Agraviada por haber perdido unos privilegios que solo tuvieron en sus fantasías, tan feroces al defender a sus patrones. Cuando empezaban a acostumbrarse a la simulación del filisteísmo, la paz del coloniaje se terminó con el confinamiento. Son enfermos imaginarios a los que nadie va a degradar a inspectores de aves de corral. Su culto al emprendimiento no soportará los anticuerpos de los mercados.

La región mira hacia Ecuador: ¿estas elecciones marcarán el regreso del proyecto bolivariano en su segunda ola? Si su cresta no es una flama que arrase y germine todo a su paso, podría pasmarse muy pronto. Para ganar en primera vuelta, Andrés Arauz tendría que superar el 40% y que la diferencia con el candidato del segundo lugar supere los 10 puntos. Parece cerca de lograrlo.

Pero si el 11 de abril hay segunda vuelta, la derecha está obligada a presentar un bloque sólido. Si finalmente es Pérez quien se enfrenta a Arauz en segunda vuelta, ¿qué hará la dirigencia del Movimiento indígena, que lideró el Paro Nacional de octubre y hoy critica acerbamente a Yaku Pérez? ¿Se subirá a la tarima junto a Guillermo Lasso y a Jaime Nebot, ex alcalde de Guayaquil, líder del Partido Social Cristiano (PSC) y gran amigo de Mauricio Macri?

Si finalmente es Yaku Pérez quien se enfrenta a Arauz en segunda vuelta, ¿qué hará la dirigencia del Movimiento indígena, que lideró el Paro Nacional de octubre y hoy lo critica acerbamente? ¿Se subirá a la tarima junto a Guillermo Lasso y a Jaime Nebot, gran amigo de Mauricio Macri?

 

La Revolución Ciudadana es una maquinaria electoral con organización rudimentaria, que sustituyó la ideología con el marketing político. Aunque no carece de bases, no ha sabido articular el respaldo popular que tiene, por eso apenas pudo resistir la traición de Moreno. Y continúa arrastrando uno de sus peores errores durante el régimen de Correa: haberle entregado la gestión de la política a los tecnócratas e influencers, agentes erosivos de la comunidad. En estos comicios las equivocaciones y la división de sus adversarios han jugado a su favor, pero su campaña ha carecido de liderazgo y financiamiento, sus candidatos se contradicen entre sí, pocos manejan líneas discursivas consistentes. Como tampoco tuvo una política cultural, le cuesta dar una batalla de sentidos contra el estigma de la corrupción.

En un país confinado a la sobrevivencia y a la parálisis de la indignación, el mayor riesgo de un posible gobierno de Arauz es el asedio de una oposición, con una enconada revuelta antivacunas que lo desgaste rápidamente. La conformación de la próxima Asamblea Nacional será decisiva. Si UNES logra la mayoría, podrá revertir las decisiones económicas del gobierno de Moreno, renovar los organismos de control y fiscalizar la repartición del sistema de salud. Para ello, su propuesta será decretar la muerte cruzada, figura constitucional que permite al presidente disolver la Asamblea para llamar a elecciones generales, que además incluya la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reconstruir el Estado. A diferencia de la histórica Constituyente de Montecristi del 2008, esta nueva Asamblea legislará en un contexto geopolítico imprevisible: un mundo polarizado sin crecimiento económico, con los precios de commodities como el petróleo en picada (principal producto de exportación), con Estados Unidos en declive pero aún como potencia militar, China y Rusia consolidando sus esferas de influencia en la región y el acceso a los recursos naturales. Países como Ecuador detentan grandes reservas minerales e hídricas en su subsuelo, una biodersidad incuantificable y en riesgo por la voracidad de las transnacionales, decisivos para los saltos tecnológicos que se aproximan.

Si hay elecciones libres, la tarea por venir será gigantesca y corresponderá a varias generaciones. No habrá reconstrucción sin que los genocidas sean juzgados y condenados. Porque solo así se podrá dejar atrás la incapacidad para soñar un futuro. Recuperar la alteridad, la piel y el aliento.

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