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ecuador: la tanatopolítica liberal
Ecuador es el país con la tasa más alta de mortalidad por COVID 19 en Latinoamérica. Luego de que las calles de Guayaquil se saturaran de cremaciones a cielo abierto y ataúdes abandonados, el gobierno de Lenín Moreno culpó a sus opositores de propalar la pandemia como si fuera una fake news, y continuó aplicando una política de ajuste en medio de la crisis sanitaria. Apuntes urgentes desde el ojo del huracán, sobre un incierto día después.
Ilustraciones: Ezequiel García
22 de Mayo de 2020

 

Con el estado de sitio, en Ecuador la democracia fue puesta en cuarentena. El COVID 19, un terremoto en cámara lenta, le permitió a la élite política –que predica la empatía– un genocidio por indolencia: la tanatopolítica liberal. “Hubo una claudicación intelectual del Estado”, explica el analista de política científica Daniel Vizuete, “porque las élites no quieren un proyecto de desarrollo nacional y tampoco un sistema de salud pública. La derecha quiere destruir el proyecto de la Constitución de Montecristi (2008), destruir al correísmo y al progresismo”.

Sin ningún sustento epidemiológico, el presidente Lenin Moreno anunció el fin de la cuarentena para el 4 de mayo, tironeado por las cámaras de comercio, la banca y los medios. Casi todas las acciones del gobierno parecen un operativo de los servicios de inteligencia: el miedo al COVID 19 es ahora un arma represiva de un Estado con el segundo puesto en gasto militar en la región y sus Fuerzas Armadas asesoradas por las Fuerzas de Defensa de Israel.

Por su lado, Facebook gestiona ECU911, la central de llamadas de emergencia que agrupa a la policía, los bomberos y la Cruz Roja, que además maneja un sistema de cámaras vigilancia y reconocimiento facial en gran parte del país. En Guayaquil hay inhibidores de señal en los cementerios y en los hospitales, donde está prohibido el ingreso. Con la emergencia se redobló también la persecución judicial contra el correísmo, el movimiento indígena y el arco progresista opositor. Cerrada por la pandemia, la Corte Nacional de Justicia condenó al expresidente Rafael Correa en un proceso plagado de irregularidades.

según la organización mundial de la salud, la tasa de letalidad por covid 19 en ecuador es de 7,65%, la más alta de sudamérica, muy por encima de la media mundial, de 6,96

 

apagón de gobernabilidad

“Las autoridades sanitarias no se tomaron en serio al COVID 19”, sostiene Daniela Vásconez, médica del Hospital Pediátrico Baca Ortiz de Quito, “creyeron que nunca llegaría al país. Lo subestimaron. El gobierno no se lo esperaba. Nunca hubo un plan”. El Ministerio de Salud en Ecuador ha reportado hasta ahora 2799 fallecidos, 33582 contagiados, con una prevalencia de 179 casos por cada 100 mil habitantes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa de letalidad por COVID 19 en Ecuador es de 7,65%, la más alta de Sudamérica, muy por encima de la media mundial, de 6,96. Con una población de 17 millones de habitantes, Ecuador tiene una cantidad de infectados mayor que la Argentina (8371), menor que Chile (46059) y Brasil (255,368). La cuarentena empezó el 16 de marzo con un toque de queda entre las 21.00 y las 05.00 y el 25 de marzo se reforzó desde las 14.00 a las 05.00. No hay transporte público y los autos particulares solo pueden circular un día a la semana, según el último número de sus placas.

Al mismo tiempo, según medios extranjeros, la cifra de fallecidos sería 15 veces mayor a la oficial. Pero es imposible modelizar la pandemia numérica o estadísticamente: no se sabe realmente la cantidad de contagiados y de fallecidos por el virus. A pesar de su alto presupuesto en telecomunicaciones, el gobierno ecuatoriano ha tenido una política de comunicación errática: cifras incompletas, un desfile de voceros negándose a responder preguntas, propagación de pseudociencia (un viceministro anunció la distribución masiva de Cloroquina, un medicamento antimalárico, como profiláctico) y apagones informativos el 25, 26 de abril y 5 de mayo, para luego entregar cifras incoherentes.

Guayaquil, capital comercial del país y uno de los puertos del Pacífico más boyantes, asediada históricamente por piratas e incendios, emblemática para la literatura y las artes visuales, es la más golpeada por el coronavirus. El 18 de marzo, la alcaldesa Cynthia Viteri bloqueó la pista del Aeropuerto José Joaquín Olmedo para impedir el aterrizaje de un vuelo humanitario de Iberia que iba a recoger personal médico. Desde entonces, la ciudad se caotizó. Los hospitales colapsaron, las morgues y las funerarias se abarrotaron, había ataúdes y cuerpos incinerándose en las calles y hoy se estima que cada guayaquileño tiene a un familiar infectado o fallecido. Todavía hay alrededor de 133 cadáveres sin identificar.

“en una primera etapa, ecuador no conocía lo que estaba pasando con respecto a la pandemia y sobre todo en guayaquil. hubo periodistas de la capital que pusieron en duda la que pasaba. decían que eso es parte de una estrategia desestabilizadora y fake news

 

un padrastro indolente y abandónico

“No se ha podido establecer una cifra estable de muertos porque el ocultamiento de la información es intraestatal”, sostiene Daniel Vizuete. “Los gobiernos locales, como la alcaldía de Guayaquil, le ocultan información al gobierno central, quien también les oculta información, además, su autoridad quedó erosionada desde el paro nacional de octubre de 2019”. Omar Jaén Lynch, periodista guayaquileño, sostiene: “En una primera etapa, entre la segunda semana de marzo y la primera de abril, Ecuador no conocía lo que estaba pasando con respecto a la pandemia y sobre todo en Guayaquil. Hubo periodistas de la capital que pusieron en duda la que pasaba. Decían que eso es parte de una estrategia desestabilizadora y fake news. Sí nos dolió que muchos medios de comunicación tardaron en aceptar la cruda realidad que tuvimos en Guayaquil. Sí, los medios tardaron, pero el periodismo guayaquileño fue el primero en sacudirse. Sé de casos de periodistas que se revelaron ante sus editores, quienes no querían aceptar lo que estaba pasando, entramos a un momento de negación en ciertas redacciones, no puede ser que esto sea así. Hubo familias que tuvieron a sus parientes en las salas de la morgue durante 72 horas. Las salas de velación de la Junta de Beneficencia olían a muerte. Esto conllevó a que muchos periodistas en Guayaquil se contagiaran”.

Apenas iniciada la emergencia, la ministra de Salud Catalina Andramuño, renunció aduciendo que el Ministerio de Finanzas no le transfería los recursos para la emergencia. Su reemplazo, Juan Carlos Zevallos, acusó a la población de infectarse deliberadamente. En un país donde hay trabas para la investigación científica en salud, no hubo una coordinación científica entre el gobierno y la academia para afrontar la crisis. “Lo ideal habría sido trabajar con todas las universidades y sus profesionales en medicina, infectología y otras ramas científicas”, afirma Vásconez. “No se formaron grupos de trabajo conjunto de académicos e investigadores de distintas universidades para asesorar a las autoridades”.

“En Ecuador no hay cerco epidemiológico, afirma Ricardo Hidalgo Ottolengui, rector de la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE) y médico cardiólogo. “No hay seguimiento de los portadores asintomáticos del virus. Los contagiados aumentan. No se han realizado pruebas masivas. Para la mayoría de la población no es posible cumplir la cuarentena por la pobreza, no hay condiciones para el distanciamiento social cuando hay hacinamiento. Los hospitales colapsan. Las unidades de cuidados intensivos están abarrotadas”. Pero el sistema sanitario, en realidad, colapsó desde antes del coronavirus. En el Ministerio de Gobierno se repartieron las direcciones de los hospitales como sobornos para asesores y familiares de legisladores, y así se construyen mayorías en la Asamblea Nacional. “Desde hace tiempo hay una gran molestia entre el personal médico por los contenidos en redes sociales donde se muestra de manera idílica al sistema sanitario, cuando la realidad es el hacinamiento”, sostiene Vásconez.

“Se gasta demasiado dinero en propaganda, pero el sistema de salud está en contracción y precarizado. En 2018 empezaron los despidos masivos, los recortes presupuestarios en programas de atención, en la compra de equipos, en cirugías. Los hospitales están desabastecidos de los insumos más básicos. Paradójicamente, el sector salud tiene una inversión muy alta, es muy apetecido por el dinero y la tecnología que circulan, esto no lo vuelve fácil de auditar. Además, una parte importante de los profesionales de la salud, como los médicos postgradistas, están en un limbo laboral: estudian y ejercen su profesión en simultáneo, hacen una rotación de 36 horas, asisten a clase, no tienen sueldo ni seguridad social. Desde que llegó el COVID 19, el hospital donde trabajas se desentiende si te contagias”.

sin ningún sustento científico ni epidemiológico, lenín moreno anunció el fin de la cuarentena tironeado por las cámaras de comercio, la banca y los medios

 

distanciamiento productivo para el fmi

Solamente al prolongar el estado de excepción, el gobierno pudo imponer el programa del Fondo Monetario Internacional. En medio de la pandemia, el Ministerio de Finanzas pagó un tramo de la deuda externa de 326 millones de dólares. Al mismo tiempo, el ejecutivo presentó dos proyectos de ley a la Asamblea Nacional: la Ley de apoyo humanitario y la Ley orgánica para el ordenamiento de las finanzas públicas, aprobadas a pesar de una unánime condena social. Decidido a seguir las exigencias del orden liberal, el gobierno hará que la cuarentena la pague la población mediante la eliminación de derechos laborales, la rebaja de sueldos en un 45 por ciento, la desaparición del salario mínimo y la tolerancia para los despidos injustificados. Se cerraron los correos, los ferrocarriles y los medios públicos. También se perdonaron 4500 millones de dólares en deudas de los grandes grupos económicos y ya se proyecta la privatización de la refinación de petróleo. Por su lado, la economía ecuatoriana no se detuvo con la emergencia sanitaria sino que se enclaustró. Y si bien hay sectores que tuvieron que cerrar (locales comerciales), otros no se han frenado (educación, banca, supermercados, restaurantes). El sector privado es el más corrompido: se valieron de la pandemia para especular con los precios de alimentos, material médico, bolsas para cadáveres y ataúdes.

Sorpresivamente, el gobierno recortó el presupuesto a las universidades públicas, aduciendo la escasa recaudación tributaria. El recorte iba contra los docentes y la investigación. Aunque, en realidad, el recorte es un castigo por el Paro Nacional de octubre de 2019, a razón del cual se despidió a profesores acusándolos de simpatizar con el expresidente Rafael Correa. El propósito de fondo es implantar un sistema de educación privado a crédito, similar al de Chile o los Estados Unidos. Por ello el favoritismo del gobierno de Lenin Moreno por las universidades de la élite, que militan la austeridad y tienen su dinero en paraísos fiscales. Aunque la Corte Constitucional resolvió suspender el recorte, el Ministerio de economía anunció que es irreversible.

 

la incógnita que vendrá

Ensamblada a la lógica mercantil de los medios locales, las distintas facciones dentro del gobierno también operan sus confrontaciones a través de “denuncias de corrupción” en los hospitales públicos de Guayaquil, una historia que se remonta al caso de los INA Papers, sobre las cuentas off shore del presidente Lenin Moreno.

“Hay que ser sinceros, en Ecuador todos nos conocemos y sabemos lo que está pasando”, dice Jaén Lynch. “Aquí hay medios de comunicación que tienen una alianza con el gobierno y consideran que cualquier tipo de crítica que lo haga ver mal es darle alas al correísmo. Por eso tardaron los medios, porque se decían: ʿNo podemos decir que las cosas están tan mal en Guayaquil, sino este gobierno se caeʾ. La estrategia más infame del gobierno fue decir que lo que ocurrió en Guayaquil eran noticias falsas. En Guayaquil hay un fuerte dolor con el resto del país porque no nos quisieron creer. Hubo una colusión entre gobierno y medios de comunicación. El gobierno utilizó ciertas plataformas digitales como sus caballos de batalla: lanzaron reportajes sobre centros tecnológicos, sobre ejércitos de trolls desde México, La Habana, Caracas y San Petersburgo que propagaban fake news sobre la pandemia. Apalancarse en medios digitales fue una estrategia infame del gobierno ecuatoriano y a la larga fracasaron”.

Las consecuencias posteriores al virus son las más peligrosas. ¿Los fondos de jubilación serán incautados para implantar un sistema de pensiones privado sin ancianos y trabajadores? ¿Una sangrienta represión contra un levantamiento popular? ¿Elecciones libres en febrero de 2021? ¿Una hambruna que destruya al país para convertirlo en la retaguardia de las fuerzas paramilitares que sitiarán la región? “Estamos en el ojo del huracán y apenas vemos lo que está pasando. No tenemos el control remoto, ni el manual”, concluye Vizuete. Si hay un después, y lo habrá, hay que pedirle cuentas a la derecha. La salida de la crisis solo puede ser política y científica. La nueva curva será la huelga telemática, recuperar las calles, volver a tener prójimo; Guayas, la sierra y todo el país unido en rebelión.

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