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santa fe: un apagón amarillo y rosa
La votación de ayer en el cuarto distrito del país rompió la tendencia de los oficialismos triunfantes, confirmó la caída libre del macrismo a nivel nacional, y dejó en evidencia el crecimiento de un peronismo que muestra la caripela de la unidad. Además, la crisis del socialismo santafecino y un nuevo golpazo para la tercera vía que no puede despegar.
Ilustraciones: Ezequiel García
17 de Junio de 2019

A contramano de lo que salieron a instalar esta mañana en los matutinos que le responden, la flamante fórmula presidencial encabezada por Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto tenía una única expectativa en las elecciones generales de Santa Fe: la derrota de Omar Perotti, el candidato del peronismo unificado que había conseguido una parva de votos en las primarias, ante un inofensivo Antonio Bonfatti, cabeza de boleta del Frente Progresista Cívico y Social. Cambiemos ya había perdido por paliza en las internas en la provincia y también en Rosario y Santa Fe, los dos principales distritos que en las legislativas de 2017 ganó cómodo con candidatos sin mucho relieve y conocimiento público.

La mesa chica cambiemita se comunicó por la tarde con sus operadores en la tercera provincia más importante del país. Las respuestas terminaron por transformar en una verdadera pesadilla un domingo del día del Padre que había comenzado con el (mega)apagón energético. Se ratificaba la debacle de sus candidatos, ya sin música canchera, baile y globos como hace dos años, quedando excluidos en un lejanísimo tercer puesto. Y, para peor, el rafaelino Perotti le ganó con el 40,52% a Bonfatti (36,34%) el otro gran derrotado de los relevantes comicios de ayer. José Corral, el candidato amarillo, obtuvo un magro 18,96%.

El festejo de Alberto Fernández fue la contracara de otra jornada electoral bajón para el presidente y su flamante vice, quien fue el jefe político de Perotti cuando el ahora gobernador electo se había refugiado en el Peronismo Federal para no salpicarse de la peste kichnerista después de la derrota de 2015. La unidad justicialista en la provincia fue una ingeniería que tuvo a Cristina Fernández como principal aliada cuando de igual modo bendijo la candidatura del rafaelino y encolumnó a todos detrás, con la excepción de la arquitecta María Eugenia Bielsa, quien una vez derrotada en las primarias mostró un compromiso público permanente con la candidatura de su contrincante y dejó atrás las furibundas críticas que suelen hacerle por su supuesta empedernida inorganicidad. La vuelta al poder provincial después de doce años es una noticia impactante que ilusiona al fernandizmo ahora que sumó a sus filas al huidizo Sergio Massa.

la caída del socialismo irreal

Para el círculo rojo santafesino la debacle socialista es un dato explosivo, aunque solo sorprendente para aquellos que no detectaron en 2015 que el partido había quedado herido de muerte cuando ganó por centésimas en Rosario y en la provincia. La crisis de los herederos de Guillermo Estévez Boero empezó justamente en la administración provincial de Antonio Bonfatti (2011/2015). El crecimiento de la violencia en las ciudades de Rosario y Santa Fe le puso fecha de vencimiento a una experiencia de gobierno que para aquel entonces llevaba un mandato provincial (Hermes Binner 2007/2011) y veintidós años administrando los destinos de Rosario. Bonfatti y el partido en su conjunto negaron sistemáticamente datos dolorosos que modificaron la vida de los rosarinos: los cadáveres de jóvenes se amontonaban en las periferias, aumentaba el microdelito en la zonas centro y macrocentro, y se agudizaba el conflicto entre organizaciones del narcomenudeo a través de sangrientas disputas. No es casualidad entonces que sea Bonfatti quien haya tenido que poner la cara de la durísima derrota en la lluviosa noche de ayer domingo.

El socialismo se acordó tarde de retomar las banderas sociales que enarboló Hermes Binner durante sus dos formidables intendencias (1995/1999 y 1999/2003) y que arrió Miguel Lifschitz (2003/2007 y 2007/2011) cuando protagonizó las reformas neoliberales de Rosario, loteando la tierra de la ciudad para saciar el hambre de negocios del sector financiero, a la vez que le imprimía una fisonomía de servicios en detrimento de la industria. Su actual gobernación fue positiva, con un vendaval constante de obras públicas, lo que le permitió salvar la ropa en términos individuales ganando por lejos en la categoría de diputados (38,71%), duplicando a Leandro Busatto (18%) el candidato del PJ. Ayer Lifschitz se borró del búnker de Bonfatti para ir a festejar a Santa Fe con Emilio Jatón, triunfador en la intendencia de la ciudad capital.

El partido de la rosa desde 2011 no tuvo un discurso de futuro capaz de interpelar a los santafesinos, mucho menos en el caso de la violenta Rosario. Si el macrismo impuso el eficaz eslogan “cambiemos”, si el kirchnerismo apuesta al “vamos a volver”, el socialismo se conformó con el pálido “vamos a seguir”. No tuvo capacidad de entender a tiempo el humor social. Su política de seguridad ha sido desastrosa y limitada su imaginación económica en tiempos de miseria nacional.

El cimbronazo de 2015 había sido inequívoco: hace cuatro años aparecía el sello Cambiemos como el nuevo representante del imaginario de clases medias y medias bajas todavía traumatizadas después de las devastadoras experiencias peronistas de los ochenta y los noventa, ahora aterradas por la inseguridad. El ajuste económico impuesto por Mauricio Macri y la inestabilidad financiera que se abrió con la corrida de abril de 2018 puso fin a la esperanza blanca que enarbolaron los amarillos en Santa Fe. Se abrió allí la ilusión del socialismo otra vez ganador sobre la hora, como esos equipos grandes que juegan mal pero siempre encuentran una última bola para llevarse el match. Pero Perotti hizo nuevamente equilibrio, se alejó a tiempo del oficialismo para volver a negociar sin pudor con Cristina Fernández de Kirchner y se quedó con todo el pesado aparato del PJ de Santa Fe. Anoche logró la proeza de que los peronistas vuelvan al poder después de doce años de tránsito por el destierro.

Para el círculo rojo santafesino la debacle socialista es un dato explosivo, aunque solo sorprendente para aquellos que no detectaron en 2015 que el partido había quedado herido de muerte cuando ganó por centésimas en Rosario y en la provincia.

 

rosario es radical

El otro gran golpazo para el socialismo había ocurrido en las PASO, en la categoría intendente de Rosario. La candidata de la actual intendenta de la ciudad Mónica Fein, exsecretaria de Hacienda en su primer mandato (2011/2015) y actual concejal Verónica Irizar, perdió con el Franja Morada Pablo Javkin. Una bomba: por primera vez en treinta años el intendente de la ciudad no sería socialista.

Enfrente estaba Roberto Sukerman como candidato del peronismo unificado, exjefe de la Anses Rosario, actual concejal, quien había sido el más votado individualmente en las PASO. Pero la sumatoria de los contrincantes del Frente Progresista parecía asegurar un holgado triunfo de Javkin en las generales. El avance del escrutinio sin embargo fue infartante, palo a palo, casi toda la tarde y noche sin sacarse ventajas más que mínimas. Finalmente, cerca de la medianoche, Sukerman reconoció la derrota (33%) y felicitó a Javkin (34,5%), el nuevo intendente radical de Rosario después de treinta años, cuando en 1989 había renunciado a la intendencia el incontinente Horacio Daniel Uzandizaga. Si sumamos la victoria de Franco Bartolacci, histórico socio político de Javkin en la Franja Morada, como nuevo rector de la Universidad Nacional de Rosario, hay que admitir con asombro la resurrección del radicalismo local, relegado desde diciembre de 2001.

Roy López Molina, la otrora joven estrella de Cambiemos en 2017 cuando consiguió 200 mil votos en las legislativas dejando lejos al peronismo y al Frente Progresista, mostró hasta qué punto el voto también tiene motivaciones económicas, a diferencia de lo que pregona el gurú Jaime Duran Barba. Ayer el joven con facha de empresario esperó en soledad los resultados. Obtuvo 80.484 votos, 120 mil menos que hace dos años, para un 15,41%; apenas por encima de la importante elección realizada por Juan Monteverde (14,95), candidato de Ciudad Futura, la principal fuerza de izquierda municipalista de la Argentina. La sorprendente performance de su lista de concejales encabezada por Caren Tepp, 18,72% de los votos, les permitió renovar los tres ediles rosarinos que ponían en juego.

La agónica victoria de Javkin permitió compensar la devastadora derrota del radicalismo en la ciudad de Santa Fe. Allí el candidato de Cambiemos Albor Cantard (21,96%) perdió con Emilio Jatón (47,64%), el candidato del Frente Progresista. En esta ocasión los boinas blancas pagan duro la crisis económica y el aumento de la violencia.

Ahora se abre la incógnita sobre si Javkin se apoyará en la vasta estructura socialista alimentada durante tres décadas en la ciudad, o si abrirá las compuertas al radicalismo. Está claro que la derrota de Bonfatti le permite asumir mayor poder de negociación frente a un socialismo aturdido, pero deberá sentarse con la cabeza gacha frente a un gobierno provincial ahora en manos del PJ que maneja la policía y los principales recursos económicos.

Si hubo una madrina de la derrota en la ciudad y en la provincia, esa es la actual intendente de Rosario Mónica Fein. Luego de que su delfín cediera en las primarias contra Javkin, ayer Fein perdió (29,63%) por paliza en la categoría senadores departamentales frente al periodista deportivo Marcelo Lewandowski (38,72%), candidato de María Eugenia Bielsa en el PJ. Será quien sufra los más despiadados pedidos de explicaciones en las encarnizadas internas socialistas que se abrirán cuando pase el temblor. Todo indica que pasará a retiro, como sucedió con el exlíder del partido Hermes Binner cuando fue derrotado en la categoría senadores en 2015 por Omar Perotti.

Está descartado que perotti siga los pasos de su ex jefe político y brinde el apoyo a la fórmula oficialista. Pero lo que sí puede es mostrarse prescindente, Para lo cual tendrá que surfear la ola justicialista santafesina en favor de les Fernández.

 

la pregunta del millón

Un Perotti medido festejó anoche en su ciudad natal, Rafaela. El discurso, netamente provinciano, evitó cualquier alusión al plano nacional. El mismo tono utilizó en las redes, donde pasó por alto responder públicamente las felicitaciones comunicadas por Alberto Fernández a través de Twitter. La economía expresiva en este rubro tiene un condimento extra: el gobernador electo de Santa Fe y actual senador militó hasta hace muy poco en el Peronismo Federal, bajo la conducción del garrochista Miguel Ángel Pichetto, hoy candidato a vice de Mauricio Macri. Aunque en su entorno aseguran que ese vínculo no terminó del todo bien.

Está descartado que el rafaelino siga los pasos de su ex jefe político y brinde el apoyo a la fórmula oficialista. Pero lo que sí puede es mostrarse prescindente, refugiándose en el plano local como el cordobés Schiaretti. Para lo cual tendrá que surfear la ola justicialista santafesina en favor de les Fernández, algo quizás improbable si se tiene en cuenta que las listas de diputados y senadores provinciales, de las que depende la gobernabilidad, fueron pobladas por los seguidores de Alberto y de Cristina. En cuestiones de equilibrio, Perotti es un especialista.

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