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rosario sí que estuvo cerca
Para salir del shock en el que se encuentra el denominado campo popular y democrático luego del rotundo fracaso de la apuesta por “volver mejores”, se precisa una imaginación política distinta a la ensayada hasta el momento. Y Juan Monteverde, junto a sus compañerxs del partido Ciudad Futura, viene amasando hace más de una década un proyecto político que apunta al gobierno pero desde una lógica muy distinta de construcción de poder. Este año casi logran su objetivo principal: transformar la ciudad de Rosario que los vio nacer. Fuimos a visitarlo, para escucharlo con atención.
Fotografía: Héctor Rio
15 de Diciembre de 2023
crisis #60

 

Esta conversación comenzó a mediados de septiembre, poco después de la elección rosarina en la que Ciudad Futura estuvo a muy poco de ganar la intendencia. El caso es una rara avis: en un país que acaba de elegir a un presidente libertariano, un grupo de jóvenes izquierdistas que se aliaron con el peronismo local en una inteligente alquimia electoral estuvieron a punto de gobernar la tercera urbe más importante de la Argentina. “Logramos casi el 50% de los votos y ganamos en el 70% del territorio. Demostramos que las condiciones se generan y que es mentira eso de que la sociedad se derechiza y que entonces la única alternativa es parecerse al adversario para sobrevivir o para sacar un voto. Estuvimos a 15 mil votos (en una ciudad de un millón de habitantes) de que un proyecto transformador en el sentido más estructural de la palabra, e innovador desde el punto de vista de la construcción política, llegara al gobierno”. Así habla Juan Monteverde, líder y candidato del partido municipalista que imagina un nuevo horizonte político y contagia esa inspiración, justo cuando la noche es más oscura.

 

¿Qué balance hicieron de la elección municipal?
 

- En un momento de crisis profunda que vive la ciudad mostramos que con audacia, sin especulación y básicamente tratando de cambiar la cultura política, se puede enfrentar el desafío electoral de forma exitosa en un diálogo con la sociedad. En un país con 140% de inflación, con 40% de pobres, en una ciudad que cuadruplica la tasa de homicidios con respecto a la Nación, hay que tener ganas de levantarse a hacer cosas. Y a pesar de todo la gente sigue teniendo ganas. Lo que falta es un liderazgo que convoque a toda esa energía. Una mirada amplia, plural, no partidista. No sé cuáles serán los caminos que tomará en los próximos años esta nueva fuerza; sí estoy convencido de laburar de abajo hacia arriba, generar comunidad y poner lo estatal al servicio de ese nuevo protagonismo popular. Cualquier paralelo con la Argentina se puede hacer tranquilamente. Lo que hace falta es un proyecto político para este momento de la historia que pueda canalizar todo eso.

 

Ahora quedan cuatro años para la próxima oportunidad electoral. ¿Cómo se mantiene condensada esa energía en un instrumento político? ¿Cómo evitar que se disperse?
 

- Primero, con la decisión política de que esto sigue. Al día siguiente de la elección no estábamos preocupados por bardearnos entre nosotros, sino que pensamos cómo estar a la altura de la ilusión que se generó. Para mí ese es el desafío más importante, porque la ilusión no se despierta siempre. La pregunta es cómo suplimos eso que íbamos a hacer desde el Estado: tenemos que empezar a prefigurar esa plataforma política con las herramientas institucionales que tenemos. Un poco sabemos de eso. En 2005, la prehistoria, decidimos conformar nuestro propio movimiento social. Después, como no nos sentíamos representados por los partidos tradicionales y mucha gente se empezó a sentir representada por nuestro movimiento, armamos un partido con distintos movimientos sociales. Nos dimos cuenta de que se podía jugar en la arena electoral con armas diferentes y que había espacio para nuevas opciones políticas.

Este año estamos viviendo un tercer hito, con la conformación de un nuevo espacio político que reúne a distintos sectores y se llama “Rosario sin miedo”. Esta no fue solo una alianza electoral sino un nuevo espacio amplio, plural, diverso, que no solamente puede darse aquí sino que podría expandirse en términos territoriales.

Creo que este año estamos viviendo un tercer hito, con la conformación de un nuevo espacio político que reúne a distintos sectores y se llama “Rosario sin miedo”. Esta no fue solo una alianza electoral sino un nuevo espacio amplio, plural, diverso, que no solamente puede darse aquí sino que podría expandirse en términos territoriales. Ese cruce de identidades y trayectorias es muy potente y complementaria, me refiero a la lógica peronista y el estilo Ciudad Futura. Me parece que hay algo ahí que todavía no tocó el techo. El todo de “Rosario sin miedo” es más que la suma de sus partes. El día que ganemos las elecciones arranca otra historia, en la que vamos a distribuir el poder y a empoderar al territorio. En la recuperación del concepto de comunidad organizada, que nosotros llamamos gestión social, hay una potencia muy grande.

 

No es movimiento social, tampoco es un partido: ¿cómo lo definirías?
 

- El desafío es construir plataformas políticas que expresen la multiplicidad de la sociedad, que excedan la lógica partidaria y tengan la vocación democrática de discutir los liderazgos de manera popular. Las PASO son la herramienta para eso. Lo que pasa es que hay que animarse. Un modelo más tipo Frente Amplio uruguayo, que te permita tener un frente electoral ancho donde se garantice que, gane quien gane la interna, existirán carriles que se respetan. A veces puede ganar alguien más conservador y a veces alguien más transformador, pero eso lo dirime la sociedad. Otro eje importante es que construya desde abajo hacia arriba y de la periferia al centro. Lo hicimos en Rosario y hay que hacerlo en Argentina. 

 

¿Cuál sería la tarea de esa plataforma, además de competir electoralmente?
 

- Potenciar a la sociedad en su quehacer cotidiano. Y trabajar ahí, en la sociedad, que es lo que hace el neoliberalismo y no hacemos nosotros. Nosotros, este nosotros amplio, dependemos del Estado. Y, cuando perdemos el gobierno, hay un impasse hasta volver. Ahí me parece que está el error. Yo no sé lo que piensa un pibe de 16 años porque ando de recorrida electoral y me siento con él y le pregunto qué piensa de Milei, sino porque tenemos un proyecto que son varios talleres de hip hop donde los pibes participan, porque tenemos una escuela. Entonces, el antídoto para que no se genere una distancia con la sociedad es el tipo de política que vos impulsás cuando llegás. ¿Por qué los políticos hablan todo el tiempo entre políticos? Porque no tienen contacto con la realidad. Pero no es que no pierden contacto con la realidad porque viven en barrios privados (aunque hay muchos que viven en barrios privados y obviamente es difícil así), sino por el tipo de política que practican. Por eso una de nuestras políticas centrales es convertir a los seis distritos (divisiones administrativas para descentralizar las áreas burocráticas, ubicadas en el centro, norte, sur, oeste, noroeste, sudoeste de la ciudad) en intendencias de cercanía. Trasladar la Municipalidad a los barrios, que es donde vos funcionás en el día a día. La decisión es darle el poder a la gente.

 

Rodríguez Larreta puso en práctica en la Ciudad de Buenos Aires un gobierno que se parece un poco a lo que vos describís como deseable. Por ejemplo, llevó ministerios a los barrios periféricos.
 

- Creo que lo que buscaba Larreta era hacer una administración pública más eficiente. Yo lo que planteo con la descentralización es generar un nuevo sujeto que sea el motor del cambio y el garante de la permanencia de esos cambios en el tiempo. Un buen gobierno es el que le da a la sociedad más poder del que tenía antes. Las elecciones siempre, en algún momento, se pierden. Y entonces hay que trabajar para que el día que se pierda a la gente no le puedan arrebatar ni un centímetro de las conquistas generadas. Para eso tienen que tener más poder. La política no es solo resolver problemas, sino hacer una sociedad mejor. Por eso cada política pública debe resolver problemas, pero además tiene que retramar el tejido social. La sociedad está destruida, el vecino se odia con el otro vecino. El año pasado fuimos a Brasil para acompañar en el balotaje, fue como un viaje al futuro de la Argentina. Y lo que más me impactó en el discurso de Lula es cuando dijo que el desafío de su próximo gobierno era que el vecino volviera a hablar con su vecino. Una genialidad. Eso es porque tiene una lectura clara de cuál es la tarea hoy contra la extrema derecha. La principal tarea de la política hoy es que se regenere la comunidad. De mínima apoyá la que ya existe, los clubes… incluso los grupos de seguridad que se arman en los barrios, mirá lo que te digo. Apoyar lo que existe, tratando de empujarlo para donde uno cree que va la humanidad y cuáles son los valores que nos van a sacar de esto. Y, donde no haya, generarla. Pero nadie en la política quiere eso porque la autoorganización es una amenaza al poder. 

 

Paradójicamente, Milei usa una forma similar: “cuando me voten voy a devolverles el poder a ustedes”, dice más o menos.
 

- Sí, hay un parecido ahí. Pero mi impresión es que él se lo quiere devolver diciendo: “hacé lo que se te canten las pelotas, yo te corro al Estado, y vos armate para defenderte”. Para mí es lo contrario: te devuelvo ese poder para que generes comunidad en tu territorio, para que puedas llevar adelante tu proyecto de vida. En vez de una devolución del poder a un individuo, es devolvérselo a una comunidad organizada. Vuelvo a Brasil, donde escuché gente decir que si Lula era candidato lo iban a votar pero si no se presentaba votaban a Bolsonaro. Eso no tenía lógica desde la perspectiva política, racional o ideológica, pero lo que quería decir era: “dame algún político que me defienda de verdad o dejá que yo me defienda solo”. Dame un político de verdad que defienda los intereses del pueblo, que no se cague en las patas a la primera de cambio, que no esté regulando, que no especule; o dejame que me defiendo yo solo. O sea, dame un buen Estado o no me des nada. Porque este Estado simulacro, que gasta pero no resuelve, que está pero no está… Dame una buena policía que funcione bien y sea transparente, o dejame que agarre un fierro y defienda a mi familia. La gente no es boluda y es mentira que es pura emoción. Lo que tenemos que hacer es conectar con ese punto de racionalidad, de verdad o de deseo. Creo que hay una grave crisis de imaginación. Y el agotamiento de una clase política a la que se le acabaron las ideas, entonces, quiere conformar a la sociedad con cada vez menos.

 

Yo no sé lo que piensa un pibe de 16 años porque ando de recorrida electoral y me siento con él y le pregunto qué piensa de Milei, sino porque tenemos un proyecto que son varios talleres de hip hop donde los pibes participan, porque tenemos una escuela. Entonces, el antídoto para que no se genere una distancia con la sociedad es el tipo de política que vos impulsás cuando llegás.

¿Y cómo imaginás los momentos de confrontación? Porque en tu planteo se trata más bien de recuperar una política participativa, pero hay un problema con el poder que no deja que se concrete un proceso de democratización como el que proponés.
 

- En Rosario tenemos un primer nivel de confrontación que es contra las mafias. En ese sentido el acuerdo social que podés hacer es mucho más amplio. La única grieta que hay es: mafias por un lado, y gente honesta y trabajadora por el otro. Esa es la contradicción principal hoy en Rosario. Discutamos después la distribución del ingreso, por ejemplo, pero en el marco de la disputa contra las mafias, no en abstracto. No hay que simplificar la política como una confrontación entre lo público y lo privado, así en abstracto. En Argentina nos venimos peleando mal. ¿Hoy qué pelea se da en Argentina? Discutamos qué batallas queremos dar, con qué objetivos, sino son todas guerras abstractas en las que no se sabe quiénes son los ganadores, quiénes son los perdedores. Porque falta sujeto y falta estrategia, no hay batalla. Los últimos diez años en Argentina estamos discutiendo las mismas cosas de la misma forma con los mismos malos resultados, y no se entiende nada. En Rosario discutimos un modelo: que deje ser la capital del agronegocio, la exportación de granos y materias primas, para que pase a ser la capital de la producción de alimentos y generar así puestos de trabajo, innovación, desarrollo tecnológico. Queremos dar esa discusión con un proyecto concreto, que va a organizar cuáles son los antagonismos. No invitar al pueblo a batallas abstractas.

 

¿Imaginás una experiencia a escala nacional del tipo que ustedes están experimentando?
 

- No repetiría fórmulas. Pero estoy convencido de que más temprano que tarde esta lógica va a tener su oportunidad en Argentina. No sé si será en muchas ciudades, o una ventana de oportunidad que permita a distintos partidos unirse en un momento determinado para expresar a la sociedad. No somos los únicos que estamos experimentando cosas distintas. Todavía la política puede emocionar, puede ilusionar. Me parece que la clave es animarse a inventar. Imaginación, audacia y cero especulación.

 

Cuando Axel Kicillof invita a componer nuevas canciones, ¿cómo te suena la propuesta?
 

- Me parece maravilloso que alguien con ese nivel de poder institucional, político y simbólico lo plantee. Y de esa forma. Humildemente, lo que estamos haciendo en Rosario es escribir nuestro propio tema y salir a tocar. Hace diez años empezamos a tocar con una bandita y nos venían a ver diez, después cien, y ahora la mitad de la ciudad cree que esto es posible. ¿Eso quiere decir que está terminada la tarea? No. La música que inventaremos mañana será nueva, no será la misma que venía tocando Ciudad Futura hasta hoy. Lo que me parece es que ya no hay a dónde volver y eso tiene lo negativo de la incertidumbre, pero lo positivo de que a donde vayamos es el futuro que vamos a construir.

 

paciencia e innovación
 

Pocas semanas después de la entrevista que acabamos de leer, tuvieron lugar las dos vueltas de la elección presidencial que consagraron a Javier Milei como el nuevo presidente de Argentina. Sobre el final de la campaña el candidato libertario hizo un acto masivo en Rosario y terminó cosechando casi el 58% de los votos, 15 puntos por encima de la fórmula peronista (cuyo aspirante a vice, Agustín Rossi, es un importante dirigente del distrito). Monteverde sabe que un sector de los votantes de La Libertad Avanza sufragaron por él en el comicio local. Y desactiva con ahínco las típicas interpretaciones gorilas que desconfían del voto popular, o lo tratan con paternalismo. Precisamente por esa mirada original le pedimos una segunda ronda de preguntas y respuestas, que concretamos ya bien entrado el mes de noviembre.

 

Después del balotaje nacional, ¿seguís pensando que la sociedad no se derechizó?
 

- Sigue vigente. Lo que hay es una crisis de representación política. La sociedad no se derechiza sino que hay un profundo sentimiento de la gran mayoría que siente que nadie la escucha, ni la política, ni los medios, ni nadie. En Argentina la democracia está bloqueada. Hacía diez años veníamos discutiendo las mismas cosas de la misma forma y con malos resultados. En esa disyuntiva había dos posibilidades: o se desbloquea por abajo, con proyectos democráticos que corren el límite de lo posible, que planteen otra idea de sociedad; o se desbloquea por arriba con un proyecto autoritario. Claramente las elecciones definieron esta segunda opción. Pero el dato principal es que hubo un desbloqueo. Y estamos ya jugando un partido nuevo. Hay un consenso en Argentina de que la economía está rota, lo piensan en la derecha y lo pensamos en la izquierda, también. Esto no se resuelve con estrategias de cúpula para ganar una elección, como en 2019. Ahora no se trata de resistir y volver mejores. El desafío uno es proteger la vida, porque el componente nuevo es la violencia tercerizada; y el desafío dos es construir lo nuevo. 

 

¿Cómo encara “Rosario sin miedo” la nueva etapa que se abre, que todo parece indicar será de una dura resistencia?
 

- No fue apenas una derrota electoral, estamos ante una profunda derrota política. No solo por la distancia de votos, sino porque las ideas que había en juego estaban muy claras y la gran mayoría de la sociedad eligió el camino opuesto al nuestro. Por lo mismo, tiene que ser muy profundo el replanteo. El significado de esa derrota es bastante claro: por el camino que se venía no hay futuro, no hay nada más para recorrer por ahí. En Rosario tuvimos una derrota electoral por solo 15 mil votos, pero esa derrota electoral de alguna forma conlleva una victoria política porque se rompió la idea de que un proyecto diferente no podía ganar una elección. Hay mucho futuro por transitar en ese camino. 

 

El riesgo más grande de esta etapa es ese componente de la violencia social, de la violencia que se terceriza. La tarea que tenemos en los próximos tiempos es desescalar la violencia. A la violencia que ya sabemos que va a venir de un presidente que dice “los voy a exterminar” o “zurdos de mierda” se le contesta desescalando, porque en esa espiral vamos a perder nosotros y pierde la sociedad entera.

 

¿Y cómo se empieza con ese replanteo profundo que planteás?
 

- Yo diría que hay que evitar tres cosas clave: enojarse con la sociedad, que es lo más antipopular que pueda existir. Por otro lado, dejar de darles bola a los tiraposta; uno los ve mucho en redes sociales y tienen un contacto con la realidad muy chiquito pero te explican todo. Lo que hay que mirar ahora es bien abajo, a los barrios populares que votaron masivamente por Milei, a la clase media empobrecida. Y también hay que evitar cierta épica de la resistencia, creo. Porque la verdad es que la sociedad está cansada, todos sabemos que vamos a resistir pero las ganas iban por otro lado. Hay que intentar construir una épica diferente, que tenga que ver con el futuro, evitar el desánimo y la angustia paralizante. Asumir que lo que hicimos fracasó o tuvo sus límites. La de resistir para volver ya lo hicimos con el macrismo y no tuvo sentido. Las respuestas que en algún momento funcionaron ya no funcionan más. Y eso no tiene que ver con tirar a alguien por la ventana, ni jubilar a nadie. Tenemos que convertir la que fue su victoria política en una derrota cultural para ellos, demostrar que sus ideas no funcionan. Y me parece que es importante mostrar que esas ideas no son nuevas, que no hay futuro en lo que propone Milei.

 

La militancia popular perdió el reflejo que otras generaciones tenían sobre el autocuidado en contextos de violencia política. Antes dijiste que lo primero es cuidar la vida. ¿Están pensando algo al respecto?
 

- Ahí tenemos una debilidad como generación que nacimos y vivimos en democracia. Un montón de cosas a las cuales nunca nos enfrentamos. Me acuerdo de que íbamos con mi viejo a las movilizaciones del 24 de marzo en ojotas y nos lo marcaba: “con ojotas no podés correr si pasa algo con la policía”, nos decía. En Rosario hoy estamos como querellantes en un juicio por el asesinato de Eduardo Trasante y tenemos enfrente a narcotraficantes. Creo que la gran disyuntiva que tiene esto es cómo uno toma las medidas de seguridad necesarias, pero a su vez no se aísla de su propio pueblo. Hoy militar en un barrio de la ciudad de Rosario tiene un riesgo enorme, que no lo tenía hace diez o quince años cuando empezamos a militar. Sin embargo, nosotros seguimos yendo igual a los territorios porque no podemos abandonar a nuestro pueblo. Hay algo a analizar y pensar mucho sobre la violencia cuando se despliega por abajo. Porque uno va a una movilización y está la policía; bueno, ya se sabe más o menos cuáles son las reglas del juego. Ahora, cuando uno camina por la calle y la violencia viene de la sociedad, las reglas son otras. Por eso yo creo que el riesgo más grande de esta etapa es ese componente de la violencia social, de la violencia que se terceriza. La tarea que tenemos en los próximos tiempos es desescalar la violencia. A la violencia que ya sabemos que va a venir de un presidente que dice “los voy a exterminar” o “zurdos de mierda” se le contesta desescalando, porque en esa espiral vamos a perder nosotros y pierde la sociedad entera. 

 

En 2017 hubo en el Congreso una protesta que frenó al macrismo envalentonado por la victoria en las elecciones de medio término. La pregunta que aparece ahora es cómo ponerles un límite a las políticas de ajuste.
 

- El campo político de disputa hoy va a implicar roles distintos. Una cosa es la movilización callejera, otra un diputado en un recinto. Por eso, cuando digo que a quienes tenemos una responsabilidad institucional por mandato popular nos corresponde desescalar la violencia, me refiero a no entrar en ese juego que propone el otro. Pero una cosa es desescalar la violencia y otra distinta es no movilizar. Son cosas distintas. Tenemos que ser muy inteligentes en lo que viene. Guilherme Boulhos, el diputado brasileño, me decía que derrotar a Bolsonaro en las urnas no implicaba necesariamente derrotar al bolsonarismo en la sociedad. Bolsonaro logró en cuatro años de gobierno más que la dictadura en siete años. Y lo que genera esa violencia tercerizada por abajo es muy profundo. Por eso el problema que tendremos en los próximos años no es igual al que tuvimos con Macri. Me parece que tenemos que darnos el tiempo para pensar y poner en marcha estrategias novedosas. Quiero decir algo para cerrar: estas son hipótesis de construcción basadas en experiencias, pero no hay nada definitivo. Para quienes creemos que las cosas se pueden cambiar de forma rotunda y que podríamos vivir mucho mejor, esto recién empieza todo el tiempo. El error es creer en los puntos de llegada: llegué acá, se acabó la imaginación, ya no hay que arriesgar. Siempre va a haber algo más que inventar. Y sobre todo hay que tener paciencia, porque los procesos políticos necesitan tiempo. | |

 

 

 

 

 

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