poder obrero metalúrgico en la argentina libertaria
En plena reestructuración del capitalismo argentino, la Unión Obrera Metalúrgica fue intervenida por tercera vez en su historia, ahora sin los militares, pero con un torniquete judicial oscuro. Justo cuando su conducción prometía profundizar cambios e impulsaba el Frente de Sindicatos Unidos para sacudir el quietismo cegetista.
A finales de junio crisis se acerca a la histórica sede de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), ubicada en Alsina al 400, pleno microcentro porteño, en busca de Alberto Biglieri, el actual interventor del sindicato. Preguntamos incrédulos en recepción si está abierto el edificio. “Intervenido”, nos aclara una administrativa, pero el personal de vigilancia habilita rápido para que subamos. Se finge una normalidad que no logra disimular la calentura que se percibe en el aire. Todos ponemos caras de póker en el ascensor. En el noveno piso, donde se cuecen las habas históricamente, dos secretarias organizan la agenda del atareado Biglieri, abogado administrativo de la órbita de Daniel “El Tano” Angelici, hombre clave de la rosca judicial. Conviven tensamente el malestar de los antiguos y la levedad de los recién llegados, extrañamente hospitalarios en esas oficinas que les son ajenas.
Solo las dictaduras de 1955 y 1976 intervinieron la UOMRA —tal como se nombra el sindicato nacional— con un poder externo al del propio movimiento obrero. En 2026 los sectores patronales, con la ultraderecha fortalecida en el poder, fueron por la tercera e impidieron un segundo mandato del Secretario General, Abel Furlán, justo cuando prometía profundizar los cambios en su gremio y desafiaba el poder cegetista. La crema metalúrgica tiene tres domicilios: Campana (Siderca), Villa Constitución (Acindar) y San Nicolás (Ternium). Se diferencian de las otras 50 seccionales por el tamaño y la tecnología que utilizan en ese gran polo industrial desplegado a orillas del Paraná.
Además de las tensiones con Techint, que desde 2023 apuesta al desgaste para dilatar y empiojar los procesos paritarios, Furlán padeció una oposición interna de algunas seccionales que hoy colaboran con la intervención: Capital Federal, Cañada de Gómez, Quilmes, La Plata, San Nicolás y Villa Constitución. En un gremio marcado por el estilo de conducciones históricas y porteñas como las de Augusto Vandor (1955/1969), Lorenzo Miguel (1970/2002) y Antonio Caló (2004/2022), la llegada del bonaerense Furlán a la conducción nacional fue una novedad que trajo nuevos aires.
Cuando asumió en 2022, propuso al Consejo Directivo de la UOM recuperar el manejo de fondos que, por decisión de la anterior conducción, iban a parar al Grupo Olmos, de Raúl Olmos, dueño de Crónica, entre otros medios, y gerenciador de Forjar, la obra social de la UOM. En 2002, antes de morir, Lorenzo Miguel había convocado a Olmos para administrar ese fondo fiduciario que afrontaba un concurso de acreedores, como consecuencia de la gran crisis que sacudió al sindicato a inicios del nuevo siglo, tras el desastre de la década menemista. La nueva conducción de Furlán, sin embargo, creó la Unión de Seccionales Metalúrgicas (USEM S.A.) para gestionar esos aportes y devolverlos a la UOM. Desde 2023 un flujo importantísimo de dinero —el 0,5% de los fondos, estimados en 100 millones de pesos mensuales— fue a parar a las nuevas arcas.
En paralelo, la interna en Campana se recalentó cuando Ángel Derosso, hasta 2024 parte de la conducción de la seccional, decidió rivalizar con el secretario general en su terruño. Sin esa elección, Furlán no llegaría al colegio electoral como secretario general de una seccional y no podría ser por lo tanto propuesto a nivel nacional. El 3 de marzo, a cara descubierta, miembros y fiscales de la nueva lista rompieron las urnas colocadas dentro de las fábricas. Los días siguientes, mientras la elección continuaba y consagraba con el 80% de los votos a Furlán, esa misma lista naranja denunció irregularidades en el proceso electoral en varias instancias judiciales, auspiciada por un abogado de San Nicolás, donde todavía manda el único sindicalista metalúrgico que se sienta con Paolo Rocca: el inoxidable Naldo Brunelli, quien fue el número dos de Furlán en 2022 pero este año ya no formó parte de la lista oficialista.
La denuncia fue desestimada en todas las jurisdicciones donde se presentó, excepto en la sala 8 de la Cámara de Apelaciones al Trabajo, a cargo de Víctor Pesino y María González, quienes primero ordenaron suspender la reunión del colegio electoral sin notificar a los implicados y, finalmente, el 22 de mayo, anularon las elecciones de la seccional Zárate-Campana, invalidando el proceso de reelección de Furlán e interviniendo el sindicato por seis meses prorrogables a seis más, junto a la obra social. Se trata de la misma sala que en abril hizo caer la cautelar interpuesta por la CGT que bloqueaba la aplicación de 81 artículos de la reforma laboral. Y es el mismo juez que unos días después recibía un regalo del Senado: una prórroga para continuar en su cargo justo antes de cumplir los 75 años. Ahora la patria metalúrgica apuesta todas sus fichas a la Corte Suprema, bajo un silencio supuestamente estratégico que impacienta a delegados y trabajadores.

tempestades chinas
En el mundo se producen anualmente cerca de 1900 millones de toneladas de acero crudo. Aproximadamente la mitad de ese total se hace en China. Le siguen India con el 6% y Estados Unidos con el 5%. De nuestra región, el país que más se acerca a ese podio es Brasil, que aporta el 1,7%. La producción argentina representa casi un 0,3% del total, unas 5 millones de toneladas al año. Las industrias básicas del hierro y el acero hoy ocupan al 2% de la fuerza de trabajo industrial, unos 23.200 trabajadores, 0,4% del empleo privado registrado total y alrededor del 10% de los laburantes metalúrgicos. El número de trabajadores registrados del sector alcanzó su último pico en 2008 cuando llegó a 27.500 puestos, momento en el que se agotaba una tendencia expansiva que venía desde 1993 y que en 15 años duplicó la producción llegando a las 5,5 millones de toneladas anuales. Ese aumento en la productividad se logró gracias a una reestructuración productiva que implicó el abandono de la elaboración de productos no planos, la especialización en productos planos con vistas a la exportación, la privatización del complejo SOMISA a manos de Techint, y una expulsión de mano de obra que llevó a los ocupados de cerca de 32.000 en 1989 a 17.000 para 1993. Ese proceso tocó su techo en 2008 y desde entonces la producción muestra una tendencia al estancamiento.
La siderurgia nacional, sin embargo, se ganó un lugarcito marginal en el mercado mundial gracias a ser un sector moderno y competitivo. Lo hizo de una forma bien capitalista, desarrollando a pleno la productividad de algunas de sus extremidades y amputando otras. Sin embargo, incluso en su mejor renglón, las cosas no están yendo muy bien. En la producción de tubos sin costura, que es el segmento con mayor inserción exportadora de la cadena (aunque representa solo el 2% del total mundial), Argentina pasó de ser el séptimo exportador mundial al vigésimo primero. La tendencia de la última década linda entre el estancamiento y la caída. Para abril de 2026, la variación interanual de la producción en la industria siderúrgica muestra una caída de casi 12 puntos. Mientras tanto, Paolo Rocca llama a construir un frente común de la siderurgia regional contra China. Elio Del Re, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), se pasea por los canales de streaming diciendo que “de cada 10 máquinas 6 están paradas” y que “el problema es China”.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre 2020 y 2024 las exportaciones chinas de acero se duplicaron y en 2025 subieron un 10% más. El organismo calcula que la producción mundial de acero va a aumentar cerca de 7% para 2027, mientras que la demanda probablemente crezca solo un 0,7% de acá a 2030. La sobreproducción china desata tempestades sobre la economía internacional, presiona los precios mundiales a la baja e impone giros proteccionistas a muchos gobiernos, excepto al nuestro. Como parte de su plan de estabilización, la apertura del gobierno de Milei a la sobreproducción mundial funciona como un mecanismo de disciplinamiento compulsivo de los precios y los salarios del sector. Apoyadas en la reciente reforma laboral, las patronales, con el Grupo Rocca a la cabeza, buscan defender sus márgenes de ganancia y se aprestan a rediscutir la forma de liquidar sueldos, hacer aportes jubilatorios y pagar indemnizaciones a los despedidos de hoy y de mañana.
un kilo de asado
“Yo no estoy dispuesto a pasar a la historia del movimiento obrero como un secretario general de un sindicato que, frente a la reforma laboral más profunda y perjudicial para los trabajadores de la historia de este país, no hizo nada”, dijo Abel Furlán cuando impulsó el Frente de Sindicatos Unidos (FreSu) y convocó a aceiteros, estatales, trabajadores de prensa, fluviales, papeleros, viales, entre otros, para reagruparse ante la pasiva CGT. El desafío de inscribirse en la historia sigue latente desde fines de 2025, cuando la apuesta se concretó animando a unos y espantando a otros al interior de la UOM.
En abril, en el congreso de delegados del sindicato en Mar del Plata, se presentó la actualización de la Canasta Básica del Trabajador, un cálculo clave que diagnostica cuánto precisan quienes trabajan para vivir. La cuenta arrojó un piso salarial de $2.802.755, casi el triple de lo que hoy ganan la mayoría de los poco más de 200 mil afiliados. Un desafío que el gremio aceitero contagió y muchos metalúrgicos catalogaron de delirante mientras no se cerraban sus propias paritarias.
Sin embargo, las distintas patronales del acero se alarmaron y el grupo Techint operó para desarmar el proceso de reorganización en curso, que prometía devolver protagonismo al principal sindicato industrial en plena reestructuración del capitalismo argentino. Esta vez, Rocca cuenta con la ventaja de tener a sus exempleados al mando de la Secretaría de Trabajo.
En el siglo XX las escalas salariales de los metalúrgicos fueron referencia para los demás gremios. Por entonces la negociación se hacía de forma unificada y centralizada. Las 21 ramas que reconoció el convenio colectivo de 1975 todavía siguen vigentes. Negociaban todas juntas hasta que la desregulación de 1991 permitió que fuera por empresa y Techint lo usufructuó en 1994 cuando ya se había quedado con SOMISA, y monopolizaba la rama del acero junto a los dueños de Acindar. Desde entonces la negociación quedó partida. La rama 17 (metalmecánica), que suele ser la primera que acuerda con ADIMRA, y la rama 21 (siderúrgica), que discute con la Cámara Argentina del Acero, marcan el techo paritario. Además existen situaciones especiales como en el caso del régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego, también en plena reestructuración.
“La actividad actual es una combinación de resistencia con la búsqueda de resolver demandas legítimas como es la continuidad laboral y también en la paritaria, que no es un tema menor y ha sido pisoteada por el Gobierno nacional en cada una de las instancias de discusión”, dice Oscar Martínez, secretario general de UOM Río Grande, en Tierra del Fuego, una de las seccionales más movilizadas. Desde que asumió Milei, Río Grande pasó de tener 7 mil trabajadores en planta a 3800. “Hay un análisis constante y permanente; no estamos esperando sentados a que nos vengan a reintegrar la organización”, advierte Martínez sobre la intervención. La lucha sindical pondera que el poder adquisitivo fueguino sea un incentivo para radicarse en el rincón más austral del continente, aunque sabe que quedó demasiado lejos 2015, punto de origen al que remiten las cuentas del sindicalista.
El 1 de julio en la puerta de Siat Tenaris, Valentín Alsina, arrancó a las 6 de la mañana un paro a raíz del despido de 150 laburantes —un tercio de la fábrica— que tenían contrato hasta finales de junio. Pero insólitamente a las 13 horas ya estaba en curso la conciliación obligatoria. “Ya llegó la bruja a casa y no hay nada”, le decía un desvinculado a otro, refiriéndose al telegrama. En la asamblea discutieron lo poco que sabían de una resolución recién salida. “Antes hubo unas leyes, ahora hay otras, pero lo único que entienden estos es la unidad de los trabajadores”, dijo el delegado José Villa a sus compañeros y se volvió a meter en la fábrica porque la negociación continuaba. “Históricamente, la referencia era que la hora de trabajo del oficial compraba 1 kilo de asado. Hoy está en 6400 pesos”, resume Villa, con el precio del asado a más del triple que eso. El salario en la planta de Valentín Alsina hoy se completa de adicionales, atados a laburos grandes que tienen plazos de terminación. Mientras dura, con muchas horas extra, se llega. “Para que tengamos un buen salario tiene que haber tres revoluciones juntas”, bromea con cara seria el delegado. La fábrica, que produce tubos con costura, luego del paro despidió a otros 14 trabajadores. Fue el mismo mes que Techint perdía la tercera gran licitación de tubos con firmas extranjeras.
“Está muy bravo el tema, pero la real cuestión de la disputa es en los lugares de laburo. Más allá de los distintos factores que juegan desde afuera, la cosa es si tenés fuerza interna”, dice Villa, siempre crítico de las lógicas dirigenciales que apuestan poco a la participación. “En este quilombo estamos en contra de la intervención, punto y aparte. Y si Furlán se anima a llevar a cabo lo que viene diciendo, nosotros tenemos que estar”.

toyotismo chatarra
Pablo Capo es delegado en el sector acería de Siderca, ubicada en Campana, zona norte del conurbano bonaerense. De allí salen los famosos tubos sin costura que usan las industrias hidrocarburíferas y petroquímicas, pero también otros productos llamados semiterminados: barras y tubos. “La vida del tubo no nace y muere en Siderca —dice con relación a las terminaciones que van haciéndose donde es más barato, según cada coyuntura—. Donde le sale más barato la barra es acá porque usa el 80% de chatarra y Paolo [Rocca] maneja el mercado de la chatarra, fija el precio”. Desde que Capo entró a Siderca en 2003, el trabajo pasó a ser más volátil: “Al principio sabía lo que iba a hacer, cuánto tiempo iba a tardar. Hoy las producciones cambian de un día para el otro porque tiene que salir ya algo y se corta con lo que estábamos haciendo”. Así describe el toyotismo reinante en una empresa que hace lo que ya está vendido y, con pocas excepciones, no produce stock. “Así controla Paolo. Su sueño húmedo es el banco de horas y va por más, uberizar la producción: ahora te necesito, después no”.
Capo fue delegado, pero hubo un tiempo en que se cansó y ahora volvió a serlo junto a otros compañeros disconformes con lo que viene pasando en la fábrica. “En los últimos diez años venimos perdiendo poder adquisitivo. Por más que vos cierres con la inflación, si vos comprabas dos litros de leche y ahora comprás uno, algo no cierra”, dice el delegado, que confirma que la lista opositora fue algo armado para bajar a Furlán. Su crítica es que dentro de la fábrica la comisión interna está presente “pero fuera de la planta hay una activación demasiado tranquila y eso también lo perciben los compañeros”.
arranca o no arranca
La UOM no es la misma de los setenta, cuando alcanzó el pico máximo de laburantes y de afiliados en su historia, pero sigue siendo uno de los diez gremios más grandes del país, industrialmente el más relevante: 260 mil trabajadores a los que todavía se les aplica el mismo convenio colectivo de trabajo 260, de 1975. El clásico binomio resistencia/integración indica que, cuanto mayor es el reconocimiento de los sindicatos dentro del sistema institucional, más interesado está en contener las luchas. Por el contrario, cuando ese reconocimiento es débil, activa movilizaciones que lo llevan a recuperar su lugar, como las que resistieron a aquellas dos dictaduras sangrientas que intervinieron el sindicato. “Participar permaneciendo en la oposición, he ahí la idea que quizá resume mejor la posición de Vandor: ni rupturista ni oficialista gracias a una base obrera bien implantada en el mercado de trabajo”, resume Juan Carlos Torre en un texto de 1993 sobre el rol de la UOM en el movimiento obrero.
Ya en el siglo XXI y en un nuevo episodio de desregulación, su implantación en el mercado de trabajo por momentos desgarra al gremio, invitado a las negociaciones por empresa y a la discusión por productividad, que mermó el poder de negociación. En este panorama, la vieja guardia vandorista ve a Furlán “como un trosco”, mientras la izquierda en las fábricas sospecha de paros que salen en la tapa de los diarios pero supuestamente no suceden.
Lorenzo Miguel legó una frase al gremio que opera como mantra entre los metalúrgicos —“No hay solución gremial sin solución política”— para recordar que en las paritarias se resuelve solo una parte. Desde entonces siempre es un problema la organicidad de los sindicalistas, a menudo proclives a priorizar las definiciones partidarias por sobre las del sindicato y las de los trabajadores. El abogado laboralista Matías Cremonte se engancha en la discusión que le propone crisis y aporta una forma de medir esta tensión clásica de la política, tomando el ejemplo de muchos gobiernos populares: “Los sindicatos tenían un poder cuando llegaron al gobierno pero que cuando terminaron ya no lo tenían, o sea el resultado fue el debilitamiento”. Y se pregunta con sorna: “¿Hay más poder siendo diputado o intendente que siendo secretario general de la CGT o de un gremio nacional de la magnitud de los gremios que estamos hablando? El problema es que no se ejerce y no se ejerce porque no se cree”. El laboralista discute las tesis de la desmovilización que sostienen que, como el 56% de los trabajadores votaron a Milei, no hay mucho más para hacer, ni pelear. Si el flamante FreSu puede ser un eje de activación del gigante dormido, o si nació nonato es la pregunta que queda flotando en el aire.
El engranaje de doce dientes aparece como ícono de la UOM ya en 1947, luego de una intervención de la CGT que desplazó a la vieja guardia, fundadora, porteña, proveniente de la izquierda, con Nicolás Giuliani y Ángel Perelman a la cabeza. El lápiz anónimo de un dibujante de prensa sindical, en plena época de institucionalización y verticalización, eligió para representar a la fuerza naciente una pieza que cambia la velocidad o la dirección de un motor: cuando un engranaje pequeño mueve a uno grande, el grande gira más lento pero con más fuerza. Una verdad mecánica que, hundida en lo profundo del siglo XX argentino, recuerda de dónde viene el impulso para hacer historia hoy.
La variación interanual de la producción en la industria siderúrgica muestra una caída de casi 12 puntos. Mientras tanto, Paolo Rocca llama a construir un frente común de la siderurgia regional contra China. Elio Del Re, presidente de ADIMRA, se pasea por los canales de streaming diciendo que “de cada 10 máquinas 6 están paradas” y que “el problema es China”.
“No estoy dispuesto a pasar a la historia del movimiento obrero como un secretario general de un sindicato que, frente a la reforma laboral más profunda y perjudicial para los trabajadores de la historia de este país, no hizo nada”, dijo Abel Furlán cuando impulsó el Frente de Sindicatos Unidos y convocó para reagruparse ante la pasiva CGT.
Linea de tiempo
1919 – antes de la uom
En enero de 1919 obreros anarquistas del sindicato de Metalúrgicos Unidos sostienen una famosa huelga que termina en masacre. Para 1923 surge el más potente Sindicato Obrero de la Industria Metalúrgica, con fuerte presencia comunista. Estos en 1936 enrolan el gremio en la CGT, pero lo pierden después de la gran huelga metalúrgica de 1942, derrotada en medio de grandes transformaciones de la industria: nace la siderurgia nacional. Con los restos de este proceso, en 1943 se forma la UOM.
1940 – peronismo histórico
Fundada en abril de 1943, la UOM se acerca a Perón en 1944 conducida por la dupla Perelman/Giuliani. El 17 de octubre participan de la histórica movilización. En junio de 1946 Giuliani es desplazado y la UOM intervenida. Tras la normalización, Hilario Salvo queda al frente y firma el primer convenio colectivo del sector. En 1951 es electo diputado, mientras sus partidarios le disputan a los tiros el control del gremio a Abdala Baluch, quien termina imponiéndose. En 1954 los metalúrgicos van a la huelga contra la CGE y en julio de 1955 Augusto Vandor ya dirige la seccional Capital Federal.
1950 – la resistencia
Tras el golpe de 1955 los sindicatos son intervenidos y Vandor va en cana. En 1956 los obreros de Phillips bloquean la sede de la UOM contra la intervención. La dictadura encuadra forzosamente a los obreros de las automotrices de Córdoba en el Smata, para fragmentar el poder de los metalúrgicos. La UOM declara una huelga general de 40 días. En 1957 nacen “las 62 organizaciones” y en 1958 Vandor vuelve a dirigir el gremio. En 1959 la UOM va a la huelga por tiempo indeterminado contra el ajuste de Frondizi. Toda la cúpula y cientos de delegados son encanados.
1960 – sesentas
En 1960 una reforma del Convenio Metalúrgico busca aumentar los ritmos de trabajo y al mismo tiempo reconoce jurídicamente el rol de las Comisiones Internas y los Cuerpos de Delegados. En 1962 Felipe Vallese, delegado de la UOM, es secuestrado y desaparecido. En 1964, en el marco del Plan de Lucha de la CGT, los metalúrgicos ocupan decenas de fábricas. En 1966 Vandor asiste a la jura de Onganía en la rosada y al año siguiente se rompe la CGT. “Golpear para negociar” se vuelve sinónimo de “vandorismo”. En 1969 Vandor es asesinado.
1970 – setentas
En marzo de 1970 Lorenzo Miguel es electo secretario general de la UOM. En julio José Ignacio Rucci gana la conducción de la CGT. Este recibe a Perón en Ezeiza a fines de 1972 y es asesinado diez meses después. En mayo de 1973 la UOM pone al ministro de Trabajo, Ricardo Otero. Una lista de izquierda le arrebata la seccional de Villa Constitución a Miguel en 1974. Sufren una cruenta represión en 1975. Con el “Rodrigazo” las bases desbordan, Otero renuncia y Miguel se ve forzado a hacerle un paro a su gobierno. La primera semana de julio el paro metalúrgico es total. Tras las renuncias de López Rega y Rodrigo, se aprueba el Convenio Metalúrgico que rige hasta hoy. El golpe de 1976 encarcela a Miguel e impone una intervención que dura hasta finales de 1984.
1990 – reestructuración
La privatización de SOMISA se planea en los ochenta pero se realiza en 1991 bajo el gobierno peronista que impulsa la desregulación y las privatizaciones. Lorenzo Miguel negocia la flexibilización en las plantas grandes a cambio de continuar con la personería gremial nacional y la gestión de las obras sociales. Con estrategias distintas, Villa Constitución (Piccinini) y San Nicolás (Brunelli) reciben duras derrotas ese año. La crisis de la negociación colectiva tiene lugar en la misma década en que el número de afiliados toca un piso histórico.
2000 – posconvertibilidad
Muere Lorenzo Miguel en 2002 y asume Antonio Caló al frente de la UOMRA. En 2004 la lucha en Villa Constitución logra el pase a planta de cientos de tercerizados. La patria metalúrgica recupera afiliados a medida que se recompone la actividad industrial, pero en 2016 el aperturismo pone a la defensiva nuevamente al gremio. En 2019 el freno al ingreso de bienes terminados hace crecer el empleo metalúrgico en talleres y pymes. Los bajos salarios y el cisma del Frente de Todos vuelven propicio un recambio sindical.
*Esta nota forma parte de una serie de colaboraciones conjuntas entre la Fundación Rosa Luxemburgo y la revista crisis sobre el mundo del trabajo.





