hay que salir del agujero interior | Revista Crisis
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hay que salir del agujero interior
En 2020 la escuela fue quizás la única institución que no reabrió sus puertas a medida que se iba flexibilizando la cuarentena. Desde el inicio de los contagios, allá por marzo, especialistas de todas las áreas hablaron sin cesar y ahora que comienza el 2021 la polémica recrudece. Pero las voces de les pibes parecen ausentes, como si finalmente no importaran. Ocho adolescentes hacen un balance sobre cómo vieron modificadas sus vidas a partir de la pandemia.
Fotografía: Luciana Leiras
11 de Diciembre de 2020
crisis #45

 

Tengo problemas alimenticios desde el año pasado. Cuando mis papás se separaron, empecé a aumentar de peso de manera exagerada, pero por ansiedad básicamente. Comía sin pensar. Y después, por noviembre, empecé con el tema de vomitar, a bajar de peso superrápido. En la cuarentena reapareció todo este tema, no de la bulimia sino el tema de no comer, directamente. Como que al dormir tanto... (Se interrumpe). Por ejemplo, me levantaba un día, me quedaba en la cama con el teléfono y ni siquiera me ponía a hacer cosas como jugar a algo o hacer la tarea. No tenía energía. Estaba tirada con el teléfono o me dormía. Así casi, literalmente, todos los días. Y yo esperando a que volviéramos al colegio y eso no iba a pasar. Estuve cerca de cinco meses sin salir de mi casa. Con el tema del estudio, ese primer cuatrimestre no hice nada, ni importancia le daba. Aparte no había clases de Zoom y como que yo no le daba bola pero el colegio tampoco, era como que te decían “les mandamos trabajo pero no les preguntamos qué es lo que les pasa”. Después, en el grupo de papás empezaron a decirles “ojo porque muchos están por pasar y no saben nada”. Hacíamos trabajos prácticos (TP), pero eso no es aprender. Ya con las clases de Zoom empecé a darle más importancia, a entregar los TP a tiempo. Obviamente que me cuesta porque hay que tener la rutina de decir “voy a levantarme, voy a hacer los TP, conectarme a Zoom”. Los profesores depende de cada uno, porque hay algunos que mucho que no se esfuerzan por nosotros. Por ejemplo, la profesora de lengua era como que “te doy un TP pero no te voy a explicar nada”. Algunas veces hemos llegado a hacer todos el mismo trabajo y no se daba cuenta. Ahí nos dijimos: acá algo no va bien. (Se ríe fuerte). El primer día que salí a la calle estaba de novia y fui a ver a mi novio. Me llevó mi mamá y la pasé rebien, después de tanto tiempo hablamos un montón, fue relindo verlo. Cuando estaba con él, para respetar esto de la cuarentena, venía unos días a mi casa; una vez se quedó una semana y un poco más. Yo en la suya no me quedaba a dormir porque él tiene muchos problemas familiares pero me quedaba tipo todo el día entero. La pasaba bien, bastante bien, era la única persona con la que no me aburría. Pero me cortó el mes pasado. (Baja la mirada unos instantes). Lloré mucho pero mucho, todo el día. ¿Volver a la escuela? Una parte de mí sí quiere, para ver a mis amigas y empezar a tener la rutina de decir “vamos a almorzar a algún lugar”. Eso extraño un montón: las salidas. Pero, por otro lado, con el colegio en sí, una parte de mí estaba como estresada, literalmente le prestaba más atención al colegio que a mis sentimientos. Y en esta cuarentena como que sí me doy cuenta cuándo me siento mal, bien, triste o alegre. Antes no. Entonces, ahora que ya estoy mucho mejor, prefiero seguir así, vía Zoom. Encima ya se puede ver a las personas. Lo que pasa es que estoy mucho en redes. ¿Viste que en Instagram (IG) hay una barra que te aparece y te dice cuántas horas estás? Bueno, hace poco me apareció diez horas seguidas. Por suerte IG tiene una alarma para cortar tiempos y lo programé: cada dos horas me avisa y paro un rato.

Alumna de la Escuela Nº 2 Agustín Tosco. 14 años, Villa de Pueyrredón, CABA.

 

el centro

Me pongo a pensar mucho y a veces lo escribo para no olvidármelo. Algunas cosas las mandé al Centro de Estudiantes y otras son más personales. Es un diario íntimo para pensar cosas y acordármelas. Fue algo que surgió en la pandemia. Al principio era cuando me pintaba; me acuerdo específicamente, como estaba fuera de rutina y no tenía horarios, de despertarme a las 7 o más temprano y de repente pensar algo, pararme y escribirlo en la computadora. Ahora ya tengo más armada una rutina de hacer las cosas. Sobre la vuelta a clases, yo soy muy crítico de los maestros. En la pandemia le pusieron mucha garra y onda. En el caso de los directivos, no entiendo qué papel tuvieron. La posición con la vuelta a clases no es buena. En el fondo hay una cuestión con los sindicatos más política, la construcción de un espacio político contra Larreta y por eso están muy antitodo. También la idea de vuelta a clases tiene cuestiones que le falta, es más marketing que otra cosa, no hay una cuestión real, fue una disputa política. Pero no le veo sentido a rechazar eso por el miedo al virus. Daba para hacer cosas presenciales, no obligatorias, claramente. Se están abriendo los vuelos, hace seis meses que la gente está yendo a laburar todos los días y lo último que se van a abrir son los colegios. (Se muerde los labios). Si hay contagios, tenés que cerrar las fábricas y que le paguen igual a la gente y no solo cerrar las escuelas. Es una distorsión en esa lógica que no es buena. Pero es polémico porque la militancia de secundarios dice que hay que salir en contra de la vuelta, con la misma línea que los docentes, las cooperadoras y los sindicatos. Para mí no está bien porque esa postura de la coordinadora de los pibes no es muy consultada con las bases. Si se consultara más, se revería porque la mayoría de los pibes quiere volver al colegio. Otros dicen que la propuesta no es buena y entonces no. Creo que es más por la inercia que por otra cosa. ¿Las redes sociales? Con el tema de las reuniones virtuales hay mucha gente hinchada las bolas y yo también. Sobre todo porque parecen que son más cortas, viste, como que se habla todo lo que se tiene que hablar y la gente no se queda, si tenés otra reunión, apretás un botón y entrás a otra.

Alumno de la Escuela de Música Juan Pedro Esnaola. 17 años, Villa Urquiza, CABA.

 

de casa al trabajo

Le quiero mandar un mensaje a mi tutora de la escuela para pedirle los temas de todo el contenido del primer y segundo trimestre porque no hice nada. Como se acerca diciembre, así rindo todo eso, logro estudiar en un mes lo que tengo que dar y en enero estudio la última parte del año. La tutora me mandó un mensaje por Whatsapp pero como tuve un inconveniente con el celular, que se me rompió, más la conexión y yo que estaba como redepresiva, no le respondí. Me colgué con eso. Le voy a explicar qué pasó, así trato de recuperar y no perder el año del todo. Yo cuando me deprimo lloro, me aíslo, me siento bajoneada, como que no hablo con mi hermanita, con mis papás. Estaba mal conmigo misma por momentos. Fue una lucha en la pandemia. (Calla). Ahora ya me siento mejor. El modo que encuentro para aislarme es cuando leo mis libros; me sumerjo en eso, a mí me gusta leer y son libros del autor que me encanta –Sidney Sheldon– y como que tenía mi momento y no me molestaban, les decía a todos que no me pidan nada. El tema es que en algún momento me desconecté de mis amigos, al estar tanto adentro me quedaba viendo la tele o me la pasaba durmiendo; después, como mis papás tienen un taller de costura acá en la planta baja, estoy colaborando un poco. Ahí me pierdo prácticamente la mitad del día. En el taller coso, manejo una máquina y hago prendas de acuerdo a la estación del año. Me despierto y entro a las 9 o a las 10 (Ríe) hasta el almuerzo, que nos turnamos para cocinar, y volvemos a bajar después; a la merienda subimos al piso y ya nos quedamos ahí. No, no, no nos dejan salir solas mis papás, solo una vez con mi hermana fuimos a lo de mi abuela en Floresta y hace poco vi a una amiga y me quedé a comer en su casa.

Alumna de la Escuela Comercial Nº 33 Maipú. 18 años, Villa 1.11.14, CABA.

 

cable a tierra

A mí no me pegó tanto la cuarentena, yo siempre preferí quedarme en mi casa jugando en la computadora. Yo estoy literalmente todo el día con la máquina porque ahora hasta la tarea hago ahí. No tengo ganas de salir, prefiero quedarme acá. Bueno, ahora un poco de ganas tengo. Salgo solo a hacer ejercicios y las compras. Pero no me cansa, puedo estar jugando quince horas seguidas; juego a todo tipo de juegos. Me compré el FIFA 21 para la PC y le pongo un joystick. Mi mamá me está exigiendo hace bastante que cambie el sueño para la mañana porque me suelo dormir a las 3 o 4 de la madrugada. Me dice: “durante el fin de semana quedate y en la semana cambiá el sueño”. Porque tengo clases de Zoom. Entonces, para cambiar el sueño no duermo y me quedo despierto. Hace un par de días estuve catorce horas jugando en la computadora y haciendo TP también. (Acelera el tono). Hago dos o tres TP, juego cuatro o cinco partidos del FIFA, hago tres o cuatro TP más, me juego una partida de Counter Strike y así. Desde que empezó la cuarentena fue esa lucha, porque tengo el sueño bien y mal. Ayer me dormí a las 7 de la mañana pero capaz que mañana me acuesto a las 11 de la noche. Si tengo un Zoom a la mañana, me acuesto temprano o sigo de largo y me duermo después. Los Zoom son un embole total, al profesor no le contesta nadie y si lo hacen antes de las 9 de la mañana no se conecta absolutamente nadie. Yo ya estoy cansado de hacer TP, el otro día los conté y tengo más de 140 y me faltan como 30 atrasados. Entonces son casi 200. ¡Llega un punto en que te cansás! Hay profesores que se van al extremo. Calificación no te ponen, se los mandás y te ponen solo “Recibido”. Hace poco tuve un momento difícil porque se me rompió un cable de la computadora, lo compré y tardó como dos días en llegar; fueron días sin la computadora y fue como “¡qué hago!”, ni los TP podía hacer. Estuve todo el día con el celular, dormía, porque no sabía qué hacer, básicamente estaba como perdido.

Alumno de la Escuela Normal Superior Próspero Alemandri. 17 años, Avellaneda, Buenos Aires.

 

los tiros

La pandemia me pegó ahí, más o menos, porque nos dan tarea a full y te aburrís de estar encerrado. Al principio hacía un poco de tarea y después dejaba y después hacía de nuevo y así. (Se ríe y calla de golpe). Hay diferencias entre el barrio antes de esto porque antes se escuchaba una rebanada de tiros, ahora también pero poco. No sé, supongo que bajó por la cuarentena. ¿Cómo te puedo explicar? Tenían problemas entre los de una cuadra y la otra, hay varias bandas en el barrio. Yo tengo un tiro, fue hace siete años más o menos, yo tenía 6 o 7. Nosotros estábamos todos en un auto y veníamos de la cancha de Newells y ahí bajamos y se ve que nos estaban esperando y nos tiraron: le pegaron a mi mamá y después a mí. A mi mamá le quebraron la tibia y el peroné y a mí me tocó el músculo nada más. Era otra banda. A la cancha no fui más desde que me pegaron el tiro. El quilombo con esa banda empezó a parar porque algunos fueron cayendo presos. Acá los pibes son buena onda pero los búnker lo arruinan todo. Y ahora quieren sacar casas a full. Se ve que les gusta la casa o quieren hacer un búnker pa vender y te la usurpan de una. (Se interrumpe). Yo quiero que vuelva el fútbol porque estábamos a punto de dejar la cancha de 7 y con todo esto tengo que jugar medio año más en cancha chica. Estamos viendo en qué club jugar, estábamos yendo a hacer pruebas a Pueblo Esther con un representante para Boca, River, San Lorenzo, pero cuando empezó todo esto se cortó. Yo atajo. Lo que más me gusta ahora es ir a la jugar a la pelota con los pibes y a caminar por (Avenida) San Martín. Me acuesto retarde, a las 6, 7 de la mañana, y me levanto retarde también, como a las 3. (Ríe). Veo tele o me pongo a jugar a los juegos en el celu, pero lo que más me gusta es mirar los entrenamientos de los arqueros, sigo a un youtuber y me pongo a ver los ejercicios a full.

Alumno de la Escuela Nº 436 Juan Mantovani. 13 años, La Tablada, Rosario.

 

la virgen de Itatí

Yo iba a una escuela de teatro en Mataderos pero tenía un horario muy extenso. Era de 12.30 a 22. Encima vivo en Paternal. Me tuve que cambiar a este colegio y no pude conocer a nadie porque fui solo 4 días, nada más. Estuvo redifícil pero la gente ahí es repiola, los profesores me reunieron al grupo. Ya estoy en confianza con todos. Mi mamá es artesana, hace ropa reciclada con retazos, trabaja en la Feria de San Telmo y ahora como que se cagó todo porque no hay turistas y la Feria se cerró en cuarentena; reabrió el domingo pasado pero fue redifícil porque no hay gente. Ella vende por IG y Facebook y le está yendo rebien. Mi papá es músico, tiene varias bandas, el año pasado estuvo tocando en varias plazas, en eventos para niños organizados por el Gobierno de la Ciudad. Él tiene una banda de rock para chicos. Pero ahora no pudo hacer nada, dependemos de mi mamá nada más. Lo económico fue un problema, sí, pero más o menos porque nos están entregando los bolsones de mi colegio y de una fundación llamada Músicos Solidarios. No fue tan difícil porque a mi mamá le está yendo bien. (Calla y cambia de tema). Nosotros tenemos familia en Corrientes y fuimos en septiembre porque había fallecido mi abuelo. Y, nada, fue redifícil esa situación porque ni me lo esperaba. (Baja la vista). Ahí vive toda la familia de mi mamá y nosotros acá, relejos. Ella no podía ni abrazar a su hermano. Al final fuimos en auto. Yo zafé del hisopado pero se lo hicieron a mis papás y tuvimos que estar encerrados catorce días en la casa de mi abuelo, que estaba vacía. No, no murió por coronavirus, pero la cuarentena le afectó un montón, era una persona de 89 años que viajaba para todos lados, se había ido a Roma el año pasado, salía siempre a comer; no caminar le reafectó el cuerpo, no ver a nadie también y cuando se dio cuenta que no podía caminar como que dijo “me despido”. Fueron doce horas de viaje en auto, que encima es rechiquito y yo me reasfixio. En Entre Ríos nos pararon como tres veces y les hicieron el hisopado en Mocoretá; después un policía nos dijo que lo siguiéramos hasta un hotel y nos avisó que quizás nos teníamos que quedar ahí; pero mi mamá dijo “no, no, me mato antes”. (Ríe fuerte). Finalmente todo bien, nos llevaron a la casa de mi abuelo y tuvimos que estar encerrados sin ver a nuestra familia. Cuando llegamos ya lo habían cremado. Las cenizas las queríamos tirar en una parte de la costanera, a la que él siempre iba y se sentaba ahí. Es relindo ese lugar, hay como una virgen del mar, como si fuera Iemanjá pero católica. Todavía no pudimos, pero lo haremos en diciembre que vamos a viajar de nuevo.

Alumna de la Escuela de Educación Media Osvaldo Pugliese. 15 años, Paternal, CABA.

 

en capilla

Gracias a un Centro de Día pudimos hacer ahí las tareas. Nos ayudan, todo. Le decimos La Capilla pero se llama Padre Misericordioso el lugar. Van los pibes más chicos, así, de mi edad. Hay muy pocas computadoras, nos ayudan a imprimir y la mandan por Internet. Ahora por la pandemia se abre de lunes a viernes pero muy pocas horas. Los martes y jueves dan la comida, de 13.30 hasta que se termine la gente; después, lunes, martes y jueves nos dan la tarea a los más grandes y a los más chiquitos los miércoles. A veces como ahí, o ayudo un rato y me quedo a comer. Hace varios años que voy, iba a hacer actividades, a jugar al fútbol, talleres de guitarra, no sé. Los operadores de La Capilla hablaron con los de la escuela para que les pasen la tarea y ahí ellos me la pasan a mí. Son como los intermediarios, sí. Yo no conozco a casi ningún maestro, ni idea, no sé. (Ríe). Lo peor de la pandemia es que no haya fútbol, no poder salir. Yo antes después de la escuela me iba con los chicos a jugar a la pelota en una canchita en el barrio. También juego en el club Arijón. Últimamente estamos jugando de vuelta, nos dejan, pero estuvimos como cuatro meses sin nada. Por ahí me levanto como a las 2 y los chicos me vienen a buscar pa jugar al fútbol como hasta las 10, todo el día. Cuando no se podía me la pasaba adentro mirando la tele porque se me rompió el celu y no podía jugar a nada.

Alumno de la Escuela Media General San Martín. 16 años, La Tablada, Rosario.

 

la noche de una adolescente

Antes de la pandemia, cuando nos mudarnos, porque mi casa estaba en obra, yo estaba muy ansiosa, entonces empecé a escribir todo lo que sentía en un cuaderno. Y lo dejé. Pero después, en cuarentena, lo agarré de vuelta y me metía en el baño del monoambiente que nos habían prestado y escribía y escribía. Lo hacía como a las 5 de la mañana porque no me sale escribir mucho de día cuando sé que alguien puede interrumpirme o yo misma me interrumpo con música. Escribo mucho sobre lo que siento, sobre cosas que me cuentan mis amigues y que me dejan pensando. Yo estuve dos meses adentro, no salía ni para comprar; iba todos los días a la terraza, veía los bondis y ¡contaba cuánta gente había adentro! (Ríe). Para mí este año no existió en la escuela porque para mí la escuela no es la tarea; la escuela es, mediante lo social, lo presencial, el amor y el acompañamiento, aprender contenidos que en algún momento de nuestras vidas nos van a servir. Pero ahora ni siquiera estamos aprendiendo porque ni nos explican. Estamos leyendo cosas y vamos a pasar de año. Entonces yo pensaba algo: ¿por qué con todo lo que aprendimos (Hace el gesto de comillas), el año que viene no se profundizan todos estos mismos contenidos y de paso tenemos media hora de recreo o quince minutos entre cada clase, en vez de diez, para recuperar lo social? O aunque sea diez minutos pero que se repita el año. (Ríe con pudor). ¿Cómo fue volver a la calle? Antes tenía miedo a que me rapten, a que me violen, a que me secuestren, o simplemente a que me toquen el culo, que me griten algo, a que me sigan hasta mi casa; paraba un auto cerca mío y yo me re asustaba (Aprieta los puños y los levanta). Ahora tengo tantas ganas de salir, y como ya no es una obligación porque tengo que ir al colegio, que no me importa nada: camino de noche sola y antes no podía, pero no podía ni en el atardecer, era miedo mal. Por ahí porque crecí y todo eso, pero creo que son más las ganas de salir. Ahora ando en bici con amigues, algo que no hacía para nada, y me gusta ir a la plaza, porque antes el espacio público era más como un tiempo de espera de alguien.

Alumna de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini. 15 años, Villa Urquiza, CABA.

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