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corrientes bailó un chamamé oficialista
El gobernador radical Gustavo Valdés fue reelecto por un aplastante 76% en otro comicio provincial signado por la baja participación y el voto en blanco. A pesar del violento ataque contra el diputado Miguel Arias, nada cambió la tendencia y el futuro correntino tiende al continuismo. Una lectura desde el territorio, con los detalles.
Ilustraciones: Ezequiel García
30 de Agosto de 2021

 

En un desfasado calendario electoral, Corrientes reeligió al gobernador radical Gustavo Valdés para los próximos cuatro años con más del 76 por ciento de los votos emitidos. El camino hasta este contundente resultado incluyó una pandemia que paralizó al mundo y varios escándalos políticos, pero también un fuerte acompañamiento social que hasta el jueves pasado era retratado con persistencia como una “campaña tranquila”.

En la noche de ayer domingo la alianza Encuentro por Corrientes, con la Unión Cívica Radical a la cabeza, recuperó aire y se mostró exultante por el triunfo. La delegación nacional encabezada por Gerardo Morales, Facundo Manes, Alfredo Cornejo y Ernesto Sanz buscaba capitalizar el triunfo con un abroquelado acompañamiento en la Casa de Gobierno de la ciudad de Corrientes, mientras que los socios de PRO se limitaron a saludar el éxito electoral a través de Twitter.

El festejo oficialista sorteó sin incomodidad el ambiente enrarecido que se había instalado desde el jueves, cuando un disparo impactó en el abdomen de un diputado de la oposición, a quien el reelecto Valdés le dedicó los primeros minutos de su discurso: “Antes que nada quiero mandar un profundo abrazo al diputado Arias que se mejora. Nosotros no promovemos la violencia, le deseamos lo mejor a él y a su familia, que se mejore y se recupere”.

 

un disparo a matar

Tapebicuá es un antiguo pueblo ferroviario de 800 habitantes del sur de la provincia de Corrientes, ubicado a 60 kilómetros de Paso de los Libres, la principal ciudad fronteriza entre Argentina y Brasil, y a unas cinco horas en auto de la capital correntina. Allí, la noche del jueves, el último día antes de la veda electoral en la campaña para elegir al próximo gobernador, un disparo sobre el diputado provincial Miguel Arias cambió el viento político.

En un descampado de ese remoto pueblo, sobre un escenario de menos de un metro de altura, transcurría con tranquilidad el acto de cierre del Frente Corrientes de Todos. “Música y algarabía como siempre lo hacemos”, dirá más tarde el intendente de Paso de los Libres, Martín Ascúa, que estaba como invitado. El candidato de Tapebicuá, Carlos Brazeiro, en el medio del escenario. A la izquierda, el diputado Miguel Arias y a su lado la candidata a viceintendenta Gloria Soledad Pared.

La escena se viralizó en un video que se repite una y otra vez. Es la noche del jueves y apenas se suceden un par de discursos, cuando el foco cambia de manera abrupta. Miguel Arias se toca la panza y la mano vuelve con sangre. Se escucha a la candidata pedir el voto mientras a su espalda gritan “le pegaron un tiro”, y piden un médico. “¿En serio? ¡Ay, no!”, exclama Pared.

La ambulancia no llega, por eso lo suben a la caja de la camioneta de la Policía sobre una frazada, para moderar el rebote del vehículo sobre la ruta. Primero al centro de salud del pueblo que está cerrado y, de allí, al hospital San José, de Paso de los Libres.  Emergen entonces, con la urgencia de la vida, los reclamos de la oposición sobre la centralización de la atención médica en la ciudad de Corrientes: “Más que un ministerio de Salud, tenemos un ministerio de Transporte”, repiten diputados y senadores del peronismo correntino.

Mientras trasladan herido a Arias, la noticia corre como reguero de pólvora. Todo el arco político, desde el presidente Alberto Fernández hasta el gobernador Gustavo Valdés, repudia en pocas horas el acto de violencia. La campaña definitivamente cambia de tono no sólo por lo que había sucedido sino por lo que traía al presente de años anteriores.

- Fue un disparo a matar, se apuró a decir el intendente Ascúa.

Aún hoy, pasadas las elecciones, no hay certezas sobre los motivos y el autor del atentado. La hipótesis que maneja la Fiscalía de Instrucción habla de un disparo hecho desde una distancia superior a los siete metros y las posibles responsabilidades cubren un amplio abanico: la disputa con el oficialismo municipal, un ajuste de cuentas por el manejo de los planes sociales, un conflicto personal o un hecho fortuito. Ninguna de estas líneas de investigación convenció a la oposición que denuncia la influencia del gobierno provincial en la instrucción.

Es que más allá de las hipótesis, el tiro contra Arias restituye una serie de muertes violentas que forman parte del pasado reciente de la política correntina. Uno de los episodios más sonados fue el caso de Hernán González Moreno, joven empresario periodístico de meteórico ascenso, muy cercano al entonces oficialismo, que apareció muerto en 2009, también días antes de las elecciones en las que recuperó el gobierno Ricardo Colombi, figura central de la política correntina durante los últimos veinte años. González Moreno lo había denunciado por enriquecimiento ilícito y la noche del cierre de campaña fue encontrado con un disparo en el interior de su auto después de avisar a sus allegados que estaban persiguiendo a sus hijos.

La serie de la violencia política reciente incluye además un atentado con una carta bomba contra el diputado Rodolfo Martínez Llano en 1999, y la aparición sin vida del senador y sindicalista de la UTA, Rubén Suarez, a orillas del río Paraná en 2019.

Hoy Arias evoluciona de manera favorable en el Hospital Escuela de Corrientes Capital, luego de ser trasladado en avión desde la costa del Uruguay para una mejor atención.

la campaña tranquila

Pese a que en el cuarto oscuro había 56 boletas –para malestar en el electorado-, sólo dos frentes protagonizaron la pugna: de un lado el gobernador Valdés y del otro el ex intendente de la ciudad de Corrientes, hoy gerente de la represa Aña Cuá, Fabián Ríos.

¿Cuál es el fin de las 56 o más boletas? En términos prácticos, cada boleta es un partido que puja por algunos votos que luego le permiten negociar cargos de mayor o menor jerarquía de acuerdo a su performance electoral. En esta oportunidad se eligieron gobernador y vice, e intendente y vice en 57 localidades. Además de los cargos ejecutivos, se votaron los candidatos para renovar 15 bancas en la Cámara de Diputados y 5 en la de Senadores. Los municipios renovaron concejales y la localidad de Caá Catí eligió convencionales constituyentes para reformar su Carta Orgánica, por lo que en algunos distritos había incluso más de 56 boletas.

Según datos oficiales, más de 860 mil correntinos y correntinas estuvieron habilitados para votar, sin contar los jóvenes menores de 18 años ya que la provincia no posee ley de Voto Joven. Este no es un dato genérico sino que fue un elemento con presencia en la campaña, junto a la Ley de Paridad de Género para cargos legislativos, pues todos prometieron pero nadie cumplió.

Al cierre de esta nota se estimaba una participación del 65 por ciento de las personas empadronadas, una asistencia muy por debajo de elecciones anteriores. A pesar de esta reducción considerable, hubo varios momentos del día con amontonamiento de gente en las escuelas, ya que el protocolo establecido para prevenir el contagio del Covid-19 falló en su intento por mantener distancia y el orden en el ingreso. Hubo lugares en los que la votación se cerró una hora más tarde por la demora que arrastraban de toda la jornada.

Con todo, la elección favoreció de manera rotunda al gobernador Valdés. En ese contundente apoyo, no tallaron ni los indicadores de la pobreza (42.9 por ciento, con 8.7 de indigencia según la EPH), ni el bajo nivel de empleo formal, que no llega al 40 por ciento de la población activa. Tampoco impactaron los escándalos protagonizados por el ministro de Salud de la provincia, Ricardo Cardozo, quien fue descubierto transportando vacunas contra el coronavirus de manera irregular, y fue denunciado por el director del Hospital Muniagurria de la ciudad de Goya por persecución política. 

Respecto de la pandemia, la sociedad correntina apoyó con matices buena parte de las medidas y otorgó varios votos de confianza. Si bien fue una de las provincias que aplicó restricciones más fuertes al inicio -como prohibir el paso a quienes vinieran del Chaco, provincia con la que comparte la vida social, económica y educativa-, también fue la primera jurisdicción en habilitar el turismo interno. La estrategia sanitaria apuntó a centralizar la atención en la Capital con la construcción de un hospital de campaña y una cobertura de testeos más alta que las provincias vecinas.

Con aquel telón de fondo, Gustavo Valdés buscaba su reelección capitalizando una imagen positiva alta incluso en los momentos más complejos de la pandemia, una relación amable con el presidente Alberto Fernández y una impronta política revitalizada con relación a sus antecesores.

Antes del disparo contra el diputado Arias, la campaña transcurrió sin discursos enfurecidos, con una oposición frugal y el aparato propagandístico provincial totalizando la escena pública. Como un incentivo preelectoral, todos los trabajadores y jubilados de la administración pública recibieron un “plus extraordinario” de 20 mil pesos, con un adelanto de 5 mil en julio y los restantes 15 mil en agosto. El estímulo monetario, que no presenta ningún argumento normativo salarial, ya fue empleado sin reparos como estrategia política en elecciones anteriores.

El otro acierto político del gobierno fue tomar la cultura y la identidad correntina como parte de la campaña permanente. En guaraní “Ñanderekó” significa “nuestra forma de ser”, concepto que la usina del oficialismo incorporó para organizar una narrativa presentada en distintos medios de comunicación, relacionando al gobierno con la música popular, el chamamé y la cumbia, las fiestas tradicionales y la religión. Este entretenimiento amalgamado con un tono panegírico no es otra cosa que uno de los resortes sobre el que el oficialismo asentó su campaña y su manera de permanecer en el poder.

La elección favoreció de manera rotunda al gobernador Valdés. En ese contundente apoyo no tallaron ni los indicadores de la pobreza ni el bajo nivel de empleo formal en la provincia. Tampoco los escándalos protagonizados por el ministro de Salud, Ricardo Cardozo, quien fue descubierto transportando vacunas contra el coronavirus de manera irregular.

 

La danza de los vices

La figura del vicegobernador despertó interés, incluso antes de la campaña. Con la expectativa de incorporar los reclamos de los sectores menos conservadores de la política provincial, se esperaba que los frentes contemplaran a una mujer para completar la fórmula, pero no pasó. Para ECO, la alianza oficialista, Valdés anunció que su compañero sería el senador nacional y ex gobernador destituido durante la crisis de 1999, Néstor Pedro Braillard Poccard. En la oposición la fórmula se selló con el senador provincial Martín Barrionuevo.

Una de las pocas sorpresas de las elecciones estuvo protagonizada por el actual vicegobernador Gustavo Canteros, un sindicalista de extracción peronista que viene emprolijando sus ambiciones personales pues luego de dos períodos como vicegobernador, se pasó al Frente Corrientes de Todos. El enroque dejó diferencias en ambos lados. Unas pocas semanas atrás apareció en las redes sociales la consigna “Cortá por Corrientes”, una propuesta de votar a Valdés y a Canteros, dejando fuera a los candidatos de sus propios espacios.

La experiencia de los vices fue de pintoresca a caótica pero no corrió el eje sobre el cual gira la disputa real por el poder político provincial: el ex gobernador Ricardo Colombi y su sucesor, Gustavo Valdés. El forcejeo interno entre ambos referentes, jamás admitido de manera pública, acumula varios capítulos. Por enumerar: el actual senador provincial, el mercedeño Ricardo Colombi, trabó en la legislatura provincial todas y cada una de las iniciativas del peronismo, pero también de Valdés, para tratar el Voto Joven y la Paridad de Género. En un orden más explícito, en varias localidades del interior provincial hubo una interna abierta al interior de ECO. En el pequeño pueblo de Santa Ana, que funciona como un satélite de la ciudad de Corrientes, compitieron dos candidatos de la UCR, uno que respondía a Valdés y otro a Colombi. Esta estrategia se repitió en otros municipios y alcanzó un punto máximo de tensión en la ciudad de Ituzaingó, donde Juan Pablo Valdés, hermano del gobernador reelecto, compitió contra el actual intendente Eduardo Burna, histórico referente del ricardismo que se pasó a las filas del Frente Corrientes de Todos, semanas antes de las elecciones.

En los meses previos a la campaña, Valdés y Colombi se mandaron mensajes no tan velados por los medios de comunicación locales. El actual gobernador dijo que “el radicalismo no es Ricardo Colombi” mientras que su antecesor prometió: “A mí nadie me va a jubilar”. La manifestación institucional más significativa de esta fricción tal vez haya sido que Colombi, siendo el presidente del partido radical, no participó del lanzamiento de Valdés como candidato.

La experiencia de los vices fue de pintoresca a caótica pero no corrió el eje sobre el cual gira la disputa real por el poder político provincial: el ex gobernador Ricardo Colombi y su sucesor, Gustavo Valdés. El forcejeo interno entre ambos referentes, jamás admitido de manera pública, acumula varios capítulos.

 

más continuidades que rupturas

Con los resultados puestos en estas elecciones, el frente oficialista ECO+Vamos Corrientes ganó 12 bancas en la Cámara de Diputados y 4 en el Senado, manteniendo una mayoría calificada en ambas cámaras legislativas.

Para el frente opositor, la pérdida del caudal de votos resulta significativa y alcanza un veinte por ciento menos entre 2017 y 2021, lo cual refleja una distancia creciente entre su propuesta política y el electorado. Con estos números la fuerza encabezada por el peronismo se queda con tres bancas en Diputados y una en el Senado de la provincia, sin intendencias ganadas en este turno y sobre todo con los números más desfavorables de las últimas tres elecciones.

Para entender la magnitud, en 2017 el actual gobernador Gustavo Valdés obtuvo el 54.05 por ciento de los votos, mientras que el candidato del Frente de Todos, Mauricio “Camau” Espinola había conseguido el 45.2 por ciento de los votos. En la siguiente elección, el año en que se coronó como presidente Alberto Fernández, ECO obtuvo el 60 por ciento para senadores y diputados, mientras el Frente para la Victoria alcanzaba apenas el 19 por ciento de los votos y el resto se desperdigó en otros cuatro frentes provinciales, aún cuando en Corrientes la fórmula Fernández-Fernández logró imponerse a la de Macri y Pichetto.

Llegado el 2021 y con el PJ intervenido a nivel institucional desde 2019 por decisión en ese entonces de José Luis Gioja, en manos del actual ministro de Desarrollo Social de la Nación, Juanchi Zabaleta, el peronismo venía con la promesa de paridad en la fórmula y de contar con un apoyo nacional a la fórmula contra Valdés. No sucedió ni lo uno ni lo otro. “Queremos ser garantía de paridad”, dijo Zabaleta pero la fórmula a gobernador fue netamente masculina y las listas legislativas apenas cubrieron el cupo del 30 por ciento. Tampoco se sustanció el apoyo del presidente Alberto Fernández o de la vicepresidente Cristina Fernández, que podrían equilibrar un poco más la balanza. Es que ni siquiera cuando balearon al diputado peronista Arias hubo un diálogo directo entre el presidente y las filas peronistas locales. Sí hubo un improvisado y erróneo repudio en Twitter y la decisión de enviar una comitiva encabezada por la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, que llegó hasta la escena del hecho y a la ciudad de Paso de los Libres para brindar apoyo y asistencia técnica en la investigación del hecho.

Con este panorama conformado por una oposición debilitada y un oficialismo hegemónico, el modelo de provincia que proponen Valdés y Colombi va a profundizarse, y aparecen dos preguntas para el porvenir inmediato: ¿hay lugar para dos líderes que disputan el poder en el oficialismo? ¿Y cuál será el rol que jugará Corrientes en el concierto nacional?

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