Leandro Barttolotta
(1983). Nació y vive en Quilmes. Veterano de esquina y leyenda del metegol de chapa, con título de sociólogo. Trabaja de docente en el conurbano y en educación a distancia. Integra el Colectivo Juguetes Perdidos y Ver qué onda educación.
dónde jugarán los niños
La educación sentimental de miles de pequeños argentinos incluyó un paseo de fin de semana por la República de los Niños, el parque temático del Estado-Nación. Un recorrido por algunas de sus 50 calurosísimas hectáreas, entre trabajadores exhaustos, familias posmodernas y futuros ciudadanos que juegan en las réplicas de las instituciones que ya no son.
fernando rey y sus bebedores suburbanos
Brebaje de la vagancia en la ruinosa economía macrista, los botellones no degradables de Fernandito circulan al compás de la inflación y los bolsillos raquíticos. Sus fundadores aseguran que se trata de un producto de calidad y que su expansión colaboró en entronizar al Fernet Branca en el mercado de los alcoholes. Investigación exclusiva sobre el ferné de los pobres en tierras bonaerenses.
luz mala
Desde que en los noventa se privatizó el servicio de electricidad, escasos son los registros de momentos luminosos entre la compañía y los usuarios de la zona sur. En los últimos años a la desidia por invertir de una empresa que maneja códigos de desgaste con sus empleados, se sumaron la quita de subsidios y los tarifazos. Una crónica del lado oscuro de Edesur, desde la perspectiva de los operarios que ponen la cara y rezan por el éxito de la reconexión.
leña para el carbón
Cada mañana muy temprano Emanuel toma el micro para meterse en una carbonería re siglo XIX enclavada en Quilmes. Se calza los guantes y el barbijo para descargar y embolsar los miles de kilos de carbón que llegan todos los días desde Chaco. Trabajo insalubre, sin derechos ni épica, pero indispensable para afrontar el cierre de un macrismo devastador que provoca añoranzas de la alta circulación laboral de "la década ganada".
todo el año es carnaval
Los corsos de El Dorado son jaranas gasoleras y “tranquilas”, que le ponen el pecho a la malaria económica general y a los posibles bardos entre guachos. Menos careta que los tinglados porteños, autogestionan la seguridad para que convivan la doña y el malandrín, la vagancia y el laburante, el vampiro y las demonias. Noches robadas en los arrabales de Quilmes.
a jurar en jogging
Federico Fagioli tiene 28 años, vive en un asentamiento de la zona sur del conurbano, y este domingo puede ser electo diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Entre la estigmatización de quienes los acusan de choriplaneros, y el correctismo careta de los que llegan para hacer buena letra, tratará de hacerse un camino que no lo deposite en la marginalidad y el pintoresquismo político. ¿Se puede ir de la villa al palacio, del galpón a la banca, de la calle a la rosca, sin dejar la piel en la puerta del Congreso?
la era de los mirandas
Mientras la venta online recodifica derechos y obligaciones de clientes y laburantes, la caída del consumo pega más fuerte que la temprana eliminación del mundial. Los locales de venta de electrodomésticos sostienen la ganancia despidiendo empleados que continúan como espíritus en grupos de whatsapp. Un safari entre nostálgicos del ahora12.
en el ojo del huracán
Agustín tenía tres años cuando fue asesinado mientras se dirigía a comprar una pizza con su papá. Los vecinos se movilizaron al ritmo de la televisión en vivo y luego volvieron al encierro, agotados de autogestionar la seguridad mientras se morfan un ajuste que agrieta las economías familiares. Caminar por Villa Centenario pocos días después del hecho. Ver las plazas vacías, las calles en suspenso, las noches iluminadas por camionetas policiales. Una postal de época. Una vista del conurbano.
los polvos sensatos
Vivir y amar en una pensión proleta de Quilmes Oeste, donde la pus de la cotidianidad infecta la frágil convivencia.
la lengua madre
Los Rolling Stones volvieron a la Argentina y en el Estadio Único de La Plata se armó un festival dionisíaco de la nostalgia. La apropiación nacional de sus majestades satánicas y geriátricas contradijo, otra vez, las miradas horrorizadas del legitimismo. Una mirada posible sobre cómo fabricar felicidad.
las pibas del salón
Reunir lo que queda de la familia; entretener a infantes ultraestimulados; servir la mesa a consumidores deseosos de exhibir su ascenso social; garantizar la rentabilidad de improbables emprendedores sin margen. El laburo de las animadoras de cumpleaños, una de las mejores estampas de la precariedad laboral contemporánea.
