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le grand termidor
Disipada la espesa bruma de la polarización populista, emergió el verdadero soberano de la república posmoderna: la caverna mediática. En el reino donde alguna vez se tocó el pito de la democratización, retumba hoy la matraca de Comodoro Py y una licuadora de periodistas precarizados se puso en marcha. Anatomía de la nueva bestia pop.
Fotografía: Mariana Araujo
26 de Agosto de 2016
crisis #26

Con un torniquete sobre el chorro de la publicidad oficial -y un criterio tan antojadizo como el de antes-, el gobierno de Cambiemos hizo la mejor de sus jugadas políticas en un terreno que recibió servido: dejó morir a la mitad de sus enemigos mediáticos, asfixió al resto y tiene a la mayor parte de las empresas periodísticas juntando orín en la puerta de la Casa Rosada para recibir las migajas de la propaganda macrista. Como otras veces en democracia, los medios vuelven a reaccionar de la manera en que siempre lo hicieron: en auxilio del vencedor con el doble objetivo de “contribuir a la gobernabilidad” y asegurarse alguna tajada de poder que redunde en beneficios económicos. El mensaje no escrito repite aquella consigna imperecedera de tapa de la revista Noticias que en octubre de 1999 aseveraba “Viene un país mejor”. Hoy se vuelve a confiar, en un acto de fe que es al mismo tiempo una apuesta de vida. Aunque se diga con otras palabras.

No solo Mauricio Macri luchó –con la ayuda invaluable del gobierno de Cristina Kichner– para llegar a la presidencia. También lo hicieron los medios que se enfrentaron con el kirchnerismo con mejores o peores razones. ¿Por qué pedirles entonces que tomen –tan rápido– la decisión de erosionar la base social del gobierno que contribuyeron a moldear? Mientras se trabaja en amasar una alternativa política que se ofrezca como recambio, la tarea evangelizadora de los grandes medios se empeña en dejar en claro que ha quedado atrás el gobierno más corrupto de la historia. Atrás queda en realidad el gobierno más prometedor de la historia, prometió mucho y cumplió bastante menos. El que pasó de ser amenaza concreta a caricatura de sí mismo.

Con el cambio, el panorama de los medios es doblemente complicado. En primer lugar por las fuentes de trabajo que se redujeron. “Fue el peor Día del Periodista desde la vuelta de la democracia, más incluso que en la década del noventa porque se conjuga además con la crisis del papel. Más de mil puestos de trabajo perdidos en seis meses. La situación tiene componentes similares a los del menemismo pero agravado por el desarrollo de los últimos años, que no estuvo sustentado seriamente con inversiones y con perspectivas”. El que habla con conocimiento de causa es Fernando “Tato” Dondero, trabajador de Página/12 desde 1987 y secretario general electo del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA), que se terminó de consolidar en contraposición al gremialismo vegetativo de la UTPBA y eligió sus autoridades en abril.

En segundo lugar, se achicaron las posibilidades para discutir temas. El kirchnerismo anunció la democratización pero se contentó con tener su propia artillería. En el camino, dilapidó mucha energía social detrás de discusiones menores y obturó otras más interesantes. Sin embargo, su derrota también complica las chances de poner en escena conflictos y plantear reformas más ambiciosas en cualquier ámbito. Alcanza con prender la televisión para verlo.

haciendo zapping con twitter en la mano

Con el derrumbe de la galaxia de medios kirchneristas, el periodismo político viró masivamente hasta convertirse en una propaladora de Comodoro Py. Los jueces federales que hasta ayer dormían las causas judiciales de acuerdo a los tiempos que marcaban los tentáculos de los servicios de inteligencia, de repente nos señalan el camino de la pureza y la transparencia.

Después de haber amado a Fantino sin razones sustentables, ahora lo vemos rodeado de cocodrilos que atravesaron los últimos años en la orilla de una marginalidad redituable. Fanta dejó de ser canchero y progresista para pasar a ser un pirata más del mar de los sargazos. Una lástima. Hastiado de ser parte de un gabinete mediático que solo atendía las novedades políticas de Comodoro Py, Jorge Asís hizo lo que en Argentina pocos hacen: renunciar a hablar siempre de lo mismo sin discutir nunca nada. Por “aburrimiento profesionalmente incompatible”, se liberó de su asiento en un lugar central en la televisión en un programa que durante los últimos años electorales se había convertido para muchos en una cita ineludible. Aunque el progresismo persista en detestarlo –y aunque reincida en su defensa inviable de los dinosaurios–, su caso siempre es interesante porque después de haber sido condenado al ostracismo por Clarín y haber intentado un reciclaje como funcionario menemista que le trajo más costos que beneficios, Asís sigue vivo y es capaz de contradecir a la platea que lo convirtió en best seller en los años de bonanza kirchnerista. Es el Turco, el mismo que le puso el pecho a la corrupción menemista, el que ahora le presta el cuerpo al diezmado equipo kirchnerista en defensa de la política. Desubicado en la escena de la historia reciente, una noche Fantino comparó a Asís con Diana Conti. Nada le debe haber dolido tanto.

Haciendo zapping con Twitter en la mano, la mesa de Mirtha Legrand perfila para convertirse en el espacio del disenso democrático en 2016: pocas cosas escenifican tan claro el peso de la derrota. Después de haber apoyado a la última dictadura (la del 76), haber sido crítica del menemismo y haber advertido antes que nadie que sevenía el zurdaje, ahora Mirtha es de las pocas que se permiten criticar al presidente porque –tiene razón– hizo mucho para ayudar a que llegue. La democracia se sienta a su mesa durante los fines de semana.

El regreso de Periodismo Para Todos también es elocuente porque sugiere que la forma de profundizar el proyecto es volver a los orígenes de un lanatismo prekirchnerista. Lo nuevo para ofrecer sería un regreso a los noventa. El mensaje de Canal 13 para justificar la benevolencia con el nuevo presidente se viste de austeridad: dicen en los pasillos de Tacuarí que Lanata no investiga a Macri porque no tiene plata. Ok. Dormir el balón debajo de la suela hasta que se desmarque algún compañero.

La paradoja está en los medios públicos que alientan voces más amplias que las que el macrismo prefiere escuchar. Comparado con el kirchnerismo de Gvirtz, te empalagan de pluralismo. No arman prontuarios a medida pero acompañan la ola amarilla. En el mundo del revés actual, puede suceder que en los medios públicos se critique al gobierno y en los micrófonos de Clarín se lo defienda.

se respira otro aire

El triunfo político del Grupo Clarín se expresa con claridad en las mediciones de audiencia de Radio Mitre, que lidera el rating con un encendido que nunca baja del 42 por ciento -más de un millón de personas la escucha cada día, según IBOPE- y triplica largamente a sus seguidoras inmediatas, Del Plata, La Red y Radio 10.

Tras haber perdido el liderazgo durante más de diez años, Mitre se recuperó con una fortaleza que anticipaba el cambio de época. Dejó de ser refugio para volver a congregar mayorías. Periodista y especialista en medios, Juan Pablo Mansilla entiende que Mitre encontró el momento justo. “La salida de Hadad de Radio 10 en abril de 2012 hizo que la radio perdiera la identidad y se convirtiera en una más dentro de las AM. Dejó de ser competitiva y perdió figuras clave. Longobardi debutó en Mitre en febrero de 2013 y en solo dos meses consiguió sacar a La10 del primer puesto a fuerza de un antikircherismo parejo y sistemático. En marzo ya le sacaba cuatro puntos: 30,5 por ciento a 26,1. Cuando Hadad fundó la radio en 1998, tardó menos de un año en robarle el liderazgo a Mitre con un discurso acorde al fin delmenemismo: anti protesta social y anti piqueteros, pro mano dura y mucha cobertura de temas vinculados a la inseguridad”.

Mitre es el altavoz de la condena sistemática del pasado reciente. Le señala el camino a Cambiemos con una consigna que –de no ser tan setentista– podría estar pintada en el frente de la casona de Mansilla 2668: ni olvido ni perdón. Ese mensaje casi sin fisuras fue alterado todas las mañanas del primer semestre de 2016 por una voz aguafiestas que se animaba a llegar con su crítica hasta un presente que la programación ignora todo lo que puede, la de Ismael Bermúdez. Más respetado por los economistas de todos los colores y tradiciones que por Lanata, el periodista de Clarín terminó eyectado del aire de la radio más escuchada. Sin demasiadas explicaciones, Bermúdez ya fue reemplazado por el economista del radicalismo y el CEDLAS Martín Tetaz. Se respira otro aire. 

A la confirmación de Mitre como líder absoluto, se suma el repunte claro de las radios que reavivan la lumbre del kirchnerismo. Del Plata triplicó su audiencia en poco tiempo y se ubicó en el segundo lugar con el 14 por ciento del encendido por encima de Radio 10. También repuntó AM 750, la radio del sindicalista Víctor Santa María, con la llegada de Víctor Hugo Morales. La contracara es la caída de Radio Nacional, que pasó de un rating promedio de entre 7 y 8 puntos a ubicarse por debajo del 2 por ciento con la nueva programación de Hernán Lombardi. “Hubo una migración notoria de oyentes que dejaron Nacional el 31 de diciembre cuando terminaron la mayoría de los programas de 2015. Las radios que vienen a representar una ‘tercera posición’ siguen de pesca en el río: La Red creció con relación a sus dos competidoras directas, Continental y Radio 10. Un dato llamativo es que Radio América -que hasta el año pasado casi ni figuraba en la grilla de rating- apareció octava entre las diez más escuchadas. Lo lograron los propios laburantes, sin cobrar un peso, hasta que el supuesto dueño cortó la transmisión”, agrega Juan Pablo Mansilla, que además es responsable del blog bancodeaudios. com y docente de “Historia de los medios” en TEA.

papel para envolver los huevos

De acuerdo a las estimaciones de SIPREBA, en Capital Federal existen alrededor de diez mil trabajadores que se desempeñan en el hemisferio de prensa, radio y televisión. La derrota del kirchnerismo dejó un tendal de periodistas en la calle ya desde el 22 de noviembre de 2015: después de años de participar en las ganancias del proyecto “nacional y popular”, los patrones se dieron a la fuga. “El caso del Grupo 23 de Szpolski & Garfunkel es el más notorio pero no el único. En Miradas al Sur el Movimiento Evita bajó la persiana sin pagarle indemnizaciones a 24 empleados, y el Grupo Indalo de Cristóbal López despidió 110 trabajadores. Más de cincuenta periodistas sin trabajo con el cierre de Infonews. Lo único que quedó a flote y con dificultades es Tiempo Argentino que hoy es una cooperativa con 110 compañeros”, repasa Tato Dondero. El crecimiento exponencial de los medios sobrevivientes del kirchnerismo está rodeado de signos de interrogación hacia el futuro. Las señales de cable y las radios que pertenecen a los contratistas del Estado Cristóbal López y Gerardo Ferreyra evidencian problemas de distintos tipos. “Hay despidos en el Grupo Electroingeniería, hay atrasos en el pago de los sueldos, desde el balotaje de noviembre, el personal de planta en Radio Del Plata y en 360 TV cobra en dos o tres cuotas que siempre se pagan atrasadas. En el Grupo Olmos abrieron retiros voluntarios acá y echaron gente en sus medios del interior. Es la única empresa que no paga ni siquiera el 15 por ciento del acuerdo paritario porque no está homologado. Además, echaron a la comisión interna”, dice el secretario general de SIPREBA.

Aunque desde el nuevo oficialismo se pretenda restringir la crisis a los medios que fomentó el kirchnerismo, los problemas no distinguen grieta y se combinan con un escenario en el que disminuye la venta de diarios y revistas y los contenidos circulan masivamente por la web. “En los medios grandes -opositores de antes y oficialistas de ahora- hay un goteo permanente de compañeros que se van con jubilación anticipada. La Nación, Clarín y Perfil se los sacan de encima y no son reemplazados por nadie”. A eso se suman los despidos y la precarización creciente en Canal 26, propiedad del ex presidente de la Cámara de Diputados durante el menemismo, Alberto Pierri.

En un contexto de destrucción de puestos de trabajo que sintoniza con el marco general pero es particularmente grave, hubo tres casos excepcionales que contrastan con el resto. Todo Noticias, la señal de Clarín que podía desaparecer, reforzó la web e incorporó periodistas. Es el único caso de creación de empleos, lo demás son pérdidas que repercuten en las paritarias. Telefé también se distingue porque firmó una paritaria diez puntos por encima de la que entregó la UTPBA y la comisión interna del canal logró un aumento salarial del 36 por ciento en pocas cuotas y con una suma no remunerativa de diez mil pesos con el SIPREBA como firmante. Por último está el caso quizás más importante, el de la isla de Infobae y Daniel Hadad, que por ahora flota en soledad. En lo político, Hadad refuerza la línea de Comodoro Py, cuida al presidente y no se distingue demasiado de Clarín. Pero en lo laboral paga los aumentos, reconoce al SIPREBA y se muestra más dispuesto a innovar que muchos. “Tiene una política totalmente distinta, piensa invertir y desarrollar y tiene incluso respeto sindical, algo inédito en él. Su caso no tiene nada que ver con el contexto”, afirma Dondero. Después de haberle vendido en cincuenta millones de dólares a Cristóbal López un multimedio que ahora seguro vale menos, puede ocupar una tercera posición.

Una vez más, Editorial Perfil no está a la altura de sus posibilidades. Representante de una tradición que -como repite su dueño- siempre se distinguió por vender revistas y no hacer negocios con el Estado como el Grupo Clarín o el Grupo Macri, podría intervenir en nombre del periodismo en el debate actual. Después de ganarse el primer lugar de la lucha contra el kirchnerismo, de sobrevivirlo y de ubicarse en una posición crítica respecto del macrismo, se pisa los cordones antes de llegar a la línea de largada: no paga los sueldos, ni los aumentos, ni el aguinaldo. Leer las contratapas de Fontevecchia –incluso llegar al final de sus reportajes- puede resultar interesante, pero puertas adentro nunca se equivoca: ajusta siempre para el mismo lado, el de los periodistas que viven de su trabajo. No solo logró procesar a toda la comisión interna de Perfil por participar de una protesta salarial, sino que ni siquiera cumple con el pago de los salarios. La distancia entre sus aspiraciones y su realidad es la misma que contrasta entre el tremendo edificio que compró en Parque Patricios y la liquidación parcial de haberes.

El lugar que ocupó Página/12 hace un cuarto de siglo está vacante y será difícil que alguien lo ocupe con las mismas ideas que detonaron con el progresismo sui generis que encarnó el kirchnerismo. El diario que fundó Lanata mejoró sus ventas pero no termina de consolidarse sin publicidad oficial y con una patronal de origen sindical –la de Víctor Santa María– que desoye las demandas de los trabajadores. Con recursos acotados, sitios como el de Izquierda Diario puede pararse como interlocutores válidos en un campo de discusión que se restringe cada día más. Contribuyen la derechización del amplio espectro de medios y la búsqueda de interpelar a sectores que no se dejan gobernar por la polarización que fue.

El kirchnerismo creyó –y junto con él una generación mediática– que los medios de comunicación podían ser otra cosa. En los años recientes, una camada de periodistas que rondaban los veinte años se acopló rápido a los medios públicos y privados que orientaba el gobierno y se sumaron otros que habían hecho sus primeras armas en el periodismo alternativo. Hubo posibilidades para que muchos trabajaran en medios en los que se identificaban con la línea editorial. Fueron tiempos de excepcional manteca al techo que se derritieron rápido. Con el triunfo de Cambiemos, parece haber llegado el turno de otros. De la mano de Hernán Lombardi, se incorporaron a los medios públicos periodistas que vienen en su mayoría de los grandes medios. Se vuelve a la pantalla anterior. Queda todo por hacer.

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