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la senda por la que todo se va
En el diccionario extractivo, no es un club ni una batalla. Es el nombre del polo oleaginoso agroexportador que empequeñeció a Rosario en poco más de una década. San Lorenzo es el rostro de un viejo cordón industrial con olor a celulosa que murió aplastado por las multinacionales. Un lugar en el que las empresas facturan 30 mil pesos por minuto y no ceden ante trabajadores que pretenden 5 mil pesos por mes.
08 de Febrero de 2016
crisis #4

E l departamento San Lorenzo está ubicado al norte de la ciudad de Rosario. En esas tierras donde San Martín peleara por única vez en el país, la geografía y la historia de los últimos cincuenta años fue modificada según caprichos de los intereses externos y sus socios vernáculos. Un recorrido que estuvo presente en el conflicto estival en el que las principales terminales exportadoras fueron bloqueadas por la CGT regional a pesar de que los poderes políticos provinciales y nacionales se manifestaron a favor de los grandes empresarios. Firmas que facturan miles de pesos por minuto y que, sin embargo, se negaron a reconocer un salario inicial conformado de 5 mil pesos mensuales. Esta es la crónica no solamente de una parte del territorio nacional, sino también de experiencias sociales y sindicales que insisten en pelear para que el futuro no sea propiedad privada de unos pocos. Es, además, el necesario contexto de dirigentes que todavía apuestan a lo colectivo.

 

las razones

El complejo oleaginoso que va desde  Timbúes, pasa por Puerto San Martín y San Lorenzo, ignora la cuna de la bandera y termina en Punta Alvear, ha desplazado al que fuera el segundo cordón industrial más importante de América latina después del de San Pablo. Hoy Rosario lo envidia.

Más allá de la crisis financiera del año 2009, Cargill, Dreyfus, Bunge, Nidera, Molinos Río de la Plata, Toepffer, Aceitera General Deheza y Minera Bajo La Alumbrera tuvieron una facturación total de de 52.104 millones de pesos, alrededor de 13 mil millones de dólares. Son empresas que, como Cargill, facturan alrededor de 30 mil pesos por minuto.

El paro de la CGT San Lorenzo comenzó, en el inicio del 2011, con el bloqueo de las terminales de Cargill, Bunge y Terminal 6 –en un primer momento-  por un salario que contemple un piso de ingresos apenas por encima de la canasta familiar. Nueve mil trabajadores demandan un mínimo de cinco mil pesos mensuales. Además de las tres exportadoras, el conflicto se extendió a Dreyfuss, Molinos, Vicentín, La Alumbrera (que exporta desde Terminal 6), AGD, la Asociación de Cooperativas Argentinas y la firma Noble. Todas ellas aumentaron sus niveles de ganancias en los días del Bicentenario.

Los salarios reconocidos en convenios apenas llegan al 3 por ciento del total de sus costos, por lo cual la protesta tiene un horizonte que supera largamente lo coyuntural. Mientras tanto, el empresariado argumenta que solo discute sueldos con cada gremio.

Una enorme masa de dinero que no se vuelca en la vida cotidiana de sus trabajadores ni tampoco en los pueblos y ciudades que le dan sustento. Según la Escuela de Estadísticas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario -citada por la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmontadores de Algodón y Afines- estas firmas invierten solamente un 1,94 por ciento del total de sus erogaciones en salarios.

En el caso de los estibadores la cuestión es peor porque el sueldo de los jornaleros apenas representa un cinco por mil de las utilidades de las empresas radicadas sobre el Paraná.

 

la metamorfosis 

Medio siglo recorre la ruta 11, desde el norte de la ciudad de Rosario hasta el actual polo aceitero agroexportador. Allá por los años sesenta, como consecuencia de las leyes de promoción industrial de Arturo Frondizi, en lo nacional, y Carlos Sylvestre Begnis, en lo provincial, San Lorenzo duplicó su población con la apertura de fábricas. Todos necesitaban mano de obra: multinacionales como Pasa, John Deere, Electroclor, Massey Ferguson y Duperial, sumadas a la Destilería YPF, la Fábrica Militar de Fray Luis Beltrán, Celulosa Argentina, Cerámica San Lorenzo,  Saipe y los varios frigoríficos y puertos entonces estatales asentados en la región.

Las plumas flamígeras de las instalaciones fabriles anunciaban no solamente la noche iluminada sino el tercer turno y la dinámica social de la región.

San Lorenzo pasaba a ser también sinónimo de trabajo estable, bien pago y, por lo tanto, de futuro. Del vientre de aquellas empresas surgieron sindicatos que, en su principio, parecían ser amarillos porque dependían de las firmas; pero con el tiempo, al calor de las luchas sociales y mundiales de finales de los años sesenta, devinieron en gremios combativos y clasistas.

Las huelgas de Celulosa, Electroclor, Massey Ferguson y Duperial anticiparon la asamblea obrera y popular en Puerto General San Martín en 1971 y tiempo después la toma y el control obrero de la producción de Pasa, en 1974. Desde Rosario al norte, pasando por Granadero Baigorria, Capitán Bermúdez, Fray Luis Beltrán, San Lorenzo, hasta llegar a Puerto General San Martín, mujeres y hombres sentían con orgullo pertenecer al entonces cordón industrial de San Lorenzo.

Pero en 1975, en forma paralela a la decisión de las grandes patronales de imponer su orden en Acindar, Villa Constitución, comenzó la desarticulación, la persecución a los delegados y dirigentes gremiales y el cambio del paradigma productivo.

En 1979 vendría el decreto del ministro de Economía de la dictadura -y ex gerente de Acindar-, José Alfredo Martínez de Hoz, para eliminar el monopolio de la Junta Nacional de Granos, que controlaba los embarques, y favorecer así el florecimiento de los puertos privados.

El genocidio fue la otra cara de la metamorfosis productiva del país y la región. Pero el regreso de la democracia no hizo realidad la promesa alfonsinista de levantar las persianas de las fábricas, al contrario. La palabra modernización en boca del entonces ministro de Obras y Servicios Públicos, Rodolfo Terragno, reciclaba el concepto de Martínez de Hoz, celebrado en la poderosa Bolsa de Comercio de Rosario cuando el ex comandante del Segundo Cuerpo de Ejército (que comprendía a Santa Fe, Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes y Entre Ríos), Ramón Genaro Díaz Bessone era ministro de Planificación y admitía que el golpe tenía como objetivo la defensa del capital y la empresa privada.

En esas ciudades obreras, de fuerte tradición peronista, los sectores progresistas del movimiento prácticamente no existían. El menemismo arrasó con medio centenar de medianas y grandes empresas y la desocupación se multiplicó por tres.

Sin embargo, en 1995, los despedidos del ahora ex cordón industrial de San Lorenzo, volvieron a votar al riojano porque creían que, en algún momento, florecería el peronismo de los cincuenta.

La avenida San Martín de la histórica ciudad, otrora paseo cotidiano de las familias obreras, se convirtió –durante muchos años- en un páramo.

No fue en Cutral Có ni en Tartagal: allí nació el método de los piquetes y los cortes de ruta.

 

la referencia

Sobre fines de 1989, la CGT San Lorenzo comenzó a ser  conducida por Edgardo Quiroga. Nacido en Capitán Bermúdez en 1960, hijo de un militante peronista preso por las distintas dictaduras, Quiroga decidió esta modalidad de pelea.

-Entendimos que cuando Menem hablaba de revolución productiva no mentía. Estaba diciendo que ahora la producción no eran las fábricas ni la clase obrera tal como la conocíamos, si no la timba financiera y la especulación. Que si parábamos, le terminábamos haciendo un favor a los patrones y al gobierno. Ahí decidimos cortar las rutas – recuerda el ahora secretario gremial de la central  y candidato en la lista de Rafael Bielsa en la interna del PJ santafesino.

Aquella central sindical llegó a convocar a más de 8 mil personas frente a la planta de Cerámica San Lorenzo y evitó el cierre por casi dos años. Pero la empresa cerró en 1994 y casi mil trabajadores fueron arrojados al agujero negro de la desocupación.

En ese año, la CGT San Lorenzo fue protagonista de la histórica lucha social y política de “la Marcha Federal”, contra Carlos Menem. Entonces, Quiroga y Carlos “el Perro” Santillán, líder de los municipales de Jujuy y emblema de la naciente Corriente Clasista y Combativa, soñaron con una fórmula presidencial que nunca se concretó.

La central decidió convocar a todos los sectores sociales y alejarse de las tradicionales conducciones gremiales. Había legitimidad entre la gente pero los obreros ya no respondían como entonces. Durante años la propuesta política de la CGT fue la lucha y el voto en blanco.

-Nuestra forma de combatir y convocar a los trabajadores eran los plenarios de delegados y militantes. Pero nos fuimos quedando solos – recuerda el líder de los municipales de San Lorenzo.

Fue cuando explotó una celda de cereales de la empresa ACA y los dirigentes convocaron a un paro regional. No hubo respuesta y Quiroga renunció a la secretaría general. 

No solamente había cambiado la conciencia política de los trabajadores de la zona, si no que la región era otra. San Lorenzo ya era el polo aceitero agroexportador más importante del país. La mayoría de los trabajadores estaban tercerizados y los servicios se imponían a lo productivo. Ahora los piquetes los producían los empresarios: desde 1999, entre fines de abril y principios de mayo, en el momento de la cosecha de la soja, miles y miles de camiones taponan la ruta 11, la autopista que une Rosario con Santa Fe y contaminan el medio ambiente de las ciudades de San Lorenzo, Puerto San Martín y Fray Luis Beltrán.

Quiroga pareció naufragar en las aguas virulentas de las políticas municipales y fue alejándose de las posiciones de Santillán para abrevar en la línea de la central obrera que conduce Hugo Moyano.

A principios de 2011, sin embargo, la CGT San Lorenzo volvió a decir presente en la historia argentina.

—El conflicto reubicó a la ciudad en los primeros planos. Es el primer paro regional para lograr un salario inicial conformado para todos los trabajadores de la región y eso es algo único en la historia del país – dice con orgullo Quiroga.

En las últimas dos décadas, San Lorenzo cambió incluso de olor. Pero no hay datos del daño ambiental. Apenas dos antecedentes. El lapidario documento que firmó en 1987 el ingeniero Roque Macciarelli, a pedido de la comisión intermunicipal de Rosario y San Lorenzo. Y el informe –más reciente- del Taller Ecologista de Rosario sobre la gran cantidad de familias que se van a causa de como consecuencia de la polución ambiental.

Por aquellos años la principal fuente contaminante eran los efluentes químicos que vertían las industrias. Ahora, el peligro es otro: los derivados de los químicos utilizados sobre los cereales, la constante contaminación por ruidos, embotellamientos y saturación de caminos por los camiones, las explosiones que suelen producirse en las celdas de almacenamiento. Nadie los mide con rigor. Tampoco hay registros de los casos de cáncer u otras enfermedades como consecuencia de la exposición a los agrotóxicos. 

Las empresas extorsionaron a la población: si controlan, cerramos las plantas y la desocupación aumenta.

El viejo cordón industrial es una melancolía que pesa como lluvia en la memoria de miles de obreros que ya no son. San Lorenzo también es otra.

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