el misterio de la modernización | revista crisis
manifiesto / pac-mac
el misterio de la modernización
Fotografía: Luis Abadi
26 de Mayo de 2017
crisis #29

U n paso adelante, dos pasos atrás: así vivió el macrismo la decisión de la Corte Suprema de otorgar el beneficio del dos por uno a los genocidas. Y quizás haya sido la primera vez que las rodillas amarillas temblequearon de verdad.

Es cierto que los avances de la administración Cambiemos han sido modestos, especialmente durante el 2016 gradualista. Mas allá del esperable reseteo macroeconómico y simbólico, lo que primó fue el sondeo, el arranque con reversa ante cualquier escenario de conflictividad, como si estuvieran tanteando el paño. Pero de cada una de esas escaramuzas cotidianas el oficialismo fue saliendo airoso, aun en el empate, neutralizando a los oponentes y salvaguardando una hegemonía que saben difícil de plasmar.

Tal vez entusiasmados por esa destreza en el arte de surfear la coyuntura, puesta a prueba durante el marzo caliente de 2017, el gobierno comenzó a coquetear con la idea de activarse en modo audacia. Adoptó un tono más confrontativo, apeló al viejo truco de la polarización, y buscó arraigo en su base social más afín para enfrentar las elecciones de medio término. Agazaparse, con el objetivo de pegar un brinco el día después.

Pero el repudio que coronó en el histórico pañuelazo puede haber provocado averías en un plano estratégico. El pánico cambiemita frente a una opinión pública casi unánime en su hostilidad le alcanzó para pegar el volantazo a tiempo y remendar un parche de urgencia, con una plasticidad ejemplar en su oportunismo. Aun así, los efectos corrosivos en su escudería quizás recién hayan comenzado a manifestarse. Vale la pena preguntar qué fibras del bloque de poder que sostiene al PRO fueron conmovidas. Qué impacto tendrá para el macrismo el despecho de la familia militar adicta. O el resentimiento de una mayoría cortesana que quedó en off side, tal vez para siempre. O la persistente sospecha empresaria respecto de la idoneidad del presidente para desmontar los consensos que se oponen a su soñada reorganización nacional. Quizás, la estampida no sea sólo brasilera.

transversalidad y pandora

Traducir políticamente el pronunciamiento de mayo no es sencillo. Incluso si resulta obvio que las píldoras de agite revisionista (regularmente inoculadas desde la tribuna de doctrina de Bartolomé Mitre) y la intentona de victimizar a los genocidas tienen escasa pregnancia social. Pero es un poco angustiante que los contornos de aquello que llamamos democracia sigan descansando en la fuerza simbólica de unos delicados pañuelos blancos, bien lejos de las ampulosas “políticas de estado” que todos declaman pero nunca ejercitan. Lo cual quiere decir que solo hay conquistas irreversibles cuando las multitudes las defienden a los gritos y en la calle.

Por otra parte, no hay que perder de vista hasta qué punto la sentencia popular sobre “el caso Muiña” aglutina fuerzas y sensibilidades muy distintas, que desbordan el sentido común progresista. Además del sentimiento antiautoritario respecto del Estado represor, entre los afluentes que alimentaron la oposición al fallo judicial hay que contabilizar el poderoso consenso punitivo, meta ideológico y transclasista. Así lo recodificó el gobierno para salir del brete: la sociedad no quiere a los condenados en libertad, sean cuales sean los delitos que cometieron.

En la entrevista al colectivo Ni Una Menos que incluimos en este número se aborda un dilema similar que atraviesa al poderoso movimiento de mujeres. Luego de dos años en los que el hartazgo ha colmado las plazas y ciudades con maciza legitimidad, la violencia machista se exacerba, alimentando la inclinación mayoritaria a endurecer las penas y exasperar el peso de la ley. Frente a la nueva movilización que tendrá lugar el próximo 3 de junio, el feminisimo se pregunta sobre las aporías de los consensos que envuelven a la protesta. Y se anima a evocar una nueva teoría política, más allá incluso de la decisiva batalla electoral que se avecina.

productividad o muerte

¿Y si el gradualismo no fuera tal? ¿Y si no es que el gobierno vaya lerdo, ni rápido, sino que no sabe mucho a dónde ir? Porque, en honor a la verdad, hubo otro acontecimiento este año que hizo crujir las proyecciones de Cambiemos. Le birló su razón de ser. Le quitó el sustrato histórico. Tuvo lugar el 20 de enero, a 8400 km de Buenos Aires, en Washington: el “trumpetazo”. Ese día el populismo tomó por asalto el Imperio, con el objetivo de ponerle un freno a la globalización financiera. Ese día el plan económico ideado por el macrismo se convirtió en humo.

Con la mayoría de los indicadores en franco deterioro, el team amarillo se apronta para afrontar, sin anestesia, la tarea que el destino y la ideología les depara: “elevar” la productividad de la economía, en base a un combo chatarra que implica reducir el “costo” laboral, ajustar los “gastos” del Estado, y entregar el país a capitales ultra-depredatorios y escasamente “competitivos”. La historia suele ser irónica, pero también puede ponerse macabra. Tanto esfuerzo hicieron por escaparle a Venezuela que, al final, llegaron al Lejano Oriente. Ni república ni competitividad: la consagración internacional del peor contratismo vernáculo, gracias a la teta estatal china.

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