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“Las malas”, de la cordobesa Camila Sola Villada, recolectó ese raro tipo de éxito en el que los lectores y la crítica coinciden en celebrar la potencia de algo nuevo. Pronto la novela llegará a España y será traducida a otras lenguas. “Por lo general, las travestis aparecemos en los noticieros atadas con alambre, bañadas en semen o en sangre. Yo quería hablar de lo otro, de nosotras como seres místicos”, dice la autora, que también le reclama a Alberto Fernández una ley de trabajo trans.
07 de Enero de 2020

Foto: María Palacios

No de vos, sino de tú: así habla Camila Sosa Villada y es una de las primeras cosas que salta al escucharla, como si fuera sencillo ir por la vida conversando como si estuviéramos en el interior de una telenovela latina, entre el dramatismo y la humorada. Ella elige el potencial erótico que tiene la tonada mexicana, más musical y seductora que el cantito cordobés que arrastra desde que nació en La Falda en 1982, con nombre de varón. La elección de una tonada que justamente desentone es sólo uno de los muchos cambios que Camila consiguió haciendo valer su deseo, buscando la forma de encaminarlo hasta ser lo que es: una escritora, una actriz, pero también una cantante, una dramaturga, no importa en qué orden.

Con tres libros publicados –el poemario La novia de Sandro, desprendimiento de su blog de los early 2000; el bellísimo ensayo autobiográfico El viaje inútil, y la rutilante novela Las Malas, que figurará en todas las listas de los mejores libros del año, y que en 2020 será publicada en España mientras se traduce a varias lenguas–, se abrió paso en la escena literaria y trascendió el nicho. “Por lo general, las travestis aparecemos en los noticieros atadas con alambre, bañadas en semen o en sangre. Yo justamente lo que quería era poder hablar de lo otro, de nosotras como seres místicos, elaborar una mitología de estas travestis que conocí y de otras que inventé, por supuesto”, dijo Camila en una entrevista reciente en el Malba. Y justamente lo que emociona en Las Malas es que puede ser un relato de infancia e iniciación travesti en la zona roja de Córdoba, una historia urbana de prostitución en la que policías y clientes violentan los cuerpos y los sentimientos, y al mismo tiempo narrar la fuerza que tienen como comunidad: un vínculo espiritual y maternal, una intimidad ceremonial conmovedora y poderosa. Y todo con una prosa por momentos explosiva y por momentos finamente literaria, heredera tanto del realismo mágico como de Marguerite Duras o Carson McCullers, sin salvar ninguna distancia.

lo que emociona en Las Malas es que puede ser un relato de infancia e iniciación travesti en la zona roja de Córdoba y al mismo tiempo narrar un vínculo espiritual y maternal, una intimidad ceremonial conmovedora y poderosa

 

Las Malas no para de cosechar elogios de críticxs y lectorxs, se anunció su edición en España y varias traducciones (¡en Noruega y Croacia!). ¿En qué cambió tu vida pasar de ser una actriz trans cordobesa a ser una escritora de renombre?

Es muy saludable saber que puedo fluir por donde se me pegue la chingada gana, si quiero hago teatro, si quiero canto, si quiero hago eso todo junto, si quiero soy escritora y si quiero puedo volver a ser una prostituta, tal vez pasar a la historia como la puta más fulgurante de la historia, de modo que nunca dejé de ser actriz. No se puede dejar de ser actriz, son cosas que no pueden dejarse. Tampoco me esperaba nada, cosa muy saludable también, aprender a no ilusionarse con lo que puede pasar con nuestro trabajo. Una ha hecho changas toda la vida, se puede vivir de mil maneras. Sí me gusta mucho que me mimen, que me malcríen, que me hagan obsequios, que hombres muy prestigiosos, muy guapos, me coqueteen, es una sensación de bienestar muy egoísta, muy mía. Me gusta esa impotencia frente a mis caprichos. Porque puedo irme, porque siempre tendré la última palabra sobre mí misma. Luego, y es lo más importante, ahora que cobro unos dinerillos por la venta de mis libros, entiendo que a las travas se nos pone una mordaza para no hablar de dinero. Que todo en torno a nosotras, en la narrativa, en el relato, es alrededor de la pobreza, siempre como las pobrecitas. La ambición de las travestis es esencial para nuestra vida. Que no se nos caigan los anillos de plástico y alpaca por pensar en que es justo para nosotras poder vivir bien, poder cobrar bien por lo que hacemos, poder descansar, tomarnos vacaciones. Esto es revolucionario y es una revelación muy nueva. Es decir, el discursito este de que solo somos Las Malas, que solo somos las que se mueren de pobres e infelices, es dañino. Hablemos de dinero, travas de mi vida.

Hace pocas semanas estuviste en Buenos Aires y además de hacer funciones de tu obra pasaste por dos programas como el de Flor de la V en la tele y el de Elisabeth Vernaci en la radio. ¿Qué implica ser recibida en el corazón de los medios porteños?

Para los dos programas corre el mismo goyete: son educadoras sentimentales. La Negra sonaba en mi casa de madrugada, me hacía reír con Infómanas en Mina Clavero, me despertó una atención particular sobre el lenguaje, sobre “la doble” que le digo yo o que le decimos en Córdoba, que es como los albures mexicanos, una cosa para decir otra y que además está emparentada con la ironía. Flor también: nos enseñó desde la pantalla, junto con Cris, quiénes éramos nosotras. Es un saber que se aprende así, de otras, de ver a otras, de hablar con otras. Hubiera sido más difícil y solitario pensarme en mi transición, nombrarme, saber qué sorcho me pasaba por dentro. Luego yo admiro a Cecilia Rosetto, admiro a Tortonese, a la Negra, a Gasalla, a Urdapilleta, a Tita Merello, a Luis Machín que fue mi galán, admiro a Susana Trimarco. Los admiro porque hacen bien su trabajo, porque desean bien, porque viven bien, porque siguen la vida y es de las cosas más hermosas y liberadoras que podemos hacer, adonde quiera que vaya, no detenernos por miedo, por las amenazas que recibimos día a día por desear lo que deseamos. Luego, no admiro a los que no hacen bien su trabajo. Y de esos hay muchos en los medios. Diría que hay una gran cantidad de personas haciendo mal su trabajo y no por tontos sino todo lo contrario, por vivos, porque hay que obstaculizar a toda costa el desarrollo de la vida. Un contubernio triste y enojoso que tienen los medios con todo lo que está mal. Tantas, tantas veces visto y leído lo mismo, ¿verdad? Las mismas barbaridades dichas una y otra vez sobre las travestis, sobre las mujeres, sobre los crímenes, sobre la historia.

“ahora que cobro unos dinerillos por la venta de mis libros, entiendo que a las travas se nos pone una mordaza para no hablar de dinero. Que todo en torno a nosotras, en la narrativa, en el relato, es alrededor de la pobreza, siempre como las pobrecitas”

 

los dedos en el enchufe

Más allá de los medios hegemónicos, Camila Sosa Villada cultiva su figura pública permanentemente desde las redes sociales con mucha inteligencia, aunque dice odiar con fuerza su charla TedX de 2014, en la que se la ve frágil y nerviosa contando sus inicios como prostituta en el Parque Sarmiento. En Instagram puede mostrarse sexy y semidesnuda deseando buenos días o buenas noches o mostrar su lavarropas nuevo. En Twitter es Camila Sonsa Villana, casi 10 mil seguidores; discute y opina sobre la realidad política latinoamericana, le exige una ley de trabajo trans a @alferdez y piropea a destajo al diputado ¿macrista? Daniel Lipovetzky.

Foto: Guillermo Albrieu Llinás

¿Qué te aportan las redes y su falsa compañía?

Me divierto mucho. Comencé a chatear en el 2000 en un cibercafé. Estaba chocha con eso. Y muchas veces no son falsas compañías, son afectos de otro orden y muy genuinos para muchas personas. Ahora mismo pienso un ejemplo poco feliz, pero que me ayuda a explicar sobre estas intensidades en las redes: en la serie The Act, que además está basada en un hecho real, la protagonista dice por primera vez que ella está siendo abusada por su madre a un chico que conoce por internet y que se convierte en su novio y además, en el ejecutor de su mayor deseo. Es decir, las redes no son falsas compañías y yo les presto mucha atención porque entiendo que son tan poderosas como dañinas justamente porque existen. Luego, una se divierte, inventa, juega, hace una provocación, apura un escándalo y eso me divierte, siempre me divirtió, incluso cuando era desconocida. Nunca interactuaba con gente más que un grupo muy pequeño de amigos y los clientes, y en una sala de chat sucedía lo mismo que en las redes, comenzaban a funcionar intensidades que daban mucho vértigo y yo lo disfrutaba. También me conocieron como escritora así, publicando en Facebook. ¡A dónde iría si no todo eso!

En la entrevista que hicimos en el Malba dijiste algo que me quedó picando: “Somos hijas de una cultura que nos enseña a odiar lo que deseamos”. Y estamos en un momento en que el deseo y el amor están en el centro del debate. Los afectos se resignifican, la monogamia se pone en crisis y empezamos a pensar en otras formas posibles de maternar o generar parentescos. ¿Cómo fue mutando lo que pensabas sobre el amor?

Me enamoré, con locura, de un amor de verano que tuvo que partir a Barcelona a los dos meses de conocernos, de amarnos cada noche, de querernos y ser parte el uno de la otra. Esa separación en el momento de más amor de la historia me destruyó y, por lo que él me cuenta, también a él. Me enfermé, estuve como un mes tomando antibióticos, sin saber bien qué tenía, sola, lejos y procesando la historia con mucha tristeza. Y comencé a hablar, a decir cosas en torno al amor, a lo que se deseaba, cómo resolver algo que dolía tanto y resultó que me di cuenta de que no iba a morirme de amor por él, que lo amaba mejor que eso, que tampoco iba a irme a Barcelona por él, que tampoco iba a pelear cuando él formó una familia, fundó un negocio, tuvo un hijo, que podía vivir con todo eso y seguir amándolo y no solo eso sino enamorarme también de otros y llena de ganas además. También aprendí que una desea cosas que no hacen bien, que se desea pasarla mal también y es nuestro derecho hacerlo, desear lo otro, lo que no está bien desear, por ejemplo, un tipo bellísimo al otro lado del océano. La Duras dice algo muy inteligente respecto del amor, algo así como: toda historia de amor que se vive es una degradación del amor. El amor viene con una, es lo que experimenta una y que nos lleva a encontrarnos con otros, pero es algo muy solitario y esta idea me resulta muy liberadora, me da paz pensar que no es de ninguna manera algo recíproco. Y es por eso una responsabilidad. Ahí somos responsables. Luego está que el sexo y el amor son muy parecidos y ahí hay que atender a la sutileza. Porque se puede creer muy sencillamente en una cosa y en otra…

En el ensayo El viaje inútil decís que hay dos clases de escritores, los que escriben fantasías y los que escriben recuerdos. Y que vos sos del segundo grupo. Pero también decís que para recordar bien es necesario traicionar la memoria. ¿De qué manera traicionaste o reinventaste tu memoria?

Bueno... no sé si esa traición es un acto propio de la gente bien o mejor de las mentirosas. De las inventoras, de las que meten cuentos y andan con chismes y llevan y traen y dicen una cosa por otra y son muy cínicas, sabes, y engañan y dicen te quiero y en verdad están mintiendo. Así se traiciona la memoria. La traición es sobre todo. Se puede inventar el mundo que queramos. Pero conocemos e incluso deseamos un mundo, por lo que hemos vivido. Algunas somos muy vividoras, de vivir mucho, de meter mucho los dedos en el enchufe, entonces resulta muy sencillo inventarse mundo. No puede probarse que escriban recuerdos, pero una atiende a las pinceladas y se da cuenta de algunas cosas, como en Marguerite Duras, en García Márquez, en Capote, en Claudia Rodríguez. Se sabe que hay vida ahí atrás, que hay vida vivida. Que para escribir lo que se escribe hay que salir a vivir.

“algunas somos muy vividoras, de vivir mucho, de meter mucho los dedos en el enchufe, entonces resulta muy sencillo inventarse mundo”

 

¿Estás con algún nuevo proyecto de escritura?

Escribo un libro que ahorita tiene un nombre pero puede modificarse, que es Buscavidas, sobre una familia que recorre la provincia buscando trabajo. Este libro es para Ediciones Documenta, los mismos que publicaron El viaje inútil. Y luego con Tusquets puse el gancho para un libro de relatos y para la reedición de La novia de Sandro, con algunas correcciones, unas sumas y otras restas. Y luego está todo lo que yo escribo por gusto, porque me cantan los pezones hacerlo, que alguna vez se editará, creo, que son las cosas que muy pocos ven y que tienen que ver con mi apreciación del erotismo y otras yerbas.

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