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Conteste Mr. Colby
Oriana Fallaci, la prestigiosa periodista italiana que a lo largo de su carrera entrevistó a líderes políticos y personajes relevantes de todo el mundo, fue recibida a comienzos de 1976 por el director de la CIA, William Colby, en la propia casa de éste. Allí, rodeado de sus objetos familiares, el hombre que durante un cuarto de siglo sirvió en diferentes funciones el poderoso organismo de inteligencia, reveló la fundamentación política y las formas morales que estructuran el accionar del mismo. Crisis dio a conocer en su #39, publicado en marzo de 1976, algunos de los momentos fundamentales de la conversación entre Fallaci y Colby. La presentación y selección de extractos estuvo a cargo de Guillermo Gutiérrez.
25 de Junio de 2020

 

“la protección del secreto para los amigos”

En un reportaje aparecido recientemente en el “Sunday Times” de Londres, la conocida periodista italiana Oriana Fallaci obtiene interesantes declaraciones de la máxima autoridad de la CIA, William Colby.

En los últimos tiempos el poderoso organismo de inteligencia norteamericano ha sido objeto de críticas y denuncias. Muchas de ellas provienen de legisladores, funcionarios y periodistas estadounidenses. Esta procedencia de las acusaciones les da una cierta “insospechabilidad” en cuanto a la intención de las mismas, y a la vez le otorga un crédito que no lograron aquellas que provenían de contextos políticos o informativos de otros países.

La entrevista realizada por Oriana Fallaci tiene el mérito adicional de reforzar la veracidad de muchas de esas denuncias: es el mismo director de la CIA quien la ratifica.

Derrocamiento de gobiernos, asesinatos, sobornos, intervención permanente en asuntos de otros países desfilan en el abanico de posibilidades del accionar del organismo. Sin embargo, el interés del reportaje no radica en nuevas y escandalosas revelaciones, ni en la negación de los hechos denunciados, sino en su justificación.

Colby no ensaya una disculpa, no es un funcionario sorprendido en falta sino un político que enuncia una política.

Por eso no tiene dificultades en responder la primera pregunta (pregunta-acusación) de Fallaci: el nombre de quiénes han recibido en Italia sueldo de la CIA, y si no considera que el gobierno italiano tiene derecho de conocer la identidad de agentes de un gobierno de un gobierno extranjero que actúa en el propio territorio.

“No”, dice Colby, “porque el Congreso norteamericano ha votado por la protección del secreto de los agentes de la CIA y de la gente que trabajó con ella”.

Para Colby, cuando el gobierno de un país se siente disgustado por la presencia de la CIA esto no es un problema de la agencia sino de la ineficacia de la policía del estado en cuestión. Si la actuación se mantiene, y si la CIA opera mediante la corrupción  de funcionarios o particulares esto se debe a que previamente existe dicha corrupción. Según él, la agencia se limita a valerse de algo que ella misma no creó.

 

“la inteligencia en un proceso intelectual”

En las declaraciones de Colby las operaciones de la CIA son procedimientos rutinarios. El objetivo: ordenar una política a nivel mundial. La agencia no es simplemente un comando desde donde se envían pelotones para destruir enemigos o cheques para pagar sobornos.

Estos hechos que promueven la condena en todo el mundo solo aparecen como irracionales a la conciencia abstracta. En un análisis de la realidad geopolítica y la estrategia de Estado Unidos, son sólo engranajes de un aparato alimentado por una racionalidad que podemos no compartir, pero que existe.

Hace un mes se proyectó en Buenos Aires una película sobre el tema: “Tres días en la vida Cóndor”. Es la pesadilla vivida por un empleado de la CIA que nunca ha tomado una pistola en sus manos. Su ocupación es leer libros: el lugar de trabajo, una oficina donde se analiza  y concentra información que proviene de todos los rincones del globo.

Según el mismo productor aclara, la ficción presentada en la película se conoció luego como realidad. Este simple ejemplo nos permite apreciar el verdadero sentido de muchas respuestas de Colby: no son cínicas ni ingenuas, lo que logran es precisar un sistema de comportamiento político y la moralidad que la da base. Un sistema de comportamiento cuyo modo de de operar implica la acción y el resumen de la información mundial.

En todo lugar donde pueda surgir una implicancia para la política de los Estados Unidos la CIA se hace presente:

 

Ustedes tienen espías en los partidos italianos, no? Hasta en el PCI.

-Naturalmente tenemos el mayor interés en conocer sus planes futuros y secretos. Naturalmente queremos saber en qué dirección van y si son sinceros cuando dicen que quieren permanecer en la NATO. También la KGB tiene sus agentes para esto. Pero obtenemos nuestras informaciones igualmente de muchas otras formas: interpretándolas, por ejemplo. Tome esta racionalización del compromiso histórico. Interpretando bien se comprende que, por debajo de los discursos tácitos, se esconde una declaración estratégica. Así que, en dos años, todos esos discursos tácitos pueden ser sustituidos por una visión stalinista de la historia. No hay que olvidar que Stalin pudo hacer un acuerdo con Hitler y después romperlo. Yo puedo interpretar lo que la gente dice querer hacer. Tal vez lo hará. Si hubiéramos leído con más atención Mein Kampf de Hitler.

Sr. Colby usted me está presentando a la CIA como una asociación de boy scouts que pasan la mayor parte de su tiempo en una biblioteca. Para empezar, ustedes son espías. 

-Un momento. Sí, en tiempos pasados la Inteligencia era solo espionaje. Mata Hari y los demás. Hoy en cambio la inteligencia es un proceso intelectual que consiste principalmente en acumular informaciones, las cuales llegan centralizadas y estudiadas por especialistas. Informaciones obtenidas de radio, en revistas, libros, en discursos. Por eso nos llamamos Central Intelligence Agency. Más allá de esto está la electrónica, están las computadoras, está la técnica, en suma. Y, en estos últimos quince años, la tecnología ha cambiado totalmente la Intelligence que ya no necesitamos de Mata Hari que roba el secreto para darlo a todos. Quiero decir: primero indagábamos cuántos misiles tendrían los soviéticos. Ahora los contamos, sabemos de qué tamaño son, a qué distancia llegan… Naturalmente el trabajo clandestino se hace todavía en los países cerrados. Pero la vieja Intelligence como secreto total ha terminado. Y la palabra espía no da una idea clara, precisamente porque la Intelligence no significa solamente espionaje. Significa análisis, tecnología. Un asunto mucho mayor, mucho más fascinante que el trabajo de Mata Hari. Y es esto precisamente lo que convierte a la CIA en el mejor servicio secreto del mundo.

Mejor que la KGB.

-Oh, la KGB es otra cosa. La mayor parte del trabajo de la KGB se desarrolla en la Unión Soviética donde ella es el FBI, la CIA, la policía de Estado, los carabineros, todo. Naturamente luego está el resto. Aquí, en Estados Unidos, en el tiempo de los espías atómicos, hicieron un buen trabajo. Verdaderamente excelente. Como cuando reclutaron una muchacha de la sección contraespionaje de nuestro Departamento de Justicia y ella reveló todo lo que sabíamos de sus espías. Optima operación, óptima. ¿Y cuando sistematizaron un trasmisor en el taco del zapato de un diplomático nuestro? También éste fue un golpe excelente. Excelente. Sí, esta gente trabaja para su gobierno, y el hecho de que yo no esté de acuerdo con su filosofía no significa que no la considere capaz de hacer un buen trabajo. Naturalmente es necesario distinguir entre la habilidad de ellos y sus objetivos. Si la primera puede ser óptima los segundos pueden ser pésimos. También los rusos empezaron a ver la Intelligence como un proceso intelectual, un estudio sofisticado, un análisis.

 

“Esa ilegítima polvareda”

En la concepción de Colby las operaciones de la CIA son algo así como “fronteras de inteligencia”, un límite de estrategias políticas que se interpone al avance de peligros actuales o potenciales. Las viejas fronteras nacionales son una convención administrativa que no cuenta para la filosofía de un organismo encargado de custodiar al sistema en su conjunto. El director de la CIA se irrita no por la acusación de asesinatos o corrupciones, sino por la información incorrecta sobre esos hechos.

 

Señor Colby, la CIA es todavía algo peor. Es una fuerza política secreta que organiza complots y golpes de estado. Es un instrumento que castiga al que sea, aun contra los intereses o la policía de los Estados Unidos. Es…

-Eso a lo que usted se refiere insume solamente el 5% de nuestro balance. Sólo el 5% va a nuestras actividades políticas o paramilitares. Actividades secretas, obviamente y necesarias en el mundo en que vivimos. Somos realistas: una pequeña ayuda a algunos países, a algunos amigos, puede evitar el desarrollo de una crisis seria y quizás la tercera guerra mundial. En los años cincuenta esas actividades constituían el 30% de nuestro balance. En el ochenta, si el mundo continúa desarrollándose en dirección totalitaria como parece, podemos volver al 30%. O aún más. Pero, hoy en día, es eso el 5%. Y sobre ese porcentaje ustedes han levantado esa ilegítima polvareda. ¿No es mejor defendernos financiando a alguien en lugar de hacer la guerra?

Sí, pero aquí no se trata de financiar y listo. Se trata, por ejemplo, de asesinar a los líderes extranjeros. Hablo de los venenos y las ampollas bacteriológicas para matar a Castro, Lumumba…

-En 1973, antes que estallara este asunto, yo di órdenes precisas contra los proyectos de asesinato. He rechazado propuestas de asesinato en numerosas ocasiones durante mi carrera y sobre todo cuando llegué a ser cabeza de la CIA. Siempre he dicho que el asesinato era un error. Pero muchos responderán que si Hitler hubiera sido asesinado en el 38 hoy el mundo iría mejor.

¡Y dale con Hitler! Castro no es Hitler.

-Castro permitió que la Unión Soviética instala misiles nucleares en Cuba, poniendo así bajo la amenaza nuclear a todas las ciudades americanas del sudeste de Mississippi.

¿Y eso lo autoriza matar a Castro?

-Le aseguro que en la Italia del Renacimiento mucha gente discutía, dentro y fuera de la Iglesia, sobre los pro y los contra del tiranicidio. La discusión realmente comenzó algunos siglos antes, con los griegos y con los romanos. ¿Cómo murió Julio César? ¿Cómo murieron los príncipes de varios estados italianos? El asesinato era un arma política y, como tal, no fue en verdad inventado en América ayer a la mañana. Por favor, no me venga con moralismos. No se apoye, como italiana, para darme lecciones de moral en ese argumento.

 

“un católico practicante, riguroso”

En la última parte del reportaje, Oriana Fallaci aborda directamente el tema de la moral subyacente en la forma de operar del organismo. Las respuestas de Colby son suficientemente claras: “los procedimientos se justifican en la historia y en objetivos superiores…”. “el árbol de la libertad debe ser regado cada veinte años con la sangre de los tiranos”… Por supuesto, la calificación de “tirano” corre, en cada caso, por cuenta de quien ordena los operativos:

 

Lecciones de moral no. Si bien, personalmente, y en 1976, yo tengo todo el derecho. Lecciones de historia sí. Le recuerdo, en efecto, que César fue muerto por un romano y no por un americano. Y Pericles levantaba monumentos a los griegos que mataban a un tirano griego, no a los americanos que mataban cubanos.

-Pero Vercingetorix fue muerto por César y Atilio Régulo por los cartagineses y una cantidad de cabezas extranjeras por Lucrecia Borgia. No busco justificaciones. Digo que siempre se ha hecho y que es difícil para un país dar lecciones de moral a otro país.

Son ustedes los que dicen ser más que los otros.  Son ustedes los que se presentan como el arcángel Gabriel. Democracia, libertad y lo demás. Ahora se resguardan bajo las polleras de Lucrecia Borgia.

-Tal vez nuestra moral no sea perfecta pero es mejor que la de los otros. En todo el mundo la política americana es vista como un faro de libertad y las calumnias de ustedes sobre la CIA tiene el único objetivo de injuriar a América. He trabajado 28 años en la CIA y estoy en condiciones de afirmar que, en 28 años son muy pocas las cosas que no hubiéramos debido hacer. Por ejemplo, abrir la correspondencia. Sí, ese fue un período durante los años cincuenta en el que abríamos la correspondencia que iba y venía de la Unión Soviética. Había un motivo: pululaban en América los espías soviéticos. Hubiéramos debido además e…

¡Pero quién habla de correspondencia! ¡Aquí se habla de asesinos Colby!

-La CIA nunca ha asesinado a nadie. Ni siquiera a Diem. Acusarnos de asesinato es injusto. Hubo casos en los que íbamos e intentábamos, es cierto. Pero nunca tuvieron éxito. Nunca realizamos nuestros planes.

Aún si usted dijera la verdad, señor Colby, ¿no le parece vergonzoso que la CIA hiciera proyectos para matar a los adversarios como hacía Al Capone?

-La gente hace estas cosas en todo el mundo, sea prudente o no. Proyectos para matar a los jefes de estado existen en todo el mundo. Lo sé. Lo sé… Y afirmo que he estado en contra siempre de la idea de matar de ese modo. Lo he convertido en una regla en 1973. Personalmente he licenciado a algunos directores de la CIA porque me proponían cosas semejantes. Les dije: “Usted no hará eso”. Aclarado esto, le cito unas palabras de Jefferson: “El árbol de la libertad debe ser regado cada veinte años con la sangre de los tiranos”.

En suma.

-Sí, muy religioso. Soy un católico practicante, riguroso.

¿De aquellos que van a misa todos los domingos de mañana?

-Ciertamente. Aunque esta mañana he ido.

¿De aquellos que creen en el paraíso y en el infierno?

-Sí. Yo creo en todo lo que la iglesia dice. ¿Por qué?

Bien. Cuénteme de la mafia. Del uso que la CIA hace de la mafia.

-¡Un caso! ¡Solo un caso! ¡En 1960! ¡Por Castro! Cuando Castro toma el poder consideramos la oportunidad de trabajar con personas que todavía tenían en Cuba ciertos amigos. Personas de la mafia, quiero decir. Amigos de la mafia. Y las contactamos, y, según nuestro proyecto, ellas debían matar a Castro. Pero fue mucho…. Bueno, no funcionó. Allen Dulles y McCone eran directores de la CIA en ese tiempo. Y McCone dijo no saber nada de eso.

Pero Bobby Kennedy lo sabía. Por lo tanto lo sabía también John, el presidente. ¿Sabe lo que pienso? Que quien queda más desacreditado como consecuencia de estas revelaciones no es tanto la CIA, sino los presidentes de los Estado Unidos.

-Las revelaciones demuestran que la CIA no ha sido nunca un elefante salvaje, un estado dentro del estado, un gobierno fuera del gobierno, sino que siempre ha trabajado como parte de la política americana. Y ahora que el país está atravesando un proceso de revisionismo, la CIA es un poco el chivo emisario de ese revisionismo… La prueba que los presidentes quisieran ciertas acciones específicas no es muy evidente, en algunos casos ni siquiera está claro si el presidente lo sabía o no. Pero los hechos indican, simplemente, que la CIA obraba dentro de los límites de una política que parecía autorizarla a hacer ciertas cosas.

 

Los límites de una política que “parecía autorizarla”: tal vez la CIA haya pasado el punto de no retorno, pero esa política sigue vigente. Nuevas agencias pueden tomar el testimonio y seguir la carrera; en el análisis de la política internacional  de los próximos años, entonces, debemos manejarnos con el concepto de la realidad de ciertas estrategias y dejar de lado la idea de que existen “moralidades” e “inmoralidades” intrínsecas a los instrumentos de que se valen esas estrategias. Esas valoraciones, definitiva, corresponden a estas últimas.

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